lunes, 30 de mayo de 2016

Un vals para Teté

Comienzo la semana con un recuerdo del amigo Teté, más conocido como el rey del vals. Por supuesto, referido al valsecito porteño. Falleció hace muy poco tiempo, después de haber brillado como bailarín y profesor en la resurreción del tango, ocurrido en los años ochenta/noventa del siglo pasado. Cuando los veteranos lograron volver a darle vida a los clubes de barrio y salones del centro, y transmitir sus conocimientos a las nuevas generaciones que no conocían el tango bailado.

Así recuperó, a marcha forzada, la música nacional, el tango argentino, la algarabía social del baile, las conocidas como milongas, que poco a poco comenzarían a poblar los lugares importantes de la ciudad. Todo ello gracias al triunfo de la revista: Tango argentino en París y luego en Broadway. Como si el destino volviera a repetir la historia del resistido género que necesitó triunfar en los salones parisinos de Madame Rezkè en la capital francesa, hace unos cien años,  para que las autoridades argentinas, le levantasen la veda y por fin pudiera escucharse y bailarse sin censuras en la ciudad porteña.

                                                   


Teté, apodo de sus años infantiles, se llamaba Pedro Rusconi y se crió en Nueva Pompeya, ese barrio separado por tres calles, de Parque Patricios, mi hábitat juvenil. Aprendió como tantos de mi época, con los mayores, y su refugio era Unidos de Pompeya, el club que mexclaba boxeo y tango en sus entrañas y donde imponía su elegancia el flaco Tin, que lo vareó a Teté y a muchos otros y a quien  ví algunas veces en el Club Huracán cuando solía venir a mostrar su excelente registro milonguero.

Teté, se hizo famoso en muchos lugares, especialmente por su interpretación del valsecito porteño. Tenía un estilo algo antiguo, pero lo interpretaba con el alma. El valsecito se bailó en las milongas durante años del modo original, con giros constantes. Fue en los años cincuenta cuando algunos milongueros de los barrios del sur (Pompeya, Soldati) comenzaron a bailarlos con pasos del tango.
     
                                   
Silvia y Teté


En esa época, los que ponían la música (todavía no había llegado el vocablo anglófilo: discjockey), lo hacían con discos de pasta de 78 rpm, y pasaban los dos temas del mismo. Ya fueren dos tangos como un tango y un vals, o una milonga. Luego uno de jazz o música entroamericana o brasileña. Y así sucesivamente. Entonces, estos muchachos decidieron bailar todo con pasos de tango, para aprovechar la noche, y poco a poco esa costumbre se generalizó en el caso de los valsecitos.

Teté mamó toda esa cultura milonguera y fue uno de los que manejaron el timón en Buenos Aires y Europa, en el regreso del género a las pistas porteñas, dando clases a la enorme cantidad de hombres y mujeres que se aprestaban a formar en las filas del tango-danza. Su nombre se hizo muy popular y fueron especialmente aplaudidas sus exhibiciones con Silvia Ceriani, su útltima compañera, bailando valses porteños, y también tangos, por supuesto.
               
                                 
                                             

Daniel Tonelli -con la valiosa ayuda de Marcelo Turrisi en la post producción-, realizó este filme documental sobre los valsecitos y las historias de Teté en las milongas. The Argentina Tango Society produjo la obra y así quedan reflejadas hermosamente todas estas historias de tango que son joyitas para guardar.

Dale Teté!








                                  

sábado, 28 de mayo de 2016

Milongueando que es gerundio

Casualmente, esta noche no tenemos la milonga de los sábados en la casa de Aragón de Madrid por razones de organización, pero volvemos el martes con tutti: música para revolear los camambuses y las polleritas cortonas, aupadas a unos tacos de aguja alucinantes. Los que marcan el compás en la hermosa pisa de madera lustradita que se nos ofrece para darle gusto al cuerpo. Un descansito sabatino nos viene bien para reponer fuerzas y hurgar en la discoteca buscando esa música maravillosa que nos moviliza.

Una milonga es BIEN MILONGA cuando la música está a tono con los participantes y los impulsa permanentemente a la pista. Hay países donde no se le da la importancia que este apartado realmente tiene, y los resultados se notan en la respuesta anodina de los bailarines. Hay que darles manivela y una selección que les haga galopar el corazón con prisa y sin pausas. Así lo entendimos desde que entramos precozmente en la milonga y así seguimos, conquilleando los oídos de la parejas.

                                      
Mariana Montes y Sebastián Arce

          
Y hablando de parejas artísticas, hoy estoy emberretinado con la que forman desde hace 18 años, nada menos, el santiagueño Sebastián Arce y la porteña Mariana Montes. Anda ambos por los 37 años,- Mariana es un año mayor-  y han recorrido infinidad de países llevando sus espectáculos, sus clases y sus exhibiciones tan festejadas. Sebastián es pupilo de Juan Carlos Copes y Mariana aprendió con un par de profesores, guiada por el sentimiento que le producía el tango.  Me encanta verlos y coincido con la apreciación que tienen de esta danza y la manera de enseñarla. Por eso pueden tener escuelas en Italia o en Rusia. Los resultados que obtienen con sus alumnos son inmejorables.

Vamos a verlos en exhibiciones recientes para completar esta reseña. Podemos arrancar con este tango: Tigre viejo, por la orquesta de Osvaldo Fresedo y la pareja en acción.


                                                          

Ahora una milonga para subir los decibeles. La ejecuta la orquesta de Ángel D'Agostino y la canta Ángel Vargas: Compadreando. Lo bailan dentro de un Festival, en Karlsruhe -Alemania-

                    
     

Y un valsecito que siempre alegra los corazones. En este caso se trata de Viejo portón por el Sexteto Milonguero.

                                                                        

viernes, 27 de mayo de 2016

Leyendas del Tango danza

Es muy lindo y emotivo ver a todos estos muchachones que supieron bailar el tango como milongueros y no pensaban entonces en que un día esta danza se convertiría en algo universal, un imán que nos ata a la pista con una fuerza maravillosa. En sus días jóvenes integraban aquella masa bulliciosa y empilchados de primera, que descorchaban sus ilusiones tangueras en noches y madrugadas de un calibre superior. Porque Buenos Aires tenía clubes sociales, salones y confiterías que desbordaban sus instalaciones con gentíos de hombres y mujeres ansiosas de mostrar sus perfiles ganadores, su glamour y su destreza con las piernas, impulsadas por un cuore porteñazo.

Daniel Tonelli y Marcelo Turrisi, con Silvina Damiani como coordinadora, lograron unir en este filme documental a algunos de los sobrevivientes de aquella fauna milonguera, devenidos en maestros. Y transmisores del clima tan especial -que vivimos muchos de nosotros-, a las nuevas generaciones que intentan mostrar sus habilidades y formas distintas, aunque la música siga siendo la misma, porque esas grabaciones son un tesoro artístico que jamás debería perderse.

                                                 


El baile del tango ha sobrepasado las fronteras de los barrios, del centro, de la ciudad porteña y del Río de la Plata. Ha desbordado incluso todas las previsiones y hoy se baila con mucha destreza en innumerables ciudades del mundo. Los maestros llevaron en sus maletas el ropaje y la música, además de los conocimientos y la pasión. El resultado está a la vista. Se podrá argumentar que faltan algunos personajes en el filme pero, para mí, el resultado es notable. Y emocionante.

