domingo, 31 de marzo de 2013

Un recuerdo de Alfredo Gobbi

Esta pintura de un enorme personaje del tango la escribí hace un tiempo, a pedido de José Pedro Aresi, pero hoy siento la necesidad de traerla al Blog, a casi 48 años de su desaparición física.


-Conocí a Alfredo gracias a Pirulo, un atorrante de la barra, que era hincha suyo y lo trajo al barrio. Nosotros éramos alegres dieciochoañeros, despreocupados y atentos al vaivén del equipo del cuore, la orquesta que nos tiraba, la silueta de las pebetas que pasaban repiqueteando su taquito en la vereda y la milonga con su rante berretín. Los jueves armábamos un morfi bien grasón en una fonda de la calle Los Patos entre Colonia y Luna y no sé cómo Pirulo lo arrastró a Alfredito a una de aquellas comilonas, a las cuales el gran troesma se nos haría habitué. Incluso trajo a uno de sus cantores, el colorado platense Héctor Coral, y luego aterrizaría gente como Rodolfo Lesica, Julián Centeya, José Berón y algunos futbolistas. 

A veces, cuando las copas habían realizado el prefacio situacional, el hombre se paraba sobre la silla y dirigía la orquesta virtual que lo seguía en Amurado, al estilo Pugliese. Nosotros éramos los supuestos músicos que pronunciábamos las notas correspondientes, vocalmente,  aunque vendría la lógica desbandada en las variaciones que había creado Maffia para tan hermosa página y que no podíamos seguir tarareándolo en compás. Un torcan del rioba cantaba los versos olvidados de temas como Entrada prohibida o La Payanca y siempre había alguna otra gola generosa.

De aquellas noches truncas pasé al trocén donde me hice habitué. Mi parada  
arrancaba en el Suárez de Esmeralda y Lavalle donde me encontraba siempre al negro Hugo Díaz y su proverbial humor santiagueño. La seguía en la Richmond de Esmeralda donde había actuaciones continuas. Y frente a Radio El Mundo, de la calle Maipú se producía una gran concentración de tangueros, porque en la emisora proliferaban las actuaciones de las orquestas típicas más destacadas. Allí era mi tercera recalada y me hice de amistades como el poeta de Boedo Julio Camilloni que correteaba artículos para talabartería, Oscar Fresedo, hijo de Emilio, Manolo Sucher, Pichuco, Domingo Sciaraffia, Roberto Arrieta, Carlitos Almada, Centeya, Ángel Cárdenas, Julio Sosa, Rivero y mi padrino en ese ambiente era Alfredo Gobbi.


Al socaire de la nostalgia no puedo menos que revivir infinidad de escenas que me quedaron registradas con muchos de aquellos personajes con los que mantuve amistad como Centeya, con quien pasé largas noches y compartí posteriormente micrófonos. Las vigilias me nutrieron de anécdotas imborrables y recuerdo las palabras de Alfredo aconsejándome para no caer en vicios que a él terminarían destruyéndole. Tenía un leve temblor en sus manos y me explicaba que era por culpa de la ginebra. Me hablaba largamente de Orlando Goñi –para mi gusto el pianista más genial que tuvo el tango- y de Pugliese y Troilo, con quienes alternó en varios conjuntos. Porque el que conseguía el trabajo llamaba a los otros y el conjunto llevaba entonces el nombre suyo. Por eso actuaron los tres bajo la denominación de Osvaldo Pugliese y su orquesta o Troilo, o Gobbi, según el caso. Y se tenían entre ellos una profunda estima humana y profesional. La misma que le tuvo Astor Piazzolla que le dedicó su tango: Retrato de Alfredo Gobbi. En un programa dominical matutino que yo conducía con Osvaldo Papaleo, Ástor me habló de su admiración por Gobbi y de la letra de un hermoso valsecito que Alfredo compuso en su homenaje y que le pasó por debajo de la puerta de su casa, escrito a lápiz y que Astor lamentablemente perdió. También se lo contaría a Natalio Gorín para ser reproducido en el interesante libro de mi buen amigo Natalio.

Tito Landó, Gobbi, Nina Miranda, Alfredo del Río y Cosentino
Todos sabemos del terrible final de Alfredo Gobbi. Vencido por el alcohol y las drogas, tocando en lugares de mala muerte, viviendo en una pensión lamentable, alejado de los amigos y la familia, a su deceso en 1965, hubo que hacer una colecta entre tangueros para rescatar su legendario violín que el dueño de la pensión se quedó para recompensar la deuda del inquilino. Cuando lo fueron a ver a Troilo, el gordo se quejó amargamente: “¡Cómo no vinieron a verme primero a mí..!”, y puso lo que faltaba, además de componer en su homenaje ¨Milonguero triste". Gobbi nos dejó unas grabaciones invencibles, algunas composiciones de gran enjundia musical como Orlando Goñi, Camandulaje o El Andariego, dedicado a su padre y el regalo de la amistad, su personalidad auténtica, entrañable, enfundada en su pinta porteña y bacana.

