domingo, 25 de agosto de 2013

Fantasmas del cuarenta

A mí también me caben las generales de la ley y el calor me impulsa a pasar una semanita en la playa para zambullirme en las aguas del Mare Nostrum, como se llamaba en la época bizantina o romana, el Mar Mediterráneo.

Por eso el Blog también se toma vacaciones hasta el lunes 2 de septiembre en que volveremos a juntarnos en torno al tango y sus vicisitudes, a lo largo de la historia. Del ayer y de hoy. Y como cierre momentáneo, les dejo este gotán que realizamos con el pianista,  director y compositor: Juan Antonio Morteo.

    

Lo grabó el conjunto dirigido desde el piano por Juan Antonio Morteo e integrado además por Miguel Ángel Bertero en violín, Lautaro Greco en bandoneón y Horacio Cabarcos en contrabajo. Todos ellos músicos reconocidos  y valorados como maestros en sus respectivos intrumentos.

Lo canta Guillermo Galvé un vocalista de larga trayectoria y aplaudida capacidad, al que le gustó el tema porque dijo que: "es justo todo lo que yo viví, en este ambiente".

                                                   
Guillermo Galvé


Les dejo la letra del tango y a continuacion la grabación realizada en un importante estudio.



 FANTASMAS DEL 40
                                         
Vagas siluetas desfilando en procesión,
Son los fantasmas que destila un bandoneón…
Corrientes, Paraná, la historia cuenta
Mis noches-tango de los cuarenta…
Desde el olvido el tiempo ido convocó:
De recalada, puchereada al Tropezón,
Y caen del Marzotto y Germinal
Los bardos que te cantan, mi arrabal.

La Richmond me aquerencia chiquilín
Con la bohemia del romántico violín
Y el compás del Rey rebosa
Y estremece las baldosas
-¡manyá ché!-, del Chantecler.
Sabia barbeta pespuntea nuestro Sur;
Dos gafas negras que teclean: Marabú
Y el Colón es Tibidabo
en concierto gordo,  bravo
-¡ché campeón!-, tu bandoneón

Sobre la pista trenza de taco y carmín,
El triste vate canturrea al cafetín.
Malena, Rosicler, María, Fuimos,
Desde el cuarenta son nuestros himnos…
Sonidos patrios en el atrio fantasmal,
Un duende asciende y oficia su ritual
Y siento en tu responso, bandoneón,
Que sangra Buenos Aires, su dolor.

Letra: José María Otero
Música: Juan Antonio Morteo

Y acá podemos escucharlo en primicia absoluta.Ya me contarán.

8- Fantasmas del cuarenta- J.A.Morteo-G.Galvé



sábado, 24 de agosto de 2013

Bailando con Ángel Vargas

Lo decimos comúnmente: Fui a bailar con Pugliese. O: bailé con Tanturi. Incluso recuerdo hace años cuando íbamos a bailar al Palacio Rivadavia y en cada velada se bailaba con una orquesta determinada,   pero en grabaciones. Se denominaba Noches de Atenas y como cortina utilizaban el vals de dicho nombre, compuesto por Horacio Pettorossi y grabado por Carlos Gardel, con acompañamiento de la orquesta dirigida por Alberto Castellano.


Los hinchas de la orquesta que sonaba en exclusividad esa noche, llenaban las hermosas instalaciones y nos íbamos con los temas en la cabeza y el cuore. Y el caso es que, en una oportunidad en que concurrí para saciar mis ansias milongueras, me tocó D'Agostino-Vargas. Y cómo bien señalaba el maestro director de la orquesta: "La gente bailaba a Vargas".

                                               
Y es que Angelito Vargas fraseaba como pocos y marcaba muy bien el compás con ese deje tan porteño. El tango es ritmo y compás, señalaba D'Agostino. Y así se lo hacía cantar a Vargas: "Cuando él  cantaba a compás- Qué lindo es bailar- (El trece de Alberico Spátola), estaba marcado así para el baile", señalaba el pianista de Balvanera, que fue bailarín sobre el escenario, también.

Lo recuerdo con gran cariño a este cantor único en su estilo, que además vivió a 50 metros de mi casa. Habité dos años un apartamento en la calle Elía, frente al Parque Patricios, mi barrio de siempre. Y Ángel Vargas nació y creció a 50 metros del mismo, en la calle Pepirí, aunque en época anterior. Lo encontré algunas veces en San Clemente del Tuyú, donde mi cuñado tenía un hotel y Vargas veraneaba con su familia allí, porque la mujer regentaba una tienda frente al Hotel.

                                       
Y tengo que decir que sigo bailando con Ángel Vargas, increíblemente porque esta milonguera que está bailando conmigo acá en Madrid, se llama Ángel Vargas. Increíble. Ella es madrileña y su nombre Yolanda. Pero como en España, al igual que en algunos países de Latinoamérica, se utilizan los apellidos paterno y materno obligadamente, sus documentos patentan esos apellidos  tangueramente ilustres: Ángel Vargas.

Es cómo retroceder en el tiempo porque Yolanda, además de su belleza, tiene todos los aires de una porteña con pedigrí milonguero. Lo siente, lo vive y lo baila con suavidad y elegancia. Claro, no podía defraudar esos apellidos que tienen semejante raíz tanguera. Y arrancó con la desventaja de que el oído no se adapta fácilmente a lo desconocido, cuando se largó a aprender a bailar tango.

Yolanda Ángel Vargas disfrutando en la milonga
Hace ya tiempo que baila y se trata de una mujer codiciada por los buenos bailarines de Madrid y los que acuden a la capital española para milonguear. Por si esas dotes no fueran suficientes - hermosa y buena bailarina-, es una persona encantadora, graciosa y respetuosa, que además no siente un peso de lápida ante los viejos milongueros de la estirpe que fueron construyendo esta danza y se atreve con todo. Respetuosamente, pero con fervor, imaginación y espíritu creativo.

