sábado, 30 de abril de 2016

Bailongo de los domingos

La censura del gobierno militar le obligó a canmbiar títulos y letras a los tangos y milongas que bañaban a la ciudad de Buenos Aires, convertida en una gigantesca pista de baile. Por eso Castillo lo grabó con Tanturi, bajo el título de arriba y Demare con Berón tuvo que hacerlo como: El baile de los domingos. ¡Qué rayada tenían las cabezas aquellos censores que nunca se identificaron con el tango argentino! Siempre prefirieron los ritmos extranjeros, sobre todo si venían del Norte...

Francisco García Jiménez, eminente poeta del tango, compuso este tango con el violinista y feliz compositor: Oscar Arona. Pinta divinamente aquellas milongas del cuarenta dado que Tanturi-Castillo lo grabaron en mayo de 1943 y Demare-Berón lo hicieron dos meses más tarde.  Y la pieza termina así:


Alardes de bordador                                                           
dibuja el pié                                                            
y afirma el brazo su fé
de vencedor.
Y atrás suspiran los ecos
de Bardi y de Greco
su eterna emoción.
Lindos tangos del ayer
las historias que ha de haber
enredadas en sus flecos...
Viejas quejas de pasión
renovando parejas
con este son.

Lo típico. Como ayer, anteayer y hoy. La diferencia es que ahora las milongas pululan en el mundo entero, aunque sigan sonando esas hermosas e invencibles piezas de los años cuarenta. Hoy tenemos la nuestra: BIEN MILONGA, en la Casa de Aragón de Madrid, situada en la Plaza República Argentina, nº 6, como todos los sábados y martes a partir de las 21 horas.

                                       


Y como tentempié quiero que desfilen por la página algunas parejas argentinas amigas que bailan divinamente. Como por ejemplo, el porteño Leo Calvelli y la salteña Eugenia Usandivaras, que en Crest (Francia) se mandan con el tango Mala junta, por la orquesta Color Tango.

                                 

El santafecino y tocayo Mariano Otero, rdicado en Madrid, y su pareja madrileña Alejandra Heredia, bailan el foxtrot Zapatos rotos, por Enrique Rodríguez y el cantor Ernesto Falcón, en tiempo de milonga-candombe. Y lo hacen genial, en la ciudad alemana de Leipzig

                                         

Y la pareja de porteños, radicados en Madrid, Ezequiel Herrera-María Antonieta Tuozzo, en el Círculo das Artes de Lugo- España, nos deleitan con el vals: En tu corazón por la orquesta de Juan D'Arienzo y el cantor Alberto Echagüe


                                           

viernes, 29 de abril de 2016

Maleza

Hoy también voy con letras de tango que subliman el género, como éste de Cátulo Castillo y Enrique Munné, que tiene dos versiones muy buenas: una de Osvaldo Pugliese con Alberto Morán y otra de Osvaldo Fresedo, cantando Oscar Serpa. A mí me encanta la versión de Pugliese, por el estilo de la orquesta y esa interpretación del Flaco Morán. Éste se lucía maravillosamente en las primeras grabaciones con el maestro de Villa Crespo, con una entonación distinta, más suave que la de sus últimos tiempos en la orquesta, cuando lo hacía dejándose el alma y la piel en el micrófono, desgarrándose en la interpretación,  para locura de su legión de admiradoras.

La letra de Cátulo se baña en aguas poéticas similares a Nada, el tema del tristemente desaparecido Horacio Sanguinetti (Basterra), que lleva música de José Dames, y escrito un año antes. Es decir: la vuelta a la casa de la antigua novia para buscar sus rastros y el encuentro con la misma, vacía, abandonada, y la hierba crecida, despiadada, con el herrumbre sobre los hermosos recuerdos del pasado.

                                              
Cátulo Castillo

Pero, aunque sean de similar estilo, me encantan los dos, porque describen fielmente esa imagen traslúcida del abandono y el paso de los años, oxidando todos los recuerdos emotivos de una pasión que ya fue, y que no volverá. Entonces nos convertimos en contempladores de la fugacidad de los sentimientos y de la ajada juventud perdida. Y el dolor del protagonista se refleja en la maleza del jardín abandonado hace tiempo. Un tiempo que fue luminoso.

MALEZA 

Si la ausencia me cerró su portón                                          
con malezas del olvido...
Si está mudo su aldabón
juguetón,
yo ni sé porque he venido...
La maleza del jardín
y las ruinas del balcón
me lastiman con su esplín...
Si su mano ya no está...
Si en el sueño de mi empeño
más maleza crecerá.

La sensación del vacío, del ocaso del tiempo, la pintura sin abalorios verbales, pero crudo en su descripción, nos sumerge de lleno en una página modélica que me sigue cautivando. Sobre todo en la voz de Morán (der.)

Fue torpeza de mi amor                                      
celo amargo que cubría
la vida mía...
Maleza oscura
de mi locura,
como un veneno
lento, y lleno
de dolor y rencor...
Maleza vana
del corazón...
Como la herrumbre de su persiana...
Como el musgo que creció...
¡Como el mal que su ventana,
cerró!

El asalto constante a lo efímero, con el adorador de falsos brillos y definitivamente náufrago existencial, de espíritu dubitativo y nostálgico. Imágenes alborotadas que rebotan contra la realidad del abandono, que no perdona.

Por hacerme daño así, yo partí...
sin saber de que la hería.
Sin pensar que con la ausencia, perdí
todo lo que más quería...
Ya está oscuro el callejón...
ya está mustio su jardín,
silencioso el aldabón,
y hoy que vuelvo a su portal,
mi tristeza es la maleza
de un recuerdo que hace mal.


                                         


A esta hermosa pintura de la desolación de los sentimientos, le puso la música ideal, el pianista y compositor rosarino Enrique Munné. Osvaldo Pugliese con la voz de Morán lo grabó el 28 de mayo de 1945. A su vez Osvaldo Fresedo con el cantor Oscar Serpa, lo llevó al disco el 6 de noviembre del mismo año. Voy con ambos registros.