Quería contar una anécdota intransferible que viví a su lado. Un amigo lo había invitado a un asado nocturno en una casa de Puente Alsina y Alfredo me coló. Era en una de esas casas chorizo, con parral y gallinero al fondo, guitarras, canto y el infaltable truco del alba. Estábamos en el feca, frente a la radio, tomamos algo y nos mandamos en un taxi que paramos en la puerta. Al llegar al Obelisco, se agarra la cabeza y recuerda: “¡Huyyyy, me olvidé el violín en el bar….volvamos rápido por favor!”. Yo recordé que eso le pasaba seguido al despistado Edgardo Donato, porque ya conté que andaba a veces con el Negro Almada que cantaba con él. El chofer pegó la vuelta y cuando Alfredo entra al boliche, me comenta: “¡Es el maestro Gobbi! Yo soy fanático de él, qué bárbaro!”. Y retomamos la marcha. Aproveché para contarle: “¿Sabés que el hombre es hincha tuyo? Mirá que suerte…”. Agarramos Rivadavia, pasamos el Congreso y Alfredo me dice. “Tenemos que tocarle algo al amigo entonces, ¿no te parece, Josecito?”. Desenfundó el violín y el hombre, asombrado paró el coche. Gobbi entró a tocar Ojos Negros de Greco, y de repente lo mezclaba con la canción rusa homónima (Ochi chornye) y entramos los tres en trance con el maestro que cerraba los ojos, arrancándole al instrumento una vibración emocional inolvidable Era una noche de luna llena y me empezó a correr un frío por la espalda increíble. Sin darnos cuenta el tachero y yo teníamos los ojos llenos de lágrimas y el hombre, por supuesto compartió toda la velada con nosotros posteriormente. Fue uno de los momentos más sublimes que he vivido con el tango y sus grandes personajes. De aquella época irrepetible de bohemia y amistad que ha quedado sepultada por la post modernidad. 

Y recordándolo en esta mañana madrileña, entre su música, escojo este tema de Pedro Maffia, que Alfredo grabó con su orquesta el 18 de abril de 1950: Pelele


sábado, 30 de marzo de 2013

Valseando, que es gerundio

Los valsecitos porteños tienen ese no se qué, ¿viste?, que me impulsan a juguetear en la pista y bailarlos de forma distinta a los tangos, que son más reconcentrados y requieren otro tipo de cauce emocional.

 En los momentos que necesito escuchar algo que me levante el ánimo, recurro con bastante frecuencia a esas viejas composiciones que sembraron una especie de jardín florido en el catastro tanguero. Y hay valsecitos que tienen un gran poder balsámico para iluminar los cielos encapotados, las lluvias interminables que veo descerrajar agua desde mi ventana. O para llenar esos tiempos en blanco que se presentan a diario en la vida.

Además me traen infinidad de recuerdos felices. Un temblor interno que me devuelve a aquellos temas obstinados que revivían los innumerables guitarreros que poblaban la Buenos Aires de mi infancia. Los cafés de barrio era permanentemente visitados en las noches, por dos o tres violeros que tocaban un puñado de temas, atendían algunos pedidos, luego pasaban el platito, recogían unas monedas, saludaban respetuosamente y se iban hacia otro café, dejando en mi psique adolescente una intensa certeza de felicidad volátil.

Yo entraba al bar gracias a mi hermano, y por supuesto, aquellas conductas de los mayores me parecían dignas de imitación. A veces me animaba tímidamente a pedirles un tema a aquellos guitarreros anónimos, y si me complacían, algo bullía en mi interior,  especialmente en el culmen, cuando todos aplaudían el final de la interpretación, interrumpiendo las partidas de cartas y discusiones fútiles.

Para mí era como una iniciación a aquella fecunda bohemia de la ciudad que te vacunaba contra los actuales odios de la política. Esa pandemia de los infectados por la zarabanda mediática, a través de los altavoces que tenemos instalados en casa: la prensa escrita, el aparato de radio y el televisor. Acá, allá y acullá.

El gran músico húngaro Franz Liszt decía que "La música es el corazón de la vida. Por ella habla el amor, sin ella no hay bien posible y con ella todo es hermoso".

No llegaba entonces a las profundidades y certezas románticas de ese gran músico, pero intuitivamente sabía que esa noche me iba a acostar emocionado.

Antes que traveseara por las pistas y cruzara aduanas de medio mundo, esos valsecitos estaban latiendo en mi alma y no se han despintado; por el contrario se han instalado en mi cuore para quedarse. Como los que tocaban en los casamientos, a los que iba con mis padres,  al grito de: ¡Que bailen los novios!! Y ponían un disco de Firpo o Canaro: La loca de amor, Olga, Francia, Orillas del Plata... Veía dar vueltas a los novios al ritmo del vals de turno y me parecía sencillamente genial.

Fueron aquellos guitarreros empíricos los que instalaron el valsecito en el sentimiento popular, después que Roberto Firpo los codificara definitivamente, desechando los valses vieneses o Boston que figuraban en los atriles de las orquestas de antaño.

Por eso, hoy que estoy romanticón, vuelvo a las fuentes, a aquellas noches de sueños juveniles y traigo un par de valsecitos porteños guitarreados, para alegrar este fin de semana pascual.