Porque yo he vivido en mis carnes y mi cuore, todo ese proceso de formación y el desfile por tantos clubes milongueros, más el descubrimiento con mis18 asombrados años de las confiterías del centro. Afincado especialmente en la Montecarlo, de Corrientes y Libertad, así como en los salones del Club Atlético Huracán, frente al Parque Patricios, mis noches milongueras constituyen un recuerdo maravilloso e inolvidable.

                                             

Aprendí como casi todos estos bailarines, en el club del barrio con los muchachos mayores que nos enseñaban los secretos del baile del tango, milonga y vals. Primero hacíamos con ellos la parte de la mujer (a las chicas no les permitían salir de noche para estas "prácticas", que se hacían en todo Buenos Aires). Cuando ya dominábamos esa parte, pasábamos a conducir nosotros, alentados por ellos, los mayores. Y me inicié en las milongas de los clubes del barrio: Chárleston, Alianza, Parque Patricios y otros, antes de dar el salto ritual a la gran milonga del Club Huracán en sus modernos y hermosos salones. Con grabaciones los domingos, y con las grandes orquestas los sábados y los maravillosos carnavales. Y después, la ronda por los grandes clubes-milonga de la época...

                            

                       

Todas estas cosas las revivo cuando veo a estos veteranos que tuvieron parecidas vivencias y siguen mostrando sus sapiencias, tantos años después. Yo lo hago en Madrid, lejos de aquellos escenarios de mis andanzas juveniles. Me encanta el documental de The Argentine Tango Society, y se los paso para que puedan apreciarlo. Dura una hora.


                                             





















                                                 

miércoles, 25 de mayo de 2016

Cátulo Castillo

Es uno de los nombres más importantes que engrandecen y jerarquizan al tango. Hijo del patriarca de Boedo, José González Castillo, heredó de éste su copiosa creatividad, algo de su espíritu anarquista y una personalidad que le permitió tener infinidad de amigos en el tango y la cultura argentina. Fue además muy buen boxedor amateur, violinista y una proyección de poeta que no sacó a relucir hasta que falleció su padre, a quien musicalizó algunas de sus obras.


Escribir acá sobre toda su extensa obra me llevaría muchísimo tiempo y excedería el propósito del blog, que es pintar aspectos importantes del tango, sin acudir al trabajo enciclopedista que reservo para mis libros. Pero no resisto la tentación de traerlo una vez más a este rinconcito y mostrar las facetas más penosas que debió soportar. Lo traté bastante en la época que yo trabajaba con Antonio Carrizo en radio El Mundo. Su programa, con el actor Luis Medina Castro, iba inmediatamente luego del nuestro y algunas veces solía cruzarse a la vereda de enfrente, cuando finalizaba,  donde nos quedábamos almorzando y hablando de todo, con Carrizo. Ahí, se arrimaba y conocí su personalidad tranquila, cálida, reflexiva y lo admiré aún más.

Tenía Cátulo 4 años, cuando su padre debió exiliarse en Valparaíso -Chile-, por problemas políticos y malvivieron en una casucha, con un pobrerío rodeando aquel contingente humilde y configurando el clima mágico que lo iría envolviendo para siempre. El primer premio en un concurso de sainetes y la amnistía le permiten a Don José volver a su casa de Boedo, donde lo visitaba todo un ágora intelectual, con personalidades como los González Tuñón, Nicolás Olivari, Dante Linyera, Martínez Cuitiño, Riganelli, Betinotti, García Velloso y muchos otros que iluminarían el futuro de Cátulo.

                                             


Con apenas 17 años, le pone música a unos versos de su padre que se convierten en Organito de la tarde, el tango que sacude al ambiente tanguero. A los 22 forma una orquesta que dirigirá en Sevilla y se lleva a los tres hermanos Malerba, a Miguel Caló, el cantor Roberto Maida, otros dos músicos y él como violinista-pianista-director. Allí graban varios temas y volverá a Europa con su padre y un elenco teatral, 3 años más tarde. Al regreso obtiene una cátedra importante en el Conservatorio Municipal y comienza a despacharse como poeta en tangos que harán historia: Te llama mi violín, Dinero dinero, Color de barro, Camino del Tucumán, Anoche, Domani, La madrugada... Es uno de los autores más prolíficos que ha dado el tango en su historia. Y narra en ellos historias que recuerdan pasajes de vida, acuarelas sentidas, pintadas a puro corazón.

Escribirá en revistas y periódicos, canciones para películas, libros, guiones y lidera la causa gremial desde SADAIC, haciendo homenaje a la trayectoria paterna. Perón, siendo presidente, lo conoce cuando pese a todos sus pergaminos tenía un auto destartalado. Lo nombra Secretario de Cultura y ordena que le compren un auto aceptable. Todo va bien hasta la revolución de 1955, cuando los militares gobernantes le declaran la guerra al tango y a Cátulo lo echan de todos lados, prohiben pasar sus temas por radio y no puede cobrar los derechos de autor porque SADAIC fue intervenida.

                                                      
Cátulo Castillo y el presidente Perón

Entonces deciden con su mujer vender todo y se van a vivir a una casita por el apartado Camino de Cintura, lejos del centro y los barrios. Apenas tenían visitas. Cátulo se dedica a cuidar a todos los animales abandonados de la zona y llegó a tener 95 perros, 19 gatos, 200 gallinas, y dos corderitos. Prohibió matar a ningún animal y sólo comían los huevos de las gallinas. Venían los vecinos trayendo animales para que los curara, y decidió estudiar veterinaria. También se puso a pintar cuadros y acuarelas sin tregua, estudió grafología y astrología. Leía las manos de quien se lo pidera y le pronosticó a Menem que sería presidente del país, cuando éste vivía en La Rioja.

Un día se produjo el desbordamiento del río Matanza, se inundó la casa hasta los dos metros de altura, perdieron todas las pertenencias, aunque ellos pudieron salir en un bote. Y con su espíritu luchador, sin mirar atrás, comenzó a producir tangos que dejarán una huella profunda en los porteños, como La última curda o Desencuentro con su amigo Aníbal Troilo.

                                       
Pichuco y Cátulo

Un día resolvió llevarle todas sus medallas al profesor Silva, un atrólogo amigo suyo, para que con ellas, luego de fundirlas,  hiciese una sola. Éste le haría una que llevaba, el Sol, simbolizando a Leo, el signo de Cátulo. Del otro lado una serie de números que en principio, no decían nada. Pero Cátulo quiso saber que significaban y Silva le confesó: "19 de octubre de 1975, día de tu muerte". Ese día Cátulo deció echarse una siestita porque estaba cansado, como le dijo a su esposa... No volvió a abrir los ojos.

¡Ya sé! ¡No me digás!:
La vida es una herida absurda,
y es todo, todo, tan fugaz
que es una curda -nada más-,
mi confesión.


Dale, Polaco...

                                                   




lunes, 23 de mayo de 2016

Inspiración

Recuerdo siempre la impresión que me producía la grabación de este tango por la orquesta de Aníbal Troilo que lo registró el 3 de mayo de 1943. Yo lo "descubrí", años más tarde por supuesto, en aquellas inolvidables audiciones radiales que pasaban y comentaban discos de orquestas típicas, cantores o cancionistas, y agregaban algunos datos. No era un tango muy ejecutado por los conjuntos en boga de la época y esta versión de Pichuco, con hermoso arreglo de su bandoneonista Ástor Piazzolla, revivió un tema que estaba bastante olvidado. Miguel Caló con arreglo de su pianista Osmar Maderna también dejaría un lindo registro, en enero del 43.

