martes, 29 de agosto de 2017

Bien milonga

   Notas que muerden las carnes
   con su motivo sensual 
   al volcar la pasión 
  que llevamos, tal vez muy  adentro
   en lo más hondo del corazón. 
             José H. Staffolani

Noche que invita a bailar, a milonguear tupido, con música exclusivamente milonguera, sin "descubrimientos" de orquestas y recurriendo siempre a aquellos discos que nunca pasarán de moda, porque exaltan los sentimientos y nos empujan a la pista. Temas que encierran toda la mística del tango y que han sobrevivido a persecuciones y olvidos para implantarse definitvamente en todo el mundo.

En la CASA de ARAGÓN de Madrid (Pza. República Argentina, nº6, MADRID) tenemos un piso nuevo, de madera especial para sacarle viruta en nuestros desplazamientos, y esta noche del agosto que se nos va, estaremos firmes caminando y dibujando al compás de las grandes orquestas típìcas, además de reencontrarnos con los muchos amigos y amigas que vuelven de las playas a milonguear.

                               

De paso cañaso, como bate el eslogan, nos damos una vueltita por otras pistas para ir templando gaitas en otras milongas, no importan las latitudes ni las razas. Todos reunidos y abrazados en una pista, y moviéndonos al compás de un tango, una milonga o un valsecito.

Arranco con la pareja integrada por Marianna Koutandou y Vaggelis Hatzopoulos. Están en Colonia, Alemania y se mandan a la pista con el tango La cachila, por la orquesta de Osvaldo Pugliese.  

                                                                                                       

Sigo viaje y me planto en Burdeos, Francia, tierra de buen vino. Y de buen tango, porque esta pareja que baila ahora, acaba de ganar el Festival Mundial en Tango-pista.  El rionegrino de Allen, Germán Ballejo, y la porteña Magdalena Gutiérrez, se exhiben con la milonga De antaño, por Juan D'Arienzo y el cantor Alberto Echagüe.

                                          

Y cierro la gira porque tengo que armar la música que bailaremos esta noche en BIEN MILONGA (De 21 a 0 hs,). Y Los invito a ver a Ariadna Naveira y Fernando Sánchez, en el festival de Tango de  Sofía, Bulgaria. En este caso se desplazan y lucen  con el valsecito Lejos de ti, por la orquesta de Rodolfo Biagi, cantando Teófilo Ibáñez.

                                           
Y esta night es el turno de nosotros. ¡A gastar suela en el nuevo encerado! Amén.                                                                                                                     
                                                                                 
                                                                                       

lunes, 28 de agosto de 2017

Armando Tagini

Por una razón cultural y lógica, para que llegaran al tango poetas de la envergadura de Homero Manzi, Cátulo Castillo, José María Contursi, Homero Expósito o Eladia Blázquez, por ejemplo, antes tenían que haber tallado los adelantados para explotar la fuerza mineral de la palabra, los costumbrismos de la ciudad feérica, el substrato que crece en los suburbios afiliándose a la raíz de la música popular por excelencia.

                                           
Armando José María Tagini

                                           
Y uno de los pilares de aquella avanzada fue precisamente Armando José María Tagini, nacido en el barrio del Abasto en junio de 1906, que se prometía cantor como el malogrado Gardel, pero que conseguiría finalmente el éxito en las páginas que le grabaría precisamente el cantor eterno, al estar metido de lleno en la composición. Sus dos grandes pasos hacia la cumbre los da cuando apenas tiene 21 años y lanza esos dos primeros temas que Gardel lleva al disco con las guitarras de Barbieri y Ricardo: Gloria  y La gayola (ambas el día 20/8/1927). Nada menos. El primero con música de Humberto Canaro  y el segundo compuesto con Rafael Tuegols  . Dos golazos.

Su padre italiano le pedía siempre que trabajara y así lo haría en las oficinas de una firma comercial, como sucedería  con otros tangueros de su época. Pero el berretín de cantor no se le borraba del alma y además de la radio y el teatro, donde incursionó con frecuencia, también cantó en la orquesta de Anselmo Aieta, en la cual estrenó algunas páginas del bandoneonista y Francisco García Jiménez.

                               


En 1927, precisamente, participa en los célebres concursos de Max Glucxmann, con su tango Perfume de mujer, compuesto en colaboración con el pianista Juan José Guichandut, y obtienen el segundo premio, detrás de Noche de Reyes. Belleza de tema que Gardel lleva al disco el 22 de octubre de aquel año 1927, y en  cuyos versos románticos  ya se perciben al poeta que perfila un estilo distinto.

