martes, 30 de septiembre de 2014

Mercedes Simone

La gran dama del tango argentino, esa morocha hermosa con un canto claro, preciso, sobrio, que fue madurando, hasta convertirse en paradigma de las muchachas cantoras, vuelve una y otra vez en sus grabaciones-reliquias. Esa chica de Villa Elisa, al lado de La Plata, que subió un poco por las casualidades del destino a un escenario en Bahía Blanca, donde acompañaba a su esposo, el guitarrista Pablo Rodríguez, en 1926, y encontró allí su camino, dejó una huella grande en el tango..

Ganó a pulso su fama en una Buenos Aires donde relucían en los carteles, prima donnas del tango en plenitud, cosas que no volvería a repetirse en tal número y calidad: Libertad Lamarque, Azucena Maizani, Ada Falcón, Rosita Quiroga marcaron época y estilos. La misma Libertad, cuando la designaron como "La Reina del tango", humildemente, aseguró que el título no tenía validez porque no había estado Mercedes Simone entre las competidoras.

                                                   


Fue fundamentalmente artista de la radio, de unas ondas que llegaban a los hogares como una misa artística permanente, y acompañaban los descansos en las fatigas diarias de las familias. Cantó en el Café Nacional de la calle Corrientes, secundada por dos guitarras, una de ellas la de su marido. Y debutó en la pantalla con la película Tango, donde se luce con su caballito de batalla: Cantando, de 1931, cuya letra y música le pertenecen y con  el que abría sus actuaciones.

La segunda vez que la convocaron para una película fue en 1936. Se llamaba Sombras porteñas, la dirigió Daniel Tinayre y Mercedes tiene su papel junto a Francisco Petrone y Milagros De la Vega. Simone pidió que la acompañara Sebastián Piana, que la estaba secundando con su trío, y éste a su vez logró que lo ayudara Pedro Maffia con la música y Homero Manzi con los versos.

Mercedes Simone, Libertad Lamarque y Alberto Gómez

Así Mercedes Simone interpreta en dicha película el tango Dale dale, que lleva letra de Manzi y música de los cuñados: Piana y Maffia. Y ella lo grabaría con ese Trío en el sello Odeón el 20 de marzo de dicho año 1936.

                                                 


Y aquella muchachita que en 1927 arrancó cantando en el palco del café El Nacional vestida de muchachito, como lo habían impuesto Azucena Maizani entre otras, se metió rápido en el corazón de los porteños. Al abrírsele las puertas de la fama, Mercedes Simone fue imponiendo su personalidad sobria, su belleza morena, su sonrisa ganadora, cercana. Y cuando su prestigio cruzó las fronteras, alcanzó niveles de ídolo, en países como Cuba, México, Venezuela o Chile.

                                                       


Lo cierto es que al escucharla en sus antiguas grabaciones  se advierte su gesto sobrio, ese acento tan personal que abarca distintos tipos de letra, con su tesitura de mezzosoprano, que sabe manejar el romanticismo y el tono justo para decir los versos, hasta alcanzar el vuelo musical con los distintos acompañamientos que tuvo.

                                                 


Los invito a recordarla precisamente en ese tango Dale dale que canta en la citada película Sombras porteñas.  Y por la idolatría que conquistó en Cuba, cuando allí recibían con los brazos abiertos a los intérpretes del Tango, la escuchamos cantando el vals-canción  del afamado pianista y compositor cubano Ernesto Lecuona: Damisela encantadora. Lo grabó también con su Trío típico dirigido por Sebastián Piana, el 9 de octubre de 1936.

 Dale dale - Mercedes Simone

Damisela encantadora - Mercedes Simone


lunes, 29 de septiembre de 2014

Los Posadas

Siempre he defendido, en mis libros y en páginas del Blog en otra colaboraciones, que el Tango fue creado por los negros argentinos, descendientes de esclavos, y que aportaron a la vez muchas palabras a la lengua local, incluido el nombre de esta danza-música: Tango. Y sigo creyendo con total firmeza en la afirmación, aunque se pretenda blanquear sin mayores documentos ni prueba alguna, el origen de nuestra música nacional.

Incluso los nombres de tantos músicos negros en la primera hornada del tango, viene a confirmar su importancia en el desarrollo del mismo. Rosendo Mendizábal, pianista de muy buena formación, que introdujo la primera partitura de tango con: El entrerriano; Sebastián Ramos Mejía, primer ejecutante de bandoneón; Leopoldo Thompson guitarrista y contrabajista, creador del efecto canyengue con su instrumento; José Ricardo y Guillermo Barbieri, guitarristas de Gardel; Alejandro Vilela; Plácido Simoni Alfaro; Harold Philips; Joaquín Mauricio Mora, gran bandoneonista y compositor, a quien conocí en Colombia y muchos más que se fueron perdiendo en el olvido.

                                 
Silvia Monico (der.) con la artista plástica Mirta Toledo ante su cuadro de Manuel G. Posadas


Es profunda la huella de los Posadas. Manuel fue primer violinista de la Orquesta del Teatro Colón y maestro nada menos que de Juan José Castro. Y su hermano Carlos, pianista, fue creador de tangos hermosos en su construcción y avanzada para la época como El tamango, Retirao, El jagüel o Cordón de oro, por ejemplo, que en las versiones de Aníbal Troilo o Carlos Di Sarli alcanzan verdadera belleza. Manuel L. Posadas, bisabuelo, destacado músico de fines del siglo XIX y comienzos del XX. Luis M. Posadas, tatarabuelo, primer dactilógrafo del congreso de la Nación.

Y hoy estoy contento, precisamente, porque se acaba de incorporar a la lista de seguidores del Blog, la señora Silvia Monico Posadas, "La voz negra del Toubal", artista de fecunda trayectoria que desciende de la rama de estos músicos citados. Recientemente ha sido galardonada por algunas de sus obras poéticas, por parte del Instituto Cultural Latinoamericano, como por ejemplo: Hoy sentí tu voz, dedicada a su tatarabuelo afroargentino Carlos Posadas, arriba citado.

Facundo Posadas y Kely

Y el tío de Silvia es Facundo Posadas, un destacado bailarín de tango, que brilló en la resurrección de esta danza en los años noventa del siglo pasado y sigue marcando camino. Con su pareja, Facundo y Kelly actuaron en diversos festivales por todo el mundo y tuve la suerte de poder charlar con ellos largamente en el año 2006, y por supuesto bailar con la simpatiquísima y agradable mujer que fue Kely (Kely Landam), que lamentablemente fallecería tres años más tarde.

