sábado, 31 de octubre de 2015

Tango brujo


                                                               

Muchas veces en mis charlas y conferencias tangueras hablo de la expansión de esta música maravillosa por todo el planeta. Hace muchos años, Carancancunfa se hizo al mar con su bandera y fueron los Pizarro, los Canaro, los Bachicha, Los Bianco, los Orlando, Pettorossi, Arolas y tantos otros, quienes iniciaron la avanzada del tango y su expansión gambeteando las fronteras. El bandoneón dejó su huella mágica y Gardel retornado al pago natal, y con su gola, embrujó a los franceses. No habría vuelta atrás, salvo los paréntesis obligado por las guerras.

                                         


Y acá estoy yo en Madrid, como tantos otros, llevando BIEN MILONGA en la CASA DE ARAGÓN, de la  madrileña Plaza República Argentina, los sábados y martes a la noche, trayendo el milagro de esas notas agoreras que tanta magia encierran. Y el mundo entero celebra hoy ese tango que abrió caminos sin más ley que la esperanza, y hay Festivales de Tango en grandes y pequeñas ciudades. Y las pistas rebosan de milongueros de todas las nacionalidades que las copan siguiendo a ese Tango brujo, que decía Canaro.

Tango que sos un encanto
de quien escucha tus sones,
tango que atraés corazones,
con tus dulces cantos
y tus bandoneones.

Y juná si atrae corazones por todo el globo.


























                     

                                   




                                                                                                   
 

      

 



                                                                  

 








     








                


                                                               





Sos de cuna humilde
y has paseado el universo,
sin más protocolo
que tu música y tus versos.
Para abrirte paso
has tenido que ser brujo,
por tus propios medios
lograste tus triunfos.
Tango que sos un encanto
hoy vive tu canto
en mi corazón.












    






También lo preveía Manuel Romero hace más de
80 años:

Este es el tango, canción de Buenos Aires, nacido en el suburbio, que hoy reina
en todo el mundo.

Si, hay algo en tus entrañas
que hoy vive y que perdura.






Por eso los milongueros de todo el mundo nos citamos en las pistas como la de BIEN MILONGA en esta noche de otoño y nos rendimos a esa canción maleva, lamento de amargura, sonrisa de esperanza, sollozo de pasión.

Y ya que estamos en esta vuelta por  tantos países renidos al conjuro del tango, vuelvo con esa pareja que nos muestra que el tango es abrazo, sensualidad, elegancia, plasticidad, musicalidad. Se trata del turco Murat Erdemsel y la hawaïana Michelle, que nos deleitan con este tango parido en fronteras europeas por el violinista argentino Mario Melfi y el poeta italiano, aunque aporteñado en la Reina del Plata, Mario Battistella: Remembranzas. Lo bailan y lo disfrutan, por Juan D'Arienzo y su cantor Jorge Valdez, en el Festival de Bruselas.


                                              

Si esto no es arte, que baje El Cachafaz y lo vea. Y después de este juego magistral, chau pinela, me voy a tomar unos matecitos amargos, escuchando tangos, claro... Y questa notte, a mover las tabas a mover.







                                                                        
                                                                                       


                                                                                               




  



jueves, 29 de octubre de 2015

Piazzolla: La época romántica

En el año 1965 comienza la relación de Átor Piazzolla con los directivos del sello Polydor y dejaría grabados con ellos dos elepés y un EP. el primero es el Concierto en el Philarmonic Hall de New York con su quinteto. A continuación con Orquesta y Quinteto dejará en el disco: El Tango. Jorge Luis Borges-Ástor Piazzolla (canta Edmundo Rivero y recita Luis Medina Castro). Y con el Quinteto deja grabados cuatro temas suyos.

En el mismo sello, dos años más tarde,  Piazzolla comienza un proyecto nuevo con el título de: La historia del Tango. Su idea era registrar la misma separándolas en tres etapas. Las sagas se dividirían en décadas del tango, revisitadas musicalmente. Primero la Guardia vieja, luego la Época romántica, y finalmente la Renovadora, su época.

                           



Esta última quedó en aguas de borrajas, por distintos motivos, entre otros por la escasa repercusión en ventas de los dos elepés iniciales. Fue una pena, porque la cosa pintaba linda. En el primer disco, Piazzolla, que hizo los arreglos correspondientes, escogió temas de gran pegada como La cumparsita, La cachila, Sentimiento gaucho, Quejas de bandoneón y 8 tangos más, musicalmente aggiornados a su manera y con excelentes músicos enrolados en la orquesta.

En aquellos años, Piazzolla admiraba a Maderna, a Maffia, Artola, Laurenz y a Aníbal Troilo. Incluso comentaría públicamente sus sentimientos con mucha sinceridad:

-Yo aprendí de aquel Troilo la esencia pura de sentir para tocar el tango. Luego se convertiría en mito y prefirió eso a la evolución. Pero no sólo de Pichuco aprendí, también de Osvaldo Pugliese, de Orlando Goñi, de Alfredo Gobbi. Para mí, Gobbi fue mucho más importante que Troilo; aprendí muchísimo de él, Argentino Galván también era importante en esa época, aunque como buen intuitivo, se repitiera un poco.  Y de Horacio (Horacio Salgán), un hombre que ha estudiado mucho, y eso se nota en su manera de instrumentar, de tocar el piano, también aprendí. Él, más que un sonido de tanguero hace un sonido de pianista.

Ya sabemos que con los años, con sus conjuntos diversos, sus viajes por varios países y los estudios constantes, fue mirando hacia atrás con cierta rémora y cambiando de opinión, aunque eso no fuera privativo suyo, dado que los años nos van dando a los humanos nuevas perspectivas.

De la época romántica, extrajo temas tan valiosos como Taconeando de Maffia; Griseta de Delfino,; Los mareados, de Cobiám; Loca bohemia de Francisco De Caro; Recuerdo, de Osvaldo Pugliese; Boedo, de Julio De Caro, En las sombras de Joaquín Mora, La revancha de Pedro Laurenz, Pampero de Fresedo y Noche de amor, de Fernando Franco.




El Quinteto que grabó aquellos temas, estaba integrado por Osvaldo Manzi al piano, Antonio Agri en violín, Oscar López Ruiz en guitarra, José Bragato en cello y Piazolla en bandoneón, arreglos y dirección. Pero además se agregaron 12 violines, 4 violas, 4 cellos, vibráfono, campanelli, xilofón y voz soprano. En ese momento al director le gustó mucho el resultado pero años más tarde estaba menos satisfecho. Lógico, era un inconformista irredento.

