viernes, 28 de febrero de 2014

Carlos Acuña

Del porteño barrio de Constitución al mundo. Tal podría haber sido el lema que marcara la trayectoria de este cantor que esparció tangos por tantos países. Treinta y seis, según figuraban en su ristra de pasaportes, cargados de sellos aduaneros, pero también de anécdotas de todo calibre.

Se llamaba Carlos Di Loreto y desde chico destacó su voz en el coro del Colegio San José, de La Plata  donde estudiaba como pupilo. Su padre, un tano, que se había radicado en el pueblo de General Pinto, sito en la provincia de de Buenos Aires, al noroeste y a 355 kilómetros de la Capital, solía cantar y tocar la guitarra y la concertina  como tantos inmigrantes itálicos.

                                     
Carlos Acuña con las guitarras de Calabró, Pujol y Risso

Él fue quien le transmitió a Carlos la pasión por el canto, y aunque éste arrancó con canciones criollas y otras de moda, el tango se fue adentrando en su alma. Estudió con buenos profesores e incluso con el afamado Eduardo Bonessi. Debutó en el Club Portugués de su barrio y de allí saltaría a Radio París, acompañado por dos guitarristas. Curiosamente su futuro nombre artístico se lo endosó un carnicero gallego que tenía situado el puesto en el Mercado Proveedor del Sur, enfrente de su casa,.

Se apellidaba Acuña y le dio dos lecciones inolvidables, como lo destacara siempre el propio Carlos. -¿Tú crees que un cantor de tango se puede llamar Di Loreto?
Y le llegó tan hondo que adoptó el apellido del carnisa, que además le dijo:
-Cuando cantes un tango y no se te ponga la piel de gallina, es porque no está bien cantado...

                                     


Y Carlos, que había escuchado en vivo a Gardel en el teatro, en 1932, llevado por su padre y su tío, entendió lo que acababa de decir ese hombre, aunque era muy joven y las cosas venían demasiado rápido. Porque enlazando mojones fue cantando en Radio Rivadavia, en Radio Fénix, compartiendo espacio entre otros con Charlo e Ignacio Corsini. Arrastraba también un deje gardeliano que a veces se notaba en su canto, acompañado por Canataro y Pedretti en guitarras por numerosos cafés de la época, donde se fogueó definitivamente.

Un día se le ocurrió ir a ver al Negro Celedonio Flores para que le hiciera de presentador y glosador. Un cheque al portador para el éxito. El Negro se había casado, se había ido a vivir fuera y le dijo que no podía. Entonces Acuña se remangó y le cantó Pan y Sentencia, dos tangos suyos. Y lo emocionó. Cele agarró viaje y luego, al final de las madrugadas tenía que esperar a que saliera el primer tren de la mañana hacia su destino familiar y entretenía a los trasnochadores en la estación, hablando de tango, de boxeo, timba y la interminable noche porteña.

                                   
   

El salto grande lo da Acuña incorporándose a la orquesta de Carlos Di sarli, a la que luego seguirá su inserción en las de Rodolfo Biagi y el Negro Ernesto de la Cruz. Ya le había agarrado el gustito al hacer y deshacer valijas y comenzó a viajar por países vecinos en giras artísticas. El músico y arreglador Martín Darré, lo presentará a Mariano Mores, quien lo contrata y es el trampolín perfecto para su futuro. El escenario del teatro Nacional de la Calle Corrientes en una revista musical con la orquesta de Mores, Tita Merello, Beba Bidart, Tito Lusiardo y otros, le sirve de tarjeta de presentación para  ir a continuación a Venezuela, Puerto Rico, Colombia, Jamaica...

Se enrola en una gira en 1961 a Europa con una compañía que dirigía Emilio Roca y en la que estaban Fernando Ochoa, Argentino Ledesma,  Chola Luna, Miguel Nijensohn con su orquesta, y el Trío Los santos. No llegaron a tiempo para cumplir el contrato previsto y tuvieron que volverse todos...menos Acuña que decidió recalar en Madrid. Y allí permanecería nada menos que 18 años y no sólo le serviría como base de operaciones, sino incluso para despegue de las giras que realizaría por numerosos países europeos.