Facundo sigue dando que hablar y radicado en Estados Unidos baila en Festivales y tiene su propia Escuela. En su día destacó en aquel exitoso programa televisado que fue El show de Andy Russell. A los 3 años ya bailaba candombe con tota naturalidad y recuerda que su padre era chófer de un importante propietario de viñedos en Mendoza. Siempre fue bailarín y le daba igual el tango, la rumba, el bolero o el rock. En 2007 bailó con Mikhail Baryshnikov, (Plena, Bomba, Candombe y Milonga) en el Auditorio de Nueva York. Su actual pareja, Ching-Ping Peng, es china, nacida en Taiwan y que proviene de danzas modernas y chinas, aunque se enamoró del Tango y dejó todo por esta danza que se le metió en el alma.

                                                             
Facundo y Kely Posadas


Los invito a disfrutar a Facundo y Kely bailando rock  espontáneamente, con Miguel Ángel Zotto, en el Club Sunderland en el año 2001 y comprobar la facilidad de los tres para moverse con este ritmo que estuvo de moda hace varias décadas años. Pueden verlos en este enlace.

                                        

Miguel Zotto - Facundo & Kely - YouTube

www.youtube.com/watch?v=ibGIq3JIeY0
30/1/2011 - Subido por Vicente Munoz
Spontaneous dancing at Sunderland Club in Buenos Aires-2001.




Y también podemos verlo a Facundo bailando una milonga: La mulateada, por Carlos Di Sarli y su orquesta en San Francisco, USA, en el año 2009  con Christy Cote.

Pura clase.


                                                

                                                        

sábado, 27 de septiembre de 2014

No te apures Carablanca

Hoy es sábado, tengo la milonga a la noche, una clase antes y por eso quiero terminar la settimana a pura poesía y música. Y elegí este tango de uno de los poetas que merecen estar en el podio de los grandes. Me refiero a Carlos Bahr, quien dejó sembrada una parva de temas que iluminaron las noches interminables del cuarenta y cincuenta.  La música le pertenece a Roberto Garza, bandoneonista, arreglador, director y compositor.

Esta dupla produjo en sociedad varios temas, como por ejemplo: Avergonzado, Nosotros dos, Rezongando rezongando, Un tal Medina La canción del recuerdo, Cuentas viejas, Color punzó, Confianza, Fracaso, Maldición, y además del tango que traigo hoy al blog, dos hermosos temas como Soledad la de Barracas y especialmente Sosiego en la noche.

                             
                                 
   
                         
No te apures Carablanca, es el supuesto diálogo del carrero con su caballo cadenero, descargando en él sus cuitas amorosas. Reverbera aquella época en que  los carros transportaban las mercancías y Buenos Aires estaba poblado de ellos. Yo alcancé de pequeño a divisar el final de los corralones porque a la vuelta de casa había una herrería, y el paisaje, aunque lejano, me es familiar. Recuerdo vagamente las tardecitas cuando volvían de recalada. Y el matungo lo hacía de memoria.

No te apures, Carablanca...
Que no tengo quién me espere...
Nadie extraña mi retardo,
para mí siempre es temprano
para llegar.
No te apures, Carablanca...
Que al llegar me quedo solo...
Y la noche va cayendo,
y en sus sombras los recuerdos 
lastiman más.

En el año 1942, Ignacio Corsini, ya palpitaba su retiro artístico y sólo grabó dos temas. Fue el 8 de octubre de ese año. De un lado esta el valsecito de Homero Expósito, Francini y Stamponi: Pedacito de cielo y en el reverso de aquellos discos de 78rpm, este tema. Y lo hizo acompañado en ambos por la orquesta dirigida por Roberto Garza (José García López). Fue un exitazo, precisamente, el último.

Me achica el corazón 
Carlos Bahr en Radio El Mundo
salir del corralón,
porque me sé perdido.
Me tienta la ilusión
que ofrece el bodegón,
en su copa de olvido.
Caña en la pena...
llama que me abrasa
mal que no remedia,
pena que se agranda.
Siempre lo mismo...
voy para olvidarla
y entre caña y caña 
la recuerdo más.

                                                  
Carlos Bahr nacido y criado en la Boca, conoció el tiempo de los carreros y los caballos trotando en el adoquín de las calles. A Cadícamo le inspiraron algunos tangos y Vaccarezza en El carrerito, también desmenuza aquella época porteña. Además de Corsini, también lo cantó Hugo Del Carril y Aníbal Troilo con la voz de Fiorentino dejó una hermosa grabación el 18 de septiembre de 1942. 

                                                      


Roberto Garza, un músico desdibujado en las biografías e historias de tango, dirigió el acompañamiento de Mercedes Simone, fue el primer bandoneón y arreglador en la mejor época de la orquesta de Enrique Rodríguez y tuvo su propio conjunto. Acompañó a Armando Moreno, cuando se fueron de la orquesta de Rodríguez, actuó en Colombia y tiene una obra valiosa como compositor. 

No te apures, Carablanca
que aquí arriba del pescante,
mientras ando traqueteando
voy soñando como cuando
la conocí.
No te apures, Carablanca...
que no tengo quien me espere
como entonces, cuando iba
compadreando la alegría
de ser feliz.

                                                  
Juan Carlos Miranda, Lucio Demare y una inolvidable orquesta

Cuando Lucio Demare formó su impecable orquesta en 1938, estuvo probando al cantor que quería y luego de descartar a algunos, se quedó con el desconocido Juan Carlos Miranda (Rafael Miguel Sciorra), un muchacho de Chivilcoy que había cantado en su ciudad y que había tomado algunas clases en la Academia de los Rubistein. Demare lo calificó entonces de chansonnier, de acuerdo a su experiencia en la época que vivió en Francia.

Pero Miranda se adaptó muy bien a la orquesta y con Demare alcanzó un registro maravilloso de este tango. Al principio, Lucio, que los conoció en el Abasto,  con el piano parece imitar el andar del percherón. Lo grabaron el 9 de octubre de 1942 y es un tema imperdible que esta noche pasaré en la milonga una vez más.

Perché mi piace. Molto.

No te apures Carablanca - Juan Carlos Miranda con Lucio Demare




 


viernes, 26 de septiembre de 2014

Mientras viva

Esta settimana se me dio por las letras de tango, acompañadas por una buena pauta musical. Y creo que debía dedicarle un espacio a Eugenio Majul, un poeta de fina pluma que ha dejado estampados un puñado grandote de versos tangueros que merecen ser tenidos en cuenta, aunque su nombre no tenga la rotundidad de los grandes del género.

         
Además, en su derrotero poético dentro de la música ciudadana de Buenos Aires, fue secundado en la aventura por apellidos conspicuos, que valoraron el aciertos de sus versos atípicos. Al que  hoy me ocupa, por ejemplo, escrito en 1957, le puso música Lucio Demare, aunque lamentablemente no lo     grabase con su orquesta. Pero el sello de ese notable pianista amerita la obra de Majul, que en la primera parte de Mientras viva, dice:

                                  

Al alba abrí las puertas de mis horas;
al alba fuiste tú:
promesa y luces...
Y ahora están abiertas a un abismo,
el más profundo y gris,
porque me huyes.
Acaso llegue a ti mi voz en tango,
en ella va una lágrima y un beso;
la lágrima por ti,
porque te amo,
y el beso porque en él te pierdo menos.