Creo que vale la pena volver a escuchar un par de temas del segundo elepé.

Podríamos empezar por Boedo, el tango de Julio de Caro, donde en los solos de violín se lucen Enrique Mario Francini, Hugo Baralis y Antonio Agri. Y seguirla con Recuerdo, ese tango inmortal de Don Osvaldo Pugliese, en el que hay un solo de cello de José Bragato.

06- Ástor Piazzolla - Boedo

05- Ástor Piazzolla - Recuerdo

martes, 27 de octubre de 2015

Un cuento milonguero

Hoy se me ocurrió, por vez primera, publicar uno de los tantos cuentos que se han escrito, relacionados con la vida milonguera. Los que nos hemos curtido en ellas, agradecemos la imaginación de estas personas que tienen talento para expresar las vivencias de las milongas, lo que vibra entre tanda y tanda, y fuera de la escena principal: la pista de baile. Sé que los asiduos a esos encuentros íntimos y maravillosos, lo sentirán más que otros.

En este caso traigo un cuento escrito por Graciela H. López, psicoanalista, escritora, milonguera y organizadora de milongas porteñas, con la que he charlado en Madrid y Buenos Aires.. Lo extraigo de un libro suyo editado en Madrid por mi amigo Eugenio Úbeda, titulado: Secretos de una milonguera. En la dedicatoria dice:
                                                                                             A causa de Ricardo y Susana.

ALADINO Y EL TANGO MARAVILLOSO

  Pensativo, con un whisky en la mano, pero sin tomar ni un sorbo, dolorido, Miguel la mira.
  La mira bailar.
  Preciosa, mucho más sexy, mucho más mujer que cuando fue de él. Ella pasa, con otro, delante de su nariz.
  Bailan demasiado apretados, el tipo baila mal, apoya los tacos, no me convence, se dice absurdamente.
  ¡Qué importa! Si ella baila con los ojos entornados y esa cara de embeleso, una cara que hace tantos años no le veía.
  ¿Alguna vez habrá puesto esa cara bailando conmigo?
  No creo, nos peleábamos, nos echábamos la culpa si un paso salía mal, recuerda.
  Miguel no tiene ganas ni de moverse, aunque hay varias mujeres mirándolo, invitándolo a bailar con la mirada. revuelve el hielo de su vaso con un dedo. Se acuerda que a ella eso no le gustaba, era algo chancho, decía.

                                 


  La música se detiene y las parejas se dirigen a sus mesas.
  Ese ganso no debe saber que esa linda morocha fue mi "jermu", si no, no pasaría tan tranquilo llevándola de la cintura, el baboso.
  No puede contarle a nadie. Todos muy buenos, pero ninguno es su amigo. No hay amigos en la milonga. Así es mejor, que nadie sepa que no puede dejar de sufrir.
  Nadie sabe nada y le parece que esa reserva lo ayuda a disimular tanta angustia. ¿Podrá ser cierto esto que está viviendo? Parece una pesadilla.
  La mira de lejos, ella vuelve a bailar con el mismo.
  Sí, ya no quedan dudas, anda con ese imbécil que no le llega ni a los talones a él.
  A él que fue su esposo, el padre de sus hijos. A él que trabajó y se deslomó tantos años, que pensó que el matrimonio era para siempre.
  Aunque nadie sabe, le parece que todos lo miran. Vuelve a reparar en varias mujeres que quieren bailar con él, que ponen esa mirada como interrogando, como diciendo ¿porqué hoy no? Y él no puede ni pararse. Tiene miedo de que falle el control de su emoción.

  Maldice mil veces el día en que se les ocurrió aprender a bailar tango.
  Tiene ganas de ir a buscarla, hasta aquel costado del salón, y llevarla de una oreja para casa. ¿Pero qué casa?
  Ya no hay casa, ni vida en común, ni Navidades, ni vacaciones juntos.
  Sabe que ya van a hacer tres años de todo aquello. Pero no puede resignarse, no soporta verla así, exhuberante y atractiva, con esa ropa que él jamás le hubiera permitido usar.
  Una loca, eso, se volvió una loca cualquiera, mirá si la vieran los chicos.
  También es cierto que está muy linda. Miguel acepta esa idea a regañadie3ntes, como si discutiera con él mismo.
  ¿Por qué no se vestía así antes? ¿Por qué cuando estábamos casados era una gordita desarreglada?

  De golpe la mirada de ella lo enforca, lo taladra, lo captura en una especie de insinuación especial. Siente esos ojos punzantes en su cara. La mira, ella sonríe apenas y con un gesto simpático, a la distancia, le pregunta ¿bailás?
  Él sale disparado hacia allá, como un autómata, sin pensarlo, como obedeciendo a algo.
  Cuando llega hasta ella, ve llegar al otro hombre al mismo tiempo, detrás de él. Hay un momento de confusión, de estupor de los tres.
  El otro se adelanta para tomar a la mujer, ¡a su mujer! en los brazos.
  Entonces sucede el milagro, ella le dice al otro:
  -Mi amiga quiere bailar con vos un tango. Dejá que yo bailo con el señor, que se vino hasta acá, cambiemos,
  La otra, amiga de ley, sin duda, se para y se acerca al desconcertado, sonriente. Salen a bailar.

  Miguel toma en sus brazos a su ex mujer, esa que ahora lo atrae y lo marea con su perfume, ese que él conoce tanto. Ese perfume que añora en su almohada tantas noches.Le dice al oído.
  -Gracias por salvarme del bochorno.
  -De nada, usted se lo merece, dice ella con ternura.
  Una complicidad extraña, dulce y pícara, se instala entre ellos, mientras bailan, un poco estremecidos.
  -Antes, conmigo no te vestías así tan linda, dice él.
  -Vos tampoco me mirabas como ahora, contesta su ex mujer, ahora deslumbrante.
  Él quiere halagarla, seducirla.
  Advierte que no será jamás otra vez su mujer, la cotidiana, la que lave su ropa.
  Lo sabe, lo percibe en su cuerpo, mientras bailan. Y tal vez por eso mismo, la desea más que nunca.
  Ella siente esa diferencia, vuelve a sentirse mirada, como esa mirada que enciende la piel. Recuerda la vida en común, la cara indiferente, distraída de Miguel, los ojos brillantes, pero para otras.