Más tarde, en otra de aquellas charletas, fuí desovillando los pormenores de un tango tan distinto en su envergadura y envoltorio que se fue poniendo de moda en los años cuarenta, más de veinte años más tarde de su aparición. Lo estrenaría el cuarteto de Augusto P. Berto en el Bar Central de Avenida de Mayo y Tacuarí, en 1918. Su autor, Peregrino Paulos, era violinista del conjunto, y su hermano menor Niels (Nelson) actuó en algún momento como pianista del mismo.

                                    

                                         
El título, por entonces, de este tango era 6ª del R.2. Venía a sintetizar el recuerdo del lugar donde había hecho la "colimba" Niels, y quería decir: "Sexta compañía del Regimiento 2 de Infantería". En 1922 Roberto Firpo se interesa por el tango y Niels Paulos decide entonces cambiarle el título por el más apropiado de Inspiración, recordando así a su hermano que también dejó otro tango para la historia: El distinguido ciudadano. Berto, con su conjunto  grabó otros temas de su violinista Peregrino, como Lamentos de un criollo, El rastreador y L'Abbaye, que homenajeaba a un famoso cabaret de la época donde había actuado con la orquesta.

Peregrino Paulos, hijo de un músico español y madre danesa -como lo aclararon Oscar Del Priore e Irene Amuchástegui, en su libro: "Cien tangos fundamentales"- moriría muy joven, apenas pasada la treintena de años y no pudo asistir a la consagración de su tango. Incluso estuvo largo tiempo internado por el mal que lo llevaría a la tumba. La resurrección de Inspiración sobrevino en la grabación de Pedro Maffia en el sello Brusnwick del cual era director musical, en 1929.

                                       


Precisamente, conversando un día Maffia con Luis Rubistein, mientras tomaban un café, el célebre bandoneonista le comentó lo difícil que sería ponerle letras a Inspiración. Con su proverbial audacia y decisión, Luis le jugó un café a que él le ponía versos. Aceptó Pedro y Rubistein salió volado a buscar precisamente inspiración para un tema muy complicado en tal sentido. Pocos días más tarde, el autor de Charlemos le trae el resultado de su obra. En principio Maffia se rió pero luego advirtió que podía hacer un suceso y así se armó la historia.

Agustín Magaldi, que tenía gran éxito, era artista de Brunswick y a él le llevaron letra y música de Inspiración. Magaldi puso manos a la obra, lo ensayó con sus guitarristas y lo grabaría en 1931 con la orquesta de Brunswick, que en ese momento dirigía Juan Polito, debido a las obligaciones artísticas de Maffia. Luego de esos ensayos lo registraron con la orquesta y también intervinieron los guitarristas de Magaldi. Pocas veces se ha cantado este tango que también lleva un recitado. Lo hicieron Libertad Lamarque, y la orquesta de Adolfo Carabelli con el cantor Alberto Gómez  el 7 de junio de 1932.
                  
      
Precisamente lo podemos escuchar en las versiones de Magaldi y la de Carabelli-Alberto Gómez.

12- Agustín Magaldi - Inspiración

19- Inspiración - Adolfo Carabelli con alberto Gómez

sábado, 21 de mayo de 2016

Sigrid y Murat

Para un milonguero no hay nada más emocionante que bailar con la milonguera adecuada que te sube los decibeles, te empuja y te da piolín para que te enrosques con ella en una tanda maravillosa. Por eso es tan importante que la mujer que baila tango, lo sienta íntimamente, lo disfrute en plenitud y transmita a su compañero las señas vitales para que, entre ambos, dibujen a piaccere, con sentimiento, y con las alas que parecieran tener en determinados momentos.

Horacio Sanguinetti, en su Bailarina de tango, compuesto con el violinista, director y arreglador, Oscar De la Fuente, pinta a esa milonguera con palabras exactas. La presenta con su pollera de satén y color negro, de charol y tacos altos los zapatos, y dibujando garabatos, del ritmo que se adueña, su estampa de porteña. Lo hace con trazos hímnicos y merecidos, porque siempre fueron la fuente de inspiración de los milongueros que las codiciaron y las disfrutan en la pista. Y culmina su dibujo de esta guisa:

Sigrid y Murat

Sacerdotisa del tango,                                                    
sacerdotisa sentida.
Rito es la danza en tu vida
y el tango que tú amas
te quema en su llama.

Sacerdotisa del tango,
que en los salones de rango,
bailas en brazos de un hombre
que luce el renombre
de gran bailarín.


Es siempre así y lo experimento los sábados y martes en los salones de la CASA DE ARAGÓN,a partir de las 21 horas.Y hoy traigo este tema a la página para celebrar el encuentro de esos dos grandes bailarines de tango que han confluído en pareja, al menos para sus brillantes exhibiciones. Uno y otra tenían pareja de baile, pero las rupturas inevitables ha derivado en su encuentro y uno no puede dejar de admirarlos por el savoir faire y elegancia con que se mueven.

Son Murat Erdemsel y Sigrid Van Tilbeurgh, quienes se exhiben en distintos festivales y aunque hayan nacido en Turquía y Francia, respectivamente, sus estilos  son realmente hermosos y no me canso de verlos en acción, juntos. Para arrancar en esta matina ya veraniega de Madrid, me voy al Festival de Tarbes, donde firman una gran interpretación del tango: No te apures, Carablanca, por la orquesta de Lucio Demare y el cantor Juan Carlos Miranda

                                 

Sigo viaje, para verlos en plenitud. Cada uno tiene su estilo, en el baile del tango, y hay muchos muy buenos. Ellos dos han conseguido sus formas y se han ganado al público de los Festivales. Como sucede, por ejemplo, en Estocolmo, Suecia, en la reciente primavera. Acá se mandan con La maleva, por la orquesta de Rodolfo Biagi

                                        


Y ya que estoy metido en el baile, bailo con ellos, con la imaginación, a cuenta... Ahora estoy de forma virtual en Lausana, Suiza. Y este caso acometen, para gozo del público con un valsecito: Quisiera amarte menos, por Francisco Canaro, cantando Ernesto Famá.
 .

                                   
Delicatessen.                                      

viernes, 20 de mayo de 2016

Condena

En la historia del género, hay numerosos tangos que llevan doble título. Entre otros puedo citar a El once/A divertirse. Argañaraz/Aquellas farras. Lita/Mi noche triste. La guitarrita/Qué querés con esa cara. La polla/Madreselva. Nueve puntos/Pájaro azul. La llamada/Halcón negro/Rosa de amor. 6ª del R.2/Inspiración. Nada más/Callejas solo. Y podría seguir un rato pero con estos ejemplos creo que alcanza.

Y cuento esto, porque el tango del título, perteneciente a Enrique Santos Discépolo y el pianista-director-compositor, Francisco Pracánico, fue cambiando de nombre según las circunstancias que lo rodeaban. Que no fueron exitosas en su comienzo, cuando Discépolo lo estrenó en el Teatro Argentino, en 1929. Se trataba de una compañía de espectáculos musicales encabezada por Discépolo y Pedro Maffia, y este tango se llamaba entonces: "En el cepo". Prácticamente pasó inadvertido entonces.

El propio Enrique lo explicaba, de este modo.