                                                       
Casi todas las páginas del poeta que me ocupa hoy, tiene ese tinte romántico, a veces triste, pero siempre muy bien elaborado, tanto pintando las mieles del amor, o el sinsabor del fracaso. Y sin caer en los consabidos clichés que se reiteran a lo largo de la historia. En este sentido, su sensibilidad le permitió esquivar esos riesgos, y leyéndolo o escuchando sus obras, uno no puede menos que pensar que está trasladando a la página en blanco sus propias periperias de vida.

Mientras viva...
Mientras viva serás mi único anhelo
y ese tiempo de nardos que murió.
Antes hubo un sol en mis inviernos
y el río dialogaba con tu nombre;
antes el azúcar de tus besos
la boca me endulzaba día y noche.
Mientras viva...
Mientras viva estarás en mi desvelo
porque fuiste, al final, mi único amor.


Hijo de sirio y porteña, nacido y criado en el porteño barrio de Palermo,  la poesía brotó naturalmente en su época escolar y las prolongadas lecturas de los clásicos, le dieron el respaldo necesario para transitar el camino lírico, intimista, transmitiendo emociones y vivencias. Como hombre de tango, pertenenece a la generación del cincuenta, cuando el género iniciaba su cuesta abajo, y en esa pendiente costaba sacara chapa de creador porque las expectativas de difusión eras más bajas.



                                            



Pero el hecho de que un Piazzolla, el citado Demare, Edmundo Rivero, Reynaldo Nichele, mi buena amiga Carmen Guzmán, Héctor Stamponi, Roberto Abrodos, Antonio Rodio, Roberto Pérez Precchi, Eduardo Del Piano, Roberto Vallejos, José Basso, Osvaldo Avena, Alberto Mancione, Waldo Belloso, César Isella, Sebastián Piana, Juan José Guichandut,  Armando Pontier, José Colángelo, Sánchez Gorio, Carlos García, entre otros, hayan acercado su talento musical para completar algunos de los muchos temas de Majul, ya están dictando un veredicto.

Recuerdo que una vez los dos juramos
morir por ese amor
que nos ataba,
que entonces era un tiempo de sonrisas
en la pobreza azul
de nuestra casa.
No llora porque sí mi tango nuevo,
estás en su existencia y en la mía;
hoy hice para ti
sus pobres versos
que duelen casi más que mis heridas.


Tenía 85 años cuando nos abandonó pero su extensa obra va cobrando más vuelo con el paso de los años. Y hoy que traje de muestra este hermoso tango, quiero que lo saboreen, cantado por el excelente Héctor Mauré a quien acompaña la orquesta que dirige el bandoneonista, compositor y diirector Carlos Demaría (Juan Esteban Fernández). Lo grabaron el 5 de julio de 1957.

Mientras viva - Héctor Mauré-Carlos Demaría




jueves, 25 de septiembre de 2014

Oro y gris

Es una de las composiciones que integran aquella Selección que armó el infatigable Ben Molar (Moisés Smolarchik Brenner) para ese álbum llamado: "Los 14 con el Tango". Eran 14 músicos, 14 poetas y escritores y 14 pintores, todos de primera línea, que crearon catorce temas nuevos para la ocasión.

Le costó mucho trabajo al ideólogo de esta Seleción Nacional, reunir a esas catorce personalidades en 1966, cuando el tango estaba en una de sus tantas mareas bajas, desdibujado por otros ritmos extraños y una juventud seguidora de los mismos. Pero su afán fue tan grande que terminó consiguiéndolo aunque tuviera que perseguir con mucha insistencia a alguno de los seleccionados.

                                                   
La pintura que realizó Raúl Soldi para este tango

De esos catorce temas hoy he escogido al que crearon entre León Benarós y Mariano Mores. El primero fue un destacado poeta, historiador, abogado, folklorista, crítico de arte y pintor. En sus 97 años de vida, este hombre nacido en Villa Mercedes -San Luis- pero criado en Lomas de Zamora (Provincia de Buenos Aires), un pueblo de La Pampa y Mendoza,  tuvo tiempo de destacar en todas esas facetas artíticas y laborales. Con el gran maestro Carlos Guastavino crearon nada menos que 65 canciones, entre ellas la zamba La tempranera que cantaría todo el pueblo llano. En SADAIC tiene registradas alrededor de 250 obras y muchas otras se perdieron por el camino.

La letra que pergeñó para  este tango, es un poema irregular sencillo, breve y a la vez muy bello.


ORO Y GRIS

Caía en oro y gris el día azul
del hondo abril
en que llegaste.
Tal vez lo eterno fue de nuestro amor
el llanto aquel
que derramaste.
 Divina criatura musical...
Asombro fiel de tu mirada angelical.
Y tu melena como un cálido trigal
iba encendiendo sin querer
a mi sereno atardecer
que iluminaste.
¡Qué breve fue la flor
de tu ansiedad y tu temor,
en nuestro amor!


Pequeña mía,
sentimental,
ardiente rosa
de mi rosal:
estoy poblado de tu ausencia
y este dolor me hace feliz.
La calle es niebla y cerrazón
y, mientras digo mi canción,
lloviendo está mi corazón,
en oro y gris...

 

En el álbum, Benarós dice: "Como el alma de Buenos Aires, el tango es, a la vez, uno y multiple. Desafio, alarde, confesion volcada, según su tiempo, en él se reconoce y expresa la ciudad". 

 

                                
León Benarós y Sebastián Piana que también estuvo en la Selección
 

Por su parte Mariano Mores, autor de la música, no menos lograda que los versos, explica:
"Veo en el Tango la trayectoria de un pensamiento intimo que salta de su reducto para proyectarse hacia todos los pensamientos, recibiendo también generosamente el mensaje de todos ellos e incorporándolo al propio como maravillosa síntesis de sentimientos asimilados por su prodigiosa personalidad, nitida pero abierta. Por eso siento mi tango como receptáculo de giros y estados de ánimo universales albergados en un particular y firme carácter que, lejos de sufrir mengua por ello, se engrandece como pensamiento y cobra fuerza trascendente como personalidad. La personalidad del Tango, así, no es otra cosa que el reflejo fiel de la personalidad del hombre argentino". 

 Y el pintor escogido para iluminar este tema fue el célebre Raúl Soldi, cuyas obras brillan en importantes Museos del mundo o en la cúpula del Teatro Colón. Soldi, dijo al respecto de este tango y su pintura:  "Los tangos no solo se bailan y se cantan, se recuerdan".