  Se acuerda cómo la buscaba al final de las reuniones, de las fiestas, como quien busca el abrigo para irse. Ella siempre en desventaja, sintiéndose torpe, deslucida.
  Hasta aquella vez. Hubo aquel día en que dijo basta y ese día fue definitivo. Sintió que no iba a haber vuelta atrás.
  -¿Acaso habrá otro modo, otra manera de encontrarse?
  Tal vez puedan ser novios. ¡Qué gracioso! piensa él, ser el novio otra vez. Miguel medita, delibera y sonríe mientras el tango termina. Se despiden, sin hablar, con una mirada.
  Él, feliz como un pibe, interpreta sin dudas esa mirada:
  -"hasta la semana que viene, mi amor, nos volveremos a encontrar aquí".

                                       


  El salón de baile, acostumbrado a los desatinos humanos, volverá a ser una vez más testigo del desencuentro, cuna del dolor, mudo observador de tanta pena desolada, de tanta decepción.
  Porque Miguel, esperanzado, creerá que pronto todo se va a arreglar, que volverán a lo mismo de antes.
  Pero ella sabe que el cristal del amor está golpeado y volver a lo mismo la espanta. Tiene una determinación tan intensa, que hasta ella misma se asombra. No más costumbre, ni hábito, ni rutina. No más la mirada indolente y distraída.
  Es tan fuerte su afán, que repentinamente el salón de baile se vuelve lámpara de Aladino, ésa que frotándola concede un deseo.

  Entonces ella se anima y lo pide: Aladino, por favor, no me dejes tentar y volver a vivir con él. Lo amo demasiado.
  Quiero que siempre, pero siempre, cada vez que yo entre aquí, me mire con los ojos brillantes, llenos de deseo.
  Quiero que venga con la esperanza de encontrarme, con el anhelo y la locura a flor de piel.
  Aladino, si no es mucho mi antojo. ¡quiero ser su amor imposible!

 


sábado, 24 de octubre de 2015

La vida es una milonga

Yo no sé si Rodolfo Scianmarella (que fue inventor de los jingles modernos en España durante el exilio), sabía bailar tango, aunque escribió varios de muy buen gusto y el título de esta milonguita que cantaba Martín Podestá con la orquesta de Pedro Laurenz, nos pone otra vez, desde temprano en situación para darle con todo esta noche en BIEN MILONGA, la que hacemos los sábados y martes en la Casa de Aragón de Madrid.

El secreto consiste en no bailar para los demás sino para uno mismo. Por eso, algunos presuntos exhibicionistas en la pista que se salen del libreto establecido, quedan retratados. Un Di Sarli, un Pugliese deben degustarse a fondo, íntimamente, como ascetas. Pero hoy no quiero dar cátedra, al fin y al cabo todos vamos a pasarla bien, a disfrutar con esa música y como diría uno que la sabía lunga : "se hace lo que se puede". Y porque la vida es una milonga nos citamos esta noche recordando las palabras de Scianmarella al respecto:

La vida es una milonga
y hay que saberla  bailar,                        
en la pista está sobrando
el que pierde su compás.

La vida es una milonga
y hay que saberla bailar,
porque es triste estar sentado
mientras bailan los demás.

 Al fin de cuentas, ese prolijo pedante que exhibe las plumas de lo banal, es un eterno aspirante al escenario donde triunfan y claudican milongueras pretensiones, que decía El Negro Cele. Por eso en nuestra milonga se junta gente que disfruta al mango de esos ratos bailables, senza alardes, pero con un sentimiento gaucho bien posta.

Y luego de esta perorata cariñosa, porque son todos necesarios con sus virtudes y sus defectos, me voy a dar la vuelta sabatina y arranco mi viaje semanal por una milonga de postín, la Sin Rumbo del barrio de Villa Urquiza, en Buenos Aires, que atesora un sinfín de recuerdos. Allí los vemos a esa espléndida pareja, María y Carlos Rivarola iluminando la noche. Y lo hacen bailando con la orquesta de Osvaldo Pugliese, y el tango Don Agustín Bardi.




Y en una de esas vueltitas largas y rituales que me hago hoy, (total son gratis) aparezco en Nueva Zelanda. Y disfruto en la ciudad de Wellington con la pareja integrada por Michelle y Joachim  que se lucen con el tango Derrotado, por Carlos Di Sarli, cantando el Chocho Roberto Florio.

 


Y nada mejor que cerrar precisamente estas exhibiciones, con la que realizan Neri Piliu y Yanina Quiñones, en Odessa esa hermosa ciudad ucraniana a orillas del Mar Negro. Y lo hacen precisamente en el Tango D'amore Festival, con La vida es una milonga.

Mirá vos!

                                        

                                           

                                                                                                                  

viernes, 23 de octubre de 2015

Fuimos

El título de este tango ya es poesía, metáfora, tiempo, olvido, asedio de la memoria. La elegía de Homero Manzi y sus vivencias personales se tradujeron en unas páginas que se tradujeron en canciones inolvidables. Esas que reverberan precisamente en los momentos en que el alma te golpea en la puerta del cuore y te atosiga de recuerdos felices, ingratos, dulces, inolvidables. Por eso vuelven siempre, como Pichuco a su viejo barrio.

Precisamente Homero decía que él no podía escribir inventando, sino recordando. ¡Y qué recuerdos! Sus poemas de amor, traducidos en tango por compositores que supieron inyectarle la música adecuada, están presentes en cada momento, pero sobre todo cuando te acorrala la melanco por tantas historias que hemos vivido. Hasta cuando los bailamos, sentimos ese achuchón que nos retrotrae al pasado y a historias que quedaron deshilachadas por la caída de las hojas del almanaque.

                                        
Homero Manzi

La enorme carga expresiva que tiene el tango Fuimos, queda cincelada en esta entrada que te coloca en situación y en la atmósfera con que nos atrapa el poeta:

Fuí como una lluvia de cenizas y fatigas
en las horas resignadas de tu vida...
Gota de vinagre derramada,
fatalmente derramada sobre todas tus heridas.

Los misterios de la realidad, el amor fou, nos van internando en esa casa de niebla que nos presenta las realidades fragmentadas del pasado y confusas del presente, envueltas en esa pesadumbre tan querida. Tan bellamente expresado.

Fuimos abrazados a la angustia de un presagio
por la noche de un camino sin salidas,
pálidos despojos de un naufragio
sacudidos por las olas de un amor y de la vida.
Fuimos empujados en un viento desolado...
sombras de una sombra que tornaba del pasado.