Osvaldo Pugliese-Alberto Morán - Maleza

Maleza - Osvalso Fresedo-Oscar serpa

miércoles, 27 de abril de 2016

Seguime, corazón

Aunque esté bastante olvidado, Jesús Fernández Blanco,  que llegó chiquillo a la Argentina, con su familia procedente de Cuenca de Campos, ubicado en Tierra de Campos, provincia de Valladolid (España), se adaptó no sólo al habla porteña, sino que escribió tangos gauchazos memorables como El barbijo o sentimentalmente entrañables como Calor de hogar, que les grabara Carlos Gardel. Temas realizados con Andrés R. Domenech y Eugenio Carrére, respectivamente.

Su pequeño pueblo natal apenas alberga hoy a unos 220 habitantes, y lo que siempre me ha llamado la atención es el vocabulario gauchesco maravilloso que utilizó en algunas de sus letras. Como ejemplo puedo nombrar a Lonjazos, la citada: El barbijo, o Telarañas, hermosamente construídos. O El contrapunto, con Julio De Caro. Además creó éxitos como El abrojito, con música de Luis Bernstein, Tierrita, con Agustín Bardi, o La payanca, con Augusto P. Berto.

                                                 


Fernández Blanco, fue autor de piezas escénicas para el teatro, antes de volcarse al tango y escribir su primer tema con el pianista rosarino Andrés Domenech: El gaucho se va, en 1923. Fue la señal de partida para un creador que construyó unas doscientas obras, con músicos como Juan Canaro,  Alfredo Pelaia, Samuel Castriota, Humberto Canaro, Ansemo Aieta, Mario Canaro, Antonio Sureda, Eduardo Arolas, Roberto Firpo, Francisco Canaro (Corazón de oro), Andrés R. Domenech, Luis Teisseire, y muchos más. Hasta con Imperio Argentina.

Fue uno de los fundadores del Círculo de Autores y Compositores de Música de Argentina y hoy quiero recordarlo en este tango del título, que suelo pasar en la milonga por la orquesta de Juan D'Arienzo, cantando Juan Carlos Lamas, grabado el 27 de octubre de 1942. Los versos son realmente curiosos porque es difícil encontrar a alguien que le dé manija al cuore y le diga que lo siga a él. Genial. Y el final, más curioso aún. Ni el tordo Favaloro se lo podría imaginar en sus sueños más remotos


SEGUIME, CORAZÓN 

Amigo corazón, vos has llorao
apenas una duda te mordió,                                           
y estás como los maulas, arrugao,
sin chance pa'seguir, la ruta del dolor.
Al verte sollozar acobardao
quisiera yo arrancarte de un tirón,
y en este mundo ingrato, que sólo da tormentos,
más libre que los vientos, vivir sin corazón.

Yo no sé nada de cobardes agachadas
porque en las  malas, mi serena juventud
es como un cóndor con las alas desplegadas
que siempre busca las alturas y la luz.
No me hacen mella los amargos desengaños
y si querés que no te arranque de un tirón,
por el camino de las penas y los años
sin lágrimas de maula, seguime corazón.

Y en el final le entra a dar consejos al propio cuore, como si el hombre fuese un psicoanalista que le está dando manija a su motor, y termina amenazándolo, caso de continuar en ese trance de achicada.

Amigo corazón si ves nublao
tu cielo de esperanzas y de amor,
las nubes son un mísero tinglao
rompelo y vas a ver, que arriba brilla el sol.
Si vos querés seguir acobardao
un día sin dolor te arrancaré,
y luego de arrojarte, cual pasto de las fieras
feliz con mis quimeras, sin vos yo seguiré.

Después de los consejos: el amasijo. Se arrancaría el corazón a lo macho, como se lo arrancaron a Juan Lavalle. Es surrealista pero muy bien construído. Me encanta. Y la música que le adaptó Baldomero Suárez, le da el realce justo. Es evidente que este poeta, transitó el camino de los tangos dulces, gauchos, arrabaleros, compadres o humorísticos con la misma solvencia. Y aunque haya pasado de moda, me encanta revisar la arquitectura de sus versos, como los de este tango que estrenó Libertad Lamarque en radio.

Hay una grabación de Alberto Marino con la típica de Armando Pontier acompañándolo. Está la citada de D'Arienzo-Lamas y una de la Típica Victor con el cantor Juan Carlos Delson.Incluso hay un registro del cantante colombiano Noel Ramírez que lo grabó con orquesta.Yo traigo la versión de Alberto Gómez, acompañado por la orquesta de la Victor, que fuera grabada el 6 de diciembre de 1933.

Seguime corazón - Alberto Gómez








lunes, 25 de abril de 2016

De Caro, Gardel y Chaplin

En agosto de 1972, lo tuve a Julio De Caro en mi programa de Radio titulado: Dialogando con swing, que iba por Radio Argentina, los domingos desde las 8.30 hasta las 12 del mediodía. Por ese micrófono también pasaron otros personajes importantes y tangueros de primera línea, así como artistas y deportistas de prestigio. Pero, en esa oportunidad, De Caro -que tenía 73 años, hacía tiempo que estaba retirado, vivía en Mar del Plata y tenía muchos problemas para expresarse porque el violín corneta, con su apoyatura, le había dañado las cuerdas vocales y le costaba expresarse-, me hizo además un hermoso regalo: su libro "El Tango en mis recuerdos", que además tuvo el detalle de dedicármelo.

Hoy vuelvo a abrir las páginas de dicho ejemplar y me encuentro con esta hermosa historia de su estadía en Niza, Francia, en el año 1931 y su reencuentro con Gardel, además de detallar cómo lo había conocido personalmente tiempo antes en Buenos Aires.

