miércoles, 5 de octubre de 2016

Riobamba

Este tango hace el último de los 998 temas grabados por la orquesta de Juan D'Arienzo en su intensa y prolongada existencia que sigue sonando fuerte en todas partes, con su contagiante ritmo milonguero. Lo registraron  el 30 de enero de 1975, aunque en realidad, la orquesta ya no estaba al mando del Rey del compás. La muerte de su esposa le quitó los ánimos y en 1973, le legó la orquesta a sus músicos que siguieron grabando bajo el nombre de su entrañable director.

Además de constituir una fecha histórica de por sí, vale la pena recordar que fue uno de los primeros tangos que compuso Francisco Lomuto y que registraría la orquesta de Ferrer-Filipotto, para después perderse con la llegada de nuevos y exitosos tangos, hasta que lo rescata la orquesta de D'Arienzo. Y hoy tengo ganas de reconstruir un poco la historia de Sudamérica, con este tango que evoca un combate famoso en Ecuador y que es conocido como la batalla de Tapi o Riobamba.

                                             


La protagonizó una formación de los granaderos a caballo, que enviara José de San Martín desde el Perú, a las órdenes de Juan Lavallle, constituído por 96 granaderos. La actuación en dicho combate de los hombres de Lavalle fue heroica y decisiva en la independencia de este país. El mariscal Sucre le había enviado un refuerzo (Los Dragones de Colombia) que ayudó a la estrategia de Lavalle contra las fuerzas realistas, superiores en número, y la bravura de sus hombres contribuyó a la gesta que quedaría en los anales de la historia.

A tal punto, que un mes más tarde, en la batalla de Pichincha las fuerzas revolucionarias y patrióticas de Sucre, con el apoyo de Lavalle y sus granaderos vencieron al ejército invasor y allí mismo, el 24 de mayo de 1822 quedó decidida la suerte de la independencia de Ecuador. Por su actuación en aquellos dos históricos combates Sucre condecoró a Juan Lavalle y sus soldados con el título de "Granaderos de Riobamba".  Y el propio Lavalle sería recordado como El león de Riobamba, esa hermosa ciudad, capital de la provincia de Chimborazo y conocida desde entonces como "Cuna de la nacionalidad ecuatoriana".

                                                     


Al hilo de estas reflexiones y enseñanzas de la historia, no puedo menos que recordar esas calles porteñas que he caminado durante gran parte de mi vida y que recuerdan a batallas que signaron el destino de Sudamérica, gracias a los próceres y héroes que las protagonizaron. Pichincha (los 7 años de mi primaria los hice en una escuela ubicada en esta calle), Suipacha, Piedras, Pasco, Callao, Gavilán, Chacabuco, Riobamba, Florida, Cochabamba, Charcas, Talcahuano, Membrillar, Florida, Junín, Maipú, Tacuarí, Guardia vieja, Cucha Cucha, Nazca, Curapaligüe, Ituzaingó, Cerrito y muchas otras.

Riobamba nace en la calle Rivadavia, detrás del Congreso Nacional, es paralela a la Avenida Callao y continuación de Combate de los Pozos, otro nombre que recuerda una gesta histórica, ocurrida entre el 14 al 18 de marzo de 1814. La protagonizada por la armada argentina, a cuyo frente colocaron al almirante irlandés Guillermo Brown y que venciera en una lucha desigual (11 barcos precarios) frente a la poderosa escuadra del reino de Brasil (31 unidades), ganándose para siempre la admiración del pueblo argentino. El gobierno designó a Brown Comandante General de la Marina y residiría en el barrio de Barracas hasta su muerte.

                                     
                                     
La batalla de Riobamba y Juan Lavalle recordados en este mural de 1986


 Cómo cambian las cosas los años, escribía el Catunga Contursi en Como dos extraños.Y ya que estoy embalado en los recuerdos y enseñanzas de la historia, y asombrado por lo que hacían estos soldados con caballos reventados que recorrían el continente para guerrear y liberar a sus pueblos, la sigo. La política separaría (mal argentino) a dos héroes como Lavalle y Dorrego. Ëste último era federal y gobernador de Buenos Aires. Lavalle, unitario y retornado al país, decidió derrocarlo de acuerdo con su gente, y no sólo eso, ordenó fusilarlo y no le dejó siquiera pronunciar sus últimas palabras.

Sería también su final triste. Porque la revancha no tardaría en llegar y, acorralado, decide con sus fieles soldados irse a Bolivia. Llegaron a Jujuy, perseguidos por Fortunato Blanco y 30 soldados. Finalmente, un balazo certero termina con su vida. Estuve en la puerta de esa humilde casita colonial de Tilcara, donde lo mataron,  en una oportunidad en que fui a cubrir unos entrenamientos en altura de la Selección Nacional. Una placa de bronce lo recordaba al laureado general Juan Galo Lavalle.

                         
La casita donde mataron a Lavalle y la placa que lo recuerda en la entrada
                 
La historia de ese patético final y las vicisitudes finales de ese hombre que entró al ejército con apenas 15 años, poniéndose a las órdenes de San Martín, las describe maravillosamente Ernesto Sábato en "Sobre Héroes y tumbas" consagrada como la mejor novela argentina del siglo XX y editada en 1961. En sus páginas indagó las "verdades últimas (y muchas veces atroces) que hay en el subsuelo del hombre"; tradujo sus obsesiones más autobiobráficas a las reflexiones sobre la historia nacional y profundizó la investigación de la relación entre la conciencia y el mundo exterior al sujeto.

¡Mamma mía! Empecé hablando del último tango de la orquesta de Juan D´Arienzo (que fallecería un año más tarde), y me metí en las encrucijadas de la historia argentina y sudamericana, que siempre regresa en filias y fobias, odios, peleas, intereses y desencuentros permanentes. Mejor, vuelvo al tango y escuchamos Riobamba (o Río Bamba) por la orquesta del Rey del compás, bajo la dirección de Carlos Lázzari.

Riobamba - Juan D'Arienzo


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