lunes, 29 de febrero de 2016

Tanturi y su ritmo milonguero

Me escribe una amiga que baila muy bien el tango, para pedirme que le hable de la orquesta de Ricardo Tanturi. Yo le explico que ya hice un par de notas sobre este músico, su conjunto y sus cantores fundamentales. Y sigo opinando que es indispensable la tanda de Tanturi en la selección que armo para las milongas, en las que funjo de discjockey, anche de milonguero.

Pero hoy aprovecho para apoyarme en el Informe completísimo que realiza  Tango Tecnia, en una investigación que abarca a numerosos países donde se baila tango, ya sea en Europa, Sudamérica, Estados Unidos, Canadá, Asia, Centroamérica, México, Oceanía, África, Oriente o Caribe. Luego de desmenuzada toda esa valiosa información, entre los años 2014 y 2015, sobre la predilección de los milongueros, nos encontramos con la realidad de que todas esas orquestas englobadas dentro del tango nuevo, electrónico y demás, figuran muy alejadas de los puestos importantes en estas votaciones. O sea, se han ido diluyendo...

                                                 



Las ocho más votadas son, en este orden: Juan D'Arienzo, Carlos Di Sarli, Osvaldo Pugliese, Aníbal Troilo, Francisco Canaro, Miguel Caló, Alfredo De Angelis y Ricardo Tanturi. O sea, las más milongueras. Entre uno y otro año hay ligeras variantes. Por ejemplo: Rodolfo Biagi está en décimo lugar, Ángel D'Agostino se ubica en el puesto 11, ¡La Juan D'Arienzo en el puesto 12!, Pedro Laurenz en 13, Enrique Rodríguez en el 14, Lucio Demare en el 15 o La Típica Victor en el 16...

Es bueno que tomen nota los historiadores de tango que no lo bailan. Es algo que yo siempre he dicho y comentado: los milongueros que forman una parte muy grande de los amantes del tango, tienen una oreja distinta que la muchos catedráticos que jamás lo bailaron. Por eso se pueden extrañar  que la orquesta de Alfredo Gobbi aparezca en el puesto 24, detrás de Francisco Lomuto (20) y adelantando por un puesto a la de Ricardo Malerba (25). Sólo he puesto algunos casos para ejemplificar.

                                       
La orquesta de Ricardo Tanturi con Alberto Castillo

 Y vamos con Tanturi. Un caso especial de formación porque se recibió de odontólogo y profesor de piano casi a la vez, empujado en este último caso por su hermano Antonio, que también lo era. Luego de actuar con su compañero Raúl Sánchez Reynoso en un piccolo conjunto de jazz, arrancó en el tango con un trío, en el que estaba también Sánchez Reynoso -fundador luego de la Santa Paula Serenaders- y el violinista Antonio Arcieri que seguiría junto a Tanturi más tarde.

Ya metido de lleno en la música popular, forma un sexteto al que llamó "Los indios" -por un conjunto de polo que estaba en auge-, y en su performance fue creciendo hasta convertirse en orquesta. Su entrada en Radio El Mundo le dió el pasaporte a la popularidad, lo que le permitió alternar en veladas tangueras que llegarían a su punto máximo cuando entra Alberto Castillo como cantor de la misma. Fue una verdadera revolución.

                                               
El arrastre impresionante del cabezón Castillo en el público

Castillo cambió las formas de canto y pasó de los estribillistas "que no hacían ruido", a imponerse con su voz canchera, distinta, arrabalera al mango y rompedora. Pero además cantaba a compás, igual que todos esos grandes del cuarenta, "y, ojo, que no le erraba a una nota", como me dijo una noche Pichuco. Castillo le sacó lustre a todos los temas que cantó e incentivó a la masa milonguera con su forma de empujarlos al realzar el canto merced a una voz potente, afinada y muy porteña.

Se alejó de la orquesta en 1944, sin haber cumplido 4 años con la misma, pero quedó el legado de sus 37 grabaciones y el subidón de la marca Tanturi en el escalafón tanguero. La buena oreja del Director se volvió a demostrar cuando contrata a un desconocido cantor uruguayo, Enrique Troncone, a quien prueba y lo contrata de inmediato, bautizándolo artísticamente como Enrique Campos. La contrafigura de Castillo. Se trataba de un cantor sencillo, que le daba una coloratura especial, familiar, amiga, a cada tema que cantaba y que, con el paso de los años, se ha vuelto indispensable en las milongas, gracias a las 52 hermosas grabaciones que dejó con la orquesta del maestro de Barracas.

                                 
Enrique Campos, a la derecha, cuando debuta y triunfa con Tanturi


Y hablando de la orquesta, yo admiro muchísimo el talento de su pianista Armando Posadas, que comanda magistralmente el ritmo genial del conjunto. Además le incorporó ese final marca-Tanturi, a casi todos los temas subrayando la penúltima nota y acabando con un pianissimo esfumante en la última. Para mí fue pilar de la orquesta y el sostén del ritmo, como Goñi con Troilo, o Salamanca con D'Arienzo. El primer violín Vicente Salerno, estuvo 25 años en la orquesta y comandó una fila de cuerdas de mucho nivel, además de aportar sus propias obras.

Tanturi alinearía siempre a cinco bandoneones, que descuellan magistralmente, marcando el paso, encabezados por José Raúl Iglesias, que entró de pibe en la orquesta y además de su relumbre en el instrumento, también aportó varios temas de éxito. Néstor Gondre fue el encargado de los solos de fueye y Francisco Ferraro estaría 18 años en la orquesta con su bandoneón. Como Horacio Perri que se mantuvo 15 años en el conjunto, o Juan Saetone. Entre los violinistas destaco a Milo Dojman que también formó allí.

                                   
La orquesta de Tanturi en 1942. Posadas es el segundo parado izq. junto al piano


El  musicólogo Luis Adolfo Sierra analiza así a esta formación histórica del tango:

- Ricardo Tanturi , que al frente de su orquesta "Los indios"  había logrado un amplio prestigio en nuestro medio (....), mantuvo una línea de ejecución también de corte tradicional, sin alardes de mayor inquietud musical. Fué otro de los exponentes más fieles de una forma de tango expresado con entera sencillez, que satisface cumplidamente las exigencias de un público que opta decididamente por ese tipo de ejecuciones. Y en el caso de Ricardo Tanturi es necesario además destacar la importancia conferida a la labor de los vocalistas del conjunto, como que compuso con Alberto Castillo otro de los rubros artísticos más cotizados de aquel momento.


Es cierto que grabó pocos temas instrumentales, pero los que dejó tienen una polenta tremenda. Son de los que hacen temblar el piso, por la urgencias de los zapatos de baile, repiqueteando al compás de la orquesta, en el suelo.

 Como ejemplo, y para sintetizar, traigo dos de ellos: La huella, de Manuel Aníbal Villanueva, grabado por la orquesta de Tanturi, el 27 de noviembre de 1941. Y Adiós pueblo, de Agustín Bardi, registrado en disco, el 14 de agosto de 1941. ¡CHAN...chan!...

021- La huella - Ricardo Tanturi

018- Adiós pueblo

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