Me sirvo mi güiscacho, unas almendritas y juná como se enviola tangamente esta yunta, valseando a cuore abierto esas dos joyitas del alhajero rioplatense. Son Los Indios Tacunau con el temazo de Sanders y Cadícamo: Luna de arrabal y la hermosura de Troilo y Manzi: Romance de barrio. ¡Salute frates!

Luna de arrabal

Los indios Tacunau - Romance de barrio


viernes, 29 de marzo de 2013

Homenaje a María Nieves

En las milongas porteñas suelen ocurrir cosas realmente lindas. Cada capítulo que fuimos escribiendo sobre la pista, es una velada que quedó atrás. Pero la del sábado 9 de este mes de marzo, en el Club Sunderland, fue  sumamente especial y emotiva.Porque se convocó a numerosos milongueros para asistir a un homenaje a María Nieves, convertida desde hace tiempo en una leyenda viva del tango.

Todo lo que digamos de ella sabe a poco, por lo mucho que hizo por esta danza y por la generosa siembra que realizó por el mundo junto a Juan Carlos Copes. Ese tiempo joven que transcurre sin dificultad, sin prisa, hasta que lo perdemos, dejó a cambio una huella profunda en la vida de María Nieves.

Con ella vibra la memoria de una música y una danza que se enciende como una llamarada.

La he admirado en innumerables noches del Caño 14 y sobre el escenario era realmente una diosa, aunque ella no lo sintiese así, debido a su innata modestia.
No hay más que apreciarla en esta foto, cuando cautivaba con su arte y su hermosa figura.

Por suerte, hoy se le reconocen sus enormes méritos, y esa noche señalada, en el club de Villa Urquiza tuvieron esa magnífica idea y pudimos gozar de verla en la pista con el destacado bailarín: Pancho Martínez Pey.

Fue muy lindo lo que hicieron, como si hubiesen sido pareja de baile permanente y Pancho tuvo un hermoso y simbólico gesto al terminar el primer tema de Caló-Berón, que bailaron: Jamás retornarás.

Pero sobran las palabras y mejor, veámoslos en acción.



jueves, 28 de marzo de 2013

D'Arienzo y Troilo


Eran grandes rivales en las taquillas, pero a la vez grandes amigos en la vida. D'Arienzo comenzó a grabar en la RCA Víctor el 2 de julio de 1935. En Noviembre de ese año hizo algunos retoques para mejorar el sonido de  su orquesta, y el día 18 de dicho mes Aníbal Troilo y Ciriaco Ortiz reforzaron la línea de bandoneones y grabaron con el Rey del compás, el tango de Juan Maglio Pacho: Sábado inglés. Acá los vemos, trenzados en un "desafío" a la paleta vasca en un frontón de la calle Reconquista entre Corrientes y Lavalle. D'Arienzo, Troilo, el árbitro, Vitale (representante de Pichuco) y Alberto Marino. Dos fenómenos en todo sentido. Pichuco cerraba los ojos, tecleaba suavecito, como si fuera el médium de un ángel que lo estaba haciendo en realidad y te estremecía el alma. Juan era un terremoto. Falopeaba a sus músicos a fuerza de meter manotazos empujándolos. Salamanca y Polito parecían tener cuatro manos. 
Y los fueyes, cuando los azuzaba, se ponían de costalete y te hacían volar en la pista. Si habremos metido molinetes en esas variaciones, ¿te acordás nena? ¡Que orgía! ¡Y El Gordo cuando se trenzaba en una rosca con el pulpo Goñí! ¡Qué máquinas! Parecía que rivalizaban en aquellos contrapuntos que se mandaban. Cada tanto aparecía Fiore con sus gorjeos y se apaciguaban, pero en cuanto paraba el cantor, arrancaba uno y lo seguía el otro. Qué pianazos del Goñi, con sus gambas abiertas y su jeta ojerosa. Le sacaba virutas  al piano con ese swing lujoso y te hacía tirar los pies sin pausa, con el cuore agitándose de felicidad. El gordo se apilaba y esa orquesta primera era un lujo milonguero, te lo juro. Una noche yo estaba en el Caño 14 y tocaban en ese momento Francini y Stamponi. El Gordo venía de tomar algo y se sentó a mi lado. Francini entró a tocar junto al micrófono, Pichuco me agarró la rodilla y murmuraba: "Qué animal, lo está haciendo sangrar al instrumento...". A D'Arienzo lo encontré en el Casino del Parque Rodó, en Montevideo, adonde había ido con su orquesta para un programa de televisión. Estábamos escolasando en la misma mesa. Ponía fichas a toda velocidad en el paño. "¡Qué ritmo, Juancito!", le dije. "Compás pibe, compás...", respondió sin mirarme. Dos fieras. El Gordo se enamoró de sus cantores y los miraba embelesado, marcándoles los tiempos con la trompita, como si fuese a cantar él. A Juancito le quedó la jorobeta en el lomo de tanto agacharse a darle manivela a sus músicos. Y cuando les hacía las morisquetas a los cantores, Mario Bustos lo quería boxear. No quería saber nada. Echagüe lo conocía lungo y se reía. ¿Sabés cuántas orquestas tocaban a lo D'Arienzo en el país, con su repertorio? Y todas laburaban, ojo. Yo quería rienda larga en la pista y D'Arienzo me la daba. Y me la sigue dando. Las pibas que bailaban conmigo, cuando sonaba la orquesta, me clavaban la mirada porque sabían que las llevaba en el aire las llevaba. Troilo fue amenguando aquel ritmo inicial y tocaba p'adentro. Por eso me iba a escucharlo al Caño, a Relieve, Al Odeón, Al Teatro Discépolo, al Ópera. Las lágrimas que habré dejado en esos lugares... Al Tano Marino le sobraban gola y cuore.
Hacía lo que quería con la voz y su dupla con Floreal fue de lo más grande que hubo. Los poetas no daban abasto inventando temas para aquellas orquestas del 40 y 50, y todos los días se estrenaba un tango nuevo. A la semana lo cantaba y silbaba medio Buenos Aires. ¡Qué noches, mamita! Cuántas veces nos íbamos a laburar sin dormir. No existió en el mundo una ciudad igual. Salíamos de  bailar de las confiterías del centro a las 4 de la matina, íbamos a comer un bife de chorizo a Pipo y no había mesas libres... ¡Má qué París! Y en El Tropezón te encontrabas a artistas, músicos, políticos, escritores. A Troilo y D'Arienzo habría que hacerles un monumento. Lo que hicieron con el tango fue algo increíble. Arrastraban multitudes. Si a vos no te gusta bailar D'Arienzo, no sos milonguera. Si no te gusta escuchar al Gordo, no sos tanguero. ¡La guita que ganaron las grabadoras con estos monstruos! Los gobiernos que tuvimos no supieron valorar lo que fue el tango a nivel social, cultural y económico. Siempre lo ningunearon. Y le daban más bola a cualquier ritmo foráneo. Clubes, boites, confiterías, cabarés, teatros, Cafés, los llenaban de bote a bote. Ni los muchachos del cine se avivaron del material que podrían haber explotado durante años filmando orquestas y milongueros. Hoy va gente de todo el mundo a Buenos Aires a realizar documentales y películas sobre el tango. Los mandamases nuestros siempre lo desdeñaron y consideraron algo inferior; esos cerebros que manejaron la cultura. Mirá ñatito, te voy a poner un tema del Gordo y otro de Juancito. Si no los bailás solo al escucharlos, sos un amargo. ¡Manyá que merca, per favore...!: Toda mi vida de Pichuco y el Catunga Contursi cantando Fiore (4-3-1941), y El simpático, del tano José Santini, por Don Juan, (19-12-51)  que te la voglio dire. A mí se me piantan los remos se me piantan.