Mujer, ¿te acuerdas de mí?
Yo soy aquel muchacho soñador 
que hallaste tú, cargando con la anemia
de su vida bohemia, de ensueño y de dolor. 
Yo soy aquel que lució
como blasón su moño volador
y que cenó en sus noches de infortunio
con pan de plenilunio y vino de ilusión.

Lo increíble es que en ese momento, Tagini y Guichandut eran dos muchachitos de 21 y 18 años respectivamente, cuando se alzan con ese premio y muestran todo su talento juvenil. Y volverían a unirse en otros temas que harían camino largo, como Marioneta y Misa de once, ambos llevados al disco por Gardel pero que estarían incrustados definitivamente en las partituras de orquestas y cantores por su inhabitual belleza y registro de situaciones. También compusieron el tango Mamarracho, donde Tagini emplea un lunfardo barrial, en el cual también demiestra sentirse muy cómodo.

Otros dos temas que le grabaría Gardel y en los que Tagini vuelve a mostrar su capacidad para pintar los aguafuertes de la ciudad en que se crió y formó, fueron: Mano cruel (Gran creación luego de Alberto Marino acompañado por la orquesta de Hector María Artola) y Buey manso, ambos con música del contrabajista Carmelo Mutarelli.

Y podría citar otros temas de este poeta y compositor de calibre especial, como: Adiós Ninón, con García Jiménez; Charlatán y Bajo fondo, con Ciriaco Ortiz; El cornetín del tranvía y Menta y cedrón, dos bellezas con Oscar Arona; Marcha nupcial, con Venancio Clauso; El tiempo que se fue, con Enrique Rodríguez; Relámpago de gloria, con Mario Canaro; Abrojos, con Alfonso Lacueva; El embrujo de tu violín, con Mario Maurano; Mosquetero de arrabal, letra y música propia; La serenata, con Vicente Gorrese; Malquerida, con Luis Petrucelli y otros títulos que se agregan a los citados y escritos en sus cincuenta años de vida, pues falleció tempranamente por un ataque al corazón.
                                           


Lo recuerdo siempre y hoy lo evoco con estas palabras y dos temas. Perfume de mujer, grabado por Floreal Ruiz, acompañado por la Orquesta Típica Porteña, dirigida por Raúl Garello, el 17 de noviembre de 1977, cuatro meses antes de su fallecimiento. Y Menta y cedrón por Ángel D'Agostino y la voz familiar de Ángel Vargas

Perfume de mujer - Floreal Ruiz

Menta y cedrón - D'Agostino-Vargas

viernes, 25 de agosto de 2017

Octeto Tibidabo

El nombre de este "Octeto", recuerda un pico montañoso y también al famoso y antiguo Parque de atracciones, ambos de Barcelona. Responde a la filiación catalana de Juan Serrat, el hombre que instaló el cabaret Tibidabo, donde reinaba Aníbal Troilo con su orquesta, aunque también pasaron por su escenario otras famosas de la época y los grandes personajes del tango, en los años cuarenta y cincuenta.

Estaba instalado en la Avenida Corrientes 1244 y fue inaugurado el 24 de abril de 1942. Epicentro de la actividad tanguera de la época, allí se estrenaron tangos inmortales como Los mareados, de Cobián y Cadícamo, y Sur de Homero Manzi y Aníbal Troilo. En el caso del primero fue un pedido de Pichuco a Cadícamo para que le pusiera versos a Los dopados, un antiguo tango de Juan Carlos Cobián. Lo estrenó Troilo allí con la voz de Fiorentino.

                                   


En cuanto a Sur -para mí, el himno porteño-, Edmundo Rivero que concretó el milagro, al cantarlo con la orquesta de Troilo y grabarlo más tarde, recordaba así aquella noche mágica.

  -Cuando estrenamos Sur en el Tibidabo pareció que hasta las muchachas dejaban de respirar, había quedado el lugar en un trance casi religioso. Manzi era un hombre que, con su sola personalidad, era capaz de hiptnotizar a toda la milonga. Pero de allí en adelante ni siquiera iba a necesitar estar presente: quedaba su tango Sur, ese que yo no puedo cantar sin volver a sentir la misma emoción de aquella primera vez...

