jueves, 20 de abril de 2017

Orlando Goñi

Lo he repetido en numerosas ocasiones y lo hago, convencido de que este pianista fue un genio  que iluminó el tango en su época, como integrante y guía de la primera orquesta de Aníbal Troilo, a la que prácticamente conducía desde su instrumento. Con su rara manera de sentarse al piano, sus piernas abiertas, sin usar los pedales y unas síncopas que elevan la fuerza de la música instalándola en el corazón de los bailarines, o de los que escuchan aquellas grabaciones de Pichuco.

Fueron 71 registros, que son los que utilizo de Troilo, cuando selecciono música para la milonga o festivales. Porque son súper milongueros y su piano tiene efectos increíbles en los movimientos que se producen en la pista. Es cierto que con José Basso, como reemplazante suyo, todavía tenía Pichuco material para orientar los pies de los participantes en la ronda, pero la presencia de Goñi fue revolucionaria. Con su mano zurda dibujando matices bordoneados, se convierte en el bastonero de la orquesta, con el permiso del joven director, que es el responsable final del armado y que con su  fueye hace pesar también las jerarquías.

                                             
Orlando Goñi

El tango ha tenido pianistas de alto nivel y lo hemos destacado tantísimas veces: Salgán, Maderna, Delfino, Francisco De Caro, Demare, Salamanca, Polito, Di Sarli, Barbato, D'Agostino, Armando Federico, Pascual, Pugliese, Biagi, Firpo, Mores, Tarantino y tantos otros, pero a mí siempre me sedujo la maravillosa forma de llevar a la orquesta en volandas, que tuvo Orlando Goñi en esa época brillante de Pichuco. Sus contrapuntos con el fueye del director cobran unas alturas impresionantes, y cuando estoy bailando lo siento más que nunca y me inspira de una manera muy especial.

Lamentablemente, sabemos que su vida fue muy corta. Escasos 31 años vividos a toda prisa, inmerso en una bohemia de trasnoches, alcohol y desenfrenos que lo llevaron a la muerte prematura en Montevideo, donde se había refugiado, junto al músico Pirincho Martínez, en su casa. Era la gran promesa del tango, cuando se va de la orquesta de Pichuco dejando tamañas grabaciones para la historia, que siguen goteando sin descanso sobre las pistas de baile del mundo entero.

                                   
Orlando Goñi al frente de su orquesta y el circunstancial paso de Raúl Berón


Sus admiradores, los críticos, todos esperaban su presencia al frente de una orquesta. Le sobraban méritos. Había estudiado con Vicente Scaramuzza, formado desde niño en las orquestas de Manuel Buzón en la de Samuel Aguayo, Miguel Caló, Cayetano Puglisi, Ciriaco Ortiz,  y también integró un Sexteto en el que estaban su hermano José en violín, Troilo y Attadía en bandoneones, él al piano y Pucherito Adesso en contrabajo. Era la gran esperanza del tango y cuando se fue de la orquesta de Troilo (que lo echó por sus faltazos), se aguardaba con expectativa su alternativa como director.

Y pareció que no iba a defraudar a sus innumerables seguidores. Porque convocó a músicos importantes para integrar su orquesta. Nada menos que Eduardo Rovira, Antonio Ríos, Eduardo Di Filippo, Luis Bonnat y Pirincho Martínez eran los 5 bandoneonistas. Rolando Curzel, Emilio González, Antonio Blanco (el fiel escudero de Gobbi) y José Amatrain en violines. Domingo Donaruna en bajo y Enrique Storani en cello, completaban la formación que despertó grandes pasiones. Como cantores, pasaron rápidamente Rodríguez Lesende, Fiorentino, Osvaldo Cabrera, Raúl Aldao.

                               


El debut fue en el café Nacional el 1 de diciembre de 1943 y el lleno total se repitió invariablemente en las dos semanas de actuación que cumplió en dicho templo del tango. Luego vendría la contratación en radio Belgrano y las críticas favorables. Sus seguidores estaban creciendo, su popularidad iba en aumento pero faltaron las grabaciones. Una vez más, los directores de los sellos discográficos, erraron en su cometido.

Y sólo quedarían de muestra para la historia cuatro registros en forma de acetato, de muy baja calidad que nos muestran a la orquesta que pudo entrar en la historia grande y se quedó en la puerta, porque en febrero de 1945, Goñi dejaría este mundo. Esos registros citados fueron: El taura, de Agustín Bardi, la milonga Mi regalo (de Dizeo y el propio Goñi), que canta Osvaldo Cabrera; Y siempre igual, de Arturo Gallucci y Luis Caruso, cantado por Raúl Aldao y Chiqué, de Ricardo Luis Brignolo.

                                                 

Estos cuatro temas, gracias al especialista que firma como: Cantando tangos, los podemos escuchar en este armado tan bueno que ha realizado. El sonido dista de ser perfecto pero se percibe un aire a Pichuco, aunque la orquesta estaba dando sus primeros pasos y todavía andaba buscando su horma.

¡A escuchar, pues!

                                       

2 comentarios:

  1. salute jose maria estas cuatro grabaciones que realizo en uruguay iban a ser llevadas al disco en el sello sondor pero como fallecio quedaron sin llevarse al disco. gracias a los acetatos podemos apreciar la calidad del pulpo,bien tanguero por cierto saludos juan de boedo

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  2. Un crack. Lástima su bohemia al bardo. Salute Jauncho.

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