Además, se hizo muy  amigo del General Perón, que estaba exiliado en Madrid, y de Pilar Franco, hermana del dictador, que fue gran admiradora suya, lo cual le permitió a Carlos ayudar a gente que llegaba a la capital de España con dificultades y sin papeles de radicación. Soy testigo de numerosas gauchadas que hizo en tal sentido. España lo adoptó como gran figura y grabó numerosos elepés además de sus actuaciones en salas, compañías teatrales y televisión. Las hurras finales las dio con 84 años, en 1999, en su Buenos Aires querido, a la que tantas veces le cantó en su estilo gardeliano.

                                 


Hoy lo rescato con el único tema que grabó con Carlos Di sarli. El tango de Alfredo Malerba y Héctor Marcó: Cuando el amor muere, grabado el 2 de agosto de 1941. Y con la orquesta de Rodolfo Biagi- en la cual dejó 12 temas impresos- el tema de Juan Antonio Migliore y Ricardo Duggan (Fermín Carballeda), Tu voz, registrado el 5 de septiembre de 1945.

11- Cuando el amor muere - Di Sarli-Acuña

Tu voz - Carlos Acuña con Rodolfo Biagi


jueves, 27 de febrero de 2014

Orquesta Municipal de Tango de Mar del Plata



La Orquesta Municipal de Tango de la ciudad de Mar del Plata –Provincia de Buenos Aires, República Argentina- es el organismo musical de más reciente creación de los que dependen del Ente de Cultura de la Municipalidad de General Pueyrredon. Los otros son la Orquesta Sinfónica Municipal, la Banda Municipal de Música, el Quinteto Municipal de Piano y Cuerdas y el Quinteto Municipal de Vientos.

                                         
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Fue creada por decreto 1711 de agosto de 1997 del Intendente Elio Aprile y su presentación oficial tuvo lugar el 11 de diciembre de 1997 en el Teatro Municipal Colón, en conmemoración del Día Nacional del Tango. La iniciativa del intendente Caprile, no pudo ser más afortunada y exitosa. Desde entonces la Orquesta se ha presentado en distintos escenarios, incluidas sus actuaciones en la Ciudad de Buenos Aires.

Los integrantes de la Orquesta Muncipal rodeando al recordado Enrique Alessio.

En 1999 ofrecieron un concierto en dependencias del Senado de la Nación -Tributo a Enrique Cadícamo-, y también en la Casa de la Cultura y el Teatro Nacional Cervantes, de gran solera, representando a la Provincia de Buenos Aires en el I Encuentro Nacional de Tango.

Inicialmente la orquesta se integró bajo la dirección de Julio Dávila en el piano; Ernesto Scorziello (solista) y Carlos Báez (bandoneones); José De Pilato (solista), Pablo Albornoz y Jorge Smitt en violines;  José Cardoso Borges en viola; Daniel Sergio, cello, solista; Eduardo Luc al contrabajo y  Carlos Ramos en su rol de cantor.

                                           


 Lo cierto es que ha logrado un magnífico resultado, la orquesta está muy bien ensamblada y destaca tanto en temas históricos como en nuevas creaciones. Y, por supuesto, llena de orgullo a los habitantes de la gran ciudad balnearia situada a 400 kilómetros de la Capital porteña. Como en todo estos conjuntos, concurren algunos cambios puntuales, pero el estilo está muy logrado y vale la pena escucharlos en dos temas de su primer CD.

He extraído del mismo estos dos tangos; de Armando Pontier y José María Contursi: Tabaco.Y de Vicente Spina y Roberto Miró: Me quedé mirándola.



































 






miércoles, 26 de febrero de 2014

Desde el alma

Este valse Boston, lo compuso Rosita Melo (Rosa Clotilde Mele) cuando apenas tenía 14 años. Había nacido en Montevideo, pero sus padres italianos se trasladaron a vivir en Buenos Aires, con toda la familia cuando ella tenía apenas dos años. A los cuatro años ya chapurreaba en el piano, que luego estudiaría y se recibiría como profesora del mismo con matrícula de honor.