Aldo Queirolo escribió los versos del tango Corrientes bajo cero, al que le puso música Roberto Chanel y grabaría Osvaldo Pugliese con el cantor Alfredo Belusi, En el estribillo evoca así:

¡Querida calle Corrientes!  
Esta noche estás de fiesta,
tenés un kilo de orquestas
dando un concierto triunfal.
En el “Marzoto”: De Angelis,
en el “Ruca”: Juan D´Arienzo
y Pugliese echando el resto
en el café “El Nacional”.
El bandoneón de Pichuco
se ondula en el “Tibidabo”,
mi corazón embargado
se encurdela de emoción.

Y vuelvo al tema del título después de darme un garbeo virtual por aquella calle Corrientes donde reinaba el tango y las grandes figuras del género ocupaban mesas cercanas al escenario. El Tibidabo funcionó  entre los años 1942 y 1955 en que fue demolido. Y el conjunto que reunió a músicos importantes para grabar un elepé, utilizó el nombre de aquel cabaret  como marca.

Los sellos grabadores utilizaron mucho a este tipo de conjuntos que desde el Quinteto Pirincho no paró de vender discos, aunque jamás actuaran en público. Y así pasaron el Cuarteto Palais de Glace, Los porteñitos, Cuarteto Guardia vieja, Quinteto real,  Cuarteto Los ases, Cuarteto San Telmo, Quinteto Añoranzas,  Cuarteto del Centenario, Octeto Marabú, Quinteto Guardia nueva y tantos otros, en los que formaban músicos conocidos y acreditados.

El caso es que el Octeto Tibidabo, en realidad era un septeto, pero el hombre de la idea, Mario Kaminsky, pensó que sonaba mejor "Octeto" y así figura en los registros. Los integrantes del mismo eran: Leopoldo Federico y Osvaldo Marinero Montes en bandoneones; Enrique Mario Francini, Reynaldo Nichele y Mauricio Mise en violines; Enrique Marchetto en contrabajo y Atilio Stampone al piano.

                                           
Atilio Stampone dirigiendo su primera orquesta desde el piano

Éste último fue también el director del conjunto y el LP se grabó en TONODISC de Uruguay.   A Stampone el nombre le traía hermosos recuerdos. Había debutado con 15 años en la orquesta de Roberto Dimas y allí lo escucharía asombrado Pedro Maffia. Habla Maffia con el padre de Atilio y le pide que lo deje trabajar con su orquesta en el cabaret Tibidabo en 1942, y el hombre le da el visto bueno con la condición que cuando termine lo meta en el tranvía 16, derechito a casa...

El disco se grabó en 1966 y prácticamente los temas son del repertorio de Aníbal Troilo y recuerdan un poco el swing de la primera orquesta de Pichuco, lo que, con el paso del tiempo aumenta la nostalgia de aquella belle epôque del tango.


















martes, 22 de agosto de 2017

BIEN MILONGA

                                                                         "Yo adivino el parpadeo
                                                                          de las luces que a lo lejos
                                                                          van marcando mi retorno..."
                                                                                   Alfredo le Pera


Esta noche volvemos a milonguear en la casa de Aragón de Madrid, a partir de las 21 horas. Estamos en la Plaza República Argentina nº 6. Estrenamos piso nuevo, salón recién pintado, grandes espejos y como siempre el indispensable aire acondicionado para mitigar el tremendo calor que estamos soportando en España, en este mes de agosto.

                                    


Para darnos un bañito de milongas e ir calentando motores, me doy una vuelta rapidita por esas milongas del mundo, donde por unas horas se olvidan de tantos pesares que hoy sacuden al mundo en que vivimos. Y arranco por Seúl, en Corea del Sur. Allí, Peninsula, bailando en el rol de hombre, se mueve por la pista con Jinsuk, al compás de la orquesta de Juan D'Arienzo. Que con el cantor Enrique Carbel interpreta el tango Paciencia.

                            

Y me doy una pasada por Moscú, donde la pareja integrada por Ekaterina Simonova y Stanislav Fursov, se bailan el tango Quejas de bandoneón, interpretado por la Pasional Orquesta, a la manera de Aníbal Troilo.


Y sigo en Moscú. esta vez con Sergey Kurkatov y Yulia Burenicheva. Bailan el clásico valsecito Desde el alma. Lo interpreta la orquesta Solo Tango "a la manera de Pugliese".

