miércoles, 15 de marzo de 2017

Arias-Montes

Ayer, charlando con el amigo Fabián Bertero, y a propósito de su dúo con Miguel Pereiro, recordábamos otros dúos famosos, y surgió el caso de lo que traigo hoy al Blog. Ya les contaré lo de ayer con estos dos músicos geniales, pero vale la pena volver a traer del olvido a este fueye rosarino y al guitarrista de Villa Devoto, que incursionó en la música clásica, el jazz y el folklore, para instalarse definitivamente en el paisaje tanguero, tocando incluso con Pichuco, que admiraba su gran capacidad muicial y la adaptación al cuarteto con el Gordo.

Había amenizado serenatas, estudiado con su único maestro:  Pedro Ramírez Sánchez,  y como él decía con mucha gracia: "Acompañé a dios y maría santísima", refiriéndose a los cantores de ambos sexos a los que respaldó con su viola. Incluso manejaba su taxi Chevrolet, cuando acompañaba a Héctor Mauré. Su fama creció cuando debió suceder a Roberto Grela y Ubaldo De Lío en el cuarteto de Troilo, con quien estuvo seis años, hasta el fallecimiento de Pichuco.

                           


Preocupado por suceder a semejantes colegas en aquel cuarteto con Colángelo, Del Bagno -que fue quien lo rcomendó- y el Gordo, le pidió las partes al pianista para prepararse concienzudamente, y Colángelo le respondió: "No hay nada escrito, es todo orejeli"... Y entonces le pasó Nocturno a mi barrio, que estaba por salir y Troilo había grabado con De Lío. Y ése fue su ejemplo. Más tarde cuando en el primer ensayo puso el atril y la carpeta, sus tres compañeros bromearon con él: "¡Si en la puta vida escribimos una nota!"... Y allí arrancó, al bardo, nada menos que con "La trampera", la milonga de Troilo.

Osvaldo José Montes, apodado el Marinero, por su etapa de conscripto en ese cuerpo del ejército, nació en Rosario y su madre le compró un bandoneón en cuotas, porque no le alcanzaba para el piano. Tuvo un par de maestros que siempre reconoció, y cuando ya militaba en la orquesta de Raúl Bianchi, destacó a Miguel Martino, que  lo apoyó y ayudó mucho con sus consejos.  

                                         
Osvaldo Montes y Aníbal Arias en Copenhague. Año 2007


En Buenos Aires, durante la el servicio militar, su paisano Víctor Lavallén lo invitaba a Radio El Mundo para tocar con la orquesta de Miguel Caló, y así fue entrando en el ambiente tanguero de Buenos Aires, en sus momentos libres. Posteriormente logró un sitio en la formación de Joaquín Do Reyes, y aparte de acompañar a numerosos cantores, confirmaría sus quilates, grabando en las orquestas de Mariano Mores, Alfredo Gobbi, Pedro Laurenz, Leopoldo Federico (que lo había escuchado en Rosario cuando era un jovencito flaco y le había impresionado vivamente). También en placas acompañó a grandes como Libertad Lamarque, Edmundo Rivero, Goyeneche, Floreal Ruiz, Alberto Marino y tantos otros.

Cuando alcanzó el reconocimiento general por sus maravillosas condiciones y su humildad de intérprete, recordaba la frase de Carlos García -con quien dejó un elepé imperdible: "Hay que saber tocar muy bien para poder tocar sencillo". Y la latiguillo podía asumirse como una vuelta al barrio por la simpleza en la melodía, el recuerdo de sus modestos padres y el camino hacia el reconocimiento de los grandes que lo tuvieron a su lado.

                                           


El dúo con Aníbal Arias fue otro logro fundamental en su carrera de intérprete. Se entendieron desde el primer día y ayudado por el carácter de ambos, coincidieron en el respeto a la tradición y la exquisita sencillez en la recreación de un repertorio de clásicos del género. Viajaron varias veces a Japón donde grabaron en vivo otro elepé y realizaron una gira por varias ciudades europeas, arrancando aplausos estusiasmados de gentes de distinta procedencia que supieron admirar el arte de este dúo

En 2007, la Academia Nacional del Tango le realizó un sentido homenaje al Marinero Montes, y su compañero y amigo Aníbal Arias, le dedicó estas sentidas palabras:

-Estoy orgulloso de participar en este homenaje, vos te merecés esto y mucho más. Te deseo lo mejor y estoy encantado de ser amigo tuyo. Conformamos un dúo, que cuando tocamos, nos hace vivir un momento especial, nos apartamos del planeta.y nos transportamos a las vivencias del tango, de esos tangos que vos interpretás tan magistralmente".

                                                 


Le batió la justa. Y yo voy a volver a revivir aquellos temas que emocionaron a tanta gente. De su  CD Juntos por el tango, podemos escuchar el tango Los mareados, de Juan Carlos Cobián. Y del elepé: Bien tanguero, extraigo la milonga de Julián Plaza: Nocturna.


Arias-Montes- Los mareados

Arias-Montes- Nocturna


Pero para los fans del dúo, nada mejor que este regalito de los estudios ION, donde podemos ver durante quince minutos a Arias y Montes interpretando varios temas en vivo.

                                      

                                    





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