                             


MI ENCUENTRO CON CARLOS GARDEL EN FRANCIA

   En varias oportunidades había podido escuchar a Carlos Gardel en Buenos Aires, cuando su aquel famoso dúo con José Razzano, y rendido admirador del "Zorzal criollo", por su personalísimo estilo, firme lo seguía en sus actuaciones desde el anonimato de la platea.
   Sabiéndolo en el Teatro Esmeralda (hoy Maipo), me fui un domingo por la tarde; terminada la función, sin ser yo un cazador de autógrafos, aún bajo el influjo de esa voz, golpeé en su camarín para pedirle una fotografía.
   Tratando de ubicarme, cual si me conociese de alguna parte, preguntó:
   -Decime criatura...¿vos...tocás con Arolas?
   -El mismo, señor.
   Bueno, ...te daré mi mejor foto (que me entregó con un abrazo)

                                           
La mesa del Palais de la Mediterrranée con Gardel y Chaplin juntos


NUESTRO DEBUT  EN NIZA

   Instalada la orquesta en el escenario, medio descorrido el telón, y yo a punto de hacer mi primera presentación en el "Palais de la Mediterranée", impresionado por la dimensión de aquel salón colmado de público, sentí vacilar mis piernas... , y no era para menos poderse a duras penas, mantener en pie ... por sobrehumano esfuerzo. En ese crucial instante, abierto el cortinado, se dejó oír una voz en francés, partiendo de la multitud, requiriendo un miuto de silencio:

   -Señoras y señoes, he viajado ex profeso desde París a esta maravillosa Costa Azul, no esta vez para admirar su paisaje, sino para acompañar en su noche de debut a este compatriota mío, gran intérprete del tango argentino en su patria que, al igual que yo, les brindará lo mejor de su espíritu en la música,  y ya que ustedes me dispensaran el aplauso del éxito, pido otro para Julio De Caro sabiéndolo de antemano merecedor de él, por ser su orquesta típica, bajo su conducción, en la actualidad una de las mejores (textuales palabras). A vuestro criterio dejo el consagrarlo  también, en esta noble y grande Francia, después que valoren su actuación y composiciones suyas.

   Terminado el discurso, ya acostumbrado a la luz de los reflectores, pude localizar a Carlos Gardel, parado al lado de su kilométrica mesa, cuyos invitados serían unas cien personas, entre damas y caballeros, destacándose elegantísimo dentro de su impecable frac; y, aparte de su voz, hasta hoy jamás igualada, diré en su honor que también su persona fue milagro de evolución, quedando muy atrás y en el olvido, aquel "Morocho del Abasto" de los primeros tiempos.
   Su perfecta dicción, queriendo hablar con propiedad, sin esfuerzo ni afectación alguna, como también en el saber llevar la prendas del vestir, y aseguro sin temor de equivocarme que, de haber tenido el cultivo necesario en sus años infantiles, habría sido grande  en cualquier otro renglón profesional, si la vida le hubiese tendido una mano; pero mejor dejarlo como Dios quiso, porque así tuvimos al cantor de todos los tiempos, y este regalo no nos lo quita nadie.

                                  
El sexteto De Caro, con los cantores Luis Díaz y Marambio Catán

  -Tras sus palabras de enorme aliento, renació mi calma, cambiando de inmediato la primera pieza programada, "El entrerriano", por "Tierra negra" (de Noli y Graciano de Leone) la que, atacada en su comienzo por Laurenz con una llamada de bandoneón, fue tal el impacto en el auditorio que aún resuena en mis oídos aquella ovación.
   Nuestra labor debía durar media hora, y prolongada a la fuerza, otra media más, cerrando con un pedido de Charlie Chaplin (Carlitos), ahí presente, empeñadísimo en bailar "El monito", tango que tuvo que ser bisado infinitas veces.
   Referente al tango "El monito", a éste debería clasificarlo como una jugarreta del destino, pues solicitado ya por Francisco Canaro, artista entonces del sello "Max Glücksman", para enviar un tango al concurso que dicha marca organizase, decidí hacerlo con el mencionado, aún inédito. Sólo diré que no fuí clasificado entre los primeros, pero a poco y por sí solo, uno de los predilectos del público, máximo juez siempre, aún hoy, dentro del corazón del pueblo y, a juzgar por el monto de los derechos de autor y tiraje de sus ediciones, agregando que debí incluirlo como broche final de mis actuaciones, dado el insistente pedido, no pudiendo jamás bajar del palco sin haberlo interpretado.

                                    
Chaplin, Gardel y Carlyle Robinson (Antiquehistory-net)

---Aunque la finalidad de nuestra orquesta, al contratarnos, fue exclusivamente para ser escuchada (como concierto), este empeño del astro inglés me hizo quebrantar lo propuesto y, en menos "de lo que canta un gallo", tras cartón, retirando las mesas los mismos ocupantes, enloquecidos con la brillante idea del astro, lo siguieron y con ello, a partir de esa apoteótica velada, por doquier fuéramos acompañándonos del éxito, precedidos por la prensa con los más halagadores comentarios. 

   Como "nobleza obliga" creo no equivocarme al decir que, en parte, tanto laurel ofrendado se debe a la espontánea y generosa presentación de Carlos Gardel; sin ella, quién sabe si lo habríamos logrado.... Entre otras personalidades estelares  que conocí personalmente ahí, mencionaré a Jack Hilton, grande del jazz como director de orquesta, dejándole varios discos míos en recuerdo de aquel saludo amistoso que me enviase a la Argentina, con el director técnico del sello "Victor" y con Francisco Canaro, cuando fuera a EE.UU.

Por su entusiasmo "decareano" fue un "hincha" fiel, siguiéndome en mi trayectoria, al ligarnos más esta amistad tan inusitadamente comenzada. El resto de nuestra gira por la Costa Azul puede conocerse en el libro de Luis Rey.


Chaplin se hace el monito y Gardel y César Romero (parado) se descostillan de risa.
                                         

Creo que sería bueno escuchar El Monito por el Sexteto de Julio De Caro para revivir aquella escena con los vahos del recuerdo que nos traen las palabras de su creador. Lo grabó en esa oportunidad, el 6 de julio de 1925.

El monito- Sexteto de Julio De Caro


  

sábado, 23 de abril de 2016

Porteño y bailarín

Y sí, porque me hice en un barrio porteño, tanguero y milonguero y esos yeites no te abandonan jamás en el camino, por más fronteras que cruces, aviones que subas y amigos que conozcas en el camino de la vida. Es como ser hincha de un club de fútbol. Podés divorciarte, tener nuevas familias, vivir en otros países, cambiar de nacionalidad, pero... seguirás siendo hincha de ese club hasta la muerte. Bueno con el gotán te pasa lo mismo, ¡que querés que te diga! Y el que se arrimó a otros hobbies, ritmos y costumbres lejanas...¡que se embrome!.

