miércoles, 25 de enero de 2017

Evaristo Carriego

Nació en Paraná, Entre Ríos, pero se crió en el barrio porteño de Palermo, cuando prevalecían las calles de tierra en la vieja casaquinta de Rosas, y algunas arterias estaban precariamente asfaltadas. Su casa de la calle Honduras le permitió disfrutar el paisaje del barrio, los personajes y situaciones que reflejaría en sus versos, como la amistad temprana con caudillos políticos de peso y el taita de acero fácil conocido como Juan Muraña con quien llegó a mantener una relación cordial.

                                       
Evaristo Carriego
    

Publicó un solo libro de versos en su corta vida, pero también los fue esparciendo en periódicos como La Tribuna y otros. Su obra es vital como antecesora de las letras de tango que habrán de navegar en todas sus creaciones y observaciones minuciosas del barrio. Fundamentalmente, los personajes de la noche, la muchachita que dió aquel mal paso y volverá con el tiempo a su casa, cambiada.

Jorge Luis Borges, que fue su gran valedor, e incluso prologó sus Misas herejes, refiere en "El alma del suburbio", un atardecer en la esquina.  La calle popular hecha patio -recuerda Borges-, es su descripción, la consoladora posesión de lo elemental que les queda a los pobres: la magia servicial de los naipes, el trato humano, el organito con su habanera y su gringo, la espaciada frescura de la oración, el discutidero eterno sin rumbo, los temas de la carne y de la muerte. No se olvidó Evaristo Carriego del tango, que se quebraba con diablura y bochinche por las veredas, como recién salido de las casas de la calle Junín, y que era cielo de varones nomás, igual que la visteada.

En la calle la buena gente derrocha
sus guarangos decires más lisonjeros,
porque al compás de un tango que es La morocha,
lucen ágiles cortes dos orilleros.

                                         


Insiste Borges: Una de sus primeras composiciones -"El alma del suburbio"-, había tratado el mismo sujeto, y es hermoso comparar la  solución antigua (cuadro realista hecho de observaciones particulares) con la definitiva y límpida fiesta donde están convocados los símbolos preferidos por él:  la costurerita que dió aquel mal paso, el organito, la esquina desmantelada, el ciego, la luna.

...Pianito que cruzas la calle cansado
moliendo el eterno
familiar motivo que el año pasado
gemía a la luna de invierno:
Con tu voz gangosa dirás en la esquina
la canción ingenua, la de siempre, acaso
es la preferida de nuestra vecina
la costurerita que dio aquel mal paso.
Y luego de un valse te irás como una
tristeza  que cruza la calle desierta,
y habrá quien se quede mirando la luna
desde alguna puerta.
...Anoche, después que te fuiste
cuando todo el barrio volvía al sosiego
-qué triste- lloraban los ojos del ciego.


La casi desesperada decencia, el orgullo de antemano herido, en otro de los versos de Carriego que gira sobre el casamiento en el barrio.

El tío de la novia, que se ha creído
obligado a fijarse si el baile toma
buen carácter, afirma, medio ofendido,
que no se admiten cortes ni aún en broma.

Que- la modestia a un lado, no se la pega
ninguno de esos vivos... seguramente.
La casa será pobre, nadie lo niega:
todo lo que se quiera, pero decente.-

Termina Borges: ¿Qué porvenir el de Carriego? No hay una posteridad judicial sin posteridad,  dedicada a emitir fallos irrevocables, pero los hechos me parecen seguros.  Creo que algunas de sus páginas -acaso "El casamiento", "Has vuelto", "El alma del suburbio", "En el barrio"- conmoverán suficientemente a muchas generaciones argentinas.  Creo que fue el primer espectador de nuestros barrios pobres y que para la historia de nuestra poesía, eso importa. El primero, es decir el descubridor, el inventor.

                                           


Lo cierto es que Carriego. que tuvo una visión de la ciudad, del barrio, de los personajes del conventillo, la política y los hombres de acción y de cuchillo, alcanzarían posterioremente a su muerte joven, con sólo 29 años,  una vigorosa presencia en las posteriores letras del tango, por su manera de consustanciarse y expresarlas, llenas de sentimiento y orginalidad. Homero Manzi fue quien más cerca estuvo de su continuidad en la poesía del tango y quien tomaría su relevo con un gran talento. Incluso Cátulo Castillo, reconocía que en algunos temas iniciales que compondría con su padre, como por ejemplo, Organito de la tarde, hay una clara incluencia carriegana.

                                          

Curiosamente, sería un músico de La Plata, el bandoneonista Eduardo Rovira, quien homenajeó a Carriego con el tango que lleva el nombre del poeta de Palermo. Un tango majestuoso, soberbio, lleno de pasión. Los músicos de Osvaldo Pugliese le dieron un marco especial que sirvió para el lucimiento de Gavito y su compañera, iluminando a la vez, tantos patios de tango. El bandoneonista Mario Demarco tuvo un importante papel en ese arreglo que hizo época. Lo grabó Osvaldo Pugliese con su orquesta en 1969 y fue todo un aldabonazo y el mejor recuerdo para el recordado poeta.

A Evaristo Carriego - Osvaldo Pugliese

1 comentario:

  1. http://www.thetqr.org/Archivio/TQR%2015%20it/aevaristo.html

    ResponderEliminar