                                              

Así me voy preparando para la rentrée de esta noche. Ci veddiamo.                                      

lunes, 21 de agosto de 2017

Lito Bayardo

Se llamaba Manuel Juan García Ferrari y fue uno de los tantos artistas rosarinos-santafesinos que bajaron a la capital porteña con su pinta y su talento, para dejarnos sus registros discográficos y un reguero tremendo de obras que enriquecen el vedemécum tanguero y folklórico. Porque fue cantor, autor teatral, periodista, hizo radioteatro, intevino en películas como actor y cantor, publicó varios libros de poesía y la citada obra autoral, en tangos y música nativa, lo consagraría definitivamente.

Su tango Duelo criollo, que lleva música de Juan Rezzano, entró en cuarto lugar en el concurso que organiza Max Glücksmann, en 1928, pero lo grabó ese mismo año carlos Gardel con las guitarras de Barbieri y Ricardo y le dió el pasaporte a la inmortalidad. Además de los cantores y orquestas que lo incorporaron a su repertorio, fue interpretado en otras lenguas, incluso en idish, tal vez por ese final que evoca a la tragedia griega: "Y un farol en duelo criollo vió / bajo su débil luz, morir los dos".

                                 


Pero la ristra de temas que creó este notable personaje que cantó en dúo con Alfredo Palacios, es realmente de antología. Por el brillo de sus páginas y la versatilidad de los géneros nacionales que transitó. Una zamba hermosa como Mama vieja, con música de Juan Larenza, fue interpretada magistralmente por Antonio Tormo y fue un gran impacto popular. Con Agustín Irusta recordaron a su pago con otra zamba: Rosario de Santa Fe, que consagró el propio Irusta.

A mi me sigue chiflando su tango Va llegando gente al baile, compuesto con otro comprovinciano como el bandoneonista Félix Lipesker, y que consagrara Julio Martel con la orquesta de Alfredo de Angelis. Tiene ese no sé qué, ¿viste?, que me devuelve a las noches milongueras del cincuenta...

Va llegando gente al baile y a bailar
a recordar
a recordar un tango de los de ayer,
que los acordes graves del bandoneón
reviven su emoción.
Va llegando gente al baile y a bailar
que en el compás
en el compás del tango sentimental,
yo encandené mis sueños
mis sueños forjados
allá en mi arrabal.

Es larga de mencionar la cantidad de temas que creó. Por ejemplo, solo (Con la otra, Cuatro lágrimas, Desilusión), o en yunta con compositores como Carlos Marcucci (Esta noche, Una vez), Eduardo Scalise (Déjame soñar), Félix Lipesker y Emilio Barbato (Adiós adiós corazón)... Con su compañero Alfredo Palacios escribieron los versos del vals Flores del alma, que musicalizó el pianista Juan Larenza. Con Charlo crearon Arreando sombras y Adiós amor. Con Cátulo Castillo: Están sonando las ocho y Para qué la quiero tanto. Con el guitarrista Marsilio Robles, Así es Ninón y la milonga Cimarrón de ausencia...

                               
Lito Bayardo y Antonio Tormo


Son apenas bosquejos de su ingente producción. Del muchacho que comenzó como cantor en sus pagos, que formó en Tríos, el mismo terceto que cantaría fugazmente con la orquesta de Julio De Caro. Que fue directivo de SADAIC, que vivió escribiendo, cantando y caminando la noche de Buenos Aires, sembrando páginas para los registros de orquestas y cantores. Y que de repente se suicidaría cuando tenía 81 años, en su departamento de la céntrica calle Motevideo, en la Capital.

                          


Lo recuerdo en dos temas. Así es Ninón, por Roberto Goyeneche acompañado por la orquesta Típica Porteña que dirigía Raúl Garello, grabado en 1976 . y el valsecito Flores del alma, que llevara al disco Pedro Laurenz con su orquesta y el cantor Martín Podestá el 7 de enero de 1942.

Así es Ninón - Roberto Goyeneche.

Flores del alma - Pedro Laurenz - Martín Podestá




viernes, 18 de agosto de 2017

Volvió una noche

Este tango me conmueve desde las primeras veces que lo escuché grabado por Carlos Gardel y yo era algo así como un adolescente que de rebote, por mi hermano,  me comía todas las audiciones  tangueras que había en las emisoras radiales y los discos que él compraba. La letra de Alfredo Le Pera es tremenda, y uno se siente obligado a pensar que él habrá vivido esa circunstancia que narra en el tema, aunque murió en el accidente de Medellín y tenía apenas 35 años, por lo cual cabe descartar sus vivencias en ese sentido.