Uno se sumerge en estos versos, en estos deschaves intensos y conmovedores del cuore, de un hombre que vivió poco, amó mucho y todo lo dejó amarrado en unas páginas estallantes, arrebatadoras,  de tremendas resonancias, llenas de antiguas cicatrices, donde más que el tiempo parece que reina la eternidad, y salís del trance tocado íntimamente.

                                             


En esta magia evocadora, el paisaje musical que la adorna y eleva, también se dan algunas casualidades harto emotivas. Porque el compositor que acompañó a Manzi en esta hermosa página, fue el rosarino José Dames, un bandoneonista que estudió con Carlos Marcucci en Buenos Aires, e integró numerosas orquestas, como las de Rodolfo Biagi, Francisco Rotundo, Anselmo Aieta, Juan Canaro, Ricardo Pedevilla, Atilio Bruni y otras.

                                           


En un encuentro que tuve con él en el café de la esquina de Radio del Pueblo y otras, me lo presentó Julián Centeya, como comenté alguna vez. y me decía que sus hermosas páginas, Nada, Tristeza marina, Tú, Por unos ojos negros, o No me importa su amor, con distintos poetas, no las trabajaba con la música en su fueye, sino cuando iba viajando en el tranvía. "Ahí repasaba los versos y les iba hilando la música", nos contaba.

Y lo impresionante del caso, es que Dames vivió muchos años en ese triángulo del barrio de Nueva Pompeya que forman las calles Esquiú, Tilcara y Abraham J. Luppi, justo frente a la plazoleta, en la última calle citada, donde estaba el corralón que tanto citaba Manzi y al lado de la escuela donde Homero hizo como pupilo toda la enseñanza primaria.

                                       



El 17 de agosto de 1998  le pusieron el nombre de José Dames a dicha plazoleta, cuando habían transcurrido cinco años de su fallecimiento. Concurrieron varias figuras, diputados, actuó el grupo coral Manoblanca, Las guitarras argentinas, bailaron Mingo y Esther Pugliese  y como nota más emotiva, el hijo de  Dames cantó precisamente el tango Fuimos que logró emocionar a los presentes.

El que hoy traigo en dos versiones. La que más me gusta, que es la de Roberto Chanel con la orquesta de Osvaldo Pugliese grabada el 28 de marzo de 1946 y la de María de la Fuente, con la orquesta dirigida por Américo Belloto, registrada ese mismo año.

05- Fuimos - Osvaldo Pugliese-Roberto Chanel

08- Fuimos - María De la Fuente


miércoles, 21 de octubre de 2015

Arturo De Bassi

Anoche en la milonga que llevo en Madrid estaba bailando con Juan D'Arienzo (¡Cómo pudieron criticarlo tanto!) y de repente sonó El romántico, un tango hermoso que me pone a cien sobre todo en la eléctrica versión del Rey del compás, que yo había seleccionado previamente. Me hace vibrar de una manera especial. Y justo en esa misma tanda también estaba otro golazo fantástico de D'Arienzo: Don Pacífico.  Es que no dan ganas de que terminen nunca porque volás con las pies y el cuore.

Y pensaba en Arturo De Bassi ese formidable músico que es autor de esas dos versiones puramente instrumentales. Recordaba entonces aquellas palabras del g ran Horacio Salgán cuando mi querido amigo, el alemán Göttling, le preguntaba por músicos que respetaba. Y Salgán mencionaría a Aníbal Troilo, a Carlos Di Sarli,  Francisco De Caro, Enrique  Delfino y Roberto Firpo, sobre todo este último por su faceta de compositor. Pero además afirmaba:

-Hay un músico que generalmente es salteado, para no decir olvidado, que tiene enorme mérito: Arturo de Bassi, autor de La catrera.

                                               
Arturo De Bassi


Y no ha sido el único al que he visto haciendo tales afirmaciones. Francisco Canaro fue un gran admirador suyo. Juan D'Arienzo lo conoció de pibe, porque De Bassi, vivió con sus padres en Balvanera, el barrio del Rey del compás, que en sus comienzos estuvo entreverado en los teatros, formando parte de las orquestas de los mismos, como lo había hecho también el autor de La catrera.

Tuvo una buena amistad con el músico que luego pasaría a la dirección artística del Teatro Maipo, por mediación del sainetero y autor de tangos, Roberto Cayol -a quien le dedicó El caburé- dejando de lado la música por un tiempo, y le grabó no sólo estos dos  tangos mencionados sino también Canchero (con letra de Celedonio Flores), El caburé,  El incendio, Yo me llamo Eloy Peralta (letra de Jacinto Font) y La catrera. De Bassi fue un compositor de fuste que desarrolló una parte fundamental en los cimientos del llamado "tango milonga" y su nombre debería figurar entre aquellos que destacaron precisamente en los lineamientos del tango instrumental.

Su padre fue el maestro de música y director de bandas Cayetano De Bassi, y les enseñó a sus hijos Antonio y Arturo los fundamentos de la misma. Posteriormente, el creador de El romántico, continuó estudiando con los profesores Sanmartino y Stileghi. Fue clarinetista y pianista en orquestas de teatros, dirigió y grabó con una rondalla, y también tendría al final su propia orquesta que tocaba en Radio El Mundo. Pasó por una etapa de enfermedad que lo alejó del ambiente y también un buen día decidió dejar todo y marcharse a Europa.

 
Desembarcó en Portugal, de allí siguió en tren a Madrid y su corazón se impregnó de emociones grandes, como cuando se cruzó con un señor que estaba silbando A media luz, algo que le relataba a uno de los Bates, autores de un libro de reportajes que hizo historia. No podía imaginar en ese momento que muchos años más tarde, varios de sus tangos se bailarían en las pistas, no sólo de la Madre Patria, sino en casi todo el mundo.

Arturo De Bassi compuso además algunos tangos fundamentales como Manón, con letra de Antonio Podestá; Mentiras criollas; Mano blanca y Ayer con Homero Manzi; Mosquito, Auxilio, Presentimiento, Maruca y otros temas que en su momento marcaron el rumbo porteño, criollo del tango de sus tiempos. Hay que tener en cuenta que algunas de estas composiciones son de la primera hornada. Como El incendio (1905), El caburé (1911) o Ma qui fu, su primer tango que data de 1903.


