sábado, 2 de abril de 2016

Tango mío

Hoy estoy pensando en las realidades que pinta este lindo tango de los hermanos Osvaldo y Emilio Fresedo. Porque refleja lo que sentimos los que nos fuimos a vivir a otra parte, ese sentimiento que nos embarga, sobre todo cuando dejamos un tendal de amigos y recuerdos, y extrañamos esas pistas de baile donde se formó nuestro cuore milonguero. Que sigue vivito y coleando, aunque pasen los almanaques. Y aunque volvamos permanentemente para llenarnos de paisajes, milongas, asaditos y charletas.

Ahora, que la danza de este ritmo maravilloso y penetrante ha ido sacando patente en diversos lugares del mundo, y sigue creciendo a un ritmo alto, es muy grato volver a aquellos orígenes humildes, cuando aprendíamos a bailarlo en prácticas que se realizaban entre los muchachos del barrio. Las chicas lo hacían con sus hermanas mayores, amigas, o tías milongueras, mientras nosotros teníamos que aprender primero el rol de la mujer, para poder entender cómo se lleva a la pareja en la pista.

¡Tango!                                                               
tango mío que llegás al corazón,
¡Tango!
es pedazo de mi tierra tu canción.
¡Tango!
lejos, cuando se oye tu cantar,
a tu lado está otra vez
el amigo que dejás,
y estar lejos es un sueño.
¡Tango!
tango mío cuántas vidas ves pasar,
¡Tango!
alegrías y tristezas al vibrar.
¡Tango!
fuiste reo por tu cuna, sí,
por tu lengua, tu caló,
pero te sabés vestir,
todo el mundo te entendió.

Estos versos plasmados por Emilio Fresedo, que dejó el violín para dedicarse a fraguar poemas de tango inolvidables, se hace realidad cuando vemos los avances que se han hecho en distintos lugares del mundo, tan lejanos del país en que se inventó el tango y donde crecimos con él. Y los pensamientos me llevan a esa Estambul de leyenda, donde hoy el tango ha sabido conquistar un sitial de privilegio. Algunos de sus bailarines que sacaron chapa de milongueros, nos deleitan como si fueran aquellos que eran nuestro espejo en las milongas iniciáticas donde nos fuimos formando y ahormando.


                                         


Y voy con esta pareja turca de campanillas que lo bailan realmente muy bien, con estilo, elegancia y dominio de la pista. Una pareja que vale la pena apreciarla en acción porque lo hacen de maravilla. Son Esref Tekinalp y Vanessa Gauch Arabacioglu. Parecen salidos de mi barrio de Parque Patricios. Los podemos ver bailando el tango El puntazo, por la orquesta de Juan D'Arienzo. Agrandá la imagen y...¡Atenti!

                           

También podemos apreciarlos, bailando "a lo Pugliese" con la Orquesta Color Tango, y este tema genial: A Evaristo Carriego.

                                         

Y para terminar de solazarnos, vamos con una milonga: La mulateada, por la orquesta de Carlos Di Sarli y la voz de Roberto Rufino. Me encanta la pareja pero debo reconocer que me provoca admiración la sencillez y calidad con que Vanessa camina la pista o el escenario, dibujando estrellitas a su paso. No necesita de poses exageradas ni elementos llamativos en su andar. Es clase y buen gusto. ¡Una crack!

                                        

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