viernes, 4 de julio de 2014

Oscar Alonso

Fue un cantor reconocido por todos los expertos del arte tanguero, pero quisicosas de la vida, cómo diría aquel hombre porteño de la radio, tuvo las armas para triunfar y se fue apagando como una vela para desesperación de la gente del ambiente que lo admiraba.

Tengo grabado en mis recuerdos un corto que vi en el Cine Urquiza de la avenida Caseros, en mi barrio, cuando era un pibe, en el que Alonso sale cantando el tango de Héctor Marcó y Héctor Morales: Que nunca me falte. Me impresionó por su registro potente de barítono y la forma de cantar dicho tema. Más tarde lo escucharía en Qué viejo estoy, el tango de Audón López, Francisco De Rose y Juan Manuel Velich y me volvería a producir la misma sensación de admiración.

                                       

Nunca llegué a entender ni saber las causas por las cuales  ese cantor que tanto me había impresionado en mi adolescencia, no figuraba en ninguna parte, ni se escuchaba por radio, ni pasaban grabaciones suyas. Con el tiempo supe de su bohemia, y de sus giras que lo anclaban especialmente en Cuba, en una época feliz para el tango, que en esa hermosa isla había arraigado con mucha fuerza.

Mis andanzas de muchacho me llevaron a intimar con Julio Sosa,  cuando cantaba en la Confitería Richmond de la calle Esmeralda.  En cada intervalo de sus actuaciones me tomaba del hombro, desenfundaba la boquilla y un cigarrillo, cruzábamos de vereda y nos íbamos a tomar un café en el bolichito que estaba junto al Teatro Maipo. En una de aquellas charlas con hinchas suyos, y estando yo presente, diría a toda voz: "El mejor cantor que tiene este bendito país es Oscar Alonso, y ustedes no se enteran....".

                                     
Oscar Alonso cantando en Radio Prieto. Año 1936

Fui recorriendo la trayectoria de este hombre nacido en Ameghino, provincia de Buenos Aires, que ya instalado con su familia en Buenos Aires, llegó a cantar con la orquesta de Anselmo Aieta detrás, teniendo apenas 19 años, en 1931. Con 17 a punto de cumplirlos, ya cantaba en La Voz del aire, como solista, especialidad que jamás abandonó, aunque la fama necesitaba adquirirse desde mediados del treinta y ya entrando en los cuarenta, como cantor de orquesta.

Pero Alonso -que se llamaba Pedro Carlos Brandán y su padre era capataz de la estancia de los Güiraldes en san Antonio de Areco-, no pudo atarse nunca a esa disciplina, porque lo suyo era volar. Y así recorría toda América, arrancando desde Chile por el Pacífico, hasta anclar un tiempo en México y sobre todo en Cuba, donde era muy querido y por razones sentimentales que también le llevaban a aparcar largos períodos en dicho país.

Fue muy amigo de Hugo del Carril, con quien compartió programa de radio y en sus comienzos profesionales lo acompañó el trío de Vicente Fiorentino. Con Hugo desarrollaron una gran amistad y la misma inclinación política que los llevó a afiliarse a la causa peronista desde el comienzo. Por ello cantó un tema suyo: "Versos de un payador al Juan Domingo Perón y Eva Perón", que como a tantos otros artistas le significaría el destierro o el silencio, con el golpe militar del 55.

                               
Horacio Pettorossi y Oscar Alonso en 1936

Dicen que Alberto Vaccarezza, en 1933, lo hizo escuchar a Gardel y éste, favorablemente impresionado,  fue al camarín a saludarlo y a decirle: "Seguí así, no te engrupas y cuidate que tenés todo para ser número uno". Alonso grabó en Montevideo, y en Buenos Aires lo hizo con las orquestas de Carlos García y Héctor Artola. Con este último dejó registrados unos temas donde está latente todo su potencial. José Canet, que lo acompañó varias veces le hizo estrenar su tango: La abandoné y no sabía, que salió a la calle como caballo ganador desde el arranque.

Cuando yo trabajaba en el Diario la Razón, Coco D'Agostino y Luis Pedro Toni, que hacían la última página con chimentos del espectáculo, le metieron un brulote, y al otro día vino al diario Alonso a increparlos. Los muchachos, apenas les avisaba el ordenanza de la visita, salían por la calle Rivadavia y lo dejaban pagando. Al segundo día volvió la visita, y Coco me dijo, "vos que sos tanguero, andá y chamuyalo para calmarlo. mientras salimos por la puerta de atrás...".

                                     


Entonces yo salgo por la entrada que daba acceso a la Redacción y lo saludé. Me preguntó por ellos y le dije que se habían ido. Al final lo invité a tomar un Café en el Tortoni y fuimos. Estuvimos conversando cerca de una hora y era un hombre muy agradable. Tendría 55/56 años y cuando yo le contaba la impresión que me produjo la primera vez que lo vi y escuché en el cine, de los comentarios que escuché de Gobbi y de Carlitos Almada, me dijo que él no podía tener la disciplina de vivir cantando en una orquesta. Le gustaba volar, como los pájaros de su infancia en San Antonio de Areco, y de los países de América que visitó no tenía más que palabras de agradecimiento.

Hoy lo vamos a recordar en dos temas grabados en los años cincuenta, maravillosamente acompañado por la orquesta dirigida por Héctor Artola. No me pregunten porqué, de Carlos Di Sarli y Reynaldo Pignataro. Y de Aníbal Troilo y Homero Manzi, Ché bandoneón.

No me pregunten poqué - Oscar Alonso

17- Ché bandoneón - Oscar Alonso 






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