viernes, 4 de noviembre de 2016

El Negro Ricardo

Alguna vez habrá que hacerle justicia a las "escobas" de Gardel, como llamaba Gardel a sus acompañantes guitarreros. Le faltaba ese respaldo, hasta que llegó este ejecutante autodidacto, gran virtuoso y creador de los punteos en las tonadas, cuecas y milongas, como luego en el bordoneo requerido para los tangos. El Negro José Ricardo vino para que Carlos Gardel y José Razzano dejasen de acompañarse malamente con su guitarras y escalaran posiciones rápidamente, dedicados únicamente a lo suyo: el canto.

Hombre destacado en las revistas criollas, José Ricardo había cosechado su fama, gracias al dominio de su viola, y estaría desde aquel encuentro en la obra Juan Moreira, acompañando al dúo, y al separarse ambos cantores, se quedó con Gardel. Desde 1915 a 1929, permanecería al lado de éste último hasta la separación en París. Luego retornaría a Buenos Aires, acompañaría a cantantes varios y regresaría a Europa con su hermano Rafael dos años más tarde, cuando los músicos negros había sentados sus reales con gran éxito en París. Realizaron largas giras, incluso hasta Egipto y Turquía y debió volver, enfermo a Buenos Aires, falleciendo en el trayecto del barco, en pleno océano.

                                       
Gardel ensayando con sus guitarristas José Ricardo y Barbieri


Hombre del barrio porteño de Balvanera, José Ricardo Soria fue un compositor muy dúctil y compondría varios temas que le grabó Gardel con éxito. Los tangos Resignate hermano y Margot con letras de José Rial y Celedonio Flores, respectivamente. La milonga: Un bailongo; la canción Campanitas; la serenata: Asomate a mi ventana; la cueca Mi caballo y mi mujer; el gato Con los ojos del alma; Los estilos Pobre gallo bataraz y Triste entrerriano; el fado Mi bien querido. Además de muchos otros temas que compuso para varios cantores y cantoras.


Francisco García Jiménez en su libro: CARLOS GARDEL y su época (con la colaboración de José Razzano), describe aquel encuentro que motivó al dúo para requerir su fundamental apoyo musical.


  -¿Ustedes dominaban la guitarra?
Ésta era una de las preguntas que mucha gente les hacía a Gardel o Razzano cuando se les acercaba afectuosamente a inquirir algún detalle del pasado. Y Gardel o Razzano sonreían y contestaban bonachosamente con otra pregunta:
  -¿A usted le parece que un instrumento como la guitarra se domina así nomás?
  Cualquiera puede darse cuenta, sin esfuerzo, de que si el morocho y el oriental, en sus primitivas épocas y cada uno por su lado, pudieron hacese un nombre mentado, habrá sido cantando y acompañándose discretamente con el cordaje, porque eran tiempos en que si se ponía atención a los trinos del cantor, no por eso se les perdían de vista los dedos... (¡Guay del que la guitarra...!). Ambos se acompañaban muy discretamente, pues, y, sin deslizarse en ningún peligroso acorde, daban un sensitivo respaldo armónico a su incomparable acento de troveros.

  Pero ellos tuvieron desde el primer instante la sensación del trascendental destino de su creación artística y encontraban que el propio acompañamiento les comprometía esfuerzos y ponía bretes en sus naturales facultades de expresión. Soñaban con un guitarrista experto e inspirado. que sintiera lo criollo. Que fuera hábil para sacar efectos de ciertos pasajes...
  A fines de 1914 les parece haber encontrado esas condiciones en un celebrado concertista: Emilio Bo, y en el teatro Apolo, la compañía de Angelina Pagano, Rosich, Casaux y Ducasse, como apadrinándolos, organiza una función en honor y beneficio del flamante "terceto nacional"

                                             
Carlos Gardel con sus guitarristas José Ricardo, Barbieri y Aguilar


  No pudo ser aquella liga, y comprensiva y cordialmente lo entendieron los tres. Un año después, el suceso extraordinario de Juan Moreira, atribuible, en buena parte, a la firme y entusiástica atracción del dúo de cantores, trajo una primera consecuencia de señalada importancia para éstos.
  Gardel hizo el descubrimiento en el conjunto de guitarras que ejecutaba el pericón de la obra:
  -Ché, José...¿Vos le has puesto oídos al moreno?
  -¿Cuál? ¿el que lleva el punteado del pericón? ¡Toca lindo, eh!
  -Mirá...-afirmó Gardel-. ése no será un concertista...¡pero la hace hablar a la viola!
  -¿Arreglamos con él? -sugirió Razzano.
  -Viejo...Es una carta brava ésta del acompañante que nos hace falta, pero a mí me parece que por el lado de ese negro rumbeamos bien.

  Hablaron con el negro José Ricardo, guitarrero 1º en el reparto de Juan Moreira, y que en el cuadro del gran baile nacional se lucía como bueno.
  Les fue fácil entenderse, porque todo lo allanó la sincera admiración que el moreno sentía por los dos cantores y su facilidad de adaptación para afinar a las voces los recónditos sonidos del cordaje criollo. Lo que valía en el negro Ricardo era su ágil intuición, su dominio del instrumento era instintivo, llevado por un rendido culto y una práctica diaria. El autodidacto había suplido los planes teóricos y se había abierto paso por entre los secretos técnicos a fuerza de tocar y tocar con alma. Fue, como después habrían de serlo también Barbieri, Aguilar, Riverol, Pettorossi y Vivas, un dócil y eficiente colaborador en la preparación de las interpretaciones y en su realce definitivo ante los públicos.

                                                 
Barbieri y José Ricardo junto a Gardel


  Agregaremos que, por acompañar a Gardel y Razzano, hasta sacrificó el moreno unos nutridos bigotes que ostentaba orgullosamente, y que hubieran desentonado junto a las dos impecables afeitadas de los cantores.

                                                 

Y yo los invito a apreciar el sonido del Negro de Balvanera, en el estilo Pobre gallo bataraz, de Adolfo Herschel y José Ricardo, que grabó Gardel en 1920. Y, en el mismo año, la serenata de José Ricardo: Asomate a la ventana. (Algunos lo dan como bambuco). Lo acompaña a Gardel el propio José Ricardo.

Pobre gallo bataraz - Carlos Gardel

Asomate a la venta - Carlos Gardel-José Ricardo




No hay comentarios:

Publicar un comentario