                                         


Días pasados, conversando con un amigo,  me confidenciaba que un antiguo amor lo había llamado y él, en principio y a regañadientes, no muy convencido, había aceptado la propuesta de reunirse alrededor de dos copas. Y también me decía que ella se había portado muy mal con él y que había jurado no volver a encontrarse en su vida con dicha persona, lo cual me llamó la atención, pero "la carne es débil", pensé y entonces le canturreé la parte inicial de este tango del título.

Volvió una noche, no la esperaba,
había en su rostro tanta ansiedad,
que tuve pena de recordarle
su felonía y su crueldad.
Me dijo, humilde: "Si me perdonas
el tiempo viejo otra vez vendrá,
la primavera es nuestra vida,
verás que todo nos sonreirá".

El hombre se quedó un tanto asombrado y pensativo. Justo llegó otro amigo que participaría del diálogo al preguntarme porque entonaba yo ese tango. Entonces volvió a la palestra la confesión del atribulado contertulio que se debatía entre acudir a la cita, como había convenido, o llamarla y decirle que no pensaba volver a verla en la vida. Pero todo con muchas dudas. Entonces yo seguí canturreando por lo bajini.

Mentira, mentira, yo quise decirle,
las horas que pasan ya no vuelven más
y así mi cariño, al tuyo enlazado
es sólo un fantasma del viejo pasado
que ya no se puede resucitar.
Callé mi amargura y tuve piedad,
sus ojos azules muy grandes se abrieron,
mi pena inaudita pronto comprendieron,
y con una mueca de mujer vencida
me dijo: "Es la vida", y no la vi más.

Ví que acusaba el golpe y no es para menos. Yo no soy cantor, está claro, pero estos versos son demoledores. Cuántas personas, cuántos amigos, amigas y figuras públcas habrán pasado por este trance de descorrer los velos y regresar al pasado. Ese fantasma del viejo pasado que tuvo momentos maravillosos y final triste y duro. Persigue la evanescencia del tiempo, su rebobinarse y romperse. Por eso me llega tanto el tema de Gardel y Le Pera. Porque es hondamente conmovedor de sentimientos y vivencias...

                             
Gardel y le Pera la gran dupla creadora

No le quise citar la primera bis del tema, porque es final es todavía más duro y tampoco herir al amigo que cargaba con todas las dudas del regreso a un tema que se había agotado y sólo podía traerle problemas, según su propia confesión.  Le Pera termina desnudando al propio protagonista que no quiere volver al viejo amor y de paso se encuentra con su propia dolorosa realidad.

Volvió esa noche, nunca la olvido,
con la mirada triste y sin luz,
y tuve miedo de aquel espectro
que fue locura en mi juventud.
Se fue en silencio, sin un reproche,
busqué un espejo y me quise mirar:
había en mi frente tantos inviernos
que también ella tuvo piedad.

Tremendo. De repente pusimos la marcha atrás de los recuerdos y nos sentimos por un momento jóvenes, guapos, aventureros, hasta que una mirada al espejo nos devuelve a la realidad. Este tango reúne tantas experiencias que nos depara la vida, que lo escucho siempre con un respeto total y admiración por la dupla Gardel-Le Pera. Es un tema, repito, que me llega hondo.

Carlos Gardel lo grabó con la orquesta dirigida por el destacado músico argentino Terig Tucci que lo acompañó a Gardel en las películas que filmó en Estados Unidos y en sus grabaciones en Nueva York, como ésta del 20 de marzo de 1935 -3 meses antes de su muerte-.

Un tema imprescindible.

Volvió una noche - Carlos Gardel

lunes, 14 de agosto de 2017

Osvaldo Manzi y su Octeto

Vuelvo con este pianista de gran preparación técnica, que estudió en el Conservatorio Nacional: piano, acústica y contrapunto, se formó con el profesor Eduardo  Velisone y más tarde también profundizaría sus conocimientos  en armonía, con Athos Palma, en el año 1940. Todo ello sumado, le permitiría sentarse al piano en numerosas orquestas, a la vez que destacar como arreglador y director.