Y yo lo traigo hoy a De Bassi (1890/1950) con dos de sus tangos: Manón (1933), por la orquesta de Osvaldo Fresedo con el cantor Oscar Serpa, grabado el 17 de julio de 1942 y El romántico, porque mi piacce tantissimo, por Juan D´'arienzo que lo llevó al disco el 21 de septiembre de 1944. Lo volvería a grabar en 1952, pero me quedo con la primera versión. Y olé.



11- Manón - Osvaldo Fresedo-Oscar Serpa

    123- El romántico - Juan D'Arienzo



lunes, 19 de octubre de 2015

Amanecer ciudadano

Éste es el titulo de un tango de Víctor Lavallén, que a la vez da nombre a un compacto en el que, el bandoneonista rosarino incluye temas clásicos como La maleva, Milonga triste o El abrojito, junto a otros de su autoría, entre los que destacan precisamente Amanecer ciudadano o Meridional. Son temas muy logrados que vuelvo a escuchar en esta mañana lluviosa y que me han empujado en dirección al Blog para revivirlas en parte.

Los músicos que juntó para su formación en ese año 2007 de la citada grabación, conforman un núcleo de profesionales relevantes, de atesorados conocimientos y sensibilidad tanguera, junto a jóvenes que venían pisando fuerte. En la fila de violines se alinearon: Miguel Ángel Bertero (solista), Norberto García, Fabián Bertero, Sebastián Prusak, Javier Weintraub y Pablo Borzani. En violas: Wáshington Williams y Cristina Bara. En Cellos: Diego Sánchez (solos), Luis Bravo, Néstor Tedesco y Patricio Villarejo. Contrabajo Daniel Falasca. Bandoneones: Víctor Lavallén (solista), Lalo Micheli, Carlos Corrales, Horacio Romo y Santiago Maggi. Piano Abel Roganti (excepto en El abrojito, Meridional y La maleva, en que el sitio lo ocupa Cristian Zárate).

                                 
       
                                       
El resultado es buenísimo y nos alienta para seguir poniéndoles la oreja. En algunos casos restallan los fueyes, en otros las cuerdas juegan un papel que se adapta a esos días grises que estamos viviendo en Madrid,  y en general, todos tienen especial participación y es un logro grupal de su director que destaca no sólo en el bandoneón solista y los arreglos, sino también precisamente en la orquestación que permite embellecer el resultado general.

Con una lunga y lucida trayectoria en sus fojas, después de haber arrancado con 13 años en la orquesta de Eduardo Serrano (Los Serrano), formó en las de Antonio Arcieri un año más tarde, Miguel Caló entre 1951 y 54, y siguió escalando posiciones con  Enrique Francini, Ángel Domínguez, Miguel Nijensohn, Atilio Stampone o Juan José Paz. Por fin llegaría en 1958 a su orquesta preferida: la de Osvaldo Pugliese. Allí permanecería hasta 1968, en que junto a sus compañeros Osvaldo Ruggiero, Emilio Balcarce, Oscar Herrero, Alcides Rossi, Julián Plaza y Jorge Maciel como cantor, formaron el Sexteto Tango.

                                   
                                           
Nos encontramos en Los 36 Billares viendo a la orquesta de Fabián Bertero

                             
La separación de Pugliese fue amistosa y el Sexteto tendría mucho éxito pese al bajón del tango en las circunstancias históricas del país y se mantuvieron veinte años en el candelero incluyendo viajes por numerosos países. Otra separación, su inclusión en Color Tango y luego la proyección internacional con Forever Tango, un espectáculo con músicos y parejas de bailarines que recaló con gran suceso en Estados Unidos y Canadá.

Desde entonces el hombre no ha parado,  y sigue brillando con su fueye y su talento en la Orquesta Emilio Balcarce y en diversos conjuntos. Incluso se ha estrendo un documental sobre su vida artística. Formado junto a Eladio Blanco, aquel bandoneón de la orquesta de D'Arienzo que le enseñó muchas cosas, Víctor Lavallén talla firme y transmite sus conocimientos a los chicos jóvenes que van llegando, insistiéndoles en que "deben sentir lo que están haciendo, respetando siempre al tango. No basta con tener un bandoneonista en un conjunto joven, si no hay sentimiento y respeto por el género, porque terminarán tocando para ellos y no para la gente".

                                       

Extraigo de ese CD que produjo el sello EPSA en el año 2007, dos temas para degustarlos sin prisas porque valen la pena. El primero es De Norte a Sur, un tango del mismo Lavallén que nos instala en las distancias. Y el complemento de El abrojito, tango de Luis Bernstein. Ambos son instrumentales y llevan el arreglo del propio director.

10- De Norte a Sur - Víctor Lavallén y orquesta

4- El abrojito - Víctor Lavallén y orquesta

   


sábado, 17 de octubre de 2015

Las tangueras

En realidad, nos estamos refiriendo a las milongueras, porque la letra de este tango señala precisamente a esas bailarinas que engalanan las pistas y que nos atraen como la miel a las moscas. Claro, a la inversa viene a ser lo mismo, y eso lo experimentamos esta noche en BIEN MILONGA, que desarrollamos todos los sábados y martes a partir de las 21 horas en la Casa de Aragón, situada en la Plaza República Argentina nº 6 de Madrid.

Aunque los tiempos han cambiado y se ha desencorsetado la vestimenta que solíamos usar en  las milongas de los años cincuenta, con el mejor traje, camisa y corbata de prima, mientras ellas se vestían de fiesta, en el caso de los hombres la cosa ha cambiado. Se busca sobre todo la comodidad en la ropa que usamos, pero ellas siguen empilchándose como para una fiesta y enfarolan las milongas como en este tango rioplatense de Ernesto Pierro y Mario Valdez, que ven así a LAS TANGUERAS:

Tangueras...
de Maroñas y Saavedra,
de Pocitos y Pompeya,                                                
de La Unión y Balvanera...
Tangueras...
con oleaje en las caderas,
en los ojos una hoguera
y pasión arrabalera...
Tangueras...
que detrás de la quimera
dolorosa del amor,
van dejando piel afuera,
enredado en las polleras
en un tango el corazón.

Como para muestra basta un botón, vamos a viajar por el ancho mundo y así vemos que las milongas han logrado una evolución democrática en las pistas, mientras que los hombres se matan en batallas interminables y los gobernantes juegan a la guerra con una ferocidad digna de psquiatras. Por eso nos refugiamos en estos sitios donde el corazón se inunda de tango y se baila con amor a esta música.

