lunes, 31 de julio de 2017

Ernesto Franco

Lleva la marca en el orillo de su paso por la orquesta de Juan D'Arienzo, que siempre tuvo en su formación a fueyes de este calibre, porque la fila de bandoneonistas tenía que picar en el momento adecuado, sucediendo a la marca vibrante del piano y la suave intervención del violín de Cayetano Puglisi para luego entrar en staccato desbordante, Y así convertir la pista en una vibrante sucesión de figuras rápidas, envolventes, siguiendo la marca de esas variaciones made in D'Arienzo que siguen agitando el suelo de tantas milongas del mundo.

Ernesto Franco nació en el porteño barrio de Caballito, pero también fuimos convecinos en Parque Patricios, aunque él es mayor y debutaría jovencito en la escuadra de Elvino Vardaro, con sus jóvenes 18 años, que ya anunciaban a un instrumentista de fuste. Dos años más tarde sería convocado por otro ilustre, Osmar Maderna para su orquesta que pisaba fuerte en el corazón  de los porteños, y ya daba la medida de la capacidad de este músico joven y con grandes aptitudes.

                                     
Ernesto Franco


Enrolado en la formación de Roberto Caló, compartiría espacio en la fila de fueyes, a la muerte de Maderna, con Eduardo Rovira, Celso Amato, Edelmiro Toto D'Amario y Eliseo Marchese, dando otro paso adelante en su carrera musical. Había estudiado con los maestros A. Rossi y F. Lombardini, instado por su padre y los estudios le servirían para destacar como instrumentista y arreglador. Con la orquesta de Roberto Caló llega al disco en dos temas instrumentales: Lorenzo y La cachila. Y debuta como compositor con Después que te perdí, que lleva letra de Horacio Sanguinetti, cantado por Alberto Santillán,  y también el instrumental que firma con Osvaldo Tarantino: Sacale chispas.

Al disolverse la formación del hermano de Miguel Caló,y luego de un encuentro con charlas entusiasmantes, forman un cuarteto de fueyes entre Franco, Julián Plaza, Alfredo Marcucci y Atilio Corral, "a cappella". Y si en la orquesta de Maderna le había tocado reemplazar a Leopoldo Federico, en 1953, Alfredo De Angelis lo convoca para suceder a Toto Rodríguez, que dejaba al pianista de Banfield. Y cuatro más tarde pasaría a la orquesta de Osvaldo Fresedo reemplazando a Roberto Pérez Precchi.

                                                   
Franco, en el centro de la fila de fueyes de la orquesta de Juan D'Arienzo

Nacido en 1929, tenía 29 años, y un más que interesante camino recorrido en la música popular, suficientemente baqueteado, cuando recibe el llamado de Juan D'Arienzo para incorporarse a su triunfante orquesta. Allí alcanza su culmen porque puede dar rienda suelta a su inspiración y temperamento. Sucedía a Enrique Alessio, nada menos. Y estaría en la escuadra del Rey del compás 17 años, nada menos, codo a codo con compañeros como Carlos Lazzari, Aldo Junnissi, Luis Maggiolo, Felipe Ricciardi y Juan Carlos Niesi.

Participó en alrededor de cuatrocientas grabaciones con la orquesta, desde 1958 a 1976. Y viajó a Japón con la misma, invitados por el príncipe Akihito. D'Arienzo no subía ni en broma a un avión y delegó el mando en el pianista Juan Polito. En el lejano Oriente se presentarían con un éxito impresionante, en los años 1968 y 1970.

Desde el alejamiento de D'Arienzo, Ernesto Franco no ha parado de trabajar. Curtido en el estilo del maestro de Balvanera, con el que ha conquistado a sus seguidores, sigue hurgando en el yeite milonguero de los porteños y extranjeros que llegan al país llamados por el tango, y su orquesta sigue evocando aquellas resonancias sonoras que movían a los bailarines de los cuarenta y cincuenta.

Podemos apreciarlo en esta versión de La cumparsita. Franco dirige a la orquesta, realiza el arreglo y sigue dándole cuerda a su bandoneón.

                                

O, en este caso, interpretando el tango de Mario Canaro y José María Contursi: Quiero verte una vez más, que canta Claudio Garcés.

                                       
                                     

                                   


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