sábado, 8 de octubre de 2016

Los divorcios del tango

El título de la nota sería fuerte, de no suceder eso tan común en los tiempos que vivimos, la separación de las parejas. Sean matrimonios o parejas de hecho. Ha sucedido y sucederá. El tango, con su fuerte carga sensual y la música que nos emociona al bailar, fomenta la creación de parejas. Muchas de ellas, luego, deciden profesionalizarse y hoy día viajan por todo el mundo, viven nuevas y grandes experiencias.

Por otro lado el roce diario, el trabajo y ensayos en común, muchas veces producen fricciones y surgen nuevas  atracciones, que van minando a la pareja. Algunas consiguen sobrellevar la situación  y se mantienen unidas en la pista-escenario y en la vida, pero no es fácil al compartir las 24 horas, con sus viajes, atenciones, egos, recelos y toda esa parafernalia que los va envolviendo.

                                     
Juan Carlos Copes-María Nieves


Un caso mítico en el tango fue el de la dupla que integraban Juan Carlos Copes y María Nieves a quienes hemos admirado tanto sobre los escenarios y que triunfaron en toda regla en Europa y Estados Unidos cuando el tango no tenía arraigo alguno en esos momentos y estaba casi fuera de circulación. Gracias a ellos y a los otros bailarines de Tango Argentino, se abrieron las compuertas del deseo por bailar el tango. La separación definitiva de esa pareja  fue un golpe en toda regla para los tangueros.

Desde entonces se han multiplicado las parejas profesionales de bailarines y los profesores de tango como los peces y panes bíblicos, en casi todo el mundo. Muchos lo han tomado como fuente de trabajo e ingresos. Otros lo llevan adherido a los sentimientos. Pero lo que representaron Copes y María Nieves fue tan importante que, hay libros, escenas en televisión y hasta un filme sobre la pareja mítica del tango.

                                           
Javier y Geraldine


Lo malo de estas separaciones es que los protagonistas de las mismas parecen caer en un pozo de olvido, cuando ocurre el desencuentro. No sólo sucedió con los bailarines citados. Algo parecido ocurrió con Javier Rodríguez y Geraldine Rojas. Se conocieron  bailando cuando ella tenía apenas 15 años y acompañaba a su madre -María del Carmen La Turca- a la milonga Sin Rumbo, donde conocería a Javier, hijo de milonguero y profesor, y muy jovencito, con el que se fugaría para vivir juntos.

Sortearon todos los obstáculos y llegaron a ser los mejores, sin duda alguna, en Buenos Aires, Europa o Japón. Un espectáculo de elegancia, musicalidad y cómo caminar la pista. Más la técnica adquirida en casa de cada uno de ellos y en las milongas. Permanecen en el recuerdo de todos quienes los vieron en exhibiciones, clases y milongas. Se separaron y cada uno se fue por su lado, pero no volvieron a ser lo que eran, aquella maravilla de compenetración, sentimiento y transmisión al público.

                                           
Murat y Michelle


El amor influye positiva y negativamente en estas parejas. Cuando están bien, su enamoramiento se trasluce e irradian el mismo. Cuando están peleados, también se nota la situación desagradable. Sucedió con otra pareja que enamoró a todos aquellos que los disfrutaron en Estados Unidos, Europa o en Oriente. El turco Murat Erdemsel y la hawaiana Michelle Lamb. Emocionaba verlos bailar  por su sentido de las sensaciones musicales. La velocidad, la pausa, el quietismo. Todo adornado con suma elegancia, compenetración y los gestos amorosos que se prodigaban, especialmente por parte de ella.

Fueron aplaudidos y admirados  por donde pasaron. Pero, la vida tiene esas cosas y también ellos terminarían su relación después de unos cuantos años y se abrieron. Murat consiguió salvar la situación bailando últimamente con la francesa Sigrid Van Tilbeurgh, otra de esas bailarinas que convierten la danza en un placer artístico y visual. Michelle, en cambio, con todo su potencial, ha desaparecido de los primeros planos y no conozco su presente dentro del tango.

                                   


Y como hoy no tenemos el refugio de BIEN MILONGA en Madrid porque el salón está ocupado por la gente de Casa de Aragón, debido a las fiestas del Pilar, y no podemos milonguear hasta el próximo martes 11, me dedico a hurgar en las idas y venidas de estas parejas rotas que tantos halagos se ganaron con justicia en los festivales de todas partes.

Para ello recuerdo a aquellos Javier y Geraldine, con cariño y nostalgia, en esta muestra. Por ejemplo, bailando la milonga La espuela, por la orquesta de Juan D'Arienzo. ¡Qué pareja, por favor!

                                    


A Murat y Michelle los admiramos bailando el tango Dejame ser así, por Enrique Rodríguez, cantando El Chato Roberto Flores.

                                       
Y...así es la vida... pero me gusta verlos siempre aunque ya no estén juntos, especialmente a Javier y Geraldine, y no me canso de admirarlos.

3 comentarios:

  1. Michelle didn't disappear, she teaches around the world, and she even danced with Murat again in Tucson. This month in Washington
    https://www.facebook.com/events/1771260066460161/

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  2. En la nota digo claramente que no conozco su presente dentro del tango y que ha desaparecido de los primeros planos. Evidentemente no está apareciendo en los festivales de todo el mundo como sucedía hasta hace un par de años. Que siga trabajando y enseñando es lo normal, dada su gran capacidad.

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  3. A Michelle Lamb la vi bailando hace poco con guillermo de Fazio uno de los hermanos macana en Valen Tangos festival en California, hay algunos videos en youtube

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