Rosita se casó con Víctor Piuma Vélez, poeta y pintor aficionado, a sus 25 años de edad, y aquel vals Boston, pariente del waltz autriaco, había caído en manos de Roberto Firpo, dos años antes, y con algunos pequeños arreglos, el maestro lo transformó en un vals criollo, o mejor dicho: porteño, y lo grabó en 1920 con su orquesta.
                                    
                           

Desde entonces se convirtió en un clásico y fue consagrado mayoritariamente como el valsecito romántico y representativo por antonomasia de esta especie, en el vademécum tanguero. Lo han interpretado músicos y cantores de todo pelaje, conjuntos de guitarras, cancionistas y ha dado la vuelta al mundo junto con los tangos más famosos.

Víctor Piuma era empleado del Ministerio de Hacienda y le fue poniendo versos a todas las creaciones de su esposa. Entre otras, a Desde el alma, aunque los mismos no trascendieron mayormente. cosa que en cambio, sí sucedió con la melodía que se hizo muy familiar en todas las casas, bailes, casamientos, serenatas y guitarreadas.

                                           
Rosita Melo

En 1948, Homero Manzi, llama a la casa de Piuma-Melo, en la calle Varela, del barrio de Flores, para solicitarle a Piuma la posibilidad de hacerle una nueva letra al ya famoso valsecito. Ocurría que la anterior no se adaptaba a lo que precisaba Hugo  del Carril para cantarlo en la película Pobre mi madre querida, que se comenzaba  a filmar, con Hugo, Emma Gramática y Aída Luz, como figuras centrales. Y la nueva letra debería estar referida a la madre. Piuma aceptó encantado, Manzi hizo los versos y los firmaron junto a Piuma Vélez.

                                

Y el valsecito volvió a cobrar nuevas alas con esa interpretación de Hugo del Carril y la grabación de Nelly Omar con la orquesta de Francisco Canaro. Y ya en 1979, durante una larga gira por todo el Japón, de Osvaldo Pugliese con su orquesta, el maestro propuso hacer un arreglo entre todos del hermoso tema, que seguía estando en el alma popular. La lejanía, la nostalgia, inspiró a los músicos, Arturo Penón, bandoneonista de la orquesta fué quien más puso en dicho arreglo y salió esa maravillosa versión que volvió a ponerlo de moda en las milongas de todo el mundo.

Hoy podemos retrotraernos a 1934, cuando Félix Gutiérrez canta la primitiva letra de Desde el alma con el Trío Los nativos. El mismo estaba integrado por Renzo Massobrio en acordeón, Juan Caldarella en guitarra y José Percuocco en violín, aunque algunas veces alternaban otros músicos.

Desde el alma- Trío Los nativos -Félix Gutiérrez


Y podemos verlo a Hugo del Carril cantando los versos de Manzi-Piuma, en la película Pobre mi madre querida, que dirigieron Homero Manzi y Ralph Pappier con música de Alejandro Gutiérrez del Barrio, en 1948. Hugo lo baila incluso, con Graciela Lecube.


                                


martes, 25 de febrero de 2014

Julio Camilloni

Este poeta representa en el tango el espíritu generoso de ese barrio de Boedo que dió tantas voces y plumas notables, no sólo para el tango sino incluso en la literatura, el teatro y el cine. De allí salió la palabra chúcara y orientadora de José González Castillo que acaudilló, entre otros,  aquel movimiento en que se formaron muchos artistas destacados. Las pullas entre los hombres de Boedo y los de Florida, alumbraron durante un largo tiempo las páginas de periódicos cosechando simpatizantes de uno y otro bando.