Bueno, mirá que va en serio, eh. El tango se te mete en el cuore,  lo tenés como abrojito prendido (Morán lo cantaba), y te ilumina de recuerdos, de noches vividas y vívidas.Y si seguís en la onda, ¿qué más lindo podés encontrar que milonguear en lugares como BIEN MILONGA, la sala que llevo en la Casa de Aragón de Madrid, todos los martes y sábados, desde las 21 hs. Y para entonarme y ponerme en órbita, lo escucho a Mario Pomar cantándolo con el troesma Di Sarli.

Porteño y bailarín
me hiciste, tango, como soy
romántico y dulzón.
Me inspira tu violín,
me arrastra el alma tu compás,
me arrulla el bandoneón...

¿La cazaste? Bueno si todavía estás en ayunas con la que te estoy batiendo, acompañame a recorrer algunas milongas de mi Buenos Aires querido, donde se despunta a muerte el arte de mover los remos llevado en vilo por orquestas que te hacen soñar. Ah, ¿no me creés?... Peor para vos. Yo me largo por esa pistas que guardan rastros de antiguas pisadas de bailarines y bailarinas gloriosas.

Y hoy te lo hacen así:

Por ejemplo, Carolina Bonaventura y Martín Ojeda que nos deleitan en en la Sala Porteño y bailarín, de la calle San José, bailando precisamente ese tango del título y que da nombre a la milonga. Junalos.

                                                 

¿Vas entrando en órbita? Bueno, seguimos avanti, visitando estos lugares que tienen historia, y a su vez la hacen para décadas posteriores. Ahora la juego de reculié y en esta vista atrás, vuelvo con el fallecido milonguero del barrio de Pompeya, Teté Pedro Rusconi - pupilo del legendario Flaco Tin-, que con Silvia se mandan este valsecito: Claro de luna, por Pirincho Canaro cantando Eduardo Adrián.


                                         

 Y para culminar la ronda nochera, dos milongueros de rompe y raja, Elina Roldán (¡Morocha liiiinnnnda!) y Pancho Martínez Pey, se mandan con la milonga Parque Patricios (Isa!) por Francisco Canaro y la voz de Ernesto Famá.

                                        
 

¿Me hace falta agregar algo más? Sí, como cantaba Gardel: Venite p'al barrio y tendrás milongas...                                         

jueves, 21 de abril de 2016

Recién

Este tango es de las cosas lindas que te invitan a sentir hondo este género musical ya sea bailando o escuchando, y saboreando letra y música. Dos personajes señeros del tango como Osvaldo Pugliese y Homero Manzi se aliaron en la composición y recorren con sabios dedos el teclado de nuestra sentimentalidad. Porque tanto la letra como la música, nos impregnan y nos dejan el poso de lo corriente elevado a la categoría de lo bello.

Los versos de Homero, como siempre, nos pintan la representación de la vida, el encuentro y sus evanescentes retornos. La voz narrativa no es omnisciente y Manzi con este tango, sigue engrosando el corpus poético de letras más importantes en cantidad y calidad del género. Es una de esas composiciones  que dejan una constancia lúcida y desencantada de las realidades cortidianas, donde el amor y el paso del tiempo constituyen la materia con que se construyen los sueños.

                                                 

   

Historia simple pero tan bien contada que me encanta sumergirme en ella. Trata del reencuentro amoroso donde se multiplican sensaciones y razones, con heridas que no han cicatrizado. Pero Manzi lo trata con ternura, una ternura que inunda todos los rincones del poema.

Hoy, recién, recién,
vuelvo otra vez a tu lado con mi vida,
escondiendo los fracasos,
ocultando las heridas.
Y hoy, al encontrar
la protección de tus manos tan serenas,
recién siento que me apena
saber que te hice mal.

                                     


Con este arranque nos gana el corazón y nos instala en el cálido reencuentro, con arrepentimientos y sensaciones dulces y amargas. Es tan sencillo y, a la vez, tan duro y difícil de transcribir esos sentimientos que manan de la realidad,  que sin embargo consigue atraparnos con un lirismo descriptivo de percepciones, de ausencias inexplicables y dolidas. Y se justifica de un modo maravilloso.

Tenía menos años
y el corazón imprudente,
por calles del engaño
rodó, rodó torpemente.
Me amabas tanto y tanto
que me cansó tu tristeza
y por no escuchar tu llanto
preferí no verte más.

En su confesión dura, sentida, también parece achacarle a ella que el inmenso amor que sentía por él,  lo estaba asfixiando. Como diría Stephen King. "El pasado se protege, hace trampas". Y ella, obrando femenina, busca comprenderlo y perdonar, sintiendo esa reberveración emocional que todos hemos palpitado alguna vez. Y al final, el deschave total y el amor renaciendo con toda la fuerza de un árbol en primavera.

Hoy, recién, recién
miro las cosas sin sombras ni mentiras,
y comprendo cuánto enseñan
las verdades de la vida.
Y hoy, al retornar
pensé escontrar el reproche de tu olvido,
y tan sólo hallé el castigo
de todo tu perdón.

                                     


Hermosura. El secreto que esconden las palabras, nos terminan descubriendo que el castigo al abandono, fue más amor por parte de ella. Por eso, al escuchar este  tango, mecido con la música que le instaló Osvaldo Pugliese, mas rítmico que su habitual estilo demorado, cuando lo bailo recuerdo siempre  que hay que mirar, estar abierto, sentir, disfrutar escuchando. Y de paso vivo esta historia tan real y tan vigente, que me sigue emocionando.

Lo grabaron orquestas, cantores y cancionistas, pero hoy traigo dos versiones bien milonga: La de Ricardo Tanturi con Enrique Campos, del 24 de marzo de 1944.  Y la de Pedro Laurenz cantando Alberto Podestá,  que grabara el 22 de septiembre de 1943.

Divinas.