 

Soldi, Ben Molar y varios de los participantes en la selección

 

En el álbum, todos los temas fueron grabados por la orquesta de Alberto Di Paulo. En Oro y gris interviene su orquesta, el cantor Ricardo Verón y el Quinteto vocal Los cinco. 

 

 Belleza. 

10- Oro y gris- Alberto Di Paulo-Ricardo Verón

 

Por su parte, con una letra adaptada a la mirada femenina, Mariano Mores lo grabó con la increíble voz de Ginamaría Hidalgo. 

Ascoltare!

  

11- Mariano Mores-Ginamaría Hidalgo - Oro y gris






miércoles, 24 de septiembre de 2014

Te aconsejo que me olvides

El otro día le hablaba de este tango a un amigo, mientras recordábamos la época maravillosa de Pichuco con Fiorentino -y el increíble Orlando Goñi en el piano-, por el ritmo súper milonguero que alcanza en la versión de Troilo-Fiore, y los contrapuntos entre el Dire y el Pulpo Goñi.

Puede ser que no se trate de una gran obra, pero en el concurso anual para tangos con letra que organizaba Max Glücksmann en el Palace Theatre de Corrientes 757, en 1928, sus autores Pedro Maffia y Jorge Curi consiguieron el segundo premio con el mismo. Fueron superados por Piedad, una obra de mucho mérito, que lleva letra de Luis de Biasse y música de Carlos Percuocco, el conocido trompetista napolitano  aporteñado, y autor de otros temas conocidos.

                                                     


En el concurso del año anterior, Maffia y Curi se había llevado el primer premio de dicho concurso con Noche de reyes, que es un tema de menor calidad y recorrido que el que traigo hoy, por su letra cursilona. Es más, el uruguayo Jorge Curi, lo presentó al concurso sin la aquiescencia de Maffia, que no estaba convencido de la calidad del mismo. La música de ese tango, la pautó el enorme bandoneonista sobre la letra previa de Curi y le costó bastante trabajo abrocharla. Sin embargo el contenido melodramático de los versos le procuró gran repercusión y ese mismo año lo grabaron Francisco Canaro, Roberto Firpo, Juan Maglio Pacho y Osvaldo Fresedo. También lo grabaría Lomuto y Gardel le daría el sello definitivo.

                                             



Te aconsejo que me olvides también fue registrado por los grandes de la época que necesitaban material permanente para llevar al disco, dada la demanda existente. Canaro y Firpo fueron los primeros en hacerlo y Fresedo lo grabó en Estados Unidos para el sello Brunswick. Gardel lo hizo a su vez en París para el sello Odeón con las guitarras de Barbieri, Ricardo y Aguilar. Corsini fue quizás quien más repercusión tendría con este tango,  ya que lo registró en la placa, dos veces seguidas, en ese mismo año.

Hay una versión muy linda del negro Juan Carlos Cobos con Pugliese, en las escasas placas que dejó este cantor platense con la orquesta del pianista de Villa Crespo, y que ya publiqué en estas mismas páginas. Pero yo vuelvo a la de Troilo con Fiorentino, del 16 de abril de 1941.

                                         


Porque musicalmente es toda una joya para los bailarines. Fue Fiore quien le pidió a Pichuco incorporar este tango. Tenía 9 años más que Troilo, que lo escuchaba en algunas cosas. Y, como le comentaba a mi amigo Juan, el comienzo del disco ya es milonguero al mango. Goñi desde el piano los lleva a todos en volandas y Fiore por su parte da un concierto con su media voz melódica. Al finalizar la primera parte del cantor, hay un contrapunto entre Goñi y el Gordo que me vuelve loco. Y después de ese raje fabuloso, vuelve Fiore con su chamuyito musical y es una delicia bailarlo y escucharlo.

Y si lo quieren comprobar, pónganse en posición de baile y avanti... ¡Qué piano enorme el de Goñi!

 003- Te aconsejo que me olvides - Troilo-Fiore

martes, 23 de septiembre de 2014

Por la vuelta

Enrique Cadícamo fue el más prolífico de los grandes autores que tuvo el tango. Con su estilo sencillo pero llegador, pintó todo lo que tuvo aquel Buenos Aires en el que vivió casi cien años. De cualquier anécdota extraía los versos para un tango y la más notable era que todos sus temas tenían inmediato eco popular. Gardel le grabó nada menos que 23 obras.

Bohemio, trasnochador, mujeriego, muy vigilante de su soltería que se habían prometido con Ángel D'Agostino ser eterna en ambos, y que al final sucumbió ante el amor. Pero antes había caminado las capitales europeas, países sudamericanos y Estados Unidos. Los derechos de sus obras le permitían ser todo un chevalier errant,  aprovechando su charme y su verso y darse los lujos que soñó de arranque, cuando se instaló con su familia en Buenos Aires.

                                                



Hoy les vengo con este gotán porque me lo recordó la deliciosa  peli de Juanjo Campanella que utilizó una estrofa del mismo como título (El mismo amor... la misma lluvia...), y en la que brillaron Riki Darín y Soledad Villamil. A Darín le dí hace unos años el "Sos Gardel" en Madrid y pasamos una velada estupenda, con mucha gente.

El mismo Cadícamo contaba los avatares que lo empujaron a realizar ese verso. Había estado viviendo ocho meses en Manhattan, con Juan Carlos Cobián, y los sueños se habían venido abajo por la bohemia de ambos y encima, el casamiento y divorcio de Cobián con una señora norteamericana. Entonces Enrique decidió sacar el pasaje en barco para volver a Buenos Aires. El gran pianista de Pigüé llegó a tiempo al puerto para despedirlo con un gran abrazo fraternal. Y la vida seguía...

                                         


Pensar que muchos años más tarde de aquella historia,  llegaba yo apurado al aeropuerto Kennedy, para embarcarme a Madrid, y me lo encuentro a Cadícamo apoyado en una puerta. Me parecía un sueño.
-Enriquito, ¿que hacés acá? ¿Te dejaron de seña?
-Pibe, ¿adónde vas?
-Me rajo a Madrid, se me pianta el avión...
-Esperá, esperá, aguantá un cachito...
Y estuvimos charlando de apuro porque se me iba el avión, al que subí de milagro, y pese a ello me dió tiempo para parlotear un ratito. Me hubiese quedado una semana hablando con él.

Y vuelvo a lo que narraba Cadícamo cuando volvía de aquella aventura con Cobián, en 1938:

  -Durante la travesía, a medida que me iba acercando a Buenos Aires, sentía deseos de que el barco se detuviera, que desviara su ruta o que tardara una eternidad en llegar. Al salir para New York había dejado algo que no entraba en mi valija: una amistad sentimental -sin cartas durante la ausencia- que me parecía haber olvidado, pero que ahora al acercarme volvía a tomar cuerpo y forma de mujer; una muchacha a quien había conocido en años anteriores, muy joven y que continuaba siéndolo a pesar de haber dejado correr despreocupadamente diez años desde que nos conocimos.