 05- Toda mi vida - Toilo-Fiore

05- El simpático - Juan D'Arienzo






miércoles, 27 de marzo de 2013

Mario Orlando

Es uno de los mejores musicalidores o disc jockeys del mundo. Estamos hablando de tango, por supuesto. Hace muchos años que lo conozco, he bailado con su música en numerosas milongas a lo largo de los años, y me lo he encontrado en diferentes sitios, siempre impecable en su cometido.

Yo manejaba la música cuando hacíamos algún Festival en el Club del barrio, en Parque Patricios,  contaba apenas con 18 años y sé de que va ésto. El tema no es nada difícil si conocemos el terreno, si fuimos milongueros y lo mamamos desde siempre, o lo enfocamos profesionalmente con seriedad y rigor.

En Europa sufrimos la desidia de gente que se pone a musicalizar una milonga y pretende "descubrir" cosas y temas que están descubiertos hace muchos años. Pero que no figuran en la agenda de un buen  pincha discos.

En Niño Bien, su reducto desde hace años.
Y el amigo  Mario lo lleva en los genes familiares. Su tío abuelo, Miguel Orlando, fue bandoneonista de las grandes orquestas que formaba Julio De Caro en la década del veinte, para los bailes de carnaval y para sus actuaciones en la Confitería L'Aiglon, de la Galería Güemes.  

Dirigió su propia orquesta, en la cual debutó como pianista un pibe llamado Rodolfo Biagi y después se iría con Francisco Canaro a Europa, donde se quedó en la que comandaba Juan Canaro. Formó su propio conjunto en Europa y grabó varios temas.

                                       
Con Félix Picherna, el colega que triunfó en Italia

Mario es de Villa Crespo, nació y creció cerca de la casa de Osvaldo Pugliese y ha pasado en su profesión por numerosas milongas porteñas. Actualmente musicaliza los lunes en La coqueta de Recoleta, los martes en El arranque (Salón La Argentina) por la tarde, y a la noche en el Club Zaraza. Los jueves está en El arranque y en la nocturna y concurridísima de Niño bien. Los viernes en El abrazo, de La Ideal. Los sábados en Sunderland y los domingos en el Salón Canning. Cartón lleno, para este joven-veterano del tango.

Además es el musicalizador del Campeonato Metropolitano de Tango salón, del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y del Campeonato Mundial de Tango Salón, del Gobierno de la Ciudad.

Es muy conocido mundialmente y requerido para Festivales y Cruceros. Ha estado en lugares como Estocolmo o San Francisco con su arsenal de tangos, exclusivamente para milongueros y sabe calibrar la temperatura, creando el ambiente ideal, convocando a los bailarines a la pista con su impecable selección..
                                   