070- Recién- Tanturi-Campos

18- Recién - Pedro Laurenz- Alberto Podestá




martes, 19 de abril de 2016

Obelisco

Es nuestro símbolo. Como la Torre Eiffel en París, la estatua de la Libertad en Nueva York o la Cibeles de Madrid. Más sencillo, pero ahí está, enhiesto, apuntando al cielo porteño e instalándose en la memoria de todos nosotros. Pedro Laurenz, Alfredo Gobbi,  Piazzolla, Juan D'Arienzo, Enzo Valentino, Alberto Gómez, Troilo, Discépolo, Hugo Díaz y tantos otros, fueron sus vecinos cercanos. Si los  habremos cruzado en aquellas madrugadas, cuando salíamos de bailar en la Montecarlo, la Nóbel o la Dominó, para ir a cenar en Pippo o Bachín a las 4 de la matina...

Como un recuerdo agradecido a aquellas madrugadas de fábula y a ese faro orientador del porteñaje, le he dedicado este sencillo poema lunfa que les traigo acá.


                      OBELISCO
                                                                                         “Según me cuenta el recuerdo /
                                                                                           que está hecho un poco de olvido”
                                                                                                                Jorge Luis Borges

Te embroco en mi grato recuerdo a palo errao
vigía de nocheras y nostálgicas paradas,
en garitas tangueras que acogían zapadas                       
de conciertos lejanos y fueyes desinflaos.                           
 Escracho la punta de tu naso que olisquea
una tufarada de Bachín o Las Cuartetas,
la Rosa de los vientos agitando tu veleta
y orientando al gato violador de la azotea.

Periscopeó revolutas y fragotes tu mangrullo
y el yiro en recalada de fiocas y percantas;
también cobijaste a tu sombra la atorranta
procesión de la hinchada, con su canto y barullo.

Sos el faro que orienta a la runfla nocturnera
como el fueye de Laurenz, tu vecino de bulo,
de Pichuco, de Gobbi y de Rivero aquel fulo,
que hicieron en su ronda la Corrientes nochera.

Cuando ya pise el disco del final esta noria
y desexilie mi resto en el azar de la vida
juntaré los fantasmas en tu quieta guarida
y dejaré encanutada en ella mi memoria.

                                      José María Otero
 


Y para acompañar estos versos, nada mejor que el tango de Homero Expósito y Domingo Federico: Tristezas de la calle Corrientes. Lo estrenó Libertad Lamarque en 1942, fue grabado por varias orquestas y cantores y escojo esta versión de Miguel Montero acompañado por la orquesta de Armando Cupo (merece mucho mayor reconocimiento este pianista-director) que lo grabaron el 22 de amyo de 1967.

23- Tristezas de la calle Corrientes - Miguel Montero

lunes, 18 de abril de 2016

Mores y Susy Leiva

Se nos fue el maestro Mariano Mores, después de haber sembrado tantas páginas inolvidables en el pentagrama del tango; de haberse formado en la orquesta de Francisco Canaro y buscar luego el camino  sólo, con ideas nuevas, renovadoras, buscando un tango más internacional y agregando instrumentos y timbres diferenciales, que le dieran ese tono que buscaba.

Aunque no tuvo orquesta que tocara para los milongueros, su calidad de músico, sus ideas distintas, le permitieron ganarse la admiración de todos los tangueros sin distinción. Fue un artista de frac, de escenarios rumbosos, de teatros, de películas en las que hasta haría de galán, y lo admiraron en toda América, durante sus giras triunfales y los temas que lo habían hecho famoso. Casado con una cancionista -Myrna Mores- (Moragues), hasta se apropió de ese nombre artístico, ya que él se apellidaba Martínez. Y su familia se iría poblando de hijos, nueras y nietos artistas.

                                 


Como fecundísimo compositor, dejó para la historia una larguísima ristra de éxitos que trascendieron su tiempo y le dieron la gloria merecida. Algunos de ellos fueron: Cuartito azul, El firulete, La calesita, El patio de la morocha, Adiós pampa mía, El estrellero, Linda, Yo tengo un pecado nuevo, Tanguera, Una lágrima tuya, Muchachita porteña, Sin palabras, Uno, Por qué la quise tanto, Oro y gris, A quien le puede importar, Bailonga, Copas, amigos y besos, Déjame no quiero verte más, y entre muchas otras  joyitas, con el Catunga Contursi realizaron esos tangos que recuerdan el gran amor del poeta: Grisel, En esta tarde gris, Cristal, Cosas pequeñas, Cada vez que me recuerdes, Mis ojos ciegos, Cobarde  y Tu piel de jazmín.

Muchos de aquellos temas los compuso con Francisco Canaro, Battistella, Cadícamo, Discépolo, Cátulo Castillo, Rodolfo Taboada, Martín Darré, León Benarós, Luis Rubistein, Martínez Vilas, Homero Expósito, Lambertucci y otros. Por lo general se trata de obras que tuvieron gran repercusión y muchas de ellas fueron la nota destacada de sus épocas. Aunque trabajara en la orquesta de Pirincho, prefería que sus obras con versos fueran interpretadas por Aníbal Troilo por la excelencia de sus cantores, para bronca de su director. Siempre encontraba alguna excusa para salir del paso.


  Estuvo diez años militando en la famosa orquesta de Francisco Canaro, hasta que sintió que había llegado el momento de tener su propia formación. Supo escoger a Martín Darré como arreglador y ésto le permitió conseguir esos sonidos hechos para resaltar el concepto cantabile de las melodías, dándoles un vuelo más espectacular que el de las orquestas típicas en que se había formado, con Firpo y, especialmente, con Canaro.

Le he dedicado páginas, tuve una larga charla con él en Madrid y seguiré hablando en el blog, de este músico que enriqueció al tango. Y hoy, precisamente, a punto de cumplirse cincuenta años de su trágica desaparición, también quiero recordar a Susy Leiva, esa cantante que incluso lo deslumbró a Mores cuando apareció, y se implicó con ella en una larga gira que les dio magníficos resultados.

Se habían conocido en México, en casa de Libertad Lamarque, y  Mariano se entusiasmó con su voz y su presencia escénica. Tenía un registro de soprano dramático y había debutado como cantante en una radio  de Mendoza. Su hermano Roberto, también cantor -vivió un tiempo en Estados Unidos- la empujó para que lo hiciera profesionalmente y así aparecería en Radio Belgrano, en El Tronío y La Alameda, de la avenida de Mayo.