Entre otras formaciones disímiles entre sí, ocupó su sitio en el piano, alineado en las de Florindo Sassone, Elvino Vardaro, Edgardo Donato, Miguel Zabala, Joaquín Do Reyes, Enrique Alessio, Hugo Baralis o Héctor Artola. También alternó  en un grupo criollo,  formó tríos, y acompañó a Alberto Marino con la orquesta dirigida por él, cuando el cantor emergido triunfalmente de la típica de Aníbal Troilo, gozaba de una popularidad notable.

                                                 


Fue precisamente Pichuco quien lo convocó en 1954 para militar en su exquisito conjunto,  sucediendo a Carlos Figari, que se independizaba para formar su propia orquesta. Este salto lo proyectaría y le daría la fuerza dinamizadora para brillar en aquellos años de máxima expresión del tango. La intensidad interpretativa que proponía Troilo, con su gran riqueza de matices  y la libertad de creación que dispensaba, representaría para Manzi, otra graduación  en su carrera.

Estaría unos tres años con Pichuco. Lo suficiente para actuar en clubes, salas céntricas, radio y participar en 29 registros con la orquesta. El último tema que grabaría en dicho conjunto, sería Retirao, un tango antiguo de Carlos Posadas, donde muestra todo su talento. Saldría de dicha formación para enrolarse en la de su admirado Osvaldo Pugliese, reemplazándolo en aquellos años de persecución política que sufría el pianista de Villa Crespo.

                             
Osvaldo Manzi. en color gris, con la orquesta de Osvaldo Pugliese

Lo vi varias veces en aquellos años y recuerdo la frase de Mario Demarco, bandoneonista de la orquesta por entonces.
   -Manzi sabe y mucho. Adaptarse a la orquesta tan rápido y sucediendo al director por las razones que todo el mundo conoce, no están al alcance de cualquiera. Manzi está muy bien preparado y consustanciado con el estilo de la orquesta. Y el resultado es muy satisfactorio para todos nosotros. 

Manzi (Osvaldo Ramón Manzione), admiraba la capacidad y el romanticismo de Pugliese. Y puede apreciarse su capacidad y amoldamiento a dicha orquesta en grabaciones como La bordona, Qué pinturita, Yunta de oro o Patancha, entre otros temas destacados de esa época.

Formaría luego su propio conjunto, alineando a Eduardo Rovira como primer bandoneón de la misma, y también con arreglos del mismo. Fontán Reyes sería el cantor que grabaría Dolor milonguero y también registraría la orquesta el instrumental Febril del citado Rovira. Luego de algunas actuaciones profesionales en otras formaciones recibe el llamado de Ástor Piazzolla.

                             


Y la cita sirve para confirmar la valía de Osvaldo Manzi, que sucedería a Jaime Gosis en los revolucionarios Quinteto y Noneto de Piazzolla. El muchacho de Boedo que ya orillaba los 37 años, cumpliría con creces en dichas formaciones del bandoneonista de Mar del Plata y demostró su sapiencia confirmando personalmente la frase de Troilo sobre Ástor:
-"Nosotros estamos en el arranque y el Gato ya pasó por segunda vez"


Le faltaban cuatro meses para cumplir los 51 años de edad, cuando una enfermedad puso fin a su vida y sus sueños de músico.Su talento está presente en numerosas grabaciones y hoy lo quiero recordar al frente de su Octeto Marabú, con un LP de temas instrumentales que fue impreso en Canadá. En este caso fagocita un estilo parecido al de las orquestas de Osvaldo Fresedo, Carlos Di Sarli y otras conocidas, y es muy lindo para bailar incluso.

Fueron registradas por el sello Microfon en 1960 y de ese LP extraigo dos temas: Verdemar, de Carlos Di Sarli y José María Contursi y Qué solo estoy, de Raúl Kaplún y Roberto Miró.

Verdemar - Octeto Marabú

Qué solo estoy - Octeto Marabú












martes, 8 de agosto de 2017

Vuelves

Se trata de un tango de Maruja Pacheco Huergo y Virgilio San Clemente, compuesto a continuación  del tremendo éxito de El adiós, la obra que escribió en el pentagrama Maruja (María Esther) y luego, llamado por Ignacio Corsini, le sería presentado San Clemente a la autora y sería quien le pondría versos que ingresarían en el repertorio de cantantes y orquestas de todo el mundo.