   Aquel afecto que era necesario borrar, había nacido en la noche, entre un rumor de tangos con humo de cigarrillos y copas. Una aventura juvenil que yo consideraba terminada. Dejarla más tiempo significaría más tarde un remordimiento.Recuperar la libertad perdida era el problema. No encontrábamos la fórmula para resolverlo. ¿Qué era lo que nos había detenido tanto tiempo? ¿Costumbre? ¿Inercia? Quizás un terco fragmento de amor.

                                             


   Al desembarcar fui a vivir por unos días al departamento de la calle Camacuá 25, que ocupaba mi familia. (...) Aquel departamento en la calle Uruguay al 600 que tiempo atrás había alquilado para mí y del que ella tenía una copia de llaves, se lo dejaría tal cual estaba. Sólo sacaría algunos libros del anaquel y algunos apuntes y papeles de los cajones. Le propondría algo original para terminar aquello. Por ejemplo, dejarla en posesión del departamento y retirarme. En última instancia, sólo esta chance. Con su lápiz de labios escribí en el espejo de la cómoda: "Hotel Continental". El primero que llamara perdería aquella cruel apuesta....

   Ninguno de los dos llamó, ni ella por teléfono, ni yo con los nudillos en su puerta. En la primera y cruel semana de prueba no hubo reacción de ambas partes. En la segunda, menos dura que la anterior, lo mismo. No necesitamos una tercera. Aquello, cada día que transcurría se iba convirtiendo en un recuerdo lejano.

-Como una romántica evocación, pude, después de aquella insólita gimnasia sentimental proclive a producir un cortocircuito en cualquier sistema nervioso, volver a mis tareas colaborando con José Tinelli en un tango que titulé: Por la vuelta.

                                                               

Después de recordar la aventura sentimental de Cadícamo, y sus avatares, creo que lo lógico es que volvamos a escuchar este tango que lleva música del pianista, director y compositor José Tinelli Y, como dice la letra: La historia vuelve a repetirse... en un  breve reencuentro.

Y esa gran artista que es María Graña, lo canta en el programa: "Grandes valores del tango", acompañada por la orquesta del Canal. 



                                                   

    




lunes, 22 de septiembre de 2014

Salimos a bailar

Hoy se me metió este tango en el balero y llevo cantándolo toda la matina. Son cosas algo inexplicables, porque en las milongas casi no se pasa, y no es un tema que tenga gran difusión. Pero a mí me gusta la letra, por lo bien que pinta el romance milonguero y la descripción que va haciendo en el desarrollo del mismo. La interpretación de Juan Carlos Godoy, ese cantor de Campana, sobreviviente de la época del oro del tango, que sigue dándole a la gola, con sus 92 floridos años, es impecable y le da realce al tema.

La letra le pertenece al fecundo creador Leopoldo Díaz Vélez y la música al bandoneonista Juan Pomati, con quien a los 21 años escribí mi primer verso de tango, al que él le adosó la melodía, y que se perdió en la niebla de los tiempos. Díaz Vélez fue un temprano verseador que le fue agarrando el gustito a la poesía, mientras el padre lo familiarizaba con el tango. Con el tiempo se haría cantor y también crearía temas de largo y exitoso recorrido.
                                                     
Díaz Vélez con Silvana Gregori


Alcanzaría con nombrar a La milonga y yo, Entre tu amor y mi amor, Muchachos comienza la ronda,  Boliche de cinco esquinas, 1910, En el salón, Si es mujer ponele Rosa, Quien tiene tu amor,  Embrujo de la ciudad, Qué habrá sido de Lucía, Que no saque el tres, El picaflor del oeste, y una parva interminable de canciones de todos los ritmos, folklore, temas dedicados a ciudades, provincias y clubes de fútbol. Y además de todo ello y de la obligada bohemia, de cantar con diferentes orquestas, le gustaba la milonga y por eso escribía versos como éste del título:

Mientras solloza el tango y estás conmigo,
será como ninguna la noche de hoy.
Te queda tan pintado ese vestido
que estás resplandeciente en el salón.
Tu andar y tu sonrisa me han embrujado,
dejame confesarte lo que sufrí
pensando en este baile tan esperado
sabiendo que estarías cerca de mí.


                                                    
Leopoldo Díaz Vélez con uno de sus mayores éxitos

También, como  era muy observador, cuando cantaba con la orquesta de Armando Pontier en el Centro Lucense de Olivos (adonde fuimos tantas veces con la barra), con Los Dados Blancos, con la de Francisco Requena,  Emilio Orlando o Eladio Blanco entre otras, no perdía detalle de lo que pasaba en la pista de baile y de allí surgieron varios de sus versos. Entre ellos: Salimos a bailar.

¿Salimos a bailar, sueño querido?
que tengo tantas cosas que decir;
no importa que te envuelva el torbellino
del baile, cielo mío y sufra más así.
¿Salimos a bailar, sueño querido?
que en cofre de oro traigo para vos,
este cariño santo que para darte vivo

y esta esperanza mía de que me des tu amor.

Hace unos años formé una Compañía de teatro en Madrid y actuamos en diferentes ciudades de España. Uno de los muchachos que trabajaba en la misma, era ahijado de Leopoldo Díaz Vélez y me contó bastantes anécdotas de su padrino. Especialmente destacaba que era el alma de las fiestas familiares en el barrio de de Palermo, donde vivían, y que en ellas cantaba, recitaba y llevaba la batuta.  Y me dijo que gracias a Tita Merello, la página que más ingresos le dió fue La milonga y yo. Y mi amigo odiaba a Juan Manuel Serrat, porque decía que le había robado la parte de: "Vamos subiendo la cuesta / que arriba la noche / se viste de fiesta..."

                                      


Incluso hubo un juicio por plagio, pero como no había similitud musical salvo esas tres frases, Díaz Vélez perdió el juicio y debió pagar las costas y a los abogados. Pero hoy estamos con este tema suyo que incluso me está haciendo bailar solo en mi escritorio, porque Tanturi tiene un ritmo que se presta para ello y te contagia rápidamente.

El mechoncito rubio sobre tu frente
te hace una cara dulce y angelical,
estando así, los dos estrechamente,
mil rosas de ilusión florecerán.
La noche tiene un alma iluminada,
dejemos dentro de ella la sensación
feliz de nuestras almas enamoradas
al mágico conjuro del corazón.


Y entonces los invito a ustedes a prenderse en la escucha y contagiarles mi entusiasmo milonguero. La orquesta de Ricardo Tanturi, cantando Juan Carlos Godoy, lo grabó el 30 de septiembre de1957.