   -En este tango yo he querido pintar la situación de un hombre que está pobre, caído, sin recursos, no teniendo nada y ambicionándolo todo. He querido colocar a este hombre frente al mundo, viendo pasar la vida que corre, los placeres que nublan, y se retuerce en la impotencia de ver que no son para él. He visto tantas veces en la calle al hombre de traje raído, de cara desencajada, de andar medroso que ve pasar a una mujer envuelta en crujir de sedas y se muerde pensando que será de cualquier otro, menos de él. Y el automóvil que pasa brillando de insolencia y que nunca podrá ser para él.

   -Y he sentido el dolor de ese hombre que está como "en un cepo". Debatiéndose en la impotencia, en la envidia y el fracaso. Y ese enorme y concentrado dolor del hombre encadenado en su triste destino, frente a la felicidad que pasa sin tocarlo, es lo que he querido hacer llegar bien y hondo; torturadamente, pero sin llorar-

    -"En el cepo" contenía en la música y en la idea, la potencia de "Yira yira". Hacía tres años que le estaba dando vueltas. Pero no salía. Y eso que surgió, tal vez, como el más espontáneo, como el más sentido, como el más mío de mis tangos. Porque, éste sí que está inspirado en un momento de mi vida. Venía, yo, en 1927, de una gira en la que nos había ido muy mal. Y después de trabajos, fatigas, contratiempos y luchas, regresaba a Buenos Aires sin un centavo. Me encontré con mi hermano Armando -también en un mal momento- y me fuí a vivir con él a una casita de la calle Laguna (barrio de Floresta). Allí surgió Yira yira, en medio de las dificultades diarias del trabajo amargo, de la injusticia del esfuerzo que no rinde, de la sensación de que se nublan todos los horizontes. De que están cerrados todos los caminos.


En el año 1931, dirigiendo su propia orquesta, Discépolo repone su frustrado tango: En el cepo. Pero lo hizo en forma instrumental y sin título. No le encontraba la vuelta. Francisco Canaro se lo pide para grabarlo, tres años más tarde,  porque estaba necesitando material , y le pregunta entonces a Discepolín, que nombre le había puesto al tango,y éste le responde

-Vos me echaste un S.O.S en el Festival del Luna Park para que pudiera juntar fondos para irme a Europa con Tania y podés ponerle el nombre que quieras.

Estaba muy ocupado en su primer viaje a Europa, que arrancaría embarcando el 14 de diciembre de 1934, y ya no quería distraerse con nada que no fuera el viaje. Con el dinero recaudado en aquel gran festival, Discépolo y Tania tenían el dinero para estar en Europa. Le faltaban 300 pesos para los pasajes y se los prestaría Luis César Amadori (se los devolvería con propina). Aquella inolvidable noche del Luna Park, Discépolo presentó su espectáculo: Historia del tango, que duraba dos horas y dirigió una orquesta de 60 músicos que le cedieron de sus respectivas orquestas: Canaro, Lomuto, Donato y De Caro.

Canaro lo grabó entonces en forma instrumental el 16 de noviembre de 1934, con aquel título que se le escapó a Discépolo en el diálogo: S.O.S.

                                      
Canaro, Discépolo y Troilo


En el año 1937, Discépolo desarrollaría sus famosas charlas por radio y dirigiría una orquesta gigante en la que formaban jóvenes músicos como Héctor Varela y Aníbal Troilo, entre otros, para acompañar las historias. Luego se presentaría en el cine Monumental y otras salas con la orquesta y el cantor Rodríguez Lesende. En los bailes de carnaval del Teatro Colón, compartiría cartel aquel año con la jazzband de Adolfo Carabelli y grabaría varios temas para el sello Victor. En estos registros estaban tres temas suyos: Cascabel prisionero, Desencanto y Condena, sus flamantes creaciones. Éste último se desprendía de sus antiguos títulos y se encaramaba en la predilección de los porteños. Canaro con la voz de Roberto Maida y su título definitivo lo grabaría el 8 de noviembre de 1937.

                                               


 El 17 de noviembre de 1937, se estrenaba la película: Melodías porteñas,  que dirigía Luis Moglia Barth, con argumento de René Garzón y guión del director y Discépolo. A su vez, éste tendrá un papel destacado en la película, y la actriz y cantante Amanda Ledesma canta dos temas, uno de ellos es precisamente Condena. La secunda un trío dirigido desde el piano por Héctor Chupita Stamponi.

Yo quisiera saber
qué destino brutal                                                               
me condena al horror
de este infierno en que estoy...
Castigao como un vil
pa'que sufra en mi error,
el fracaso de un ansia de amor. 
Condenao al dolor
de saber pa'mi mal
que vos serás...nunca, no pa'mí...
que sos de otro y que hablar...
es no verte ya más,
es perderte pa'siempre y morir

Aquellos padeceres en el apartado barrio de Floresta, infestado de lagunas y casitas precarias, habían quedado atrás y el tango Condena había logrado al fin llegar a su exitoso destino. Les traigo dos grabaciones. La de Canaro de 1934 que tituló S.O.S. y la de Amanda Ledesma con su título definitivo.


S.O.S. - Francisco Canaro y orquesta

Amanda Ledesma - Condena

miércoles, 18 de mayo de 2016

Victor Lavallén

Otra excelente idea  del trío integrado por los directores Daniel Tonelli y Marcelo Turrisi, con la coordinación de producción de Silvina Damiani, ha permitido que podemos ver un filme documental sobre la trayectoria de este excelente bandoneonista, director, compositor y arreglador. Un hombre que siempre eligió los segundos planos, debido a su carácter, pero que, por fin, ha merecido el reconocimiento de la familia tanguera por sus más que sobrados méritos.

                                       


El actual Director de la Orquesta Escuela Emilio Balcarce es uno de los tantos rosarinos que llegó a Buenos Aires con su fueye, su humildad y sus deseos de integrarse en las orquestas de la capital. Había aprendido los secretos del instrumento con un tío bandoneonista en su terruño natal y arrimó el rostro por las noches porteñas, siendo un mocoso que rondaba los 14 años.

Ahí arranca su trayectoria en la Picadilly, una de las tantas confiterías bailables que existían en pleno centro y a las cuales acudíamos los milongueros y milongueritos para varearnos en las inolvidables noches del centro. Formó entonces en una orquesta llamada: Los Serrano. Pasaría por muchas orquestas conocidas , hasta que a sus 23 años, consiguió entrar en la de Osvaldo Pugliese, en una línea de fueyes que hizo historia: Osvaldo Ruggiero, Mario Demarco, Víctor Lavallén e Ismael Spitalnik.

                                         
Acá estamos chamuyando con Víctor en Los 36 billares

Con Pugliese estuvo diez hermosos años y aprendió el difícil y poco agradecido oficio de arreglador, dado que el nombre de los encargados de un tema determinado, no figura en los créditos de los discos. Era una época revolucionaria en cuando a este aspecto de la formación de Pugliese, y todos sus integrantes debían trabajar en el arreglo de los temas que la orquesta iba a ejecutar. Lavallén dejó, entre otros, dos para el recuerdo: Gallo ciego y Bandoneón arrablero, que hicieron mucha roncha en su momento.

Pero mejor que él mismo nos cuente sus avatares, sus estudios con Eladio Blanco, aquel fueye de D'arienzo, para dar un  paso al frente, sus largos años y tantos viajes con el Sexteto Tango junto a sus cinco compañeros emigrados de la orquesta de Don Osvaldo, y su exitoso presente. Porque como dice siempre este buen muchacho, que acaba de pasar los ochenta. respetado y querido por sus compañeros, y que no llegó a sacar chapa de ídolo por su modestia tranquila: "siempre fuí de perfil bajo".

