viernes, 6 de febrero de 2015

Gardel con Rodio y Biagi

Sí, hoy he madrugado escuchando al gran cantor nacido en Francia y criado en el Abasto porteño, que llegó al Olimpo donde habitan las voces, las músicas y los recuerdos de aquellos artistas que nunca morirán porque dejaron una huella imborrable en el corazón de sus pueblos, y en este caso, en la genealogía del tango. Además, Gardel fue quien inventó la forma de cantarlo y lo hizo de tal manera que ninguno llegó a superarlo, aunque sus registros estén realizados primariamente, sin la pureza de los modernas grabaciones.

                                        

El destacado poeta y escritor argentino, Francisco Luis Bernárdez, escribió en marzo de 1954 en el Diario La Nación, un artítulo titulado: "Menosprecio del centro y alabanza del arrabal". Bernárdez, que tuvo cargos públicos en Cultura y Bibliotecas, gran amigo de Borges y Leopoldo Marechal, destacó siempre por su juicios ponderados y en algunos párrafos de su interesante trabajo, dice:

-Y la ciudad es, al fin, quien reinaba presente en cada una de sus almas y en cada uno de sus objetos, por obra y gracia de la voz con que Carlos Gardel estaba entonando un viejo tango en un viejo disco que giraba y giraba en cualquier casa de música... Viva en la memoria de cada uno, la voz de Gardel volvió de la muerte y, rescatándonos de la dispersión que hasta hacía un momento habíamos padecido, nos vinculaba por lo que cada uno tenía de común con los demás, para constituir con todos ese vasto y  y único ser de pasión en que a veces concluyen los seres que forman las multitudes populares. Por obra de un muerto nos sentíamos vivos.

                                   
Francisco Luis Bernárdez

Una parte de ese artículo lo reprodujo Bernardo Canal Feijóo en su libro "El canto de la ciudad". Este último era por entonces Presidente de la Academia Nacional de Letras y acota:

-Bernárdez, poeta católico, personaliza su referencia para disimularse quizás lo mítico del trasporte, por la índole profana del pretexto; pero en el fondo no se trata de Gardel, sino del tango que éste cantaba en la ocasión...

Y agrega Canal Feijóo:

-Es en este punto donde parece poder entreverse algo del misterio -que no mito-. Con menos de cualquier divo de hoy en día cantaba mejor que todos, en el sentir unánime. La magia de la suya está en que arrastra en sí todavía magmas placentales de un silencio y secreto anterior, como las caracolas marinas. Pide el tímpano prístino y limpio; el micrófono la estropea. Sin duda estará condenada a volverse cada día menos actual... Y acaso estén ya doblando las campanas  -pero es claro que no sólo por él.

Hoy traigo esa dos reflexiones de intelectuales de tanto calibre, para que no nos quedemos solamente con los desvaríos de Borges en este punto, por algo que nunca terminó de entender ni asimilar. Mi querido amigo y compañero José Luis Barcia es responsable de que cobren nuevamente vida esas palabras de Bernárdez y Canal Feijóo.

También guardo las que le dedicaron al gran cantor, personajes como Arturo Toscanini, Anthony Quinn, Ortega y Gasset, Atahualpa Yupanqui, Julio Cortázar, Ignacio Sánchez Mejía, Santiago Rusiñol, el gran  Enrico Caruso, Barenboim o Charles Chaplin, sumadas a las de los Troilo, Di Sarli, Rivero, Goyeneche y todos los que siguieron su estela en el tango.

                         
Antonio Rodio, arriba, izq.  en la orquesta de Pedro  Maffia


Y para ilustrar estos recuerdos y mientras me bajo la dernier medialuna que acompaña al mate de la fresca matina madrileña, escuchándolo en aquellas grabaciones, recuerdo estos cinco temas que grabó con sus guitarristas habituales, Aguilar, Barbieri y Riverol, con el agregado de Rodolfo Biagi en el piano y Antonio Rodio en violín.

                                         
Gardel con sus guitarristas Riverol, Barbieri y Aguilar

Biagi había debutado a los 15 años en la orquesta de Juan Maglio Pacho, que sería quien se lo recomendó a Gardel. José Razzano fue a ver a "Manos brujas" y lo llevó a los estudios de Odeón. El otro grande invitado en este caso, fue Antonio Rodio, un violinista de enorme calidad, que en ese momento estaba tocando en la Orquesta de Pedro Maffia, en la cual había reemplazado nada menos que a Elvino Vardaro. En cierta oportunidad que estuve charlando con él en Santiago de Chile, sobre estas grabaciones (y otras hermosas experiencias suyas en el tango), me dijo: "Grabamos 5 los temas de corrido, Gardel era un montruo que no necesitaba ensayar mucho. Biagi y yo estábamos como de prestado, junto a sus guitarristas, pero él  nos palmeaba, nos decía cosas como -"¡Con mucha efe muchachos...que ustedes son dos fenómenos...!"-, y el fenómeno era él..."

     
Biagi, centro, arriba en orquesta Juan Canaro

Los 5 temas citados fueron: Buenos Aires, Yo seré para tí, tú serás para mí" (foxtrot), Aromas del Cairo, Argañaraz y Viejo smoking. Luego de terminado el trabajo, el 1 de Abril de 1930, Gardel invitó a Biagi a una gira que haría por Europa, pero éste no se animó y se integraría en la orquesta del bandoneonista de Parque Patricios, Juan B. Guido, El lecherito.

Y los invito a escuchar tres de esos temas: El tango de Roberto Firpo y Enrique Cadícamo: Argañaraz (Aquellas farras), el vals de Ismael Aguilar: Aromas del Cairo y el tango de Celedonio Flores y Guillermo Barbieri: Viejo Smoking.

 Carlos Gardel - Argañaraz (Aquellas farras)

 Carlos Gardel - Aromas del Cairo

Carlos Gardel - Viejo smoking 




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