martes, 29 de abril de 2014

Ciriaco y Ubaldo

Estos genios se sentaban un rato a jugar con sus intrumentos y la armaban en grande. Épocas maravillosas de aquella bohemia interminable, que todos los que tuvimos la suerte de poder vivirla la llevamos prendida en el cuore, como el abrojito que cantaba Morán.

Al margen de los espectáculos que podíamos presenciar en vivo y en directo, estaban esos momentos minúsculos e íntimos que nos dejaban palpitando con más fuerza el cuore, porque había entonces un estusiasmo febril y candor en el ambiente.  Era como una manera de reiventarse cada noche, ya sea en una milonga, o en la silla de uno de estos salones, confiterías o boliches donde estaban los grandes maestros del tango y su fecundidad espoleadora.

Ciriaco Ortiz- Edmundo Zaldívar- última actuación en El viejo Almacén (8-7-1970)

Después de una vida de tantas mudanzas, se nos concede el privilegio de habitar aquel pasado, que nos tuvo de testigos, con documentos que nos desbarrancan los recuerdos en una marcha atrás galopante. De cuando educábamos los sentidos y la sensibilidad.  Y se nos quedan gambeteando en la memoria.

Semejantes despliegues emocionales que muchas veces necesitaron macerarse en la contención, retornan cada vez con más fuerza cuando intentamos desvelar los secretos de aquella música. Su velocidad, sus lentitudes súbitas, su hermetismo. "El hilo tendido entre lo que fue y lo que será, es una apuesta ciega", repetía el poeta Juan Gelman, que fue gran tanguero. Cuando bailamos , necesitamos entregar todo el amor durante el tiempo en que se consume un tango. Y eso es lo que hacían aquellos músicos, cantores, compositores y poetas que orlaron la etapa más gloriosa de nuestra música nacional.

Ubaldo De Lío
Las quimeras que habitan en nuestros deseos nos dejan reconocer aquellos sueños trasnochados de bailar hasta el infinito, así como los artistas pertenecen al espacio misterioso y despejado del escenario. Y cuando las imágenes alborotadas se van poniendo en orden, me zambullo en la inventiva de un fueye cordobés jocundo que hace hablar a su instrumento, junto a un capo guitarrero de enorme imaginación melódica y armónica, que en sus trasnoches lungas, juegan con los instrumentos.

                                         

Se asocian así los talentos, sin preparación previa, sin ensayos. "Vamo'a darle". Y le dan. Ciriaco Ortiz y Ubaldo de Lío, en 1965, dejaron una serie de temas inéditos grabados, y escuchándolos se me encurda de emociones el cuore. Se trata de un archivo de grabaciones personales y exclusivos de Julio Álvarez Vieyra, realizados bajo su dirección. Vamos a compartirlos en un par de temas.

Primero en el tango de Cobián y Cadícamo: Los mareados. Y a continuación, No le digas que la quiero, de Enrique Delfino y Alberto Vaccarezza.

11- Ciriaco Ortiz y U. De Lío- Los mareados

09- Ciriaco Ortiz-U. De Lío - No le digas que la quiero

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