Mario Orlando en su puente de mando

Hijo de argentino y gallega, cuenta con pasaporte de la Comunidad europea y siempre recibe alguna oferta para trasladarse con sus bártulos a este continente. Seguramente pronto lo veremos por acá. Y cuando hace falta, lo divisamos incluso despuntando el vicio en la pista. Porque es milonguero, claro.

En la belle époque del tango, allá por los '40 y '50, los musicalizadores eran seres anónimos que despachaban su mensaje milonguero desde algún tabuco y jamás les vimos la cara. Durante años bailé en Huracán con grabaciones los domingos y nunca supe quien mandaba aquellos tangos al aire.

Es importante saber quienes son los responsables de ese apartado hoy día para así separar a los buenos de los otros...

Y busco en mi discoteca un tema para acompañar a mi amigo, el gordito Orlando, en este recuerdo. Y encuentro nada menos que el tango La viruta, de Vicente Greco, grabado por la Orquesta de su tío abuelo, Miguel Orlando en París el 9 de noviembre de 1933.¡Qué bien suena!

17- La viruta - Miguel Orlando

martes, 26 de marzo de 2013

Walter Fiorito

Este cantor debió tener mayor proyección en su momento, pero los avatares de la vida fueron marcando su derrotero artístico y vital.

Nacido en Córdoba (Corral de Bustos), criado en el campo, trasladado a Zárate e ingresado en la Escuela Naval de Puerto Belgrano, despuntó su pasión tanguera y su buena voz, en un cuarteto formado un poco de casualidad.

En su andadura inicial fue cantando en diversos conjuntos del Sur bonaerense. Buscando hacerse un hueco en el carrusel de los notables, se anotó en un concurso de voces nuevas que en su momento tuvo mucho impacto, algunos de los cuales me tocó presenciar, en sus rondas finales. Lo organizaban las revistas Radiofilm y Cantando y se emitían por Radio Belgrano.

En dicha oportunidad varias de esas figuras terminaron ingresando al ruedo grande del Tango: Ruth Durante (gran amiga), Silvia del Río, Roberto Mancini, Carlos Casado o Ernesto Herrera que saltaría a la orquesta de Varela, así como Mancini se iba con Miguel Caló.

El bandoneonista y director Alfredo Attadía estaba buscando una voz para salir de gira por el interior y le gustó su estilo, que se adaptaba perfectamente a lo que necesitaba, retirándolo de la competición.

Anduvo por todo el país con dicha orquesta, y al disolver Attadía el conjunto para radicarse en Venezuela, Fiorito regresó a  Zárate y a la vez que trabajaba, seguía con la pasión del canto, actuando con orquestas de la zona.
                                                               
La ruleta del destino lo redescubre bastantes años más tarde en un boliche porteño cuando parecía que el tango lo había olvidado por completo. Y repentinamente graba dos CD con el maestro Jorge Dragone, lo vuelve a convocar su viejo amigo de aventuras Antonio Volpe, y Roberto Álvarez, el director de la orquesta Color Tango le ofrece su marca para cantar y registrarlo en el disco, en el año 2004.

A todo esto me falta decir que Walter es un muy buen amigo mío, y que estuvimos comiendo en el Restaurante del Centro asturiano de Vicente López con él, su señora, y varios integrantes del  foro del Tango Club que capitanea el gran cantor Roberto Mancini, en mi reciente viaje a Buenos Aires. Una hermosa reunión donde reflotamos tangos de todas las épocas, con Walter,  el maestro y amigo Juan Antonio Morteo, con el conductor radial Abel Santi, Anyulín Yonadi y amigos y amigas del gotán. Si hasta me bailé un tanguito con Elvia, la representante que tenemos en el Chaco.
                               


Mancini me  recordó que hace muchos años cantó en este Club con la orquesta de Miguel Caló en los carnavales en 1957.  Disfrutamos de la buena comida del Centro y un vino Fond de cave, Gran reserva, que estaba para agotar el stock. Lo vimos feliz al Capi Mancini, recientemente operado, y pasamos un día estupendo.

Hoy traigo al Blog a Walter Fiorito con la orquesta Color Tango, para que calibren su cálida y expresiva voz, en dos temas: Noches de luna, de Daniel Álvarez y Rafael Buono y La noche que te fuiste, de Osmar Maderna y José María Contursi, que evoca a su amada Grisel.

Walter Fiorito. Noches de luna

Walter Fiorito. La noche que te fuiste


lunes, 25 de marzo de 2013

Zoraida y Diego

En estos veinte escasos días que pasé milongueando en Buenos Aires, se produjo el lógico reencuentro con gente que uno conoce de tantas pistas traqueteadas, y también con muchos milongueros nuevos, y una multitud de hombres y especialmente mujeres de distintos lugares del planeta.

También con las caras conocida de maestros del tango y de entre ellos, hoy quiero referirme especialmente a Zoraida Fontclara y Diego Álvaro, pareja de baile y de vida (tienen dos hijos pequeños), que van camino de los 13 años organizando su milonga: El Abrazo, en los salones de la confitería La Ideal en Suipacha 384.