Julio Camilloni
La Editorial Claridad, estaba ubicada en la calle Boedo 837, y durante la década del veinte, congregó a escritores que defendían causas de izquierda, socialistas y anarquistas que luchaban por los derechos obreros, y el barrio estaba habitado en general por gente de esa procedencia humilde. Prestigiosos intelectuales como Leónidas Barletta, Elías Castelnuovo, Raúl González Tuñón, Álvaro Yunque, Roberto Mariani o Nicolás Olivari formaban parte de esa trinchera de avanzada que dejaría una profunda huella no sólo en toda la zona sino incluso en el devenir de la cultura argentina, ya que también se agregaban  a esta corriente, pintores, artistas plásticos y gente de tango.

                                     


Julio Camilloni recibió muchas de aquellas influencias, sobre todo transmitidas por sus hermanos mayores y a los 15 años ya había escrito la letra de un valsecito: "Guitarras en la noche", con música del infatigable fueye de Boedo, Antonio Sureda. Sus hermanos le exigieron que leyera y trabaje más para producir mejores resultados literarios y Julio me contaba que se había puesto, años más tarde  como lema, unos versos del poeta, pensador y novelista cordobés Emilio Sosa López:

Sin antes ver la nube no goces de la lluvia
ni cantes a la rosa sin ir por el jardín.

Camilloni, que nació en Ancona -Italia- y a los tres meses ya estaba viviendo con sus padres en Buenos Aires, fue siempre un hombre modesto y trabajador. Su experiencia espiritual le permitió realizar una poesía que entrañase  un sentido del hombre como principio y fin de toda libertad. Muy responsable consigo mismo, con su origen, nunca se cansó de escribir versos y tirarlos al cesto hechos un ovillo porque no terminaban de satisfacerlo. Su autocrítica no tuvo límites.

                                     


Cuando lo conocí, en la barra que parábamos frente a Radio El Mundo, trabé rápida amistad porque era muy sociable. Vendía artículos de talabartería y andaba siempre con un portafolio encima, lleno de todo tipo de piezas para construir los mismos. Gran amigo de Alfredo Gobbi, tomé incluso más contacto con él gracias a ello. Con Antonio Blanco el fiel violinista que acompañó a Gobbi durante 20 años, en las buenas y en las malas, construyeron una pila de temas de notable repercusión y calidad: Estás en mi corazón, Predestinada, Amanecida, Al mismo Dios, Anteojito. Al mismo Sol, Balance sentimental, Barquitos de papel blanco, Espejismo playero, La invitada, Pichuco está tocando y otros más entre los que destaca La última, una belleza de tango que consagró Ángel Cárdenas con la orquesta de Aníbal Troilo.

                                               


Con Alfredo Gobbi, hicieron esa hermosa milonga: A mis manos,  y también Mensajera, Mujeres son mujeres, Tu angustia y mi dolor. Tiene temas con Osvaldo Pugliese, Emilio Balcarce, Fulvio Salamanca, Ernesto Baffa, Arturo Gallucci, Domingo Federico, Argentino Galván,  José Dames, Carlos Di Sarli, Mario Demarco y muchos otros músicos. Sobre todo con Julio Ahumada, una de cuyas obras en colaboración: Hasta el último tren, ganó el Primer Festival de la Canción en 1969, derrotando con gran polémica a Balada para un loco. Al margen de lo que sucediera luego con una y otra pieza, creo que la poesía de Camilloni en este tema  guarda la calidad de toda su obra.

                                             


Camilloni nunca quiso entrar en discusiones al respecto y siguió trabajando infatigablemente en la poesía. Incluso realizó dos canciones infantiles con Farías Cabanillas, que tuvieron mucho éxito en otros países: Pinocho y Aladino.

Quizás el credo de este poeta de Boedo, que conservó su humildad hasta el final, estribaba en estos versos suyos que definían su estilo y su manera de ser:

"Siempre quise canciones que desarmen el odio, / canciones como puentes:  que nadie cante en vano; / me abraza este deseo de no incomunicarme / y este querer de veras canciones como abrazos".