Vamos con Típico Víctor entonces.

                                 
                              




























                                           

lunes, 16 de mayo de 2016

Juan Maglio Pacho

Es más fácil reconocerlo y recordarlo por su apodo de Pacho, que por sus señas de identidad. Además en Argentina, casi todos arrancamos con un alias casero o barrial que arrastramos a lo largo de nuestras vidas y pasa a ser como un segundo bautismo vital. Algunos provienen del legado paterno (Pacho, Pichuco, Pirincho) y otros van señalando alguna característica particular de nosotros.

Nacido en el barrio porteño de Palermo y criado en Boedo (su hijo Juan fue destacado futbolista del club del barrio: San Lorenzo de Almagro y también músico), se iniciaría en su futuro medio de vida ensayando a escondidas con el pequeño bandoneón de su padre, un italiano enamorado de la música. Pero aquel pequeño fueye tenía apenas 13 botones y se guardaba como una reliquia en la casa de los hermanos Mariani, allá por 1936. Los mismos que reparaban bandoneones y terminaron fabricando uno netamente argentino.


Héctor Bates, autor de la primera Historia del Tango, junto a su primo Luis, lo fue a reportear a Pacho en su lecho del Hospital Ramos Mejía, donde fallecería tres días más tarde. Y éste le confesó que había aprendido de "oreja" a tañer el instrumento , y a los 18 años, luego de ejercer diversos oficios y trabajos para ayudar en la manutención de la abultada familia (eran 8 hermanos), se decidió por la música. Estudió con un señor del barrio, pero entonces se dió cuenta que sabía muy poco y con eso no le alcanzaría. Fue entonces cuando recurrió a las enseñanzas de Domingo Santa Cruz para que le diera las nociones necesarias.


Ya afianzado en sus conocimientos, rápidamente escaló posiciones y tendría bajo sus órdenes, lo que era considerada entonces como orquesta, que consistía en un cuarteto. Lo integraban Luciano Ríos en guitarra, Juan Pepino Bonano en el violín-corneta. Carlos Hernani Macchi en flauta y Juan Maglio Pacho, en bandoneón y la dirección. Sería en su época legendaria el que más discos vendería. Volaban de las tiendas especializadas apenas salían a la venta.

Sus actuaciones en los Cafés de la Paloma, o el Garibotto congregaban a los más fanáticos. Además les daba el gusto de interpretar algunos temas como solista e incluso grabarlos. Y tenían el mismo éxito que los ejecutados por su conjunto y registrados en el sello Columbia. El de 78 rpm que incluía a La sonámbula, de Cardarópoli y detrás una mazurca de Metallo: La morocha, tocados solo con su fueye batió records de venta, como lo señalaba Luis Sierra, que además reconocía los méritos de Pacho, como uno de los más grandes propulsores del tango en aquellos inicios.

Se había iniciado con el fueye de 35 botones y fue pasando gradualmente a otros de 45, 52, 65, 71 y 75 teclas,  respectivamente. Éste último que fuera construído especialmente para él, y con el que terminó de conquistar a sus desbordados hinchas que lo seguían de modo ritual. En 1912 actuaría en el Café Bon Marché, en Montevideo,  y tuvo que intervenir la policía por el gentío que se juntó en la calle para poder verlo y escucharlo y los coches amontonados en la cuadra.

                                           
Compondría numerosos temas musicales, algunos de los cuales trascendieron a su tiempo, como: Sábado inglés, Royal Pigall, Armenonville (salón en el cual fue gran figura), Un copetín, Tango argentino, Qué has hecho de mi cariño, Senda de abrojos, o valsecitos como Violetas, Orillas del Plata y Princesa, entre muchas más obras. A veces las firmaba con su nombre al vesre, como Oglima. Gardel le grabó nada menos que diez temas: La cuyanita, Tango argentino, Copen la banca, A medianoche, Llegué a ladrón por amarte, Qué has hecho de mi cariño, Tranco a tranco, Congojas, La chacarera  y El curdela. Incluso escribió varias obras teatrales que en su momento fueron bastante exitosas.

Por sobre todas las cosas fue el que terminaría por imponer la primacía del bandoneón en las orquestas típicas y hasta un chiquilín Aníbal Troilo llegó a tocar con la reaparecida orquesta de Pacho, cuando apenas contaba con 16 años. Incluso Rodofo Biagi con 15 añitos formó en la afamada orquesta de este prócer del tango que fue Juan Maglio Pacho.

Tuve de compañero en el Diario La Razón a Alfredo Bigeschi, el periodista deportivo y tanguero que me contaba cosas de Pacho y de Gardel.  Hablamos mucho de su etapa con Pacho, porque me llevaba largos años de ventaja y había vivido aquella época. Compuso con él siete temas, entre los cuales destaca Tango Argentino. En la mayoría de los casos, Bigeschi escribía sobre la música de Maglio y me contaba que era rapidísimo para escribir y que muchas veces no le gustaba lo que había borroneado y lo rompía.

Entre los dos compusieron este tema: Siete Palabras. Algunas incógnitas rodean a este tango sobre su autoría, pero quedó registrado como perteneciente a Pacho, que lo grabó con su orquesta y la voz de Carlos Viván el 12 de septiembre de 1930. Me gusta el clima del conjunto y las variaciones finales. Lo traigo acá junto con Quasi nada, tema instrumental de Pacho, que registró en disco con su orquesta el 26 de septiembre del mimo año.
Parando la oreja...

  19- Siete palabras - Juan Maglio-Carlos Viván

20- Quasi nada - Juan Maglio


sábado, 14 de mayo de 2016

Bien milonga

Hoy es sábado, día o mejor dicho: noche de milonga. Y en Madrid llamamos así, como el tango de Ismael Spitalnik,  a la que manejo en la Casa de Aragón, de la Plaza República Argentina nº 6, todos los sábados y martes del año, a partir de las 21 horas. Realizamos una selección primorosa de tangos, milongas y valsecitos, como para que no quede nadie sentado a lo largo de la noche, como aprendí en carne propia, en aquellos años fervorosos del 50, en los clubes más milongueros de Buenos Aires.

Además, damos clases con Charo los sábados de 20 a 21 horas, con cita previa y preferentemente a parejas para que aprendan las cosas básicas del baile de tango, o las mejoras en su desarrollo, cuando ya están aprendidos. Nunca se aprende lo suficiente y como reza el refrán: "Cada maestrillo con su librillo". Luego se ven los resultados en la pista de baile. Y hay países de Europa, Asia o Estados Unidos donde la mano de buenos maestros han dejado un balance notable alto.

                                               


Hoy, como suelo hacer en estos días para encender la llamita del deseo milonguero, me vareo por diversos lugares donde los buenos bailarines dejan muestras de su talento. Y nada mejor que arrancar con la afamada pareja compuesta por  la genial Alejandra Mantiñán y el gordito Aoniken Quiroga, que anda muy rápido de los remos. Nos deleitan en Estambul -Turquía-, con su interpretación del tango Mi dolor, por Juan D'Arienzo, cantando Osvaldo Ramos.

   


Descanso, tomo un matecito, porque el gordito y Ale me ponen a mil, y me rajo a Rusia para ver a la pareja integrada por Sofía Semisnkaya y Dmitry Krupnov. Los acompaña la orquesta rusa Solo Tango, en este Valsecito amigo.