Precisamente estuvimos bailando anoche una tanda de D'Agostino-Vargas y disfruté por supuesto con su compañía en esa tanda y con su natural simpatía, que otorga combustible a nuestro común motor tanguero. Por eso luego, como es habitual,  repetimos. Porque, como diría Gandhi: "Aquí y allá todos buscamos lo mismo, nuestra esencia está en todos lados".

D'Agostino da instrucciones a sus músicos y Vargas a la derecha
Es una buena ocasión para escuchar a esta dupla de ángeles, y de paso cañazo, imaginar que estoy bailando con Yolanda Ángel Vargas. La completa.

Y escuchamos dos temas siempre presentes en la milonga. Gorriones, de Eduardo Chon Pereyra y Celedonio Flores, llevado a la placa impresa por D'Agostino-Vargas, el 7 de abril de 1942. Y Caricias, de María Isolina Godard, con letra de Juan Andrés Caruso, grabado el 17 de julio de 1945.

16- Gorriones - D'Agostino-Vargas

22- Caricias - D'Agostino-Vargas


viernes, 23 de agosto de 2013

Héctor y su jazz

En aquella época en que íbamos a milonguear con el clásico binomio Tango-jazz, que tanto juego dio durante años,  había una cantidad impresionantes de Orquestas de jazz que podían tocar la música norteamericana como también brasileña, tropical y demás. Y actuaban en bailes, confiterías y radios.

Para mi gusto la mejor de todas fue la de Héctor Lomuto que actuaba bajo el nombre de Héctor y su jazz. Tenía un gran fila de bronces y en total sumaban unos quince integrantes entre músicos y cantantes. El arreglador era nada menos que Martín Darré, pianista, bandoneonista y fundamentalmente arreglador, orquestador y factótum del conjunto.

Héctor dirige su orquesta en Radio El Mundo. Año 1947
Darré quizás está poco reconocido para sus méritos. Fue organista y arreglador de la orquesta de Mariano Mores. También bandoneonista de la orquesta de Francisco Lomuto y a él se debe el sonido que tuvo la orquesta de Héctor, que a diferencia de sus hermanos Francisco y Enrique se dedicó a este tipo de música que estaba de moda, en lugar del tango escogido por el mayor de todos: Francisco.

Héctor Lomuto
Héctor comenzó a grabar en 1944 y actuó durante años en radio como figura importante de la música. El sonido de la orquesta se asemejaba al de algunas grandes bandas norteamericanas y era muy agradable al oído y para bailar. Una de sus cantantes: Louis Blue (Lucía Claudia Augusta Bolognini Míguez), gran intérprete de jazz, que cantó con Cab Calloway en Montevideo y se radicaría en Estados Unidos haciendo siempre lo que más le gustaba, cantar jazz, hasta su muerte. Y siempre en inglés. Rubia, delgada, ojos celestes, realmente fue una grande del género. Con Héctor dejó 23 temas grabados. Participó en 5 películas e hizo música para algunas otras.

Incluso Fernando Lamas, el actor que triunfó en Hollywood y grabó allí dos temas con Ástor Piazzolla, cantó con Héctor Lomuto. Y los músicos que formaron en la orquesta de Héctor eran de primera línea la mayoría. La orquesta estuvo trabajando hasta el año 1956, años en que el género entró a decrecer en el gusto popular. Algo parecido a lo que estaba pasando con el tango que todavía aguantó unos años más, antes de uno de esos declives en que entra cada tanto.

Martín Darré al piano, ensayando con Louis Blue, Oscar de Barros y el Director.

Hoy lo traigo a Héctor y su jazz en una perlita: la hermosa milonga de Mariano Mores, Taquito militar. Sería el propio Martín Darré el autor del arreglo para que el tema no perdiese el alma en el viaje y mantuviese su belleza artística y bailable. Tanto que el propio Mores lo felicitó, sorprendido por el resultado final. La grabación es de 1954.

                                     
Y con esta música en el blog para que la disfrutemos, viene también el regalito de esta misma milonga, grabada por el conjunto Los violines de oro del Tango. Lo dirigían Enrique Mario Francini y Héctor Stamponi, que lo fundaron en 1959. Y lo integraban además  los violinistas: José Niesow, Adolfo Gendelman, Vicente Tagliacozzo, Simón Bajour, Luis Gutiérrez del Barrio, Hugo Baralis y Juan Ghirlanda, y el contrabajo mayor de Enrique Kicho Díaz.

Dos bellezas.

26- Taquito militar - Héctor y su jazz

Taquito militar - Los violines de oro






jueves, 22 de agosto de 2013

Flor de tango

Se trata del primer tango que incluyó en su repertorio Osvaldo Pugliese, de uno de los integrantes de su orquesta. Flor de tango, del violinista uruguayo Julio Carrasco inauguró con este tema una serie de páginas maravillosas, compuestas por sus compañeros o sucesores en la orquesta del pianista de Villa Crespo.

El Tano Ruggiero aportaría temas como NN o Catuzo; Cacho Herrero se luciría con Nochero soy, Spitalnik con Bien milonga; Caldara dejaría Patético o Pasional; Gilardi aportaría Don Aniceto (por Aniceto Rossi) o El embrollo; Balcarce se luciría con Si sos brujo, La bordona,  y así sucesivamente  desde el debut de Carrasco con su Flor de tango, los músicos de Pugliese se vieron involucrados totalmente en la composición y los arreglos.