157- Salimos a bailar - Tanturi-Godoy


Y como estamos con el ánimo milonguero, me rajo con mis sentimientos hacia Gricel, el hermoso salón de la calle Rioja donde aterrizo en mis regresos.  Les quiero mostrar a esta pareja mayor, -Marta Doctorovich y Luis Anchava-  para destacar la elegancia con que bailan el tango de Raúl Kaplún y José María Suñé: Una emoción, por Tanturi-Campos. La señora es una delicia moviendo los pies, además.

                                          


sábado, 20 de septiembre de 2014

La Beba

Por algo estudió igual que su padre en el mismo piano Fóster alemán, regalo del abuelo Adolfo, y que hoy se exhibe como joya auténtica en "La casa del tango". En su libro, Beba Pugliese asegura que "la música es un bálsamo que nos hace revivir toda emoción, reflejando todos los estados de ánimo.  La música del tango es alegre, imaginativa, despliega todo tipo de matices, es descriptiva".

Hablo seguido con Beba porque es una mujer encantadora, con un bello sentido de la amistad. Y también aprovecho los regalitos fotográficos, recuerdos hermosos,  que nos deja en la Barra del Tango que capitanea Roberto Mancini, el que fuera gran cantor de Caló o De Angelis, entre otros. Acá la vemos en su 12ª cumpleaños junto a Papá Osvaldo y Mamá María Concepción.

                                                  


Primero quiso ser bailarina y estudió danzas clásicas. Luego le agarró el gustito al piano, y ver ensayar en su casa la orquesta de Don Osvaldo es un lujo increíble y emocionante. Lo describe muy bien en su libro, como la creación del tangazo Negracha, que mientras lo componía y ensayaba en el piano, le iba pidiendo a Beba su opinión sobre el mismo.También recuerda cuando iba con su primos y bailaban en el Club del barrio. En realidad estudió en serio y pudo ser pianista clásica, pero el tango la fue enganchando y suele darnos conciertos que son muy aplaudidos por la gente.

Algunas veces veraneaban en Mar del Plata. La orquesta de Pugliese cumplía algunos contratos veraniegos y de paso, aprovechaban la ocasión y disfrutaban de la playa, como se ve en este registro fotográfico, en que el maestro está con Beba y su nieta María Carla, en La Perla. Don Osvaldo se pone la gorrita de la nena al revés, como la usaba ella y la feliz mamá, Beba, sonríe feliz.


Ya les conté  que Beba baila muy bien el tango. Incluso lo hizo  en el escenario, con Roberto Herrera, a modo de anécdota porque en esa gira había acudido con su orquesta. En una oportunidad que estuvo en Madrid, le hicimos un pequeño homenaje en un  boliche argentino y bailé con ella, comprobando in person que se mueve muy bien en la pista.

Cada tanto, cuando tiene poco trabajo y le da el piante, se da el lujo de ir a alguna milonga y mover los remos al compás de esos discos que nos empujan a todos en la pista. Estuvo, por ejemplo, en el Club Oeste, de la calle Juan Bautista Alberdi. donde yo milonguée cuando era muy jovencito, y donde arrancó nada menos que Nélida Roca, la que fuera escultural vedette de la calle Corrientes.

Y acá la vemos bailando con un milonguero -Rolo- con la cancha libre que le dejaron para que pudieran florearse a piaccere. Se lucen con  el tango de Francisco Caffiero, Cachirulo,  por Aníbal Troilo y su orquesta de los cuarenta.




 Digamos que es una anécdota, simplemente, y para corroborar que tiene alma milonguera. Pero lo suyo es el tango bien tocado. Y dirigiendo su orquesta y con sus vocalistas, Darío Vitale e Isabel Mendoza, la podemos disfrutar en una hermosa selección de temas.

                                               

       ¡Muy groso, Beba!                                             






jueves, 18 de septiembre de 2014

Tiempo de Fiore

Su nombre siempre permanecerá unido al de Pichuco. Esos seis maravillosos años en la orquesta de Troilo sirvieron no sólo para edificar una idolatría, sino también, para que setenta y pico de años más tarde, esas obras que fermentaron juntos, iluminen las pistas de baile de todo el mundo, y el corazón emocionado de los tangueros. .

Porque Francisco Fiorentino era bandoneonista, músico, y su voz, sus interpretaciones, eran absolutamente musicales, aunque en algunos casos sonaran farragosas. Al fin de cuentas también Pichuco en ocasiones embarraba un poco la cancha para emerger en pinceladas  gloriosas que ponían la piel de gallina a los músicos de la orquesta y a los oyentes. El tono era lo que importaba, ése tono.

                               


Séptimo hijo de tanos inmigrantes, todos los hermanos tuvieron que salir tempranamente a trabajar para contribuir a parar la olla en la humilde casa del barrio porteñazo de San Telmo, donde vio la luz. También el barrio le dió el baño de tango que fue creciendo en su sangre. Ayudante de sastre y bandoneonista de afición, su hermano Vicente le daría las primeras lecciones del instrumento que completaría el afamado Minotto Di Cicco, primer fueye de la orquesta de Francisco Canaro.

Pensar que lo ví siendo un chico, en Radio Belgrano, a la que me llevaba cada tanto un muchacho del barrio que conseguía entradas. La imagen que me quedó para siempre fue su interpretación de Tabernero con José Basso, esa tarde-noche, y el hecho de que antes y después de cada tema se introducía una pastilla en la boca que luego, al intervenir, expulsaría.

La percha de Fiore junto al Toto Rodríguez. Orquesta de Troilo en Radio Splendid
                                                  
Yo pienso que Fiore es Troilo y que esa media docena de años que estuvo en la orquesta la gozan y gozaron muchas generaciones de tangueros/milongueros. Son inseparables. ¿A quien le puede importar que haya cantado con Canaro, con D'Arienzo, Cobián, Julio Pollero, con Fogelman-Gorrese en Europa, con Maffia, con Roberto Zerrillo, con Vardaro-Pugliese, o con los Poetas del Tango, o con Ricardo Malerba o Daniel Álvarez. O que haya tocado el fueye con Canaro o con la Típica Fiorentino que dirigía su hermano Vicente. Ése no era el tano Fiore, era otro tipo. Nada que ver. No hay más que escucharlo en grabaciones.

                                             


Fue Fiore desde el 1º deJulio de 1937, cuando debutó con la flamante orquesta de Aníbal Troilo en el cabaret Marabú de la calle Maipú. Esa orquesta a la que además asesoró en la vestimenta aprovechando su antiguo trabajo de aguja, tijera y el centímetro de tomar medidas. Pichuco le prestó su voz pequeña y su sentimiento al nuevo vocalista. Fue un trasvase mágico que lo reconvirtió cuando le faltaban tres meses para cumplir 32 años de edad. Y Fiore pasó a ser como el fueye de Pichuco, el piano de Goñi, el violín de Sapochnik o el contrabajo de Fazio (o el de su sucesor: Kicho Díaz). Por algo Raúl Garello, que fuera primer fueye de Troilo comenta: "Pichuco fue un cantor frustrado. ¡Cómo cantaba! El decía que si no fuera por esa voz de papel de lija, se hubiera dedicado a ser cantor. Por eso hacía cantar todo lo que tocaba!..".