                                           
                                                                                                

Y ya en China, metidos en el Taipei Tango Festival, podemos degustar a Javier Rodríguez y Noelia Barsi que con su maestría habitual se lucen bailando la milonga La cicatriz. Por la orquesta de Juan D'Arienzo, cantando Alberto Echagüe.


                                         
 Pura clase.                                        

viernes, 13 de mayo de 2016

Aquellas orquestas

Pedro Maffia
... y aquellos tangos. Época linda de los años treinta, cuando se llenaban los cafés del centro de Buenos Aires para ver y escuchar en vivo a las grandes formaciones de aquellos tiempos. Los músicos pasaban de una a otra orquesta según le fuera en los trabajos, para las giras, grabaciones o actuaciones diversas. Las figuras señeras del momento recibían verdaderas ovaciones, y el calor de los porteños que tenían a sus ídolos tangueros. Como seguirá sucediendo en los cuarenta o cincuenta con las modernas orquestas que seguirían la estela de las anteriores y sus integrantes se habían fogueado -al menos los directores-, en las formaciones que habían hecho escuela.

                                                 
Hoy estoy escuchando grabaciones de conjuntos de los años treinta y es fácil advertir que cada uno de ellos tenía su fisonomía propia, un color adecuado a las ideas musicales de su director. Los arreglos contenían precisamente el espíritu de esos músicos que habían fogoneado en la fragua de los años anteriores y así el tango fue consiguiendo sus formas, su espíritu, sazonado con la formación de los que fueron emergiendo a la sombra de las grandes figuras y espíritu de los fundadores.

Pedro Maffia fue uno de los grandes de la historia del tango.Su paso por el sexteto de Julio De Caro, había sido todo un aldabonazo para quienes bucearían en la horma de su escuela bandoneonística y sus características tan especiales. El musicólogo Luis Adolfo Sierra aseguraba que Maffia había sido el creador de los matices afiligranados, los efectos pianissimos  y la tendencia a ligar las notas.

                                                 
El Septeto de Pedro Maffia (1929-1930)


Cuando se independizó del conjunto de De Caro, tuvo varias formaciones que fueron seguidas y aplaudidas por los aficionados, hinchas, y también por los jóvenes músicos que se asomaban para aprender de aquellos próceres del tango. Hoy, por ejemplo, he escogido un tema que grabó con el septeto que, bajo sus órdenes, formaban: Antonio Rodio y Emilio Puglisi en violines, Eduardo Scalise en piano, Nerón Ferrazzano en cello, Francisco De Lorenzo en bajo y Gabriel Clausi y Pedro Maffia en bandoneones.

Otra formación que me gusta por la fuerza que tiene y la belleza que transmite el bandoneón de su director: Ciriaco Ortiz, es la de Los Provincianos. Este cordobés jocundo que trascendió no sólo por su manejo expresivo, único, diferente del fueye, sino también por los chistes que se gastó en el ambiente. Fue uno de más altos exponentes que tuvo el  bandoenón como intérprete.

Pichuco, que coincidió con él en su orquesta, no tuvo reparos en confesar que "Ciriaco es único, con esa manera de frasear tan típica, ese sonido inconfundible y estando a su lado supe valorarlo. Y sinceramente creo que algo me dejó". Hijo de músico, allá en su Córdoba natal, donde su padre tenía además un boliche que era pura bohemia y cita obligada de todos los que pasaban por allí.

Con apenas 15 años Ciriaquito ya dirigía una orquesta que actuaba en romerías o cafés de la zona. Por allí tocó incluso con músicos como Cobián o con Firpo, en cuya orquesta tañía el fueye Pedrito Maffia, a su paso por Córdoba. Alternó con el dúo Gardel-Razzano y sería el pianista Nicolás Vaccaro quien entrevió sus grandes condiciones y se lo llevó a Buenos Aires, alojándolo en su casa y presentándolo a Juan Carlos Bazán que lo hizo debutar con su orquesta en el Club Pueyrredón, de Mar del Plata.

La RCA Victor lo incorporará a su plantel de músicos para grabar discos y a la vez forma un conjunto que actúa en el cine Gaumont. En 1931, se forma la orquesta Los Provincianos, que graba para la Victor y que nunca actuaría en público. La conforman inicialmente Elvino Vardaro y Manuel Núñez en violines, Orlando Carabelli al piano, Manfredo Liberatore en el bajo y Ciriaco Ortiz y un jovencito Aníbal Troilo en bandoneones, bajo la dirección de Ciriaco. Desfilarían numerosos músicos en la formación, como Orlando Goñi, Enrique Arroyuelo, Nicolás Pepe, Holgado Barrios y otros.

                                     
Una formación  de Los Provincianos. Pîchuco está junto a Ciriaco


De estos genios que hoy traigo a la palestra, he seleccionado un tema de cada uno de ellos. Pedro Maffia nos muestra todo su estilo en el tango de Enrique y Carlos Saborido: Angustia. Lo grabó con el septeto en 1930. Y Ciriaco Ortiz al frente de Los Provincianos, nos aporta Una mirada, de J. Martianich y Víctor Soliño, que canta Carlos Lafuente y lo grabaron el 1 de agosto de 1933.

Pedro Maffia - Angustia

Los Provincianos - Ciriaco Ortiz- Una mirada

miércoles, 11 de mayo de 2016

Angustia

José María Contursi
José María Contursi vivía aquellos momentos de desolación, alejado de su añorada Grisel, y por un lado intentaba olvidarla con el alcohol que nublaba su mente y por otro se deschavaba soltando su penuria amorosa en páginas, donde lo describía con crudeza. No quería abandonar a su esposa e hijas y se desmayaba en una angustia interminable. El tango, enormemente agradecido por esa inclemencia emocional, que describiría en temas inolvidables y de una belleza incomún.

No existe en la historia del tango una cantidad tan grande de temas firmados por un poeta, dedicados a un amor frustrado. Además hay que tener en cuenta la calidad literaria de la pluma del Catunga Contursi para volcar su drama en tangos, que hoy día, a tantos años de aquella odisea dramática, existencial y amorosa, siguen vivos con toda su belleza y los seguimos paladeando en la vitrola o en la milonga. Interpretados además por vocalistas de todo tipo, además de los tangueros.

Los versos de este tango son más cortos que los habituales en su autor. Algunos como Grisel, Cada vez que me recuerdes, Como aquella princesa, Sin lágrimas, En esta tarde gris, Sombras nada más, Cosas olvidadas, Por calles muertas, Esclavo, Garras, Verdemar, Cristal, Tu piel de jazmín, Si te mí te has olvidado,  Esta noche de copas, Tú, La noche que te fuiste, Vieja amiga, Y la perdí, Junto a tu corazón, Tabaco, Quiero verte una vez más, son algunos ejemplos de esas maravillas que las podemos cantar de memoria y seguir emocionándonos por su belleza y profundidad.

El tema que hoy traigo al blog, no es de los más trascendentes de José María Contursi, pero tiene una polenta milonguera de primer orden en la versión de Osvaldo Fresedo con la voz de Roberto Ray. La música, ideal, es del violinista, director y compositor Antonio Rodio, el mismo que firma con el Catunga esa página redondita como una pizza: Cosas olvidadas. A las que hay que agregar: Y la perdí.

ANGUSTIA

No atormentes más, esta soledad,
pena que mi vida has destrozado,                              
no ves que llevo dibujada
mi tristeza en la mirada
y no puedo reaccionar.

