miércoles, 22 de julio de 2015

Discépolo en España y Francia

La personalidad increíble de este personaje enorme del tango le permitiría entre otras cosas: ser charlista, actor, director de cine y teatro, autor de tangos que siguen dando vueltas en los reproductores y que las vicisitudes de los seres humanos  hacen cada día más actuales.

Discépolo no sabía música pero tenía tal dosis de talento que sabía silbarle al pianista Lalo Scalise las composiciones que se le iban ocurriendo en algún café, o en la calle, y éste, pacientemente, las trasladaba al pentagrama. También supo hacerlo con otros músicos, como Di Sarli, por ejemplo y alguno como Alberto Castellano, llegado el caso. O marcarlo él con dos dedos sobre un piano.



Así, por ejemplo nació la música de Canción desesperada que urdió en Mallorca, o Carillón de la Merced que creó en Chile con Alfredo le Pera. Con Luis César Amadori haría Desencanto y Confesión, y bien que se nota incluso, su escritura poética en ambos temas. Martirio,  Soy un arlequín, Melodía porteña, Infamia, Quien más quien menos,  Esta noche me emborracho, Que vachaché, Chorra, Que sapa señor, Secreto, Tormenta, Tres esperanzas, Yira yira, Victoria, Sueño de juventud, llevan su firma tanto en la letra como en la música, lo que da la pauta de su genio.

Después de su consagración en Buenos Aires, donde llegó a dirigir una Orquesta Típica en el Teatro Colón, cree llegado el momento de largarse a Europa -donde ya conocían muchos de sus tangos-, con Tania, llevando en sus maletas todas aquellas creaciones. En medio de los ajetreados preparativos para el viaje, se preparó un Festival en el Luna Park, en el que Discepolín presentó su Historia del tango en dos horas, que ya había representado con anterioridad.


Discépolo y Tania camino de Europa
                                 

Pero en este caso, con un apoyo total del mundo del tango, se encontró delante de sesenta músicos, provenientes de las orquestas de Francisco Canaro, Julio De Caro, Edgardo Donato, Francisco Lomutos y otras. A esto se agregaría la presencia de grandes voces del momento como Ignacio Corsini, Azucena Maizani, Sofía Bozán, o Alberto Vila. Y entre los varios directores, también el pequeño Discépolo estaría al frente de esos músicos en la interpretación de algunos de sus grandes éxitos que estaban de moda.

El viaje a Europa lo hicieron con Tania, Eduardo Scalise, un secretario y un encargado de las relaciones públicas. La idea era contratar músicos españoles en  su país, y para ello Scalise les llevaba las particellas correspondientes. Al llegar a Madrid, estaba todo preparado y el debut sería en el Palacio de la música. Los comentarios de la prensa no pudieron ser mejores y la gira se extendería por distintas ciudades de la península, hasta llegar a Barcelona, donde sus tangos como Yira yira, Esta noche me emborracho o Cambalache serían canturreados por tantos amantes del tango en la Ciudad Condal.

                                                 

La meta próxima era París, y el paso anterior de músicos, orquestas y cantantes le habían abierto las puertas de par en par al tango argentino. Allí  tuvieron que enfrentarse con el Sindicato de músicos que les exigían contratar a instrumentistas galos. La pelea fue ardua, así como la negativa rotunda de Discépolo  a vestirlos de gauchos. Y como en España, ganó la partida y salieron con smoking. Llegaron músicos argentinos la orquesta debió ampliarse para dar cabida a los franceses que exigía el Sindicato y el debut sería en el Palace Gaumont. Luego se trasladarían al Follies Bergére.

La guerra civil española que comenzaba en aquellos momentos, obligaron a Discépolo y Tania a cambiar los planes y decidieron volver a Argentina, aunque hicieron una escala artística con bastante éxito en Brasil. Pero el recuerdo de la estadía en Francia, quedó fijado en unos discos que el sello parisino Pathé les invitó a grabar. Entre ellos: Alma de bandoneón, Quien más quien menos, Caminito, que canta Tania, en dos de ellos acompañada por García y Caldas. O Buen amigo y Confesión en forma instrumental y una zamba y un bailecito, incluso.

                                     



Ya en Buenos Aires, a  la que arribaron el 14 de octubre de 1936, Discépolo recordará en charlas radiales sus vivencias en Europa y encabezará otra orquesta de numerosos músicos, que alternaban las charlas y en la que apuntaban jóvenes figuras como Aníbal Troilo, Héctor Varela, Armando Blasco y otros. El sello RCA Víctor graba algunos temas de esta orquesta, cantados por Tania.

Creo que vale la pena recrear un par de ellos, como Desencanto, de Discépolo,  y Un reproche, de Eduardo Scalise, donde hay unas variaciones de bandoneón fenomenales, algo normal considerando el nivel de los fueyes que había en esa orquesta discepoleana. Ambos tangos fueron grabados el 1 de febrero de 1937.

 06- Desencanto - Orq. Discépolo -canta Tania

09- Un reproche - Orq. Discépolo- Canta Tania


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