lunes, 15 de junio de 2015

Tango romanza

Fue Juan Carlos Cobián, o fue Enrique Delfino o los dos a la vez, quienes se sacaron de la manga ese nuevo registro del tango que denominaron Tango romanza, para diferenciarlo del Tango milonga que era el santo y seña del género desde su invención. Incluso en algunas partituras, aclaran, por si fuera necesario, el estilo del nuevo modo de encarar esta música popular sin desvirtuarla. Por el contrario enriqueciéndola con temas como Salomé de Cobián o Bélgica de Delfino.

A los 23 años Cobián, que tuvo de profesor a un genial Numa Rossotti en Bahía Blanca, ya se había anotado con páginas como Mosca muerta, El orejano, El gaucho, El motivo, Salomé, Sea breve y otros. Contaba Enrique Cadícamo  que cuando las partituras de dichos tangos llegaban a los músicos que integraban los clásicos Sextetos típicos de la época, estos juraban en arameo porque no terminaban de comprender las avanzadas partes de piano escritas por Cobián con un estilo refinado, distinto, de mayor jerarquía artística de lo que se conocía por entonces.

                                       


A su vez Delfino, no sólo estudió en su Buenos Aires natal sino que fue enviado por sus padres a  completar los mismos en Turín, Italia. Fue un músico completo, porque llegó a hacer malabarismos con sus manos y el piano en espectáculos que los consagraron por toda España, en Berlín, Londres, París y varias ciudades italianas. Con su tango Bélgica, creado en 1914 en Montevideo,  asomó la vena artistica y romántica de ese tango romanza que tiene cierto aire europeo y por ello se diferencia del tango milonga rioplatense. Sus Sans Souci o Griseta inciden en ese formato.

                                                 


Otros compositores que crearon páginas del mismo estilo fueron Joaquín Mauricio Mora, Julio y Francisco De Caro, Lucio Demare,  insistiendo también en este ropaje musical que vigorizó musicalmente al tango y le dió un refinamiento que incidiría en las futuras orquestas de los años 40 y 50. Francisco De Caro creó páginas imprescindibles como Flores negras (1926), Loca bohemia (1928), o Bibelot (1934), que enriquecieron la música popular y lo consagraron como compositor.

                                                   
     


Lucio Demare,  además de haber sido un excelente pianista y director, conduciendo orquestas en las cuales se aprecia su talento romántico y elevado, realizó en París su tema Mañanitas de Montmartre, que encaja perfectamente dentro de las composiciones anteriormente citadas. Y después de haber creado páginas inolvidables como Malena, Dandy, Mañana zarpa un barco, Tal vez será su voz, Solamente ella, Sosteniendo recuerdos o Negra María, decía en los días finales de su vida: "Creo que hay entre mis cosas algunas rescatables: "Mousette, mañanitas de Montmartre, Sentimiento tanguero, Sorbos amargos, Malena, Hermana...".

                                 


El Negro Joaquín Mora, que aprendió a tocar el fueye en un bandoneón que encontró en un local nocturno; que luego estudió en profundidad y tocó el piano en orquestas varias y dirigió la suya, creó unas páginas hermosas. Lo encontré en Colombia, cuando ya estaba mayor y mostraba su añoranza por la Buenos Aires que lo había consagrado. Fue un melodista de extraordinaria imaginación que creó temas de una belleza incomún, y que se cuelan sin desmedro entre las anteriormente nombradas.

Sus páginas Divina, Esclavo, En las sombras, Frío o Más allá, son demostrativas de su pureza e inventiva en el tratamiento de los temas y cabal expresión de una manera de sentir el tango, que mereció un mayor reconocimiento. Y, especialmente el primero de los nombrados se inscribe con absoluto merecimiento entre los más relevantes del tango romanza. El gran musicólogo Luis Adolfo Sierra lo analizaba así:


-Las formas de expresión de esta gran figura del tango que se llamó Joaquín Mauricio Mora, encierran la difícil conjunción de la sencillez melódica y la sugestiva riqueza de un original ornamento armónico, que define y caracteriza la labor autoral de uno de los más admirables cultuvadores del género, aunque las nuevas generaciones ignoren la magnitud de su trascendencia en la línea del tango romántico y cantable, inagurado por otro de los escasamente recordados: Enrique Delfino.


Para inspirarme en el recuerdo de estas composiciones que hicieron historia en el tango, he estado escuchando algunas versiones de las citadas y otras de dicho estilo. Y voy a sintetizar ofreciéndoles tres versiones. Arranco con el chopiniano Osmar Maderna y su orquesta, ejecutando el tango de Francisco De Caro: Loca bohemia. Y después me identifico con el elegante estilo señorial de Osvaldo Fresedo y sus versiones de Divina (Joaquín Mora), y Recuerdos de bohemia, de Enrique Delfino y Manuel Romero, cantando Roberto Ray.


Loca bohemia - Osmar Maderna

12- Divina - Osvaldo Fresedo

Osvaldo Fresedo-R.Ray- Recuerdos de bohemia






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