Desangrándome, al pensar que ya
todo para siempre ha terminado.
Guardo escondida la esperanza
de que un día, lleve Dios al alma mía
junto a tí, nombrándola, mi corazón.

La angustia que se refleja en esta breves líneas, ya ha pintado el cuadro de la desesperación. El íntimo tormento del hombre que vive dos historias paralelas y no quiere perder ninguna de ellas, es tremendo. Además la lejanía, los acontecimientos que se suceden en la vida de la persona añorada, se reflejan cabalmente en la forma de desangrar sus sentimientos en cada página de tango que ha dejado.

Era una gota de rocío                                            
Grisel y José María Contursi en su reencuentro definitivo
temblando al aclarar;
la brisa alegre del estío
la trajo a mi soledad.

Era tan tibio en su brillar, el sol
y enamorado la llevó.
Soy un pichón muerto en el nido
por falta de calor.

 En el final, expresa el reencuentro fugaz, la alegría y el dolor de la despedida culminando abruptamente. Aunque el verdadero final fuese mucho más feliz.

Osvaldo Fresedo, cantando su vocalista predilecto, Roberto Ray (Raimondo), lo grabó el 8 de septiembre de 1938. Y es una página que me encanta, sobre todo cuando la bailo y en mi cabeza, paralelamente, cobra vida el drama del autor.

Preciosa versión.

Angustia - Fresedo-Ray

lunes, 9 de mayo de 2016

Ernesto Baffa

Eximio bandoneonista, reconocido en el ambiente de los músicos, abandonó este mundo el día 11 del mes pasado. Era un tipo muy querido, al margen de sus grandes condiciones y tuve la suerte de ser amigo suyo y tratarlo con cierta asiduidad en los años sesenta y primeros setenta. Por eso me apenó mucho su partida y el no poder saludarlo cuando supe que estaba mal de salud. Las distancias tienen esas cosas, y la nostalgia nos devuelve recuerdos lindos de su buena época.

Sobre todo aquellos asados con los muchachos del Club Independiente de Avellaneda -club del que era fana-, a los que llegaba con el fueye y esa sonrisa rubia que nunca lo abandonaba. Recuerdo el día que le hicieron tocar al zurdo López ese bandoneón y Baffita no podía creer que aquel destacado defensa central, también había sido de jovencito un ejecutante de orquesta típica en Córdoba.

                                                   


Él aprendió de pibe a tocar el instrumento de la mano del profesor Francisco Sesta y luego perfeccionaría su manejo del fueye con Marcos Madrigal. Iría tan rápido en sus estudios, que con 16 años ya fungía el instrumento en la orquesta de Héctor Chupita Stamponi. Y seguiría creciendo a la par que reluciendo su manejo del fueye, en los conjuntos de  Alberto Mancione, Alfredo Gobbi y Pedro Laurenz, además de formar en la orquesta que acompañaba al cantor Alberto Marino.

En plena evolución, con los laureles ganados, a sus 21 años jóvenes aterrizaba en la gran orquesta de Horacio Salgán, reemplazando a Leopoldo Federico como primer bandoneón. Y cuando el maestro Salgán disuelve su  formación seis años más tarde, Baffa recibe el lamado tan esperado. El de su admirado Aníbal Troilo, para reemplazar a Alberto Pajarito García. Con Pichuco sería al fin su segundo fueye y quien ejecutaría más tarde los solos, en lugar del director, cuando ya Troilo comenzaba a sentir las molestias de una artritis que lo afectaba mucho.

                                           
Troilo dirige la orquesta, parado, y Baffa toca a su lado. Canta Rufino, en 1963

Lo vi cuando había formado sociedad con el pianista Osvaldo Berlinghieri y ahí fué cuando los recomendé para un lugar importante, de donde me habían sugerido la contratación de una orquesta. Personalmente era una persona encantadora y nos cruzamos muchas veces en el estadio del Club Independiente cuando me tocaba cubrir sus partidos. Siempre me abrazaba sonriente y me llamaba Oterito...

Su vida artística la cuenta él mismo en este documental que sobre su figura realizaran Daniel Tonelli y Marcelo Turrisi. Prefiero que escuchen su versión.

Lo pueden ver aquí.

                           
                                       



miércoles, 4 de mayo de 2016

Homenaje a Horacio Salgán

Se merecía largamente el gran maestro del tango, esta fiesta de homenaje que se le brindó el sábado 3 de marzo de 2012 en el gran Teatro Colón, donde él con su madre, y contando apenas 6 años, concurría a presenciar y escuchar las óperas que luego influirían en su enorme talento musical. Porque, cuando tocaba con su orquesta, en los años 40, su hinchada estaba compuesta por músicos de tango que iban a presenciar sus actuaciones, por todo lo nuevo que aportaba al género. Por eso fue tan respetado a lo largo de su carrera, pese a todas las zancadillas que le pusieron en las grabadoras, emisoras de radio y televisión.

Tuvo grandes cantores gracias a su oído privilegiado y descubiertos por él antes que fueran famosos. Edmundo Rivero, Roberto Goyeneche, Ángel Díaz, Horacio Deval, Carlos Bermúdez, Jorge Durán, Oscar Serpa y otros de menor trayectoria. Luego de algunos años de oscuridad en que se dedicó a la enseñanza, volvió con nuevos bríos en el maravilloso Quinteto Real que formaron con Pedro Laurenz, Enrique Mario Francini, Ubaldo de Lío y Jorge Ferro (luego reemplazado por Kicho Díaz).

                                       


Fueron aplaudidos hasta el delirio en Japón, adonde viajaron en varias oportunidades, y los lugares donde actuaban en Buenos Aires, estaban colmados de seguidores que disfrutaron de aquellas maravillas que crearon con el Quinteto Real. También en teatro lució su jerarquía con Aníbal Troilo en la obra de teatro estrenada en el Teatro Odeón en septiembre de 1963.

Horacio Salgán -de ancestros negros, como él mismo afirma-, debutó con su primera orquesta en 1944 y anduvo dando cátedra en distintos escenarios de Europa y Estados Unidos. Y confirmaba lo de sus seguidores cuando explicaba:

-Soy, como se dice normalmente, un tipo afortunado. Pienso que gran parte de mi éxito se lo debo a mis colegas. Desde siempre, desde cuando la mayoría de las mesas de los los lugares en que actuaba, estaban ocupadas por músicos. Mi orquesta no tenía barra de seguidores, pero la presencia de músicos de tango, sí que era gratificante para mí y mis compañeros de la orquesta.

                                   
Horacio Salgán, su orquesta y el cantor Ángel Díaz., junto a Leopoldo Federico

Tuve la enorme suerte de verlo con su conjunto en aquella velada maravillosa de 1972 en el Teatro Colón donde actuó con su orquesta. Y también ocuparon el escenario las de Aníbal Troilo, Florindo Sassone, el Conjunto 9 de Ástor Piazzolla, Edmundo Rivero, Roberto Goyeneche, el Sexteto Tango. El espectáculo se desarrolló bajo la conducción y presentación de mi entrañable amigo y compañero: Antonio Carrizo, fallecido hace poco.

En la presentación que les muestro al final, todo fue realizado con el asesoramiento del maestro que prefirió verlo desde su casa  por televisión, por el miedo a la emoción que pudiera  suscitarle esta mirada hacia atrás. Su hijo César lo reemplazó en el piano y los integrantes de la orquesta son citados al final del homenaje que produjo Gustavo Mozzi.