                                           
 Julio Carrasco estuvo en el momento fundacional de la gran orquesta de Osvaldo Pugliese, la que arranca el 11 de agosto de 1939 en el mítico Café Nacional de la calle Corrientes 980, al lado del Teatro, y se mantuvo durante 25 años en la orquesta, lo que habla de su calidad de instrumentista y de su fidelidad al estilo y la marca Pugliese.

Aquella orquesta inicial que Pugliese recordó siempre con gran cariño y añoranzas, formaba con Enrique Alessio (primer bandoneón) Osvaldo Ruggiero y Luis Bonnat en fueyes; Enrique Camerano (primer violín), Julio Carrasco y Jaime el chino Tursky en violines; Aniceto Rossi en contrabajo, el maestro director al piano y Amadeo Mandarino como cantor.

La orquesta de Pugliese con Alberto Morán
Hacía cinco días que Osvaldo Pugliese había salido de la cárcel, donde había estado por sus ideas políticas cuando arrancó la orquesta en esforzados ensayos a toda máquina. Recuerda Beba, la hija de Don Osvaldo, que el dueño del Café era un gallego apellidado Prado. Y como existía la posibilidad de que el director no pudiese salir de la cárcel para el debut, unos días antes el chino Tursky lo encaró a Prado y le avisó que tal vez el director no pudiera estar al piano.

El dueño del Café, que era democrático y progresista -según Pugliese-, le respondió:
-En cinco días ustedes debutan, con Pugliese o sin él. Y cuando salga de la cárcel, que venga a tocar.
Y también rememoraba mi querida amiga Beba: "Cuando terminaban la actuación, cada día a las siete de la tarde  Mandarino -comentaba mi viejo-, tenía un cochecito, y en él íbamos con el Chino Tursky a recorrer todos los clubes ofreciendo la orquesta." 


                                 
Julio Carrasco fue un destacado violinista que actuó en orquestas de Montevideo, antes de arribar a Buenos Aires y enrolarse en la orquesta inicial de Pugliese. Aparte de sus dotes musicales produjo varios temas que mostraron su capacidad de compositor y que fueron registradas por la orquesta de Don Osvaldo. Flor de tango, De floreo o Mi lamento, bastan como muestras de su talento en ese sentido. Después de retirarse de la orquesta, tras 25 años de actuación en la misma, al poco tiempo optó por alejarse de la actividad en 1966.

Lo recuerdo en dos tangos: el citado Flor de Tango, grabado por  la orquesta de Osvaldo Pugliese el 28 de agosto de 1945. Y De floreo, también de su autoría, registrado por Pugliese el 3 de mayo de 1950.

05- Flor de tango - O.Pugliese

12- De floreo - O. Pugliese


miércoles, 21 de agosto de 2013

Se dice de mí

Esta milonga perteneciente a Francisco Canaro e Ivo Pelay, fue compuesta en 1943 y la grabó el cantor uruguayo Carlos Roldán con la orquesta de Pirincho el 19 de mayo de ese año. Sobre la música de Canaro, el ingenioso Ivo Pelay le adosó unos versos graciosos, especiales para el lucimiento de Roldán, al que este tipo de letras le venían al pelo. En la nota nombra al Negro Acosta, que era el jockey Máximo Acosta, gran ídolo popular.

Francisco Lomuto y Lito Más también le dedicaron un tango a Máximo Acosta: Negro lindo. Con Lito Más, al que Gardel le grabó su pasodoble Puñadito de sal,  tuve la inmensa suerte de ser compañero suyo, cuando comencé mi carrera de periodista en La Razón, donde él cubría combates de boxeo y fútbol, y fue prosecretario del periódico. Era un hombre mayor, que dos años más tarde se jubilaría pero conmigo se mostró siempre cordialísimo y me alentó mucho.
Ivo Pelay
Ivo Pelay fue un autor teatral que tocó todos los palos y escribió más de doscientos títulos que llenaron las carteleras de los teatros céntricos de Buenos Aires. Era nacido en La Plata, de padre francés y se llamaba Guillermo Juan Robustiano Pichot. A los 18 años estrenaba su primera obra, el sainete en tres actos: Mala vida. Adoptó el seudónimo de Ivo Pelay y fue gran colaborador de Francisco Canaro en letras para sus canciones y en las revistas musicales que organizaba Pirincho.

                             
Como autor de versos para tangos, milongas y género criollo, también fue impresionante su producción y entre los títulos de mayor repercusión que escribiera podemos destacar: Adiós pampa mía, Bajo el cielo azul, Casas viejas, Déjame no quiero verte más, Dos corazones, El jardín del amor, Fondín de Pedro Mendoza (su primer éxito), La milonga de Buenos Aires, La muchachada del centro, Rosa de amor, Soñar y nada más, Todo te nombra o Yo no sé porque te quiero, muchos de ellos en sociedad con Canaro.

                                                 
La orquesta de Canaro. Rodán está parado a la izquierda delante de Mores
En sus 66 años de vida también le dio tiempo incluso, para traducir obras, fabricar guiones para cine y radio y ser directivo de Argentores. Con Pirincho compartieron el origen de la comedia musical porteña, tan fastuosa y con numerosos personajes, que tan buen resultado económico y artístico les resultaron. Gardel le grabó Fondín de Pedro Mendoza y la ranchera Me enamoré una vez.

Tia Merello, cuando salió del bataclán, donde comenzó su peregrinaje "para combatir el hambre", como diría muchos años más tarde, cantó un tango de Francisco Canaro y Juan Andrés Caruso: Pedime lo que querés. Le gustó mucho a Pirincho y la llevó a su elenco en varias temporadas teatrales. Contaba el director que Tita le pedía que tocara bajito porque taparía su voz pequeña, pero él le daba ánimo, viendo su gran poder de interpretación. y así se fue consolidando en su enorme carrera artística.