Zoraida y Diego
Desarrollan una enseñanza personalizada porque sostienen que cada bailarín tiene sus propios tiempos y necesidades. Y lo afirman con esta recomendación al alumno: "Preferimos tu pregunta particular a enseñar una figura para todos simultáneamente". 

Y yo digo que es el camino correcto porque uno ha visto los estragos producidos por esas enseñanzas multitudinarias de figuras...

Si uno les pregunta sobre el tema de cuando comenzaron a ir a las milongas y ¿qué les gustaba de ellas?, responderán categóricamente:

Diego: Todo
Zoraida: Todo, todo me hipnotizaba.

                             
Se bañaron en buenas fuentes y admiran a los viejos maestros que les transmitieron sus arte, como lo explica Diego y sobre lo que Zoraida se extiende: "Lo mismo para mí, lo que ellos nos transmitieron desde el alma, desde sus vivencias. Además para mí fue muy importante, Carlos Estévez, Petróleo, que me mostró que el tango es creación. Él fue el creador de muchos de los movimientos que seguimos haciendo hoy día. Fue quien me enseñó el alma del tango".

Claro que uno, picado por la experiencia de la curiosidad no puede menos que preguntarles cuál fue el primer tango que bailaron juntos, y Diego sonríe y recuerda: Bailamos con Zoraida en Glorias Argentinas, para una "Noche de milongueros" que organizaba Oscar Héctor. Y el tango primero fue Recuerdo, de Pugliese.

Yo no desaproveché la ocasión y después de verlos a ambos haciendo un lujoso baile de swing, con la maravillosa expresividad de Zoraida, la ataqué sin más.

-Y ahora unos tangos...
- Por supuesto -respondió con su sonrisa habitual- y nos trenzamos en una tanda de D'Arienzo.

Baila una barbaridad y los lunes y viernes que dan clases de prima en La Ideal, me acercaba a milonguear y me despachaba con un par de tandas. Ella siempre tan dispuesta, me acompañaba.

Zoraida comenzó con el tango en 1988 después de una gira por Europa con Danza contemporánea.
-A la vuelta me acerqué al tango, un poco buscando algo nuevo, otro por curiosa, sin sospechar del monstruo al que me estaba acercando, que en realidad estaba dentro mío. Y en ese andar la curiosidad se convirtió en obsesión, no podía pensar en otra cosa, y comencé a formarme intensamente, aprendiendo ambos roles y convirtiéndose el tango en el eje de mi vida. 
 
Diego baila desde los 13 años, pero por la edad se zambulló en el rock, desechando los consejos tangueros de su padre.
-Pero en el '88 comencé a tomar clases, en el '89 me fuí a Italia, lo retomé en el '93, cuando regresé y desde entonces no paré más. El tango me copó.

Zoraida remarca: Toda mi vida me dediqué a la danza. En diferentes técnicas y formas, tratando de comprender el cuerpo y el movimiento en profundidad y comprometidamente. Siempre viví profesionalmente de la danza como docente, en la terapia corporal y en el espectáculo.

Hoy son dos maestros de lujo, altamente recomendables. Y en La Ideal dan sus clases. Y bailan. Yo, sumamente agradecido por poder disfrutar de la savia milonguera de Zoraida en esa pista.

Y entre otros, bailé con ella este gotanazo de José Santini por la orquesta del Rey del compás.

05 - El simpático - D'Arienzo


domingo, 24 de marzo de 2013

Las variaciones de La cumparsita

Las variaciones constituyen una parte fundamental del tango y los que  que debemos interpretarlas en la pista, sabemos muy bien el efecto que producen en nuestro ánimo y en nuestras piernas, aunque desde hace años se haya atenuado en bailarines y profesores, esa potencia transmisora que tienen.

Recuerdo el impacto que sentí en una conferencia que dí en un festival de Tango y hablé sobre las variaciones. El integrante  de una pareja que había viajado varias veces a Buenos Aires a tomar clases y frecuentar milongas, y que bailaba aceptablemente con su señora, se me acercó en el baile de la noche a preguntarme -para mi asombro- qué eran las variaciones.

Se trata de un pasaje de notas armonizadas contrapuntísticamente a la melodía natural de un tango. Por lo general son ejecutadas por la fila de bandoneones. Y es muy frecuente que no sean compuestas sobre el tema melódico, sino en forma libre, sobre la secuencia de acordes de la sección. Las puede ralizar tanto el autor del tema, como el director de la orquesta que lo ejecuta o un arreglador.

Hay casos de variaciones maravillosas como las de Mala junta, Canaro en París, Quejas de bandoneón (por Troilo), Recuerdo, Seguime si podés, Firuletear de bandoneón, Amurado, y una larguísima lista, que enriquecen al conjunto del tema.

Un caso notable es el de La cumparsita, que como casi todo el mundo sabe, es un tango estructurado en dos partes, con un breve puente o intermedio. La primera parte ofrece la peculiaridad  de tener un compás de menos de lo que la ortodoxia de la canción popular corriente establece. De ahí que los instrumentistas recurran a unas verduritas para rellenar ese vacío.

