jueves, 29 de mayo de 2014

Las noches de Buenos Aires

Es imposible dejar de recordar las noches porteñas, esas horas en que los sueños quieren materializarse y la vida se ve y se vive de otra manera. No hubo ciudad en el mundo que tuviera la vida nocturna de la ciudad de Buenos Aires.

Héctor Marcó lo reflejaba en su hermoso tango: Esta noche de luna. Una declaración de amor en la que desliza estos versos incitantes:

La noche es azul, Convida a soñar,
ya el cielo ha encendido su faro mejor.
Si un beso te doy, pecado no ha de ser:
culpable es la noche que incita a querer.

Con la obsesión insalubre de los veinte años, me sentí atrapado por la magia de aquellas noches irrepetibles en que el tango habitaba los boliches, los cafés, las discusiones, las confiterías y cabarés. En aquellos periplos nocturnos de una ciudad y época irrecuperables, cimentado en los afanes, venturas y deseos, recorrí milongas, postas noctámbulas y el tango se afincó en mi oreja y mi cuore.

Eran unos tiempos en los que sonar en la radio garantizaba llegar a nutridas cantidades de público y se constituía en un impacto hoy sólo reservado, quizás, a una final futbolística de alto nivel. Así amasé una historia de formación y descubrimiento, con aquellas grandes orquestas y cantores que poblaban las noches de Buenos Aires en sus recintos íntimos.

Con el correr de los años y el descubrimiento de distintas ciudades de Europa y Estados Unidos, en los años sesenta, sentí más que nunca, que el mapa de la noche porteña era único. Como un dictum desde el cual la nocturnidad no se presenta como un tiempo sino como un espacio donde expandir la otra vida. La de la aventura incierta.

El tango lo refleja con rotundidad. La primera letra del género escrita por Pascual Contursi no habla del día sino de Mi noche triste. Como el tango de José María Contursi y Osmar Maderna: La noche que te fuiste. Porque la noche es el amor consumado, o el fin del romance,  las copas compartidas, la ilusión que nos lleva a la milonga, la belleza de las mujeres preparadas para la fiesta, el abordaje cognitivo de las emociones, el espesor de las apariencias que nos permiten ignorar lacras y miserias cirncundantes.

Incluso, Manolo Ferradás Campos en el tango al que le puso música José Tinelli: Será una noche, sólo imagina la vuelta del amor, en horas noctámbulas.

Yo sé que habrá una noche
feliz de mi existencia,
será la noche aquella
triunfal de mis amores,
cuando el cansancio de vivir
te haga volver,
yo sé que habrá una noche
en que vendrás a mí.


Y en ese valsecito que no nos cansamos de escuchar o bailar: Pedacito de cielo, Homero Expósito hasta metaforiza la noche y las cosas que con la luz del día cobran otro cuerpo. Otro espíritu. Y  necesita recurrir a la noche para pintar la felicidad del amor y la tristeza del final.

La casa tenía una reja
pintada con quejas y cantos de amor.
La noche llenaba de ojeras
la reja, la hiedra y el viejo balcón.

Recuerdo que entonces reías
si yo te leía mi verso mejor.
Y ahora, capricho del tiempo,
leyendo esos versos lloramos los dos.

Anoche estaba romántico, un amigo me mandó uno de esos modernos power point, donde aparecen imágenes nocturnas de Buenos Aires, un fondo del fueye de Rodolfo Mederos sobre Romance de barrio, el  valsecito deTroilo y Manzi; y unas palabras del escritor y poeta Abelardo Castillo, extractadas de un texto suyo titulado: Buenos Aires azul. Me gustó mucho, agudizó mi estado romántico y por primera vez decidí introducir uno de ellos en el Blog. Es corto, pero lindazo.

Lo titulan: Nocturno de barrio y lo pueden disfrutar a piaccere manejando el ratón o el enter.

Atenti.




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