                                             


En 1954, Tita Le pide a Pelay que le cambie la letra para que ella pueda cantar Se dice de mí, con toda la carga visceral que tendría el tema, como una burla a sus fracasos amorosos y sus resquemores. Así se hizo y fue un suceso tremendo. Lo grabaron con Canaro el 23 de julio de ese año, y ya consagrada como actriz, al año siguiente lo canta en la película Mercado de Abasto, dirigida por Lucas Demare. Tita, por fin había logrado dar vuelta a la historia.

Vamos a escuchar el tema, cantado por Carlitos Roldán y a continuación por Tita, siempre con la orquesta de Canaro.

Se dice de mí - Canaro-Roldán

03- Tita Merello- Se dice de mí

martes, 20 de agosto de 2013

Armando Baliotti

El barrio de Boedo fue pródigo en aportes para el tango y la literatura. Grandes próceres tangueros surgieron de esas casitas familiares repletas de macetas con plantas y flores que arrimaban sus frescos aromas a añejas calles de adoquines, donde se arracimaban los pibes detrás de una pelota de goma.

Armando Baliotti que ha trascendido más como compositor que en su faceta de músico, mereció elogios de mucha gente del ambiente y Alfredo Gobbi me lo mencionó alguna vez como muy buen pianista y excelente persona y recordaba momentos vividos cuando tocaba en su orquesta.

Baliotti en 1938 cuando dirigía la orquesta de La voz del aire
Estudió música en un conservatorio ubicado cerca de la cancha de san Lorenzo, que dirigía el padre de Juan Carlos Giampé, con quien, años más tarde crearía algunas páginas memorables. Tocó el piano en los cines del barrio, que alguna vez frecuenté, y debutó profesionalmente como pianista del quinteto del bandoneonista Domingo Scarpino, en el Café Benigno de la calle Rioja, entre Caseros y Rondeau. En él también formaban Julio Vivas en fueye, el violinista Marcos Larrosa y Luis Pucherito Adesso en contrabajo.

Ocupará el piano en la orquesta de Miguel Caló y en 1929, forma su primer conjunto para actuar en el cine Moderno. Tendrá a César Ginzo y Haroldo Ferrero como bandoneones, Raúl Kaplún y Domingo Mancuso en los violines y Pucherito Adesso al contrabajo. Su conjunto tiene muy buen sonido y consigue muchos aplausos y reconocimiento.


 Incluso lo destaca el musicólogo Luis Adolfo Sierra en  Historia de la Orquesta Típica, cuando en 1939 tenía en su orquesta a Eduardo Del Piano, Armando Blasco, Alfredo Attadía y Benito Galván en bandoneones; Alfredo Gobbi, Domingo Mancuso y Antonio Blanco en violines, Luis Adesso en contrabajo y Roberto Darwin como cantor. Pero la rueda gira y en Radio Stentor dirige un sexteto  en el que canta Orlando Medina.

Con su amigo César Ginzo vuelven a formar un conjunto que ocupará el escenario del cabaret Imperio, que de inmediato se convertirá en cuarteto de Baliotti, Ginzo, Kaplún y Adesso. Y a raíz de un concurso que organiza el Diario Crítica en 1933, entre Baliotti y Ginzo componen El tábano (el símbolo del periódico), que consigue el segundo premio y del cual Osvaldo Pugliese dejará una espléndida grabación, trece años más tarde.

Para esto, Baliotti ya se había estrenado como compositor con varios temas y en 1926, Osvaldo Fresedo le grabó su tango Bacán. Sus antiguos amigos como Homero Manzi, Julián Centeya  y Cátulo Castillo lo animaron constantemente. Con Anselmo Aieta armó un cuarteto de rompe y raja que se floreó incluso por Uruguay y Brasil y también tuvo mucha proyección el quinteto Los maestros del tango, que integró con Mario Maffia, José Padula, Salvador Greco y Dimas Lurdes.

                                          
Pero sería como compositor, donde tendría grandes resultados. Su tango Ahora no me conocés, realizado con versos de Carlos Giampé (Giampetruzzi), el hijo de sus profesores y gran amigo -que era también pianista, y los domingos reemplazaba a Rodolfo Biagi en su orquesta para que "Manos brujas" pudiera ir al hipódromo-, fue  incorporado al repertorio de numerosos orquestas y cantantes. Con Giampé realizó varios temas, igual que con Santiago Adamini, aunque los dos más exitosos de este último binomio fueron: Ahora no me conocés (1942) y la milonga Señores yo soy del centro (1944) ambas para mayor gloria de la dupla D'Agostino-Vargas. También hizo  con Adamini: A las siete en el café (1943), que registrara Miguel Caló con Jorge Ortiz. Con Luis Castiñeira hicieron en 1938: Desaliento, que fue un éxito de Francisco Lomuto con la voz de Jorge Omar.

                                  
Con sus amigos del barrio Manzi y Centeya firmó obras, lo mismo que con el citado Luis Castiñeira y Juan Carlos Lamadrid. La lista de sus temas es muy extensa y siguen sonando en radios y pistas de baile, que es una linda manera de seguir estando.

Anselmo Aieta y Armando Baliotti tocando en el salón de SADAIC
Lo podemos escuchar al frente de su Sexteto, que integran: Baliotti al piano; Mario Maffia y José Padula bandoneones, y Salvador Greco en contrabajo. El cantor es Osvaldo Chazarreta. Y traigo tres temas del mismo:  Ahora no me conocés y Desaliento, cantadas por Chazarreta y grabados el 7 de setiembre de 1951 y 4 de enero de 1952, respectivamente. Y La guitarrita, de Eduardo Arolas, registrado el 10 de julio de 1952.