Por ejemplo, un paseíto por Moscú, nos permite disfrutar de ese tango genial de Osvaldo Pugliese, Recuerdo, bailado por Ekaterina Koptelova y Christian Henríquez. Y este gotán sí que es un flor de bombazo..., pero para disfrutarlo con el cuore y los remos.




Un saltito a Taipei -China- y escuchamos a la orquesta Aroselli-Daniel Liu, en este Festival donde interpretan la Milonga brava, y tres parejas de maestros conocidos la bailan  de lujito.




Y como esto de las exhibiciones  dan para mucho, la que viene es de vértigo. Remedando a Juan Carlos Copes y María Nieves que lo inventaron en Las Vegas  (U.S.A.), hace unos cuantos carnavales, cuando bailaron la Milonga de la Mesa sobre una de ellas cuadrada, de metro por lado, también hay quienes hoy día se animan a hacerlo.

Por ejemplo Fakundo Amaya y Tamii Borda, que en Nueva Zelanda, se animan a repetir aquel logro, bailando La cumparsita por la Orquesta característica de Feliciano Brunelli. Les recomiento pinchar en la parte de abajo y agrandar la imagen al completo.


                                                        
Cosa'e locos, ché...




                                                                                        

jueves, 15 de octubre de 2015

Ensayando

Este tango es del bandoneonista Alejandro Prevignano, el único que yo le conozco, y fue grabado por la orquesta de Osvaldo Pugliese cuando él militaba en las filas del maestro de Villa Crespo. Es sabido que a Pugliese le gustaba que sus músicos compusieran y arreglaran, que por algo era una cooperativa, y los ejemplos de lo logrado por esa comunidad, están a la vista. Creaciones maravillosas, arreglos de gran calado, incluso renovando páginas del acervo histórico tanguero.

Los ensayos de esa orquesta siempre dieron motivos al elogio o a la curiosidad. Recuerdo cuando unas personas de Avellaneda , especialistas en apuestas, compraron la boite Michelángelo para poder tener a los conjuntos de Troilo, Pugliese, D'Arienzo, Di Sarli y otros en el escenario del mismo. Era como darse el gusto de contratarlos para solazarse ellos personalmente. Uno de los componentes de aquella sociedad, me contaba asombrado, entonces.

                                              
Ensayando con los fueyes: Binelli, Álvarez, Prevignano y Penón

  -Lo increíble es lo de Pugliese, se pasan horas y horas ensayando y discutiendo. Yo creía que hacían todo de memoria, simplemente leyendo las partituras, pero ellos son distintos. Se lo toman a pecho y a veces incluso llegan a cabrearse....

Beba Pugliese, la querida amiga, hija de Don Osvaldo lo cuenta así en su libro:

  -Yo era niña todavía. La orquesta de papá ensayaba en casa... Los músicos captaban el sentir del director y era como una sola vena, artística y vocacional.... La casa se llenaba de ecos musicales , de arpegios donde destacaban los rezongos de los bandoneones, sus variaciones -yeites, códigos que tiene nuestro tango-, el despliegue melódico y armónico, los arrastres, los silencios, y esa marcación metronómica del contrabajo juntamente con el piano... ¡Qué delicias! Y qué placer para mí era presenciar todo aquello, ¡qué privilegio! Escuchar en los ensayos repetir fraseos, cantos contracantos, preguntas y respuestas de los instrumentos hasta lograr el ajuste perfecto que querían, ese conjunto de sonidos que declama continuamente nuevas sensaciones elevando el espíritu, llegando a una exaltación pocas veces experimentada.

Otro que tuvo la suerte de presenciar esos ensayos años más tarde y contarlo en un piccolo librito, fue Arturo Marcos Lozza. Esta vez ocurrió en el Profesorado de Música de la calle Sarmiento, y alguno de esos pasajes, Lozza lo relata de esta manera.

La orquesta de Pugliese en el ensayo. Prevignano, Álvarez y Lapinta en fueyes

  -En uno de los rincones aguardaba Copacabana, tango ilustre de Julio De Caro. Apenas retornó Pugliese, tomó esa partitura. "Copacabana", confirmó. Otra vez el murmullo de papeles, voces, cuerdas, sillas arrastradas hacia el lugar exacto, ronquidos de bandoneones, palabras aclaratorias con dedos que recorren los pentagramas.

   -¿Ya están las cosas en orden? Gira la cabeza el maestro. "Un, dos, tres..." Copacabana. Pero no: "no hay nada, nada de lo que ensayamos el otro día, no hay ni un matiz en lo que están tocando", frena el maestro, se levanta, mete las manos en el bolsillo, parece cabrero: "el acento ¿se olvidaron?. Hace indicaciones sobre la partitura. Repiten: "un, dos, tres...". Manda a parar.
   -(...) Vamos, "Copacabana" de nuevo, y arrancan por cuarta vez, nos invaden los ritmos, los músicos se arrebatan, hay una especie de embriagación colectiva, los botines lustrados de Lapinta y las botas de gamuza de Rivas talonean el piso al compás, los misterios del tango canyengue surgen de las baldosas, flotan corcheas que se chocan en los "rubattos" y "strapattos", precipicios de pequeños silencios estallan en la cúspide como volcanes sincopados que entran en erupción rítmica...

   -(...) A Osvaldo Pugliese sólo se le ve la espalda y dos manos que van y vienen como patas de ñandú que escapan por las teclas. Roberto Álvarez (bandoneón) mira concentrándose en el piso e hincha los labios hacia adelante, Fabio Lapinta aprieta y abre el fueye, Alejandro Prevignano hace que cada nota de su bandoneón sea un rendimiento de homenaje a su antecesor Arturo Penón...

Alejandro Prevignano tocando en la orquesta de Osvaldo Pugliese

Y después de esta riqueza de expresiones que permiten comprender el porqué del sonido Pugliese, vuelvo al tema del título compuesto precisamente por Alejandro Prevignano, compuesto en 1986. Este hombre, nacido en el porteño barrio de Parque Patricios, arrancó a los 9 años el estudio de música y bandoneón con Salvador Busceni y completaría su formación con Francisco Requena.  A los 12 años de edad, tocaba en la orquesta del Club Independiente y de jovencito saltaría al conjunto de Fulvio Salamanca.