                                         


Su salto arrancó al ser consagrada como Reina del Trabajo, representando a la Unión Argentina Artistas de Variedades, y su voz y su bella estampa, hicieron el resto. Cantaría con la orquesta de Juan Canaro, en 1956. La vi en el Maipo cuando estaba en su apogeo y realmente conquistaba al público enfervorizado con su interpretación de esos tangos de Mariano Mores y Rodolfo Taboada que estaban de total actualidad, en una época en que el tango había experimentado un notable bajón.

Intervino en varias películas, en televisión y viajaría con enorme éxito y distinciones varias por países de toda América, como cantante de la orquesta de Mores, que le daba el marco especial para su lucimiento. También la acompañaría Martín Darré con su propia formación orquestal. Cuando estaba en la cima de su arte, volviendo de una actuación en Rosario, el coche que manejaba su esposo tuvo un choque  muy duro en el kilómetro 126 y ella fallecería, el 4 de octubre de 1966. Su esposo, que conducía, salió con vida, aunque lo vi durante un tiempo caminando con bastante dificultad.

                                             


Hoy los quiero recordar a ambos y precisamente en dos tangos de Mariano Mores y Rodolfo Taboada: Frente al mar y Por qué la quise tango. Fueron dos exitazos impresionantes que nos recordarán por siempre a Mariano y a Susy.

Frente al mar - Susy Leiva- Mariano Mores

02- Por qué la quise tanto - Susy Leiva




sábado, 16 de abril de 2016

Tango y copas

Este tango de Carlos Bahr y Héctor María Artola, que fuera un éxito en la versión de Troilo-Marino, es de los que nos invitan a acudir a la fiesta diaria de la milonga, como hacemos nosotros en la Casa de Aragón de Madrid, los sábados y martes al caer la nochecita, desde las 21 horas. En BIEN MILONGA, sabemos resaltar los valores de la música nacida en Buenos Aires que hoy reina en todo el mundo, como vaticinaba Manuel Romero. Bahr lo pinta así:

La nostalgia pide copas
y las copas piden tangos.
Venga un tango rezongón,
una copa y la emoción
de evocar al viejo amor.

                                                          


Esto último sucede en todos los aspectos de la vida, pero en nuestra milonga, la música de primera para mover los remos, no te da tiempo a pensar en batallas perdidas y sólo te invita a disfrutar el presente. Porque, qué mejor manera de apurar la noche, que bailar en una hermosa pista de madera lustrada, con todos los chiches y unas orquestas de órdago que empujan que da calambre...

Emoción de copa y tango
que se enreda en los sentidos...

El tango crece, se expande, inunda los recintos de noctámbulos deseosos de pasar una ardiente velada sin pensar nada más que en aliarse con la pareja perfecta para despuntar la fiebre milonguera.
Y recordándolo, me doy el garbeo sabatino por pistas lontanas. Y me encuentro en la isla griega de Lesbos, crecana a las costas turcas, donde la pareja integrada por Mert Moran y Beliz Zorlu se mandan con el tango: El adiós, por Juan D'Arienzo, su orquesta y el cantor Osvaldo Ramos.

                                          


De allí pego un salto groso y me instalo en San Petersburgo -Rusia-. Y durante un festival  tanguero, en el Hotel Azimut, la pareja chileno-argentina Noelia y Carlitos Espinoza se lucen bailando la milonga Parque Patricios, por Francisco Canaro y su cantor Ernesto Famá.


Y ahora voy a pasear por la ciudad de Bologna, en Italia, y me toparé con la pareja integrada por Murat Erdemsel y Sigrid Van Tilbeurgh. Deleitarán a los milongueros del lugar, bailando el tango Mi natai, por la orquesta de Miguel Caló, cantando Luis Tolosa.

                                         
                                                                             

Y así vamos calentando motores para esta night and day....

viernes, 15 de abril de 2016

El tobiano

Un amigo, desde Alemania, me pide que escriba sobre algunos de los tantos hermosos tangos que fue grabando Osvaldo Pugliese a lo largo de su prolífica carrera como director de Orquesta, que se extendió desde 1943 a 1989. Nada menos que cuarenta y seis años, dejándonos una herencia maravillosa en forma de registros discográficos que nos permiten valorar en toda su dimensión, el arte de este pianista-director-compositor, que siempre supo alinear músicos que se consustanciaran con su estilo tan particular.

Uno de los que más llegaron a compenetrarse con su forma de entender el tango, con un respeto para la historia del mismo, para el deleite tanto de oyentes como de bailarines, fue sin duda el violinista Emilio Barcarce (Emilio Juan Sitano). Porque no sólo cumplió su papel como segundo instrumentista en la fila de violines, sino que aportó además unas páginas bellísimas a las cuales además les agregó -como a otras de distintos autores- el arreglo y la instrumentación.

                                         

Balcarce venía de dirigr la orquesta que acompañaba a Alberto Marino. Antes lo hizo con la que secundaba a Alberto Castillo. Había tocado con conjuntos menores y también formó en la orquesta de Edgardo Donato. Tuvo orquesta propia con los cantores Jorge Durán y Amadeo Mandarino.Sus estudios fueron muy importantes para el desarrollo de su larga carrera, y además aprendió a tocar el bandoneón por su cuenta, cosa que le serviría fundamentalmente para los arreglos. En su última etapa en la Orquesta Escuela de Tango, también fungió como bandoneonista.

Se incorporó a la orquesta de Osvaldo Pugliese -en la cual permanecería a lo largo de 20 años- en 1949. Y sería de los músicos más apreciados por el director, dada su capacidad para encargarse de la instrumentación, o sea, trasladar al papel la representación gráfica de los sonidos correspondientes a las cuerdas en cada interpretación. Y que todo ello coadyuvara armónicamente con el trabajo del arreglador, como sucediera con la revolucionaria versión de La mariposa, cuyo arreglo le perteneció a Julián Plaza y la instrumentación corrió a cargo de Balcarce.