                                                         
Las más conocidas datan de 1930, cuando la revista El alma que canta organizó un concurso para crear ese vacío con cuatro acordes que han quedado acoplados a la obra original. El bandoneonista de Barracas, Luis Moresco, apodado Bigote, fue quien ganó dicha competición y su relleno lo han ejecutado casi todas las orquestas, aunque luego se le sumaran otro destacados intérpretes que aportaron mucha mordiente a la melodía de ese tema, convirtiéndolo en el emblema máximo del tango, como los registros de Juan D'Arienzo por ejemplo que lo grabó en forma instrumental en cinco oportunidades, y levantaba la fiebre de los milongueros.

Otro caso notable es el registro de Enrique Rodríguez en 1953, gracias al arreglo de su primer bandoneonista Roberto Garza (José García López), que fue incluso el orquestador de la Editorial Julio Korn, cuando se generalizó el empleo de las orquestaciones standards. Los pizzicatos del violinista Carlos Pampillón, los solos pianísticos de Armando Cupo, que había reemplazado a Eusebio Gorno, le dan una fuerza notable al conjunto en este tema. Yo lo vi en los sábados bailables de Radio Belgrano, que iban por la tarde y la gente lo aplaudía a rabiar.

Y vamos a iluminar el día con dos versiones de este maravilloso tango que ha penetrado en todas las fronteras del mundo. Y lo haremos con la segunda versión instrumental que realizó D'Arienzo, el 23 de noviembre de 1943. Y la de Enrique Rodríguez citada, del 53.

¡Y feliz domingo!

La cumparsita - Juan D'Arienzo

La cumparsita - Enrique Rodríguez


sábado, 23 de marzo de 2013

Pugliese - Montero

De vuelta en Madrid, hoy retomo el diálogo diario con mis amigos tangueros del Blog. Tengo muchas cosas que contarles de mis andanzas milongueras por Buenos Aires, pero para arrancar en primera, despacito, vamos poniéndonos en tono con dos versiones del Negro Miguel Montero, en la orquesta de Osvaldo Pugliese.

Uno de los temas va dedicado a un amigo de la infancia que me lo recordaba en estos días pasados por el barrio, y que me acompañó en las milongas. Es el tango del poeta Manolo Barros con música de Emilio Balcarce: La conciencia, grabado en 1957.

                       
El tucumano Montero debutó en la orquesta de Osvaldo Pugliese reemplazando a Jorge Vidal, el 16 de julio de 1954 en el palco del Club Atlético Huracán, y ahí estábamos con toda la barra. Y coincidió incluso en su última presentación con Don Osvaldo, antes de lanzarse como solista, también en Huracán, frente al Parque Patricios en 1959.

Su representante sería a partir de entonces el gallego Fernández, con quien despuntamos tantas partidas de truco en el Restaurante de Pepe Fechoría, de madrugada, enfrentados al Gordo Porcel, el Tano Nozzi, Sofovich, Rolo Puente y distintos nenes del ambiente. Fernández era también representante de Luis Landriscina, entre otros.

Acá está la Orquesta de Don Osvaldo con sus cantores Jorge Maciel y Miguel Montero, en el Salón La Argentina
Manolo Barros, el autor de la letra de este tango, tuvo auge en la década del cincuenta con varios temas que pegaron fuerte. Solíamos encontrarlo en el boliche, frente a Radio el Mundo, donde venía a esperar a Alfredo Gobbi y nos juntábamos allí unos cuantos asiduos. Gobbi le grabaría entonces: Calla y Cuanta angustia, cantados ambos por Tito Landó.

Nos llamaba la atención porque parecía un tipo permanentemente despistado, despeinado, aunque bien vestido, pero estaba siempre apurado, y no entraba en la ronda de las bromas que circulaban entre nosotros. Andaba como ajeno a todo.

Para completar este arranque, también les traigo el tango Pa'la muchachada, del propio Miguel Montero y Carlos Jonson que registró este cantor con Pugliese en ese mismo año cincuenta y siete.

La conciencia

Pa'la muchachada


lunes, 18 de marzo de 2013

Por la vuelta

Aviso a los seguidores del Blog que este fin de semana estaré en España y les iré contando las novedades y la temperatura de las milongas porteñas, que estuve visitando fervorosamente en estas tres semanas.

Y entonces volveré al tráfico habitual y a las notas diarias sobre nuestro querido tango.

Hasta entonces les dejo con el archivo y la hermosa música almacenada.

José María

viernes, 15 de marzo de 2013

Salamanca homenajea a D'Arienzo

Esta joyita se la tenemos que agradecer al bandoneonista Juan Carlos Niesi, de prolongada actuación en la fila de fueyes de Juan D'Arienzo y posteriormente en la orquesta de Fulvio Salamanca con quien ha elaborado este hermoso documento que es un homenaje al Rey del compás.

Niesi es el tercero de los bandoneonistas de izquierda a derecha.

Una belleza que traigo al Blog para todos los tangueros que me siguen y me acompañan en esta travesía por las hermosas páginas de la música ciudadana porteña y rioplatense. 

Gran homenaje a la orquesta de Juancito D'Arienzo, que nos sigue empujando en la pista y nos hace galopar el cuore a toda prisa.












jueves, 14 de marzo de 2013

Tango en el trapecio

Acá les dejo un entretenimiento con gusto a tango, para que siga sonando la orquesta y los muchachos lo bailen, cada cual a su manera.

