lunes, 19 de septiembre de 2016

Pigmalion

Ástor Piazzolla llegó a Buenos Aires desde Mar del Plata con su bandoneón, se vareó en orquestas de poco fuste y en 1938 ingresó en la de Aníbal Troilo, donde, durante seis maravillosos años fue asimilando las cosas fundamentales del tango, que le irían haciendo camino hasta su triunfo en la órbita mundial de la música. Con sus luces y sus sombras reconocería siempre que aquella etapa le abrió las puertas del tango con esas voces secretas al fin reveladas.

En 1944 se va del conjunto de Pichuco con Fiorentino y dirigirá la orquesta que acompaña a este cantor, que había dejando un  hueco en el corazón de los milongueros. Así fue tranqueando fronteras, sumando su nombre a aquella rutilante constelación de orquestas cuando en 1946 lanza su propia formación. En una de sus presentaciones se reencuentra con Homero Expósito, ese poeta de Zárate que concurría al Tibidabo para escuchar a Troilo y con quien Ástor se había prometido escribir juntos alguna obra.

                                 



Y ese día había llegado. Estuvieron conversando, quedaron en verse y Homero le trae unos versos que Piazzolla entrevió de inmediato como ideales para hacerse un hueco en ese terreno. Ese tango se llamaba  Pigmalion, como la famosa obra teatral de Bernard Shaw, basada en el mito del escultor enamorado de la estatua de Galatea, que él mismo había hecho. En el tango, Expósito vuelve a remover las cenizas del amor trunco, aquellas trenzas (que me anudan al portón), pasión juvenil que le dejaron tamaña cicatriz y lo hace de manera distinta, renovadora del lenguaje tanguero.

Te forjé con mis sueños en flor,                         
tal vez me equivoqué
pero eso es el amor...
No debía creerte y te creía
la máscara vacía,
vacío el corazón...
¿Lloras?
Lástima de llanto, sin dolor
dado en pago de este amor,
este amor desesperado
y equivocado como yo.

A Piazzolla, los versos le dolieron. Algo sabía de la historia que Expósito desgranaba en sus tangos (como en La misma pena, que volvería a unirlos en la composición), pero le parecieron distintos a  los habituales y los vistió con música para estrenarlo con su orquesta y la voz del cantor Héctor Insúa, que se encontró con un tema nada fácil.

Homero Expósito
Vieja historia repetida                                                 
de los sueños juveniles...
¿En qué momento te dió vida
la cajita de buriles
que me hundiste en la caída?
Hielo seco
de tu amor que me ha quemado;
verso inútil, fruto hueco,
fuiste un eco sin pasado,
vieja historia repetida
del amor de Pigmalión.

Piazzolla lo llevaría al disco el 27 de enero de 1947. Y acá lo volvemos a escuchar.

Pigmalion - Ástor Piazzolla-Héctor Insúa


                                    

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