Posteriormente se integrará en reconocidas orquestas como las de Juan Sánchez Gorio y luego Roberto Caló. De allí salta a la de Osvaldo Piro, con quien está entre 1966 y 1969. Nunca dejaría de estudiar y será convocado por Osvaldo Pugliese para su orquesta en 1976, permaneciendo junto al maestro hasta 1995, año del fallecimiento de Don Osvaldo.

                                   
La orquesta de Osvaldo Pugliese en México. Prevignano es el de la derecha, abajo-


A partir de allí seguiría trabajando y enseñando. Estuvo en la Compañía Tangox2 de Miguel Ángel Zotto, con el Trío de Fernando Romano, en la Color Tango Tolosa y en otras formaciones ocasionales.

Su tango Ensayando, es un poco la síntesis de aquellos duros trabajos que realizaba la orquesta para llegar a tan felices resultados que eran una delicia para los fanas de Pugliese, y los que gustan de la buena música. Lo grabó la orquesta de Don Osvaldo, el 10 de noviembre de 1986, y hoy podemos disfrutarlo en este video, en que lo ejecuta la orquesta. Prevignano es el bandoneonista que está junto a Pugliese y quin compuso este hermoso tema.


                                       




martes, 13 de octubre de 2015

Mi cantar

Este tango de Homero Expósito y Héctor Stamponi, refleja en su letra, con elocuencia arrebatadora y con magistral tono poético, las desventuras del amor, el fracaso de la pareja y el dolor testimonial de ese abandono. ¿Quien no ha vivido en sus carnes el folletín sentimental que atravesamos en esas instancias?. Homero Expósito lo expresa de una manera difícilmente superable por otros poetas del género, a la vez que desliza el dolor que tejió en su vida aquel trance de la ruptura amorosa.

Mi cantar
es un canto de esperanza,
flor de yuyo, rabia mansa, soledad...
Mi cantar
lo robé de las estrellas
con mis manos, con mis penas,
con tu adiós, con tu adiós...
Callejón
de caricias y sonido
que llegando del olvido
dan motivo a la canción.
Mi cantar
es un canto de esperanza,
es un grito de dolor.

                                          

Homero Expósito fue el gran renovador del lenguaje y la temática del tango. Una gran cantidad de sus obras siguen en el candelero con una fuerza imponente, por la distinción y calidad poética de sus creaciones. Fue además poseedor de un tremendo sentido de la exigencia consigo mismo, y podía ir retocando sus versos hasta el infinito, antes de darles el pase para que el compositor de turno le agregara la música.

En algunos de sus tangos se ocupa del desamor, con una pasión desvelada. Es cierto que la poesía es un arte concentrado que refina la belleza y ello la da más vuelo aún a la obra de Expósito, que resalta de manera luminosa y dolida en temas como Yuyo verde, Naranjo en flor, Humano, Flor de lino, Sexto piso, Loco torbellino, Quedémonos aquí, Pequeña, Maquillaje, Pedacito de cielo, Pigmalión, Pueblito de provincia, Tu casa ya no está...

La música de todos estos temas fueron firmados por compositores de primera línea, como Stamponi, Ástor Piazzolla, Armando Pontier, Domingo Federico, Enrique Francini, Osmar Maderna, Emilio Barbato, Eladia Blázquez, Argentino Galván, Aníbal Troilo, Atilio Stampone, Osvaldo Pugliese, Roberto Nievas Blanco, Miguel Caló, Roberto Grela, Héctor Varela y otros.

                                             
Virgilio Expósito


Pero su hermano menor, Virgilio, pianista y compositor, fue también coautor de varias de sus páginas más celebradas y quien mejor lo conoció en la faceta artística.
   -Era un escritor de trabajo -decía-, y no de mesas de café. Cuando éramos pibes, a él le gustaba analizar cómo se hacían las canciones, qué errores se cometían, antes de lograr la versión definitiva. Así aprendimos a hacer música, a componer y trabajar juntos.

Y a la vez desveló ese secreto que palpita en sus canciones.

   -Homero era un poeta de trabajar mucho, de hacer y rehacer noventa veces un texto. Usaba una máquina de escribir y con su trabajo no era para nada bohemio. Tenía quizás esa imagen porque era poeta y porque le gustaba mucho la noche a él y a su perro, y le encantaba caminar junto a él. Pero no era de pararse en los boliches a hablar de cualquier cosa.

   -Era también un poeta  limpio, aunque en sus letras siempre asoma alguna cosa fatal, algo que nunca se le dió.  Cuando era muy jóven, allá en nuestro pueblo de Zárate, tuvo una novia y estuvo muy enamorado de ella. Incluso ella le correspondía pero de repente, un día, ella decidió terminar el romance y lo dejó. Fue un dolor muy grande y es posible que en su obra a la largo de tantos años haya influido sobremanera aquel rechazo juvenil.

                                             
Homero Expósito, Piazzolla y Ariel Ramírez en casa de Ástor


Esa llaga está expresada poéticamente de manera sublime y la perduración de su obra también revaloriza esa paleta y eleva la historia cotidiana de su vida a un filón de alto nivel creativo. No hay más que ver como ejemplo el tango que hizo con Piazzolla: La misma pena, en 1951. O el tema de hoy.

Mi cantar
cofre azul de lo imposible,
noche siempre, noche horrible,
noche así, como yo...

Mi cantar no ha engrosado mayormente  los atriles de orquestas y cantantes, pero nos dejó una grabación muy valiosa del mismo Miguel Caló con su orquesta y el cantor Jorge Ortiz. Lo llevaron al disco el 21 de mayo de 1943. En la partitura del mismo, editada por Julio Korn, Stamponi dedica el tema "a mi madre y a mi hermana Irma Teresa". Regresa permanentemente por obra y gracia de las milongas donde lo bailamos con ganas porque es muy rítmica la música y la interpretación. Y muy lograda  la intervención de Jorge Ortiz, un cantor que mereció mayor trascendencia.

¿Lo escuchamos?

12- Mi cantar - Miguel Caló con Jorge Ortiz

sábado, 10 de octubre de 2015

Así se baila hoy

Traigo este tango a la palestra porque refleja unas visiones que pueden contrastarse en las pistas milongueras de todo el mundo. Justo hoy que tenemos BIEN MILONGA en la CASA DE ARAGÓN, de Madrid (Salón, Terraza, Restaurante, Bar) como todos los sábados y martes desde las 21 horas, es lindo refrescar las ideas, venir a milonguear con una música que te hace saltar de la silla y te conecta con lo profundo de este género.

