jueves, 21 de mayo de 2015

Shusheta

Hoy me levanté con este hermoso tango en la testa, y aproveché para desayunarme con unas cuantas versiones del mismo, tanto instrumentales como cantadas. Y no puedo menos que confesar mi admiración por el autor de esa música: Juan Carlos Cobián, que dejara tantas páginas inmortales en el vademecum tanguero. El título del tango es una rareza pero el experto José Gobello  afirma que proviene del genovés sciuscetta y define a un petimetre, o sea una persona que cuida excesivamente de su compostura.

Cobián lo compuso en 1920 y según algunos comentaristas tangueros lo tituló así en homenaje al play boy Macoco Álzaga Unzué, un porteño de la alta sociedad de aquellos que "tiraban manteca al techo", y al que Cadícamo, autor de la letra del citado tango, conoció recién en 1938 en Nueva York, en la boite Morocco, donde concurrían muchas luminarias del cine de entonces, como Franchot Tone, Eleanore Powell, Don Armeta y otras figuras.

                                                     

En 1942, estando Cobián en México, luego de otro divorcio en Estados Unidos, Cadícamo  le había puesto letra a su tango Los dopados, a pedido de Troilo, que lo estrenó con gran éxito, cantándolo Fiorentino. Había pasado a llamarse Los mareados, y el éxito del mismo dura hasta el presente. Ante tal resultado, Ángel D'Agostino, gran amigo de Cadícamo lo invita a Cadícamo a su casa.

Durante la charla y las copas de rigor, D'Agostino, que ya había compuesto con Cadícamo Tres esquinas y El morocho y el oriental,  le propone al vate que le ponga letra a varios clásicos instrumentales de Cobián: A pan y agua, Pico de oro Mosca muerta. Con ellos piensa lograr otros éxitos, cantados por Ángel Vargas con su orquesta.

                                                           


Justo coincidirá con el regreso desde México de Cobián, para actuar en Radio El Mundo, gestionado por  Cadícamo. En el primer encuentro con su gran amigo de tango y bohemia, éste luego de la conversación sobre distintos aspectos de la vida de ambos, le informa del éxito de Los mareados y aprovecha para hablarle del requerimiento de D'Agostino. Cobián, no sólo le autoriza a complacer el pedido del amigo, sino que también le solicita al poeta que le ponga versos y realizara una nueva versión de ese hermoso tango llamado: Shusheta, que él había grabado con su Sexteto en 1923.

                                                    
Juan Carlos Cobián y Enrique Cadícamo, por Sábat

Ángel D'Agostino con su orquesta grabará todos estos temas y Shusheta se convierte en todo un éxito, dada la calidad del tema y el fraseo maravilloso de Vargas. El tema lo grabó el 5 de abril de  1945, y coincide con una etapa de censura por parte del ministro de Cultura del gobierno militar de José P. Ramírez, que ya se había esbozado en el gobierno anterior de Ramón S. Castillo. Gustavo Martínez Zuviría, que firmaba sus obras como Hugo Wast, Monseñor Franceshi y un mediocre cantor de tango: Emilio Crisera, participaron en esa etapa de censura en la cual hubo que eliminar las palabras lunfardas y Shusheta pasó a llamarse El elegante. Al asumir la presidencia Juan Domingo Perón, tendría una reunión con varios prebostes del tango y se eliminó la censura en 1949. Shusheta, ese tangazo volvió a tener su antiguo nombre.


Benjamín El payo Roqué, todo un mito de los años veinte
                                     
En cuanto al destinatario del mismo. o sea, la persona que inspiró la obra, aunque están quienes dicen que Cobián se fijó  en Macoco Álzaga Unzué, Cadícamo refiere que estaba inspirado en El Payo Roqué, un mito cordobés jocundo, de buena familia que solía alegrar todas las reuniones con su chispa, vestía como un cajetilla y recibía un subsidio anual que le fue otorgado por su protector y amigo, el presidente Miguel Juárez Celman.  Siempre vestido impecablemente, con un clavel en la solapa, amenizó las reuniones de la alta sociedad en el Jockey Club, el Club del Progreso, el Círculo de armas, el Café de París, y realizó numerosos viajes a Europa, ayudado por Benito Villanueva, un caudillo mendocino y acaudalado empresario. Era increíblemente divertido y frecuentó a escritores como Ricardo Rojas o Rubén Darío, cuando éste estuvo en Buenos Aires. Murió en la Asistencia Pública, en la pobreza total.

Hay innumerables grabaciones de este tangazo, y hoy los invito a escuchar Shusheta en dos versiones: La de Héctor Stamponi y su cuarteto, en forma instrumental y la de Roberto Goyeneche con el Sexteto Tango.

209 - Shusheta - Héctor Stamponi

281- Shusheta - Roberto Goyeneche - Sexteto Tango








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