Y como compartí aquellos años hermosos de Gobbi en unos cuantos momentos, vuelvo a ellos en estos dos temas para revivir la época luminosa de esa eterna bohemia. Por la orquesta del violín romántico del tango, Predestinada, cantando Tito Landó, grabado el 13 de junio de 1955 y Estás en mi corazón, con la voz de Jorge Maciel, registrado el 18 de abril de 1950.

Predestinada - Alfredo Gobbi-Tito Landó

Estás en mi corazón- Alfredo Gobbi-Jorge Maciel

lunes, 24 de febrero de 2014

Cumpleaños del Blog

Tangos al bardo cumple hoy dos años exactos de vida. En ese ínterin he realizados 705 entradas con infinidad de temas y personajes del tango y la milonga  y he recibido 125.441 visitas de amigos de todas partes. Las cifras son para mí muy reconfortantes porque demuestran que Tangos al bardo se ha hecho su lugar en el mundo y que de algún modo contribuyo a difundir experiencias, anécdotas, historias y vivencias  que se resisten a quedar en el olvido.

Con la máxima de Montaigne por bandera ("No hago nada sin alegría"), intento recuperar un tono de época, esas esquinas tumultuosas proletarias que discutían de tango, la placenta olvidada, las perennes noches porteñas, mi filiación milonguera y zarandear los retazos de una maravillosa historia que tiene más de 120 años, condensándola en pasajes breves, para poder volver a reconocerla.



Acá está la primer página, expuesta el 24 de febrero de 2012. Y otras que luego le fueron sucediendo. He tratado de reconstruir esa capacidad estimulante que siempre ha tenido y tiene el tango en todas sus formidables facetas y las figuras que le dieron lustre en la unión de música, letra, canto y baile.

Es estimulante comprobar la presencia constante de visitantes de distintos continentes y países en este Blog. Y ello se lo debemos a la difusión de tantos tangueros y milongueros esparcidos por el mundo, y a los libros, webs , blogs, páginas de difusión que constribuyen al conocimiento y revelación de tantos datos y personajes que no son debidamente conocidos, aunque su fama y sus éxitos hayan traspasado largamente las fronteras rioplatenses.

Por eso hoy festejo el aniversario con aquella primera página de hace dos años, en que inauguré Tangos al bardo, sin saber el recorrido que tendría. Pero, eso sí, con mucha ilusión porque convivo con el tango desde niño y en este momento tan importante que tienen las milongas en todo el mundo, creo que es necesario contribuir a agrandar el conocimiento que se tiene de esta música-danza-canto.

                                             

Y vuelvo con aquella primera página que contaba la historia de un jingle comercial muy difundido en Argentina, y cuyo estribillo  se escuchaba en todos los estadios de fútbol durante el intervalo de los partidos de fútbol.


El jingle de Geniol

Si lo habremos tomado para resfríos, dolores de bocho, resaca (guayabo colombiano), calavereadas...

Si habremos escuchado el jingle en la cancha, durante el intermedio, cantado por Carlitos Roldán….

 

Iba en un paquete con “Palmieri hermanos / relojes y regalos…” y “Si su piloto no es Aguamar / no es impermeable lo puedo asegurar”.

Y afuera “¡Se agota el Alumni se agota…!”… y tenían una pila infernal…

Si habremos oído aquello de: “Geniol, el gran calmante argentino de triple fórmula, presenta”:…
Sí, todo aquello algo naïve de: “calma, entona, descongestiona”.

La publicidad inicial se vendió como grabado por Gardel. En realidad es Juan Carlos Marambio Catán quien la canta. Y no se trata del invento de un publicista muy listo, sino un extracto del tango: “Venga de donde venga”, de los hermanos Antonio y Jerónimo Sureda, los de Boedo y los valsecitos.

                                          

Para arrancar el sábado con la nostalgia de aquellos avisos que se nos quedaban cercanos, familiares…

jm

Venga de donde venga - Marambio Catán 










domingo, 23 de febrero de 2014

Ambrosio Rio

Los nombres que enriquecieron y enraizaron al tango en la sociedad rioplatense, son tantos y tan poco conocidos en muchos casos, que siento la necesidad permanente de rescatarlos del olvido y filiarlos en estas columnas que dan algunas vueltas por el mundo, y refrescan sus imágenes.