                                  
Fiore de blanco junto a Pichuco en Montevideo. Ya estaba Piazzolla en la orquesta

Y Fiore dió cuatro años de ventaja de cara a la posteridad. Porque después del primer disco de la orquesta en Odeón, en 1938 -dos instrumentales- , recién comenzaron a grabar en la RCA Víctor el 4 de marzo de 1941. Dos temas grabado con la voz de Fiorentino: Yo soy el tango y la milonga Mano brava. Orillaba entonces los 36 años, o sea, nacía como cantor para los que escucharían sus gorjeos entre el lujoso swing de Goñi al piano, y el contracanto del fueye de Pichuco. Grabaciones que con el tiempo servirían para llenar el currículo de Pichuco y su llamada: Orquesta de los cantores.

Alberto Morán, en aquellos descansos de la Confitería Montecarlo, donde yo decía presente varias noches a la semana, cuando se desvinculó de Pugliese me hablaba de Fiore con una real emoción. "Fue todo un maestro -me decía-, al principio yo cantaba en su estilo. Luego, lógicamente fui encontrando el mío, pero me tenía atrapado. Cada vez que lo escuchaba en temas como Te aconsejo que me olvides o En esta tarde gris, se me volaban los pajaritos...".

                                                       
Troilo-Fiore. Una dupla para la leyenda del tango


El tango inicial que cantó Fiore con Troilo en el Marabú, fue Sobre el pucho, de Piana y González Castillo y el último: Adiós Pampa mía. Ninguno de los dos fue grabado. Pichuco mismo se emocionaba cuando le hablaban de su primer cantor y recordaba que sus hinchas juntaron muchas firmas para que lo reintegrara pero el Tano ya volaba hacia el olvido, que iría haciendo parada en su orquesta que dirigía Piazzolla y luego Spitalnik, con Basso, Mancione,  o Puglia-Pedroza...

Ya nunca más fue ese Tano Fiore que cantó con Troilo. El que se mordía el pañuelo en los ensayos porque no enganchaba la entrada a tiempo o se trabucaba y obligaba a la repetición. O sanateaba en algún momento para seguir a la orquesta. Nada importaba. Su voz era otro instrumento de la Típica de Troilo. Incluso había dejado atrás la etapa de los estribillistas y con Pichuco inauguró la era de las letras cantadas enteramente, o al menos la primera y segunda parte. También fue protagonista de la dupla de vocalistas definitivamente consolidadas. Si hasta Troilo fue cambiando para dejar atrás aquellos años de Fiore. Era otro Pichuco siempre creciendo, pero el principio nunca pudo olvidarlo.

                       
Ensayando en Radio El Mundo
                 

Murió en un accidente del auto en que viajaban, en Mendoza, en setiembre de 1955. Al día siguiente yo estaba en la sede de SADAIC, de la calle Lavalle, con mis amigos, el Gordo Draggi y Osvaldo Bregaglio, sobrino de los Pizarro que triunfaron en Francia, para recordarlo. Infinidad de gente del ambiente e hinchas suyos, llenaron incluso la calle. Con él se nos fue toda una época inolvidable del tango, que sobrevive genialmente en esos discos eternos.

Puedo poner cualquiera de los temas que grabó con Pichuco, aunque por esta vez, acudo a dos inéditos de la dupla que quedaron como él, en la cuneta. De José María Contursi y Pedro Laurenz: Vieja amiga.  Y del mismo Contursi, Enrique Francini y Héctor Stamponi: Bajo un cielo de estrellas.

Sí, tienen algo de ruido, pero ¿a quién le importa eso hoy?

2- Vieja Amiga - Troilo-Fiorentino

1- Aníbal Troilo- Bajo un cielo de estrellas - Fiorentino


miércoles, 17 de septiembre de 2014

El Polaco

Lo veo en ajadas imágenes de televisión, lo escucho en grabaciones con Salgán, con Pichuco, con Garello y me sigo emocionando como en aquellas inolvidables noches de Caño 14, cuando lo acompañaba Atilio Stampone al piano, y en las cuales, como diría Manzi: "En cada verso pone su corazón". Fue único en su estilo, en su manera renovadora de decir las letras que los poetas habían pautado en tango. Entendió como nadie la fuerza tremenda de algunos versos.

                                                         

Cuando se fue transformando en diseur, por sus malas noches, por su ronca garganta, por el físico debilitado, nos llegaba de igual manera al cuore porque le salía del alma. Y todas sus interpretaciones eran maravillosas, no queríamos que terminara nunca la función. Nos tocábamos con los amigos en la mesa,  para subrayar un gesto suyo, una palabra deletreada con semejante emoción, que nos dejaba un buraco en el cuore.

Alguna vez conté que una noche, allá por el 72, en un night club de Olivos, me regaló un acetato donde, acompañado por guitarras, canta el tango de Mario Battistella y Ángel Maffia: Sueño querido.  Lamentablemente, con las mudanzas uno va perdiendo tantas cosas, que dan ganas de llorar, como dice el tango. Tenía un par de fotos con él, que también volaron como el disco dedicado cariñosamente.

                                     
Yunta de oro. El Polaco y Pichuco

Pero también aproveché aquella noche lunga para estirar el diálogo y fue entonces que me iría contando su admiración por cantores como Floreal Ruiz e incluso Tony Bennet. Le gustaba mucho en el Tata y en el norteamericano, su manera de frasear cantando. Justo el aspecto que Goyeneche  supo llevar al grado máximo. Y era justamente lo que más admirábamos de él: cómo podía retrasarse ex profeso en una palabra y de repente alcanzar a la orquesta con una clase admirable. Sus tempos rubatos en ese sentido fueron admirables y únicos, casi bandoneonísticos.

Y de Gardel, por supuesto, hablaba sin parar y me contaba cuando escuchaba la radio con su madre, y en los discos, él lo acompañaba a dúo, siendo apenas un adolescente. "Es inalcanzable -decía-, le sobraba gola pero Gardel usaba la media voz como nadie. Su  musicalidad venía en el envase con él. Podía cantar a capella, que daba igual, la música y la voz las ponía él. Las dos a la vez. Un genio. Además a cada verso le daba su entonación, la expresión,  su real sentido, captaba rápidamente la intención del poeta. Es irrepetible. I-rre-pe-tible..." -remarcaba-.