En Japón es un éxito de primera magnitud,  debido a que lo llevara allí Osvaldo Pugliese con su orquesta y el cantor Jorge Maciel. Se vendieron partituras del mismo en cantidades inusuales en Argentina,  por su fineza de fondo, y sigue persiguiendo la evanescencia del tiempo, su rebobinarse y romperse. Maruja lo había desarrollado en el piano en 1937 y a comienzos del 38, Ignacio Corsini lo llevaba al disco.

                                     
Maruja Pacheco Huergo

El impacto de este hermoso y melancólico tema, motivó que los autores del mismo intentaran reunirse en otro tango para darle continuidad a la colaboración entre ambos. Aunque Maruja ha firmado una ingente cantidad de páginas de todo tipo con músicos y poetas. Ella misma pudo escribir los versos de un tango tan llegador como Lágrimas -homónino del de Arolas- que escribiera con Edgardo Donato, autor de la música. Luego repitieron con Para qué, Triqui trá, Alas rotas y Bohemia triste.

Con Virgilio San Clemente, cooperaron en la creación de Milonga de la ribera y Tu silencio, que no tuvieron la misma suerte que su composición inicial. Además, Maruja fue actriz,  firmaría la música de varias películas, haría canciones infantiles, publicaría libros de poesía, escribió comedias para televisión, partituras para obras de teatro, adaptó musicalmente pasajes de la Biblia para niños, novelas que llenaron espacios en radio y televisión, escribió en periódicos y revistas, fue muy prolífica incluso componiendo canciones y admás ejerció como profesora de música y canto.

                             


El tango que  hoy traigo al blog tiene algo del trasfondo de El adiós, buceando en las desventuras del amor, el estado informe, de pequeñas emociones, dejándose impregnar por el dolor del desamor y los recuerdos. El paisaje es la memoria. Me encanta la grabación de la orquesta de Osvaldo Fresedo y Roberto Ray cantando el estribillo.

Vuelve, alma,                                                        
vuelve, vida,
vuelve...

Como un eco de los días
en que todo florecía
al calor de una esperanza

Vuelve, alma,
vuelve, vida,
vuelve...

La delicada melancolía que irradian esas viejas grabaciones que bailamos, me llevan a un estado de ánimo especial, a una pasión que desborda, como si uno se ubicara en el sitio del personaje que vive en la letra del tango. Distopías que destilan perfume de tango. Es un recuerdo sin tiempo,  azotado por la capacidad de hechizo del artista. Me encanta.

Maruja recordaba su emoción cuando terminó de plasmar El adiós sobre el piano:

   -Tenía la sensación de que cada nota era algo así como una lluvia que se deslizaba desde mi corazón hasta el hueco de mis manos. Sin darme cuenta, la obra quedó concluída. Mi madre volvió a hablar: "Es muy sentida"... Y agregó: "Qué bien si Ignacio Corsini pudiera escucharla"...

Corsini la grabó para la historia, el 2 de febrero de 1938. Un año más tarde, el 3 de enero de 1939, Osvaldo Fresedo, con el cantor Roberto Ray, llevan al disco el nuevo tema de Maruja Pacheco Huergo y Virgilio San Clemente: Vuelves.

Lo escuchamos atentamente.

Vuelves - Osvaldo Fresedo-Roberto Ray


domingo, 6 de agosto de 2017

Miguel Osés

Como homenaje al amigo, historiador tanguero y creador del celebrado portal TODO TANGO, hoy publico en mi blog una biografía que escribiera, el citado Ricardo García Blaya. Trata sobre Miguel Osés, un hombre de teatro, autor además de  los versos de un célebre tango.

                                                        


Miguel Osés

Nombre real: Osés, Francisco Miguel
Letrista, autor teatral, critico, periodista y político
(4 octubre 1884 - 8 octubre 1928)
Lugar de nacimiento:
Argentina

Miguel Osés - Semblanza por Ricardo García Blaya


Este hombre de letras, hijo de padre navarro y madre vasca —hasta hoy un auténtico desconocido—, tuvo el raro privilegio de participar en la creación de un clásico, el tango “A la gran muñeca”, sin duda, una página mayúscula del género, que lleva música del español Jesús Ventura, un compositor y director musical de obras teatrales del llamado género chico, muy reconocido en su época.