Cuando el domingo asolea, por no hacer de perezoso, le robo la inspiración a Homero Manzi y con su misma nobleza de arrabal, lo traigo al blog a este payador y creador de muchos temas, que nació en Nápoles, Italia, y a los dos meses estaba berreando en Buenos Aires con sus padres, huyendo de las guerras y la pobreza, como tantos compatriotas que encontrarían  en Argentina su nueva patria adoptiva.

Ambrosio Rio con su voz y su guitarra
Era la época de los payadores criollos que tanto tuvieron que ver con la proliferación de la milonga y ciertos valsecitos, como Pobre mi madre querida o Tu diagnóstico, ambos atribuidos a José Betinotti, el romántico zapatero remendón del barrio de Boedo que fuera fue íntimo de Rio, y estuvo acompañado por éste en su temprana muerte.

Además de animar grandes veladas teatrales en payadas con los grandes del momento: los Cazón Gabino Ezeiza, Vieytes; le editaron doce libros de poesías que mostraron su respeto por aquellos rincones pampas de la vieja Buenos Aires y el Abasto donde conoció al Gardel temprano que basaba su repertorio en canciones criollas, llegando a establecer entre ambos una sólida amistad, compartida en veladas de canto, de trasiego de copas y enormes puchereadas.

Precisamente Gardel, que lo llamaba Capichela, su apodo -por Capicci del verbo entender en italiano- le grabó las zambas El Anillo y Rosarito la serrana; los estilos El zaino colorado y el El paisano Contrera; los valses Riojana mía y Tu vieja ventana; la cifra Pobre mi gaucha y la milonga Canción agreste (Milongón).

                                         


Ambrosio Rio fue uno de los arquetipos fundadores de la raza de aquellos troveros criollos. Además de su estro natural, que el poeta tanguero José Rial ponía siempre como ejemplo, fue muy querido en el ambiente y colaboró en la creación de otros temas muy difundidos con Juan de Dios Filiberto, Ignacio Corsini, Mario Pardo, Guillermo Barbieri o Juan Maglio Pacho.

                                         


Yo lo retorno del olvido con este valsecito, Riojana mía, letra y música de Rio,  que Gardel le grabó en 1931, año de la muerte del poeta, acompañado por las guitarras de Barbieri y Riverol. Y por la orquesta de Ricardo Tanturi, con las voces de Enrique Campos y Roberto Videla, el valsecito Tu vieja ventana, que lleva música de Guillermo Barbieri y fue grabado el 23 de octubre de 1945.

Riojana mía - Carlos Gardel

20- Tu vieja ventana - Tanturi-Campos-Videla






viernes, 21 de febrero de 2014

La mulateada

Prácticamente fue la primera milonga que aprendí a bailar y la primera en que me estrené como milonguero. El muchacho de la barra que me enseñó a bailar este género, era fana de Di Sarli y en el club Sportivo Chárleston, del barrio,  nos reuníamos los adolescentes y muchachos en la sala del fondo, la noche de los jueves y allí me formateé junto a ellos.

                                            


Esos clubes de barrio que salpicaban toda la geografía de Buenos Aires, fueron muy importantes para guarecer a la purretada de los conventillos y brindarle lugar para su esparcimiento, así como para orientarnos en el tango, en la biblioteca, el teatro de los sábados, los juegos de salón ...y la milonga. También la gente del barrio tenía su lugarcito para despuntar el ocio, jugar a los naipes, charlotear junto al café o al vermut y demás. Mi viejo fue uno de los que trabajó en la construcción del salón grande del fondo, junto a otra gente del barrio, poniendo el hombro.

Además, este tema del violinista Julio Eduardo del Puerto que lleva versos de Carlos Pesce, retrata fielmente la vida de los negros en aquella Buenos Aires colonial. El poeta Héctor Pedro Blomberg junto al Negro Enrique Maciel dibujaron maravillosas páginas sobre esa época y esta milonga merece figurar en un lugar especial también por su calidad y por la interpretación maravillosa de Carlos Di Sarli, su orquesta y la voz de Roberto Rufino.