La evolución es visible en distintos rincones del planeta, porque han captado la emoción del abrazo íntimo y la pasión de dos cuerpos que se mueven en armonía con la música. Es evidente que si no hubiesen existido aquellos grandes creadores y los bailarines que iniciaron el camino, hoy no estaríamos donde estamos. Por eso, este tango del título que grabaron Miguel Caló con Alberto Podestá, Fulvio Salamanca con Luis Correa o Alfredo De Angelis con ese excelente cantor y mejor amigo, que es Roberto Mancini, define claramente la situación. Su autores fueron Marcos Vera y Ernesto Cardenal.

                             

             

Pero hoy sin grupo, también tallamos,
al tiempo viejo no lo envidiamos.
Fijate un poco, ¡pero juná morocho!...
Me sobra clase, ¡manyá un cachito, manyá qué ocho!
Mirá a mi piba, si tiene rango,
éste es el tango del tiempo de hoy.
Lo bailo un kilo, y en cuanto a ella
ni la Mireya lo bailó mejor...

El hombre se da manija, inconcebible en un milonguero, pero el tono del tango es ése y en las versiones citadas está muy bien interpretado. Para ver si rumbea en lo cierto, nada mejor que pispear por distintas pistas y captar el tono y la técnica que han conseguido ellos y ellas.

Por ejemplo, arranco en Buenos Aires, cuna del tango, y me fijo en la pareja integrada por Alberto Sendra y Fernanda Japas, que en el Parakultural se mandan el tango  Remembranzas, con Los herederos del compás y el cantor Pablo Ramos. ¡Qué elegante es esta mujer!

                                        

Y a la hora de los grandes troesmas, nada  mejor que Miguel Ángel Zotto y Daiana Guspero que en la isla de Creta, Grecia, bailan El viejo vals, esa maravilla de González Castillo y Charlo, por Francisco Rotundo cantando Enrique Campos y Floreal Ruiz.  ¡Cosa de locos!


                                            
  
Y pa'redondear la mattinata sabatina, y con vistas a la milonguita de esta noche, me paso por Seúl, capital de Sur Corea,  para apreciar a los ponjas Hiroshi y Kyoko luciéndose con la milonga que homenajea a mi barrio: Parque Patricios, por Francisco Canaro, cantando Ernesto Famá.  


                                                                   

Si ya me estoy saliendo de la vaina para moverme en la pista questa notte...

jueves, 8 de octubre de 2015

Se marchita un clavel

Lindo tango del pianista, director y compositor José Tinelli y el poeta, periodista y escritor Manolo Ferradás Campos. No tuvo mayor trascendencia hasta que lo grabara José Basso con Floreal Ruiz, pero tiene una piccola historia que me hace recordarlo y además, me gusta como lo interpreta el Tata y ese comienzo de violines de la orquesta, que nos va poniendo en situación.

Y el recuerdo va hacia atrás porque esto lo contaba Alberto Marino sobre sus comienzos.


Aníbal Troilo y Alberto Marino
                                           
    -Mis padres y mis hermanos, todos cantaban muy bien. Los viejos eran sicilianos. sabían óperas enteras de memoria; y los domingos en la sobremesa de las grandes comidas familiares, cantaban ellos y todos cantábamos, cuando vinimos de Italia a la provincia de Salta, y más tarde en el barrio porteño de Las cañitas, entre Palermo y Belgrano.

Se llamaba Alberto Marinaro y nació en Verona. Supo enrolarse en la Academia de canto de Eduardo Bonessi, el mismo que lo pulió a Carlos Gardel y a tantos intérpretes tangueros. A los 16 años debutaría en el Cine Palermo y en Radio Mitre. Decidió optar por el alias artístico de Alberto Demare, que tenía similitud con su verdadero apellido.


                                                        


Cantó con varias orquestas, desde la de Emilio Balcarce hasta la de Emilio Orlando. Allí lo descubriría Aníbal Troilo cuando intervenían ambos conjuntos en Radio El Mundo. y el mismo Pichuco le confesaría a Horacio Ferrer su admiración por el ya consagrado como Alberto Marino.

   -Cuando lo escuché a Marino me quedé absorto con su voz. Pero hubo otra cosa: milagrosamente  encontré en su manera un dejo gratísimo del gallego Rodríguez Lesende a quien yo había querido para mi orquesta al principio. Y lo más notable era que Marino jamás lo había escuchado al gallego.

Sería Alfredo Gobbi quien lo sellaría con aquel rótulo tan justo: "La voz de oro del tango", porque realmente era un cantor distinto, vitalizante y aquel dúo que hicieron con Floreal Ruiz en la orquesta de Pichuco fue todo un impacto popular y sus grabaciones se vendían en forma increíble.


  -En la radio me conoció Pichuco, con cuya orquesta debuté antes de debutar, el 1 de diciembre de 1942, porque estaba aún ligado a la orquesta de Orlando cuando fuí a la celebración  de un aniversario del Palermo Palace, en el que actuaba Troilo. El público, sabiendo que yo ya tenía contrato para actuar con él, me obligó a subir al escenario, donde canté con la orquesta Pa'que bailen los muchachos y Mi noche triste. Y el 4 de abril de 1943, grabé mi primer disco: Tango y copas, subrayaba Marino

El tango del título se lo cantaba Marino a Floreal en los ratos libres de los ensayos con Troilo. Y le contaba que de jovencito actuaba en un café de la calle Chenaut y tenía como tango preferido y reiterado  a Se marchita un clavel. En su casa siempre se pasaban tangos de Ada Falcón y Corsini, que tenía su cuñado, y era seguidor de Charlo y Oscar Alonso. Pero nunca llegó a grabar aquel tango favorito.

                                             

El mismo que se quedó en la oreja de José Basso, que era el pianista de Troilo en aquella época y de Floreal, su compañero de rubro. Y entre los dos se compincharon para ensayarlo y finalmente grabarlo el 26 de abril de 1960. Es el tango que hoy traigo a la palestra como recuerdo de esos dos impresionantes cantores: El Tano y el Tata, que dejaron una huella imborrable. Y me voy también a ese primer tema que grabó Marino con Pichuco: Tango y copas, de Héctor Artola y Carlos Bahr, grabado el 5 de abril de 1943.

099- Se marchita un clavel - José Basso-Floreal Ruiz.

033- Tango y copas- Aníbal Troilo-Alberto Marino