                                                   


Pese a su gran talento no fue un compositor prolífico, pero dejó temas geniales, especialmente Bien compadre, La bordona, Norteño o Si sos brujo. También aportó para el lucimiento del cantor Miguel Montero los tangos Por una muñeca y La conciencia, con letra de Manolo Barros. O Candombe blanco, con Julio Camilloni, que cantaron Jorge Maciel y Alfredo Belusi.  El primer tema que le grabó Pugliese fue Bien compadre (27 septiembre de 1949). Y un año más tarde lo hará con el tango que figura en el título: El tobiano, una hermosa obra que no tuvo debida repercusión.

El tobiano es un caballo que tiene un pelaje muy vistoso. Suelen ser blancos con manchas marrones, rojas  o negras y la Asociación que regentea las razas de los caballos no lo considera un ejemplar criollo. Dice que era utilizados por los indios piel roja en Estados Unidos. Algunos se utilizan para saltos ecuestres  y de competición, y están divididos en varias especies, según sus características.

                                       


Entonces cumpliendo con el pedido de mi amigo, acá les dejo El tobiano, de Emilio Balcarce, grabado por Osvado Pugliese y su orquesta el 24 de octubre de 1950.

Osvaldo Pugliese - El tobiano


miércoles, 13 de abril de 2016

Homero Expósito


Está unánimamente reconocido como el gran renovador en la letrística del tango, como él le llamaba a los versos alineados con la música, dentro del género al cual se adscribió como referente. Y lo hizo en una época vital para el mismo, porque Buenos Aires se había abrazado definitivamente a la causa y silbar o cantar un tango por la calle era muy común en esos años de gloria, cuando la radio despachaba tangos a toda hora, y tanto orquestas como cantantes no sabían de pausas en su trabajo diario.

Había llegado de Zárate con aquel ramillete de músicos que se irían incrustando en distintas orquestas de éxito. Homero había estudiado en la Facultad de Filosofía y letras, pero encontró la veta de su talento en la música popular, donde entró con paso ganador, desde aquel tango que escribió con su hermano Virgilio, y que entregó a Libertad Lamarque en una visita casual  a la radio. Se llamaba Rodando y Libertad lo estrenaría en Radio Belgrano, sirviéndole de plataforma al joven poeta.

                                     
Homero Expósito


Los temas de Homero reflejan pautas de su vida, de sus arrebatos, sus amores jóvenes, su tierra, la bohemia, el carácter ácrata que les transmitiría su padre. Todo ello envuelto en un perfil poético totalmente nuevo que sirvió para darle jerarquía al tango. En 1939, con sus amigos Héctor Stamponi y Enrique Mario Francini, componen un tango: Bohemio, para poder afiliarse a SADAIC, ya que  exigen 5 obras para aceptar a los autores como socios, en la entidad que defiende los derechos autorales. Y escribía Homero en ese tango que estrenó Hugo del Carril por Radio Splendid.

Me siento soñador, tengo la idea
revuelta de proyectos que me espantan...
Mi casa es casi el cielo, una azotea,
y vivo como quiero, a la marchanta...

Y en la segunda parte lo termina así:

Yo sé del vil ensueño y la quimera
porque a cada momento los encuentro...
Lo malo es que me gozo por adentro
con cosas que practico por afuera...
Salí con la linterna y la apagaron,
la apagó la mujer de mi ansiedad,
y dicen que ando a oscuras, más la erraron,
yo sé que me ilumina la verdad.

                                         


En sus primeros tangos, realmente hermosos, subyacen astillas de dolor por una ruptura amorosa, sucedida en su pueblo. Pero el poeta lo escribe de una forma totalmente distinta, con un estilo conmovedor y en temas que cantará el pueblo y se bailarán en tantas pistas. Su hermano Virgilio confesaba en un reportaje que le hicieron en la revista Gente, a la muerte de Homero.

- Era un poeta limpio, aunque en sus letras siempe hay alguna cosa fatal, algo que nunca se le dio. En la quiniela de la vida hay un número que nunca le cantaron, que nunca se le dio: cuando era muy joven hubo una novia que no lo quiso. Él estaba muy enamorado en aquel entonces, y es posible que su obra a través de tantos años, haya sido sobre ese problema...

                                
                      

Y tal vez por eso me conmueven algunos temas suyos que he recitado en alguna conferencia, donde he visto el rostro emocionado de quienes los escuchaban con profunda atención.

A sus 25 años escribió con Chupita Stamponi el tango que grabaría Miguel Caló cantando Jorge Ortiz: Mi cantar. Allí vuelve con sus fantasmas y su maravillosa poética.

Mi cantar, es un canto de esperanza,
flor de yuyo, rabia mansa, soledad...
Mi cantar lo robé de las estrellas
con mis manos, con mis penas,
con tu adiós, con tu adiós...
Callejón
de caricias y sonido
que llegando del olvido
dan motivo a la canción,
mi cantar es un canto de esperanza,
es un grito de dolor.

Un ayer de perfumes y de flor,
un adiós sin motivo,
y el rencor de esperar y esperar
que escribió con olvido.

A mí me encanta Yuyo verde, que compuso con Domingo Federico. Allí está el relato y la síntesis de aquella desventura de su vida, pintada de un modo hermoso, sencillo, vital. Lo cantaba una vecina en el patio, cuando yo era un chiquilín y lo recordaba en todos los veranos: "Íbamos perdidos de la mano / bajo un cielo de verano / soñando en vano...". O Trenzas, con Armando Pontier,  donde las metáforas poéticas y la genial estructura de los versos merecieron incluso la admiración de Enrique Santos Discépolo que se lo confesó el día en que se conocieron.


 Trenzas,                                                                        
 seda dulce de tus trenzas                                          
luna en sombra de tu piel
y de tu ausencia...
Trenzas que me ataron en el yugo de tu amor,
yugo casi blando de tu risa y de tu voz...
Fina
caridad de mi rutina,
me encontré tu corazón
en una esquina...
Trenzas de color de mate amargo
que endulzaron mi letargo gris.

 La obra de Homero Expósito es digna de repasar una y otra vez y sumergirse en el fondo de esas poesías impresionantes. Como Naranjo en flor, Quedémonos aquí, Pueblito de provincia, Pequeña, Pigmalión, Percal, Maquillaje, Esta noche estoy de tangos, El milagro, Déjame volver para mi pueblo, Afiches, Absurdo o Al compás del corazón, por citar algunos.