                            

Precisamente recuerdo una noche en que Carlos Pesce vino al Club a cantar, acompañándose en la guitarra. No tenía mucha voz pero interpretó varias de sus composiciones que yo iría descubriendo con el tiempo. Le puso letra a numerosos temas que eran instrumentales. Y volviendo a La mulateada, vale la pena recrearse en los versos para entender un poco aquella época. Los mazorqueros era los integrantes de las milicias negras que defendían al gobernador Juan Manuel de Rosas y dieron la vida por él.

La mulateada

Están de fiesta, en la calle larga
Los mazorqueros de Monserrat,
Y entre las luces de las antorchas
Bailan los negros de La Piedad.
Se enlaza Pancho, rey del candombe
Con la mulata más Federal,
Y en los cuarteles de la Recova
Sueña el mulato sentimental.
 
Baila mulata linda
Bajo la luna llena,
Que al chi qui chi, del chinesco
Canta el negro del tambor.
Baila mulata linda
De la divisa roja,
Que están mirando los ojos
De nuestro Restaurador.
 
Ya esta servida la mazamorra
Y el chocolate tradicional,
Y el favorito plato de locro
Que ha preparado un buen Federal.
Y al son alegre de tamboriles
Los novios van a la Concepción,
Y al paso brinda la mulateada
Por la más santa Federación.


Y envuelto en la brisa del recuerdo, vuelvo a escucharla con la misma sensación interna de aquella primera vez, en que aprendí a bailarla. Carlos Di Sarli con su orquesta y la hermosa voz de Roberto Rufino la dejaron impresa para siempre en el disco y en mi cuore, el 20 de noviembre de 1941. Por eso me pongo a milonguearla junto al ordenata.

045- La mulateada- Di Sarli-Rufino








                                                                                                                                                                        





                              

jueves, 20 de febrero de 2014

Hugo del Carril



Este prócer del tango y del cine, como actor o director, merece no una, sino varias páginas, por todo lo que hizo en su vida. Se llamaba Piero Bruno Hugo Fontana, era hijo de padres italianos que se separaron y lo criaron su padrinos franceses, que incluso se lo llevaron a vivir un tiempo a Francia, aunque volvería a su barrio porteño de Flores en el que anduvo en sus inicios tangueros con otro grande del tango: Floreal Ruiz.

Fue locutor de radio gracias al temple de su voz, estudió canto con una profesora y fue estribillista de varias orquestas, con diferentes nombres. Pierrot, el apodo que le pusieron sus padrinos-padres adoptivos, lo usó como locutor y cantor. En pleno éxito artístico, tanto como actor-director de cine, o como cantante, se adhirió a la causa peronista en y en 1955 debió exiliarse en México debido a la persecución de la dictadura. Allí filmó varias películas y fue figura destacada en espectáculos.

                           

Yo lo traigo hoy en un tango que canta en la película "La canción de los barrios" que dirigió Luis César Amadori, sobre libro de Ivo Pelay y con música de Francisco Canaro. El filme se estrenó el 5 de marzo de 1941 y batió record de taquilla. Es la historia de un muchacho asediado por dos muchachas interpretadas por Alicia Vignoli y Aída Alberti, que se acercan y alejan de él alternativamente.

El tango de marras se llama "Yo no sé por qué te quiero", de Ivo Pelay y Francisco Canaro, y lo interpreta acompañado por la orquesta del segundo.

                                              

Y acá lo vemos en la película Confesión, que dirigió Luis Moglia Barth en 1940, con guión de Homero Manzi, sobre argumento de Enrique Santos Discépolo y Hugo Mc Dougall. También trabajan Alberto Vila y Ana María Lynch que será gran amor de Hugo en la vida real. La orquesta es la de Mario Maurano. Canta de Discépolo y Amadori el tema que da nombre a la película, que se estrenó el 23 de octubre de ese año.