03- Ahora no me conocés - A.Baliotti-O.Chazarreta

07- Desaliento - A.Baliotti-O.Chazarreta

10- La guitarrita - Armando Baliotti

domingo, 18 de agosto de 2013

Oscar Castagniaro

Excelente bandoneonista de quien se esperaba bastante más, una vez alejado de la orquesta de Osvaldo Pugliese, para formar rancho propio. Arrancó con su presentación en Radio Belgrano, con las voces de Horacio Quintana Y Héctor Insúa y la orquesta tenía buen sonido, arreglos interesantes y la yunta de cantores combinaba perfectamente con la ilusión trazada por el director.

Entre mis recuerdos lontanos, aparece el día de 1955 en que la aviación de los militares golpistas arrojaron bombas sobre la Plaza de Mayo y adyacencias, matando a muchas personas que iban en colectivo, troleybús o simplemente caminando. Yo trabajaba  en una oficina céntrica cerca de Radio El Mundo y nos dieron el día libre por lo que se avecinaba. Me iba caminando por la calle Corrientes junto a numerosos "beneficiarios" del obligado asueto, aunque preocupados por la situación, y me detuve en la puerta de la Confitería "La Armonía", rótulo que chocaba con lo que pasaba en el país.
Y un gran cartel en la puerta indicaba: Hoy Roberto Chanel con la orquesta de Oscar Castagniaro.

                                  
Castagniaro con Caldara, Ruggiero y Gilardi en la orquesta de Pugliese
Este músico era nacido en el barrio de San Telmo, hijo de italianos, que había estudiado el misterio de las corcheas, mientras trabajaba y jugaba al fútbol en las inferiores del Club San Telmo, ingresó por capacidad en la orquesta de Osvaldo Pugliese, que ya conmovía a su legión de hinchas, en el año 1943, contando tan sólo 22 años.

La fila de bandoneones la completaban Osvaldo Ruggiero -primer fueye, tras la ida de Enrique Alessio- Jorge Caldara y Esteban Gilardi. Y junto con Castagniaro, entrarían Oscar Cacho Herrero, el excelente violinista que pasaría muchos años junto a Don Osvaldo, y el fueye de Boedo, Esteban Gilardi. Integrado rápidamente en la orquesta y empapado de la mística yumbeada de la orquesta, Castagniaro estaría ocho años formando en la misma, haciendo arreglos e incluso componiendo.

Para el lucimiento de Jorge Vidal, aportó dos temas suyos que fueron sucesos en el disco. Testamento de arrabal con versos del letrista y presentador, Raúl Hormaza, que la orquesta de Pugliese grabó a fines de 1949. Y en junio del  año siguiente metería otro golazo en sociedad con el colega de Hormaza, Antonio Cantó, que fuera presentador de Di Sarli. Se trata del tango: Porqué canto el tango.

                 
                            
Es en 1951, cuando decide alejarse de  la orquesta de Pugliese y forma la suya propia, que tendría el aire de su anterior director. Y aunque contó con el apoyo de parte de los hinchas de Pugliese no alcanzó a levantar vuelo, quizás porque le faltó piolín,  y secundaría a voces con arraigo propular,  como Roberto Chanel o Miguel Montero entre otros.

Lo traigo a este Blog en un par de temas con su sexteto. La cachila, de Eduardo Arolas y Usted, del propio Castagniaro y Reinaldo Yiso, que canta Eduardo Randal, que se apellidaba en realidad también Castagniaro, por ser hermano del director.

Usted - O.Castagniaro - E. Randal

La cachila - Oscar Castagniaro

sábado, 17 de agosto de 2013

Héctor Mauré con D'Arienzo

Fue una de las voces emblemáticas en la orquesta de Juan D'Arienzo y dejó 50 temas grabados que son la muestra cabal de su estilo, su timbre de voz cristalino y melódico, no exento de cierto toque de dramatismo, en algunas piezas que así lo exigían.

De corte bien gardeliano y físico de cantor de ópera, curiosamente sus primeras apariciones en público fueron en pantalones cortos, porque le gustaba el boxeo, tan de moda en la Buenos aires de entonces, en que los barrios desbordaban de cantores, guitarreros y boxindangas. Lo practicaba en el Boxing Club Colegiales y un nocáut sufrido a tiempo, le hizo abandonar este deporte que le dejó el recuerdo del hueso de la nariz algo abollado.
                                 


Entonces, como buen hincha de Gardel, a la vez que trabajaba, comenzó a cantar en un Café, donde entrevió sus posibilidades, que fue despuntando brevemente en algunas orquestas con su itálico apellido: Falivene y el nombre de  entrecasa: Tito, aféresis de Vicentito. Porque se llamaba en realidad Vicente José Falivene. Pintaba para cantor de orquestas como Di Sarli o Fresedo, por su estilo, cuando se presentó a uno de aquellos concursos de vocalistas tangueros que tanto apasionaba por entonces.

En este caso lo organizaba la firma Puloil, un polvo limpiador de vajilla, que convocó a una ristra de aspirantes a la popularidad canora. Y lo ganó con apenas 18 años, gracias al voto del numeroso público oyente, cantando Lo han visto con otra y Confesión. Y de paso cañazo, un contrato de seis meses en radio ganando 500 pesos mensuales.

 Se dió cuenta que podía desarrollar una carrera y comenzó a tomar lecciones en la Academia PAADI de Luis Rubistein, donde conocería a Fidel Pintos, el futuro cómico, que sería su primer representante. Y la oportunidad le llega cuando se retira Carlos Casares de la orquesta de Juan D'Arienzo, que decide probar a varios cantores, para sucederlo. Se realiza la prueba en la mítica sala B de Radio El Mundo, y Fulvio Salamanca es el encargado de probar a los aspirantes que son bastantes. Cuando Tito Falivene canta La mariposa, en el estilo bien  gardeliano, la sonrisa final de Salamanca, que a su vez recibe el guiño de D'Arienzo, lo dice todo.

