viernes, 24 de julio de 2015

Fugitiva

Tengo un libro escrito en lunfardo, por este poeta de Buenos Aires,  llamado Juan Carlos La Madrid que también firmó sus obras, a veces, como Simón Contreras, adoptado como homenaje al nombre de su madre, Simona Contreras. Y me sigue asombrando la garra poética y el genio de este hombre del barrio de Flores, que también supo merodear los gimnasios de boxeo, o frecuentar la amistad de gente con prontuario, o el academicismo de la Lengua, que  lo premió varias veces.

Articulista de fuste, tanguero de alma, seguidor de De Caro, de Piazzolla, Salgán, Rivero, Troilo y tantos próceres, con quienes compartió noches lungas de puro tango e incluso dejó su firma en páginas que tuvieron cabida en el repertorio de distintas orquestas y cantantes. Uno de ellos, Fugitiva, que fuera musicalizado por Ástor Piazzolla muestra la pluma pródiga, vanguardista, imaginativa y marcada por una potente fuerza lírica que, en su momento, marcó rumbos definitivos.

                                         
Juan Carlos La Madrid


Fue hombre de redacciones importantes, donde su pluma de articulista abrió surcos en defensa del tango y la música popular. Pero me gustaría compartir algunos pequeños pasajes de este: Pequeña Rosa Lunfarda, como se llama el librito que editó Torres Agüero, para que saboreen  la fuerza de estas estrofas lunfardas, que pintan su porteñismo total y cabal. Anche, su talento.

Para un pistolero de 1930

Ataviado de estrellas
el Tuerto cayó al fondo de su tarde;
en el lugar florece desde entonces
un sueño amargo
que el arrabal alienta.

Él fue como todos nosotros
y avanzó hiptnotizado
hacia el espejo matemático
con su sed de vivir,
con un reloj de arena en cada paso.

La luz del tiroteo
aún muerde los tapiales
y en la desnudez apocalíptica
un mismo tango crece de agorerías violentas,
de formas fantasmales
poseídas por albas.

El Tuerto deliraba sus poemas de amor
con esa voz rayada
y el ojo sagitario:
"June este lengue de seda,
remanye este chefún claro
y por hay déme el staro
de que soy de Avellaneda"

Al Tuerto le pisaron la rayuela del alma
y en el transfondo miserable,
de su existencia rante
él jugó a la vida rabiosa,
asaltando,
matando,
pero aterido de misterio.
Y así lo boletearon
al Tuerto, mi amigo,
poeta y pistolero

          Año 1960

Y a un hombre que podía versear de esta manera, quizás, si no se conoce su categoría, sus primeros volúmenes poéticos, el hecho de que haya sido fundador y redactor de revistas de cultura, o su idea de Tango y Tanguismo que esbozó durante un tiempo en el suplemento literario del Diario La Prensa, a lo largo de 1952, no se  lo imagina tampoco como autor de este bellísimo tango, a cuyos versos le puso música Ástor Piazzolla. Y lo cantó nada menos que María de la Fuente.

                                             


Fugitiva

Nada más que tu paso por el sueño,
el beso de morir entre la niebla
y la fuga de amor entre tus manos

perfumadas de olvido y madrigal...
Voz de mágica ausencia y lejanía
en mi ternura tímida y secreta,
te espero como ayer en el milagro
de este "ser o no ser" y lo fatal.

                                 
La Madrid entre Gobbi y Piazzolla. A los costados Varela y Varelita

Luis Alposta, médico, hombre de letras y de tango, me regaló en 2011 su libro "Antología del soneto lunfardo". Y él mismo selecciona dos poemas de Lamadrid en el ejemplar, pero antes, refleja sus tratos con el mismo hombre "grandote y vital" relatando:

  -Nació La Madrid en el barrio de Flores ("barrio de magnolias y astros"), el mismo día en que nació Miguel Hernández, acaso el más grande poeta de este siglo, según su juicio.

  "Después -me cuenta-  fueron años y años de guerrear de frente y sin aliviada: rata de ring, trabajé entrenando con profesionales por tres pesos el round,  cantor y bailarín de tango, actor de Shakespeare, periodista, profesor de literatura, vendedor de libros y especialidades mecánicas, empresario, programero de radio y TV en el más alto nivel.

Y le habla de sus amigos pungas, meseros y guapos, como si fuera un elemento del lumpen, y no ése pedazo de escritor y poeta que dice en la segunda parte del tango que recorro hoy.

Para qué,
fugitiva de otoño,
te amaré,
danzarina en la tarde
con tu velo violeta
en el tema de adiós...
Para qué,
si en la luz inmutable
y astral
en que sueñan la espuma
y la furia del viento,
se arrodilla mi amor..

Juan Carlos La Madrid falleció en 1985, a los 75 años de una vida peleada con el rigor de su estatura vital y poética. Quedaron sus escritos, sus libros y los tangos que compuso con Julio De Caro, con Gabriel Clausi, Armando Baliotti, con el mismo Piazzolla (Rosa Rio), con Argentino Galván, Carlos Giampetruzzi, Marcelo Moro, Rodolfo Toscano, Roberto Pansera, Severo Paredes y otros.

                         
Piazzolla, Adolfo Avilés, La Madrid y Fiorentino. 1951.

Y esta belleza de versos que sigo reflejando hoy.

Turbio sueño total,  noche y deseo,
se fue tu drama azul por las cenizas
anunciadas de páginas fugaces
en el roto mensaje de tu fe...
Las arenas te nombraron en su vuelo
de aleluyas trágicos y solos,
y sé que ya fugó por esa nada
tu misterio, tu voz y tu laurel...


Ástor Piazzolla no sólo le puso música a Fugitiva, sino que además hizo el arreglo del tango, tocó con su bandoneón y dirigió la orquesta de María de la Fuente en 1952 para grabarlo. Y María lo canta como los ángeles.

06- Fugitiva - María De la Fuente




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