                                 
El Polaco Goyeneche cantando con Piazzolla, que lo ubicó entre los más grandes


Dejó unos 2.800 temas grabados.Y lo mismo acentuaba los versos dramáticos, los sarcásticos, melódicos, sentimentales, como los tangos bien reos. Respecto a su oído privilegiado que le permitía entrar en la partitura de la orquesta a tiempo, aunque no supiera música, aclaraba que en su etapa inicial con Horacio Salgán aprendió a distinguir uno por uno, los elementos de la armonía musical, sin errarle a una sola nota.

Hoy estoy copado con el Polaco y para reafirmarme en mi fanatismo por él, lo vuelvo a ver gracias a las viejas reproducciones de televisión,. Entre otros cantando el tango de Enrique Cadícamo y Aníbal Troilo. Garúa, ideal para esta matina de llovizna en Madrid.

Acá lo vemos en Montevideo, en el programa de Miguel Ángel Manzi, el conocido animador uruguayo, que le presenta a Donato Racciatti y a Tito Cabano, el autor de Un boliche.


                                          
Y para comprobar una vez más toda la polenta de su interpretación, lo vemos en Canal 9, en el famoso programa Grandes valores del tango, presentado por Silvio Soldán. Muchas noches, después de hacer mi intervención en el Noticiero del Canal, me quedaba a verlo a él y otros intérpretes, auunque tuviera ganas de irme a casa, después de un día de mucho ajetreo.

Lo acompaña el conjunto que dirige desde el piano Armando Cupo -la orquesta del Canal- y realiza una interpretación memorable del tango de Carlos Gardel y Alfredo Le Pera: Volvió una noche.

Im-pre-sio-nan-te.

                                                 

martes, 16 de septiembre de 2014

Ismael Spitalnik

Ese tangazo que compuso a principios de la década del cincuenta, me sigue sirviendo para darle nombre a la Milonga que tengo en Madrid y que lleva precisamente el nombre de su creación: Bien milonga. Lo grabaron magistralmente tanto la orquesta de Aníbal Troilo como la de Osvaldo Pugliese y en ambos casos hizo el arreglo del mismo. Además, en ese momento integraba el formidable cuarteto de bandoneones de la orquesta de Pugliese junto a Víctor Lavallén, Mario Demarco y el Tano Ruggiero.

Aunque no tenga un lugar destacado en la memoria colectiva tanguera, Spitalnik fue un músico de gran intuición, con algunos estudios, que a sus 11 años de edad, tocaba en el conjunto juvenil que dirigía ese gran maestro Alejandro Junnissi, que lo orientó y que incluso le prestó el primer bandoneón que tocó este porteño del barrio de La Paternal.

                                               


Hijo de humildes inmigrantes lituanos; la que sería su madre, llegó a la Argentina para juntar algún dinero y posibilitar el posterior viaje de su novio. Con él se casaría en Buenos Aires, cuando cumplieron las Bodas de oro y luego de tener ocho hijos argentinos. Ismael se dedicó a la música con afán, y Jacobo Fischer le daría clases de armonía, que le servirían para destacar como un gran innovador en la superación de las orquestas que vino con el fermento de los años cuarenta.

                                         
Lavallén, Demarco, Pugliese, Ruggiero y Spitalnik


Pasó por la filas de la orquesta de Juan Carlos Howard y Mario Landi, que actuaban en el cabaret Sans Souci  y entró a la puerta grande del tango, cuando ingresa como segundo bandoneón en la orquesta de Ángel D'Agostino en 1940. Allí comienza a perfilar su futuro de gran arreglador. Lo increíble es que, paralelamente a su trabajo de músico se diploma de químico industrial.

Cuando estaba con D'Agostino da a conocer su primera obra: Todo terminó, con letra de Mario Soto (que era presentador de la orquesta de Pugliese), y en colaboración con Alfredo Attadía. Lo grabó D'Agostino con la voz de Angelito Vargas el 14 de diciembre de 1942.

                                             


Un año más tarde lo convoca Horacio Salgán para su formación y ya ocupa el atril del primer bandoneón. Es la época en que prueban a Edmundo Rivero y se quedan asombrados con la enorme categoría del cantor que llegó tarde al éxito, mereciéndolo mucho antes. Spitalnik se irá con Miguel Caló cuando se produce la desbandada de la Orquesta de las estrellas, y en seguida sucederá a Ástor Piazzolla como director de la orquesta que acompaña a Fiorentino.

Esta experiencia junto a Fiore, de quien fue gran amigo, le sirve para volcarse en el acompañamiento de cantores como Raúl Iriarte, Aldo Calderón o Hugo del Carril. A la vez se tomó un largo descanso para dedicarse a componer y arreglar. Lo hizo para las orquestas de José Basso, Francini-Pontier, Aníbal Troilo, Osvaldo Pugliese y otras.

                                                       
En 1946, dirigiendo la orquesta que acompaña a Fiorentino


Bastaría escuchar algunos arreglos que hizo para la orquesta de Pichuco, para calibrar su enorme categoría: La viajera perdida, Orlando Goñi, Ojos negros o Cafetín de Buenos Aires. También trabajaba en orquestaciones standard para la Editorial Julio Korn con las que pudo contribuir al desarrollo de las nuevas ideas musicales que iban mostrando las orquestas.

Después de varios años alejado de los escenarios, Osvaldo Pugliese lo llamó para integrar su orquesta a mediados de los cincuenta. Hay comentarios nefastos que adjudican a la imposición del Partido Comunista, su integración al conjunto de Pugliese, de quien era correligionario. Como si no hubiese acreditado capacidad de sobra para ocupar ese sitio. Años de trabajo permanente y giras por Japón y otros países, le llevarían a dejar la orquesta para estar cerca de su familia.

Aunque volvería con su Septimino y más viajes exitosos por todo Japón con el mismo, tiempo después. Spitalnik no deja una gran obra como compositor, pero sus títulos avalan su valía en ese apartado: Además de los citados: Fraternal, Gente amiga, Anónimo, San Pedro y San Pablo (con letra de Julio Huasi), Bandoneón melancólico, Bordoneos, El troesma (dedicado a Pugliese), Duendes en la noche, Historias, Juan Pueblo, Presencia tanguera, Nostalgia bardiana, Un simple vals, Juan Tango, Vivir con todo y algo más (con Amanda Velazco) o Vacío (con Mario Soto), entre otros.

                             
Spitalnik al final, con su septimino


Quiero recordar a este excelente músico, que se retiró tempranamente, y lo hago con dos joyitas suyas: Fraternal, título que alude a su sentido progresista y sentido de la amistad. Lo grabó entre otros Alfredo Gobbi con su orquesta el 26 de agosto de 1954. Y dedicado a los músicos de la orquesta de Pugliese: Gente amiga, que éste dejaría en el disco con su orquesta  el 2 de enero de 1958.

Fraternal - Alfredo Gobbi

04- Gente amiga - Osvaldo Pugliese