La orquesta de D'Arienzo con sus cantores Mauré y Reynal
Debutará en el Cabaret Chantecler con su nuevo alias artístico: Héctor (por Varela, el primer bandoneón) Mauré (apellido de la esposa de D'Arienzo). Y su primer registro del 12 de diciembre de 1940, es el vals Flor del mal, de Juan Carlos Graviz.

En esta hermosa etapa que dura cuatro años, Mauré aporta 50 registros con el director de Balvanera. El último será Amarras, de Carmelo Santiago y Carlos Marchisio, realizado el 21 de julio de 1944. Y comienza su celebrada etapa de solista, que lo llevará a dejar de recuerdo sus 293 grabaciones. Lástima que, como suele suceder en un país cainita, por su adscripcion al peronismo, con la caída del gobierno de Perón en 1955, debido a un golpe militar, es prohibido en radio y televisión y en su ostracismo sólo le queda el resquicio de cantar en un boliche de La Paternal.

Antonio Maida presenta a Mauré, junto a Centeya
 Hoy evoco aquella brillante etapa suya con Juan D'Arienzo, en dos temas. El vals de Héctor Marcó (Marcolongo) y Servando Félix Domínguez: Tan sólo tú, registrado el 22 de diciembre de 1942. Y de Carmelo Santiago y Carlos Marchisio, el tango Judas, grabado una semana más tarde, el 29 de diciembre de  1942. Bellezas, para escuchar y para milonguear.

111- Tan sólo tú - D'Arienzo-Mauré

112- Judas - D'Arienzo-Mauré






viernes, 16 de agosto de 2013

Pugliese con el Sexteto Mayor

Estas improvisaciones han sido más frecuentes de lo esperado y conocido, en el mundo del tango, donde se forjaron grandes amistades y complicidades. Se movían en un mismo territorio emocional y la fecundidad espoleadora los llevaba a juntarse en salas de ensayos, en boliches, en algún restaurante o en los lugares donde defendían sus derechos.

Había entonces un entusiasmo febril, candor en el ambiente, y entrecruzaban sus vidas recomendándose músicos o cantores cuando les hacía falta a uno u otro. Algunos fueron compañeros desde el arranque, como Troilo, Pugliese y Gobbi que juntaban sus ansias y se fogueaban trabajando en distintos lugares, y poniendo al frente el nombre  de aquel que conseguía el contrato.
                                       
Achával, el Chino Hidalgo, Pugliese, Piro, Abel Córdoba, Raúl Galán y Julián Centeya
Troilo y Di Sarli se estimaban muchísimo y Pichuco iba a disfrutar con el maestro de Bahía Blanca al Marabú, compartiendo  muchas charlas sobre música. Pugliese y Gobbi nunca dejaron de ser amigos aunque estuvieran un tiempo sin verse. D'Arienzo y D'Agostino arrancaron juntos de pantalones cortos porque eran amigos del barrio. Canaro era muy amigo de D'Arienzo, Mores de Troilo, Demare de Canaro y viceversa.

Troilo y Zita con Di Sarli en el Marabú
Piazzolla respetó muchísimo a Troilo, que le dió un lugar en su orquesta triunfadora, lo quiso y le dedicó temas. Igual que a Gobbi o Pugliese con quien compartió escenario en Holanda. ¿Y quién no fue amigo de Cadícamo, de Julián Centeya, de Cátulo Castillo, de Manzi, de Expósito? Igual que Rivero, Marino, Echagüe, Dante, Berón, voces que compartieron sitio en varias orquestas y que se hicieron respetar por su don de gentes.

D'Arienzo y Canaro en Montevideo
Hoy quiero traer al sitio, esta improvisación de Osvaldo Pugliese con el Sexteto Mayor. Ocurrió en 1988 y me divierte ver la carita de pícaron de Don Osvaldo tocando en cancha ajena. O al tano Libertella desesperado por entrar a magullar el bandoneón y aguantando, esperando el momento de dar rienda suelta a su temperamento.

Tocan La mariposa, en el estilo Pugliese, con el hermoso arreglo del bandoneonista y pianista pampeano Julián Plaza. Vale la pena recrearse con  ellos.

                        

jueves, 15 de agosto de 2013

Carlos Buono

Es increíble el mundo que lleva recorrido este bandoneonista de Junín que tiene un ángel en cada mano y que se ha presentado en las mejores plazas europeas y norteamericanas, aunque él siga añorando su pueblo bonaerense y la laguna donde iban a pescar con los amigos del barrio.

Hijo del conocido periodista deportivo Pepe Buono, desde pequeño se sintió atraído por el fueye y aprendió en la academia de un profesor de Junín apellidado Balduzzi. Pero el pueblo le queda pequeño y se va a la Capital a estudiar con Calixto Sallago, Tití Rossi y con Marcos Madrigal. Y no sólo se recibiría con nota sino que toca en la orquesta de Alfredo Gobbi Y se va a Japón con Horacio Salgán.

                                               

Desde entonces no ha parado y ha recibido toda clase de trofeos. Lo vi hace unos unos 6 años en la sala moderna montada bajo un restaurante nuevo, invitado por el dueño que además se había hecho cargo de un club de fútbol cordobés.  Carlitos Buono estaba con su quinteto y acompañaban además a Alberto Podestá. Justamente me tocó en la mesa pegada a la mía, Pepe Libertella, que estaba con su señora y yo le decía que me encantaba por su forma de tocar y la desenvoltura que transmitía.

