lunes, 28 de abril de 2014

Argentino Galván

Fue uno de los arregladores más importantes que tuvo el tango y junto con Héctor Artola destacaron firmemente en la hermosa década del cuarenta con infinidad de intervenciones en los temas de diversas orquestas de primera línea, sucediendo a inspirados precursores que habían lucido en el género.  El Indio Galván como le llamaban sus amigos en la intimidad, fue violinista, instrumento que estudió a fondo durante cinco años con su profesora e incluso tuvo orquesta propia en sus pagos de Chivilcoy, localidad bonaerense situada a 170 kilómetros de la Capital. Allí lo descubriría Alfredo Gobbi en una actuación y le habló para que buscara mejores horizontes para su talento.

                                                

En 1935, con 21 años, se largó a Buenos Aires a tentar fortuna con su violín y sería uno de los varios inquilinos pobres de la famosa Pensión La Alegría de la calle Salta, donde convivió con tantos músicos venidos del interior,  que harían carrera en aquella ciudad que respiraba tango por todos sus poros. Pasaría por las orquesta de Florindo Sassone y la de José Luis Padula o Miguel Caló, para luego compaginar su labor en el conjunto de Enrique Delfino y la dirección de la formación que acompañaba a Roberto Maida en lugares nocturnos.

Fue muy importante su trabajo en ese sentido, porque respaldó con su orquesta a numerosos cantores de primera línea: Ocar Alonso, Horacio Deval, Virginia Luque, Jorge Vidal, Raúl Berón, Jorge Casal,  Agustín Irusta y otros artistas destacados. Pero cuando comenzó su trabajo de arreglador, fue el momento en que entraría en la historia como figura preponderante.

                                                     
Troilo, Galván, Stamponi, Grela y Francini

Decía el musicólogo  Luis Adolfo Sierra que Argentino Galván, con su indiscutida autoridad profesional, sostuvo que el tango  acepta otros instrumentos además de los que le son ya habituales, sin que tales inclusiones afecten su esencia misma. Pero está estrictamente condicionado a la circunstancia de que los elementos a utilizarse y su tratamiento orquestal se ajusten al verdadero sentido del tantgo, en lugar de que sea éste quien deba  amoldarse a una estructuración tímbrica previamente establecida.

Como consecuencias de esta premisa fundamental, entendía Argentino Galván que los ejecutantes llamados a interpretar con instrumentos que le son todavía extraños al tango, deben poseer la necesaria ductilidad  como para imprimirle a sus versiones el carácter temperamental que le es propio. De lo contrario las orquestas de tangos sonarán como bandas comunes.

Al retirarse Piazzolla de la orquesta de Aníbal Troilo, en julio de 1944, Pichuco llamó a Galván para que le llevara la mayoría de los arreglos para su formación. Y allí dejaría una obra muy importante para el tango, aunque la goma de borrar de Troilo funcionase para que no se saliese el arreglo de su forma de sentir el tango y su orquesta.  También arreglaría Galván para Caló,  Fresedo, Francini-Pontier (muy bueno su trabajo en La Beba), Pugliese, Basso y hasta orquestas de otros géneros como las de Efrain Orozco o Eugenio Nóbile.

                         

Sin desconocer todo lo que hizo con sus trabajos para el conjunto Los Astros del Tango, o en La Historia de la Orquesta típica, su labor musical en la Editorial Julio Korn o la banda de sonido para diversas películas, lo cierto es que se nombre quedó adherido firmemente a la figura del arreglador, que luego sería vital para todas las orquestas del futuro.

Además dejó varios temas con su firma de los que destacaría: Cafetín, El día de tu ausencia, Esta noche estoy de tangos, Me están sobrando las penas, con  poetas fundamentales.

                                     


Y para calibrar su trabajo de arreglador-orquestador, traigo estas dos versiones: Adiós Bardi de Osvaldo Pugliese, por la orquesta de éste, grabado el 17 de octubre de 1944.Y Me están sobrando las penas, que compuso Galván con José Basso y Carlos Bahr,  registrado el 1 de agosto de 1944 por Aníbal Troilo con la voz de Alberto Marino. Dos joyitas, sí señor.

037- Adiós Bardi - Osvaldo Pugliese

048- Me están sobrando las penas - Troilo-Marino

1 comentario:

  1. un lujo para el tango argentino galvan merecida recordacion para tan fina sensibilidad saludos juan

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