                                       
Quinteto Real: Salgán, Laurenz, Francini, De Lío y Kicho Díaz


Don Horacio Salgán cumplirá 100 años el próximo 15 de junio y nada mejor que recordar este homenaje a uno de los grandes creadores que ha tenido el tango en su historia.


























                                            

lunes, 2 de mayo de 2016

Discépolo en París

Mucho se ha hablado y escrito sobre este amargo filósofo del tango, actor, charlista, autor teatral, director de teatro y cine, gran amigo de sus amigos y auxilio de muchos necesitados que recurrían a él para aliviar sus penurias. Justo a Discepolín que siempre vivió en el alambre, sólo, o en su matrimonio con Tania. Lo pasó mal cuando quedó huérfano de padre y madre y tuvo que ir a vivir a la casa de unos parientes que tenían reglas muy estrictas. Se iría después con su hermano mayor Armando y la familia, en la calle Rioja.

Y poco a poco su talento, fraguado en las inclemencias de la vida, en lecturas y tertulias de intelectuales que se hacían en la casa de su hermano mayor, Armando, o en la acera de enfrente, en casa del pintor Abraham Vigo. Allí concurren, Juan Palazzo, autor teatral tempranamente fallecido, y personajes bohemios y de espíritu anarquista, el escultor Riganelli, el pintor Fabio Hebecquer, su colega Torre Revello, Benito Quinquela Martín, Juan de Dios Filiberto, Santiago Stagnaro, pintor y gremialista del puerto, el Negro Techera y otros. Lungas y fecundas madrugadas con Riganelli cebando mate y el grupo discutiendo de política y arte mientras devoraban las medialunas y bizcochitos restantes...

                                         


Así se formó el muchacho triste que comenzaría a trabajar como actor en pequeños papeles, llevado por su hermano Armando, director, autor y creador del teatro denominado grotesco criollo. Un género dramático, de raíces itálicas, que dejó páginas históricas. Enrique iba creciendo, siempre raquítico, había vivido con mucho dolor las masacres de la conocida como Semana Trágica en 1919, y ello se había instalado para quedarse en su espíritu, rebelado ante la injusticia.

Sus primeros tangos no tuvieron mayor trascendencia. Arrancó con Bizcochito, compuesto con Letra de José Antonio Saldías y lo crearon en un pueblo  entrerriano, en una tarde de lluvia. Años más tarde diría en una entrevista en la revista Radiolandia:

-Un tango puede escribirse con un dedo, pero necesariamente se escribirá con el alma, porque un tango es la inimidad que se esconde y es el grito que se levanta airado, desnudo. Está en el aire como el vuelo curvo de los pájaros, está en la pared descascarada que muestra una llaga de ladrillos y en la esquina más distante y en las plazas y en los baldíos.

                                             
Margarita Solá, Gladys Rizza, Enrique S. Discépolo y Tania


Después vendrán lentamente: Que vachaché, en 1926, donde ya da rienda suelta a sus convicciones y la tristeza que lo envolverá ante las desigualdades de la sociedad y la ceguera de los políticos en el poder. Recién con un tango humorístico, dos años más tarde: Esta noche me emborracho, recibe la alternativa de parte de intérpretes y públic. Ese tango prolongará su éxito, incluso lejos de Buenos Aires. Le siguen Chorra (de la misma cuerda), Malevaje, Soy un arlequín, Alguna vez (letra de García Jiménez), Los sarcásticos Victoria y Justo el 31... y por fin le brota de las entrañas ese Yira yira, que dará la vuelta al mundo. Y seguirán las páginas que lo perpetuarán. Algunas de ellas serían: Confesión, Secreto, Tres esperanzas, Cambalache, Desencanto, Tormenta, Martirio, Infamia, Uno, Sin Palabras, Canción desesperada, El choclo o Cafetín de Buenos Aires, compuestas en sociedad, tanto como letrista o compositor, o solo.

Lo curioso es que, pese a ser hijo de un músico (el italiano Santo Discépolo), Enrique no sabía música y se las veía para poder ponerle la melodía a temas suyos o de otros autores, porque desconocía la notación. Y entonces, cuando estaba en casa, leyendo o duchándose, comenzaba a "cantar" el tema y en cuanto podía salía corriendo a buscar al amigo que se lo transciribiera al papel. Iba cantándolo por la calle o silbándolo, sin importarle lo que pensaran los transeúntes que cruzaba a su paso. Generalmente era su amigo, el pianista Lalo Scalise, pianista de renombre, quien le trasladaría su ingenio a la partitura.                                      
                                    
                                        


 Un día decidirá que es hora de viajar a Europa con Tania para darse a conocer allí. Sus amigos del ambiente le organizan entonces un gran Festival en el Luna Park para recaudar fondos que agregarían a la flaca billetera del gran poeta y actor de Buenos Aires. En el mismo, Discépolo presentó su Historia del Tango con 60 músicos, proveniente de numerosas orquestas. Y estuvieron Francisco Canaro, Julio De Caro, Francisco Lomuto, Fernando Ochoa, Ernesto Famá, Ignacio Corsini, Azucena Maizani, Edgardo Donato, Alberto Vila y otros, que cantarían los temas, incluída Tania.

 Discépolo, Tania, Lalo Scalise, empresarios y amigos partieron por fin a Europa en el barco Oceanía, el 14 de diciembre de 1935, con rumbo a España. Recién arribados a Madrid, entre Lalo y Enrique convocaron a músicos españoles para seleccionar a los que integrarían la orquesta. Finalmente quedaron los 25 que acompañarían a Scalise y que dirigiría Discépolo. Actuarían con gran suceso en el teatro Casablanca y el Teatro de la Música. Luego vendría Barcelona con otro exitazo, Portugal y pasarían por Marruecos, camino de París.

Tania, Discépolo y Consuelo Salvador a punto de embarcar rumbo a España
En la capital francesa, se establecerían durante el invierno de 1936, y las cosas estaban difíciles, el Sindicato de músicos exigía que figurasen 5 ejecutantes franceses por cada extranjero. También se  ofrecieron varios argentinos que estaban varados en la capital de Francia. Les obligaban a vestir de gauchos y a éso se opuso terminantemente Discépolo, que terminaría ganando la batalla. La recepción del público no era la esperada, por las dificultades del idioma y aunque no les fue mal, les quedó un regusto un poco amargo. Pese a que la realidad no había sido para nada negativa.


 De todos modos el sello francés Pathé les invitó a grabar varios discos y así lo hicieron, antes de ver fracasados sus intentos de actuar en Roma y el posible regreso a España, frustrado por el arranque de la terrible guerra civil. Debido a lo cual Discépolo, Tania y Scalise hicieron las maletas y regresaron a Buenos Aires, a mediados de 1936, previa escala en Río de Janeiro donde disfrutaron del buen tiempo y el calor del público brasileño que los obligó a estirar durante dos meses su estadía en el país hermano.

Discépolo, Scalise al piano, Tania y la orquesta grabando en Pathé de París

Como un resumen de toda aquella gira, tan especial para Discépolo y Tania, quedan los temas registrados en en el sello Pathé, con la orquesta gigante de franceses, españoles y argentinos. De ellos extraigo dos tangos, precisamente de Discépolo: Alma de bandoneón, que canta Tania, acompañada por la orquesta. Y el instrumental Confesión. En ambos casos llevan letra de Luis César Amadori, aunque el segundo no fue cantado en este disco.

02- Alma de bandoneón - Orq. Discépolo canta Tania

04- Confesión - Orq. Discépolo