Libertella no sólo asintió: "Es un fenómeno. No ha tenido el reconocimiento que se merece. Claro que, como tiene siempre la valija armada para volar, eso también le impide asentarse. Pero es un gran músico y un tipo excelente".

Luego Pepe lo recomendaría como solista en la Orquesta de la Radio y TV de Frankfurt. Y en Europa ha tocado en todo tipo de grandes orquestas y es muy reconocido. Pasó por las formaciones de Mariano Mores (en Estados Unidos), Julián Plaza, Osvaldo Berlinghieri, Atilio Stampone. Lo vi en Madrid con el ballet de Ginebra que dirigía Oscar Aráiz, interpretando obras de Piszzolla.

                                 

Hizo la música de tres películas importantes y trabajó en una de ellas (Plata quemada, Evita, Funes, un gran amor), dirigió salas importantes en Buenos Aires y la Casa de Ástor Piazzolla. También estuvo en el Musical de Miguel Ángel Zotto: TangoX2, y acompañó a una gran cantidad de cantantes como Libertad Lamarque, María Graña, Raúl Lavié o el Polaco Goyeneche entre muchos otros.

Y, curiosamente, es más famoso y popular en Europa que en Buenos Aires, aunque suele escaparse cada tanto a su pueblo: Junín que lo espera con ansias y emoción para aplaudirlo y emocionarse con él y su fueye. Ha grabado en diferentes países europeos con mucho éxito de ventas.

                                            
Acá podemos verlo tocando a cielo abierto, como solista en la  Johann Strauss Orkest, la gran Orquesta del violinista holandés André Rieu, el hombre que se propuso llevar la música clásica a los sectores más populares. Y actúan ante una multitud, precisamente en Maastrich, la ciudad natal del Director, que toca con un violín Stradivarius. Maastrich es una ciudad de 120.000 habitantes, enclavada cerca de las fronteras con Alemania y Bélgica, y a unos 200 kilómetros al sur de Amsterdam. Es la menos nórdica y neerlandesa de las ciudades holandesas y recibe a gran cantidad de turistas, atraídos por su alta moda y un estilo de vida bastante cosmopolita.

                                   

 En este ambiente emociona ver a André Rieu tocando con su gran orquesta: Adiós Nonino, el enorme homenaje de Ástor Piazzolla a su padre  en el momento de su muerte. Y a Carlitos Buono con su sonrisa y su fueye haciendo de solista mientras la gente asiste, con una emoción im-pre-sio-nan-te, al concierto. Me gustaría ver la cara de Piazzola si viviera y pudiera verlo. Maravilla.

                                          

                  


miércoles, 14 de agosto de 2013

Mano a mano

Forma parte de la decena de tangos cantados, que son conocidos desde años en el mundo entero y que han sido modelo de muchos otros, por su envergadura, su polenta y la magistral creación de esos versos lunfas que hizo Celedonio, abriendo juego con el octosílabo inmortal: Rechiflao en mi tristeza.

Celedonio Esteban Flores, uno de los fundadores de la sociedad entre el tango y la lunfardía que inauguró con tanto éxito Pascual Contursi, concibió sus dos primeras letras, que consagrara Carlos Gardel, como poemas. El ojo avizor y la certeza de descifrar que en esas quintetas bravas había material para el tango, lo llevaron al gran cantor a incorporarlas a su repertorio, poniéndoles música.
                                     

Primero fue Margot, que en los versos alejandrinos del Negro Cele se titulaba Por la pinta. Con él granó Cele un premio de 5 pesos nacionales que otorgaba el diario vespertino Última hora. Tanto a Gardel como a Razzano les gustó el tema y el guitarrista José Ricardo le puso música, pasando a llamarse Margot. Un tango que bastantes años más tarde Edmundo Rivero volvería a traer a la palestra, como otros temas de Celedonio.

Nadie sabía quien era Cele, el que firmaba con esas cuatro escuetas letras los versos, pero cuando se disponían a grabarlo, la empresa grabadora logró ubicar al muchacho , que entonces tenía 25 años, pero parecía menor. Gardel sospechaba que el autor era alguien mayor que lo mandaba al muchacho y le soltó en su estilo:
-Vos sos el sobrino del autor del verso, ¿no?
-De quién - respondió el morochito.
-De tu tío... bueno, del que escribió esos versos rantes de Margot...
-Soy yo el que escribió esos versos rantes. Y aquí les traigo estos otros versos rantes a ver si le gustan.
- Y ahí estaba Mano a mano.

Gardel comenzó a leerlo en alta voz y con Razzano se cruzaban gestos de admiración. Y lo felicitó al muchacho que por aquel entonces practicaba boxeo y había llegado a una final amateur de pesos pluma. Los versos  a los que Gardel y Razzano le pondrían música  con unos punteos de guitarras entre estrofa y estrofa, se convertirían a partir de ese año 1923, en que lo grabó, en un tango inmortal.

Celedonio en su época de boxeador
Gardel terminaría grabándole nada menos que 21 temas al morochito aquél que se convertiría en gran amigo suyo y de Rosita Quiroga que durante unos años lo contrató como letrista en exclusividad.

La letra de Mano a mano, refleja la historia que le contara a Cele, el cantor Fernando Nunziatta en el famoso bulín de la calle Ayacucho 1443 y la terminaron en un café cercano. Nunziatta cantaba en un dúo con Cicarelli y tenía una enfermedad pulmonar grave. Le mostró la foto de la mujer que lo había abandonado y sobre esa historia escribió el Negro Cele el tango célebre, que se empinó en la voz de Gardel mientras el flaco Nunziatta moría en Córdoba.