Lo hizo como autor de una letra que, paradójicamente, casi no fue cantada salvo unas pocas excepciones. Tanto es así, que de las más de cincuenta versiones comerciales que tengo, en sólo tres se interpretan sus versos, más una toma radial de Libertad Lamarque.

                                      

Sin embargo, esto no fue óbice para que Osés figurara en todas las etiquetas de los incontables discos que atesoraron ese bello tango en forma instrumental y, de ese modo, consagrar su nombre para siempre en nuestra música ciudadana, a pesar que no se conoce de él ninguna otra obra.

Curiosamente, tampoco sabemos que existan otros tangos compuestos por Jesús Ventura. Es un caso notable, estamos en presencia de dos autores que colaboraron en el mismo y único tango que realizaron y, que además, se convirtió en uno de los grandes hitos del género.

Gracias a la información brindada por Nicolás Testa, bisnieto de Osés, supe que don Miguel fue socio fundador de la Sociedad Argentina de Autores Dramáticos.

Y esto no fue un hecho casual, el teatro fue su gran vocación. Fue autor de la comedia El astillero y de la revista musical A la gran muñeca, que fuera estrenada en el Teatro Buenos Aires, el 1 de agosto de 1919 y en cuyo desarrollo, la cancionista Manolita Poli estrena el tango homónimo.

Además, me informó sobre la actividad periodística de su bisabuelo, que fue intensa y variada. Fue crítico de teatro y colaboró en diarios y revistas de la época, como: Caras y Caretas, P.B.T., el Hogar, Mundo Argentino, y fue director del diario Última Hora, entre 1924 y 1926. También realizó distintas colaboraciones en La Vanguardia y en La Novela Semanal.

Nuestro recordado amigo Orlando del Greco, lo recuerda en su libro Carlos Gardel y los autores de sus canciones, editado por Héctor Lucci, refiriéndose a un shimmy que grabó El Zorzal:

-El crítico y autor teatral Miguel F. Osés dijo en Mundo Argentino del 2 de enero de 1924, respecto a la popularidad de este fox-trot: «Con la opereta italiana, la compañía Bertini-Gioana logró imponernos algo: un shimmy de “La danza de las Libélulas”, de Franz Lehar, que aún hoy nos los sirven hasta en el desayuno. En una noche se le llegó a ejecutar en la capital, 1165 veces por las orquestas, bandas y cuanto aparato musical existe en Buenos Aires. Sin mencionar las de las transmisiones radiotelefónicas».

Por último, Nicolás me confesó que todo lo que sabía de Osés se lo había contado su abuelo —hoy fallecido—, y que siempre le había llamado la atención, que no hubiera nada escrito sobre él. Ese fue uno de los motivos por el cual me arrimó esta preciada información con la esperanza de su publicación.

Por último, me redondeó la multifacética personalidad de su bisabuelo al mencionarme su actividad política. Así me enteré que fue afiliado al viejo Partido Socialista y, en su representación, fue elegido concejal en Lomas de Zamora, en el año 1916.

Para terminar esta breve evocación del poeta, pasaré a mencionar las tres versiones cantadas que conozco de “A la gran muñeca” y la toma radial, más una grabación que me pasaron, de la cual no tengo ningún dato y no sé si es comercial.

                             

Primero, la más conocida, la de Jorge Omar con la orquesta de Francisco Lomuto, en 1936, para el sello Victor; luego la de Roberto Arrieta con Miguel Caló, en 1948, para Odeon; por último, la del dúo de Carlos Soler y Javier Di Ciriaco, con la Orquesta Típica Argentina dirigida por Jorge Arduh, en 1999, para Diapasón.

La toma radial es de Libertad Lamarque, en el programa de Jabón Federal en Radio Belgrano, a principios de la década del 40. Hace unos años, Bruno Cespi me grabó una cinta con otra versión de la orquesta de Jorge Arduh, más antigua y más breve, que pareciera estar cantada por un dúo o bien es un play back, con la voz de Alberto Del Valle.

Hasta aquí llegamos, con el deseo compartido con su bisnieto, de rescatar del olvido a Miguel Osés, tratando de cumplir una vez más, con la política reivindicativa hacia los héroes olvidados de nuestra cultura popular que nos propusimos cuando fundamos Todo Tango.

PD: Y por mi parte agrego la versión de la orquesta de Francisco Lomuto, cantando Jorge Omar. Fue llevado al disco el 15 de enero de 1936.

A la gran muñeca- Francisco Lomuto-Jorge Omar