viernes, 12 de junio de 2015

Bailando con Pugliese

Fue una de las orquestas preferidas de los milongueros durante muchos años y movió multitudes en sus presentaciones en clubes y salas de baile. Tenía además una colección de hinchas que lo seguían a todas partes y mostraban características insólitas. Se colocaban una curita en la cara como si tuvieran alguna herida, usaban el yuguiyo del cuello alto y la corbata con nudo filipino. Entraban y salían -de madrugada- de los bailes gritando la consigna característica: "¡Ese...ese...ese...la barra de Pugliese!"

En la barra que me cobijaba, y con la que frecuentaba especialmente el Club Huracán, de Parque Patricios, la mayoría de los integrantes eran hinchas de Pugliese. Y, afortunadamente fue la orquesta con la cual más veces bailé en vivo y en directo. Recuerdo los cantores que pasaron por esa formación y que actuaron en Huracán: Morán, Vidal, Cobos, Montero y Maciel. Es más, Montero debutó con la orquesta en dicho club y su última actuación con Pugliese, también la realizó en Huracán. Hasta llegamos a tenerlo en las 7 grandes noches 7, de Carnaval.

                                      


A mí me encantaba bailar Pugliese, especialmente con un par de milongueras determinadas porque con ellas podía sentir a fondo la música de esta orquesta y expresarme en la pista derramando sentimientos. Porque me llegaba a fondo. Aunque yo era dariencista a muerte a la hora de elegir orquestas bailables, no puedo negar que Pugliese me permitió llegar a alturas milongueras geniales.

Juan Carlos Copes, que era un gran milonguero, también recuerda aquellos años maravillosos:
  -Bailaba para mí, me sentía en libertad. En Atlanta empecé a fantasear  y a demostrar que con Troilo tenías que bailar de una forma, con Pugliese de otra, con D'Arienzo de otra...

                                        
Juan Carlos Copes en la milonga


 -Así como cada orquesta tenía una diferencia de ritmo, de sabor, de sentimiento para escucharla, eso también se tenía que demostrar bailando, con los cuerpos, en pareja. Aún con tu estilo de baile, a cada orquesta la tenía que masticar distinto.

Y así fue como también los interpreté yo, y supongo que cualquier milonguero que se preciara de bailar bien. Esos tempos y estilos distintos que los directores imprimían a sus orquestas, eran uno de los más grandes atractivos que tuvo el tango y lo sigue conservando en el presente, ahora extendidos a todo el mundo gracias a aquellas grabaciones maravillosas.

Por eso no llego a descubrir el porqué de tantos bailarines que les cuesta entrar en el estilo Pugliese, y lo califican de "difícil". Hasta en Buenos Aires me he topado con esta situación y no lo entiendo. Pugliese, como D'Arienzo o Di Sarli, siempre tocó para los bailarines. La marca de Pugliese, yumbeando, golpeando en el primer y tercer tiempo de cada compás, y el arrastre posterior lo identifican de inmediato, y para el milonguero pocas marcaciones son tan claras para bailarlas.

                                          


El propio Pugliese le decía a Arturo Marcos Lozza:

  -Nosotros partimos de la etapa de Julio De Caro. Yo, de joven, viví esa etapa. No la viví escuchándola, la viví. Se deduce que tenía que haber una superación, no porque yo me lo hubiera impuesto, no. Vino solo, vino por necesidad específica, también por necesidad interna, espiritual. Por ejemplo, los norteamericanos en el jazz hacen una marcación dinámica, mecánica, regular, monocorde. Para mi concepto, la batería no corre en el tango. Ya han hecho experiencias Canaro, Fresedo y qué sé yo cuántos, pero para mí la batería es un elemento que golpea. El tango, en cambio, tiene una característica procedente de la influencia del folclore pampeano, que es el arrastre, aplicado por la escuela de Julio De Caro, por Di Sarli y nosotros también. Y después viene la marcación que Julio De Caro acentuó en el primer y tercer tiempo, en algunos casos con arrastre. Y nosotros hemos hecho la combinación de las dos cosas: La marcación del primer tiempo y del tercero, y el arrastre percusivo y que sacude.

Más claro, imposible. La técnica, en el baile del tango, es imprescindible, pero no  podemos olvidar por que bailamos el tango, la transmisión que conlleva el abrazo con una persona de otro sexo y qué nos sugiere esa música que estamos interpretando con nuestro baile. Debemos dejar de lado la necesidad de hacer figuras, de bailar de memoria, haciéndolo igual con cualquier orquesta. Son distintas Pugliese, D'Arienzo, Di Sarli, Tanturi o Caló, por citar algunas y deberíamos poner el alma en la pareja y sobre todo el oído en la música, para bailar lo que nos transmite cada una de ellas.

                         


Por eso pienso que aquellos que dicen que "Pugliese es difícil" es porque bailan mal y deberían volver al profesor, al maestro que les indique cómo interpretar lo que están escuchando a través de esa música que sale de los altavoces. Hasta que lo comprendan y puedan experimentar el sentimiento que implica bailar a Pugliese. Y así entre todos podamos eliminar este latiguillo de las pistas  que volverán a colmarse al compás yumbeado de esta orquesta cuando hayamos aprendido la lección.

Vamos entonces a bailarlo imaginariamente en dos versiones: Mi fueye rezonga, de Pedro Toscano, grabado el 13 de diciembre de 1954. Y Don Agustín Bardi, de Horacio Salgán, en la grabación de 1961.

Osvaldo Pugliese - Mi fueye rezonga

01- Don Agustín Bardi - Orquesta Osvaldo Pugliese

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