                             
 También moriría Celedonio, joven,  a los 51 años, cargado de problemas y deudas por la timba y la noche larga. Pero su legado artístico devengaría enormes y justos beneficios, y ausente la mano pródiga y derrochadora,  su viuda le hizo construir un mausoleo en Chacarita gracias a aquellos tangos geniales, y sus colegas instalaron sus restos en dicho sitio.

                                 
Recordamos Mano a mano, en estas dos versiones: Por Carlos Gardel con la guitarra de los negros José Ricardo y Guillermo Barbieri. Y por la orquesta de Francisco Canaro con la voz de Roberto Maida, grabado en 1938.

Carlos Gardel - Mano a mano

Roberto Maida con Francisco Canaro - Mano a mano


martes, 13 de agosto de 2013

Roberto Pansera

Músico importante, aunque no tenga el respaldo de la fama que rodea a muchos de sus congéneres. Pero la gente del tango sabe quien ha sido y todo lo que ha representado este bandoneonista, organista, director, compositor, orquestador y arreglador.

                                    
Eterno viajero, nació en Mar del Plata, se crió en el porteño barrio de Barracas y su pasión por el fueye nació cuando su tío y padrino le regaló un pequeño bandoneón con el que comenzó a juguetear y a sacar canciones ante el asombro de la familia. Su padre lo mandó a estudiar con el maestro Domingo Federico y a los seis años ya tocaba en un espectáculo con el sobrenombre familiar de Chispita.

Chispita Pansera.
Esta precocidad y el talento innato que lo fusionó con el fueye, le permitió incrustarse en la fila de bandoneones de la orquesta de Juan Carlos Cobián, en los salones del Automóvil Club Argentino. Y recién contaba apenas 12 años. Se fogueará en el sexteto de Cristóbal Herreros y enseguida pasa a la orquesta de Francini-Pontier, recomendado por el propio Herreros. Allí lo conoce Piazzolla que queda impresionado con el muchachito y le recomienda que estudie con su maestro, Alberto Ginastera, que era vecino del chico en el barrio de Barracas.

En esa casa  aprenderá todo lo que necesita, sobre armonía, composición, el manejo del piano. Devora casi con desesperación, como una esponja, todo lo que le enseñan y recomendado por Piazzolla viajará becado a Italia para seguir estudiando en el Instituto Santa Cecilia.

   
                                
Vuelve imbuido de nuevos conocimientos y su pasión agigantada. Se enrola con el pianista Lalo Scalise para tocar en Punta del Este y cuando terminan la temporada ingresan juntos en la orquesta de Osvaldo Fresedo. Allí ya sería arreglador, orquestador y primer bandoneón de la misma.  Y pasaría a componer temas de inspirada línea melódica, aunque cada tanto se enfundaba las alas y volaba por el mundo.

Lo encontré en Colombia acompañando a Olga Guillot, la gran cantante cubana. Años más tarde nos veíamos en Madrid, cuando vino al festival de Granada con su orquesta, y mientras nos despachábamos unos tragos, hablamos de Olga, de Fetiche, amigas comunes,  me contaba de su amistad con Pichuco y todo lo que representaba en el tango. Incluso le arregló a pedido algún tema de Piazzolla que luego repetiría con Fresedo para disgusto del Gordo. Pero fueron grandes amigos y le realizaría más trabajos a Troilo, a quien equipararía con Gardel como símbolos del tango.

Vivió en Estados Unidos invitado por Dizzy Gillespie, tocó jazz, allí editó el disco Pansera 3, acompañó a cantantes norteamericanos, entre ellos a Paul McCartney, a quien le hizo arreglos para su álbum: Working classical. La lista de cantantes internacionales a los cuales les arregló y acompañó con su orquesta, incluye a gente como la Guillot, Plácido Domingo, Fetiche (en órgano), Chabuca Granda, Enrique Iglesias. Y en Argentina a Goyeneche, Rivero, Horacio Deval, Susy Leiva, Néstor Fabián, Mercedes Sosa. Y fue uno de los fundadores del famoso Octeto de Piazzolla. Fue incluso presidente de SADAIC (Sociedad argentina de autores y compositores) con el beneplácito general.

Vivió en Venezuela donde siguió componiendo tangos que recordaban a su Buenos Aires. Yiró con el espectáculo Tango argentino,  y en cada regreso volvía con Fresedo, o con Mariano Mores, en cuya orquesta tocó diferentes instrumentos con excelente resultado, dado que era un músico completísimo.  Hizo música para películas. Con Fresedo y Roberto Lambertucci compusieron y grabaron los doce temas del LP: Los doce mandamientos.

Pansera (der.), Fresedo y Lambertucci
Aquel bandoneón pequeño que fue el germen de su pasión lo perdió, como se pierden todas esas cosas de los niños. Lo buscó por todas partes y no hubo caso. Un tarde, su tío lo descubrió en una vidriera de aquellos cambalaches de la calle  Libertad que inmortalizó Discépolo en su famoso tango. Entró como loco a la tienda, lo alzó con su manos y allí encontró en la caja las iniciales R.P, que le había inscripto el chico. Cuando se lo llevó a Roberto, éste no lo podía creer. "Es la segunda vez que me lo regalás, qué lindo. Un milagro.", le dijo.

                                             


Murió en su ley. Actuando con su conjunto en el local Esquina Tango, sufrió un infarto que resultaría fatal. Dos años antes había formado un conjunto juvenil llamado El espejo, con arreglos y dirección propios reflotando el estilo orquestal de Aníbal Troilo, su gran amigo e ídolo.

                             

Lo recuerdo en dos temas propios que grabó con uno de sus tantos conjuntos. Un cuarteto de 1977, donde, entre los doce temas del LP, interpretan  estos dos suyos: Flor de barra y A la guardia nueva.

027- Flor de barra- Roberto Pansera

034- A la guardia nueva - Roberto Pansera