Para recordarlo nuevamente podemos recrearlo en Mi cantar, que Miguel Caló con el cantor Jorge Ortiz, grabó el 21 de mayo de 1943. Y Loco torbellino, que compuso con el pianista Emilio Barbato y lo grabaría Francisco Lomuto con su orquesta y Jorge Omar en el estrillo, el 6 de noviembre de 1941.

Loco torbellino - Francisco Lomuto - Jorge Omar

Mi cantar - Miguel Caló-Jorge Ortiz

                                           

lunes, 11 de abril de 2016

El tango en el cine

Es sabido que los productores cinematográficos y los directores argentinos, no supieron explotar la veta popular que significó el tango a lo largo de su historia. Sólo algunos pantallazos mínimos aparecieron en películas argentinas y así fueron pasando las grandes orquestas y cantores, los bailes multitudinarios, los cafés céntricos, confiterías, clubes donde el tango había sentado sus bases firmes.

En los últimos años que este género popular que ha extendido sus redes vertiginosamente por casi todo el mundo, las pantallas le han abierto sus puertas y han sido el caso de directores europeos y norteamericanos quienes le han dado la alternativa, antes que los propios argentinos. Una pena. Por eso, se me ocurre volver a ver algunos cortos muy interesantes que explotan el arte de la danza milonguera, su naturaleza, los códigos, la magia del abrazo y el encuentro.

                                   

   
Y pongo como ejemplo a este corto francés: Je ne suis pas là pour être aimé (Yo no estoy para ser amado) de Stéphane Brizé, con Patrick Chesmais y Anne Consigny como protagonistas. Es de 2005 y muestra la vida de un cincuentón maduro que encuentra la luz de su vida en el baile del tango. Vemos en el mismo a Javier Rodríguez y Geraldine Rojas, bailando el tango Bahía Blanca, por Carlos Di Sarli y su orquesta. Es hermoso ver las miradas de ambos protagonistas, mientras bailan Geraldine y Javier.

                                         



Tras ello, la necesidad del encuentro, una vez aprendida la lección del baile. Los ojos de ambos "hablan" y uno cree estar recreando tantas escenas reales vividas en la milonga. Hermoso.

                                          

Y para no cambiar de tema me voy a otro cortometraje de parecido estilo: Se llama Milonga y lo dirigió Marco Calvise en 2011. Hay cosas que nos llegan a fondo a los milongueros porque forman parte de nuestra vida. En este caso se trata de los encuentros y desencuentros de una pareja y el drama de un hombre que fuma, fuma y fuma (como el de El último organito) observando toda la escena en la milonga.. ¿Quien de nosotros no habrá visto estas escenas de la pareja?. El final es precioso.

                                        


Y termino con un gracioso D'Arienzazo,,, Se llama Ode au Tango  y es encantador. La chica se llama Aude Fauconnier, es actriz y bailarina y lo hace genial, muy divertido, bailando sola por las calles de Dijon -Francia-.  El tango es Bar Exposición, de Luis Teisseire.

                                                                                    

sábado, 9 de abril de 2016

Tango, melancólico testigo

Hoy es noche de fandango, como decía Homero Manzi en su gotán: Ché Bandoneón, y puedo confesarte la verdad... ¡Y que querés que te diga!.. Cuando pienso en la milonga, en todos los bailarines y bailarinas que he visto en mis rondines por aquellos fabulosas recintos porteños, en los clubes y confiterías, en los bailes con las grandes orquestas, siento como una morriña inquieta, ¿viste? y me dan ganas de calzarme los charoles, poner la marcha atrás y... qué sé yo...

De todas maneras el tango ha vuelto a vivir esa etapa de renovación, que sucede en el tiempo, y que muestra una salud de fierro, ahora extendida a todos los rincones del globo terráqueo. Vos dejá que silben las bombas y rujan los cañones, que se hundan las bolsas, que los paraísos fiscales sean el refugio de la mitad de la guita mal habida del planeta; que siempre nos quedará de consuelo la milonga con su rante berretín.

                                           


Y, sí, me suele pasar los sábados porque era cuando nos poníamos la pilcha buena, hacíamos brillar los tarros y salíamos encorbatados a comermos la noche. O casi. Porque no era moco'e pavo bailar en vivo con D'Arienzo, Troilo, Pugliese, Di Sarli o D'Agostino, por citar algunas de aquellas grandes orquestas que nos siguen iluminando el camino. Pero la vida sigue y hay que continuar fatigando baldosas o encerados, porque la vida es corta como cantaba Castillo, ¿te acordás?

La vida es corta y hay que vivirla,
en el mañana no hay que confiar.
Si hoy la mentira se llama sueño
tal vez mañana sea la verdad.

Y como estoy con el motor en marcha al compás de algunos gotanes y milongas que me alumbran el cuore, los invito a disfrutar con esos milongueros argentos que arrancan aplausos allí donde pisen y se manden algunos pasos sin copyright. Porque los milongueros, como aquellos músicos que nos legaron la grandeza de su obra,  siempre fueron generosos y transmitieron sus figuras y su estampa a los que venían de atrás para que no se cortase la cadena trófica.

 Arranco con Roberto Herrera y Silvana Capra, que en un Festival de Génova, se bailaron el valsecito clásico: Desde el alma, por Osvaldo Pugliese y su orquesta. Y de paso, le hicieron un merecido y sentido homenaje al lamentablemente desaparecido, Osvaldo Zotto, como se ve en la pantalla.

                                        

Paso página, y como siempre se vuelve a Buenos Aires,  allí los vemos a la enorme Alejandra Mantiñán y Gonzalo Angeles. En este caso se mandan  con una milonga: Ella es así, por el Sexteto Milonguero.

                                        

Y para cerrar con los puntos altos del corpus milonguero, el troesma de troesmas, Miguel Ángel Zotto y Daiana Gúspero, nos deleitan en Udine -Italia-, con una brillante exhibición, al compás de la Orquesta de Osvaldo Pugliese y este tangazo.