Mientras les dejo esta milonga virtual, yo me voy a milonguear de verdad. Esta noche me toca Niño bien y debo aprovecharla porque apenas me resta una semanita en Buenos Aires.

Y a fines de la próxima ya contacto con todos ustedes diariamente desde Madrid.

Espero que les guste.


Bailan con Gotan Proyect - Santa María (Del Buen Ayre)




miércoles, 13 de marzo de 2013

Una joyita

Ya ven que siempre tengo una baraja guardada para no abandonarlos, pese a que el ritmo de Buenos Aires me lleva a un lado al otro, quiero decir, de una milonga a otra.

Y además tengo comidas con los amigos, ver algún partidito de fútbol, discutir de política con las tacheros que manejan los taxis, caminar las calles inolvidables con ese gustito tan familiar, y aunque el tiempo vivido no es el tiempo absoluto, depende de la intensidad con que uno la haya vivido o la siga respirando.

Un mosaico de realidades e imágenes enfocan tiempos diversos y yo me planto hoy en el año 1937, y mágicamente me encuentro al Sexteto de Elvino Vardaro, con un Aníbal Troilo, de apenas 23 años como primer bandoneón y la voz de Carlos Dante, ese cantor interminable.

La escena pertenece a la película Muchachos de la ciudad, que dirigió José Agustín Ferreyra. La orquesta interpreta el tango Ciudad, de Rodolfo Scianmarella, que canta Carlos Dante.

Un documento invalorable, sobre todo porque está resplandeciente. Ya me contarán.

                                           

                              






martes, 12 de marzo de 2013

Roberto Miró

Era tan notable la cantidad de figuras que se alineaban en las filas del tango, que, observando este afiche de los carnavales de 1950, uno se encuentra con que puede bailar con las orquestas de Aníbal Troilo, Alfredo De Angelis, los cantores Carlos Dante, Julio Martel, Edmundo Rivero, Aldo Calderón, la Típica de Julio De Caro, además de los conjuntos de jazz que siempre acompañaban a las orquestas Típicas.





Y observando atentamente también se puede descubrir al atildado locutor de Radio El Mundo, Roberto Miró, como presentador de los diferentes conjuntos, junto a su colega Federico.

Roberto Miró
Y destaco este detalle porque, además de ser un lucido profesional en su especialidad, Miró creó un ramillete de tangos de honda lírica  que revelan el desbalance afectivo, la arquitectura sentimental, el fuego, sin su consumación. Era poseedor de una musicalidad natural, que subyace en los versos, especialmente en uno de mis tangos favoritos: Qué sólo estoy, que lleva música de un notable Raúl Kaplún. No me canso de escucharlo y son varios los intérpretes que lo han cantado estupendamente y las orquestas que lo tocaron, aunque a mí me chifla sobremanera la versión de Raúl Berón con Lucio Demare.

Radio El Mundo 1960. Troilo, Alberto Vaccarezza, Roberto Miró y el actor Martín Zabalúa
Miró arrancó con 19 años en la antigua Radio Nacional y fue uno de los puntales del gran plantel de locutores y presentadores que tuvo Radio El Mundo durante largos años. Hombre culto, entabló amistad con muchos de los músicos que presentaba en dicha emisora y con algunos de ellos realizó sus tangos. Con el guitarrista Vicente Spina metió otros golazos: Me quedé mirándola y Loco turbión.

Con Kaplún compuso además Le pregunto al viento. Con Miguel Nijensohn: Un desolado corazón (Gran versión de Di Sarli-Serpa), Mi primer amigo y Vengo a verla. Con Pepe Libertella: El mismo barro. Con Emilio Barbato: Pan Amargo. Con otro pianista, Juan Larenza: Cuento viejo. Con Carlos Figari: Milonga para una plegaria. Y otros temas suyos fueron: Tu última aventura con Antonio Varela Nussotti y  Me grita el corazón con Mario Villar y Miguel Bonano.

Escuchamos para completar este retrato, a Aníbal Troilo con la impagable voz de Alberto Marino en el tango Me quedé mirándola, grabado el 27 de marzo de 1945. Y Lucio Demare con Raúl Berón, en Qué solo estoy, registrado el 21 de diciembre de 1943. ¡Que temazos, que orquestas, que cantorazos!

056 - Me quedé mirándola - Troilo-Marino

Lucio Demare-Raúl Berón: Qué solo estoy



viernes, 8 de marzo de 2013

Tango fire

Este es un hermoso espectáculo producido por una empresa australiana: HVK Productions Pty Ltd, lo que demuestra la enorme expansión del tango por todos los rincones del orbe.

El mismo está realizado y filmado en el Maag Eventhall de Zurich, Suiza, y la Directora artística del espectáculo es Carolina Soler, que realiza un trabajo de lujo.

Intervienen 5 parejas de bailarines: Nelson Celis-Yanina Fajar, Pablo Sosa-Mariela Maldonado, Mauricio Celis-Inés Cuesta, Germán Cornejo-Carolina-Giannini y Juan Malizia-Florencia Roldán.

Quatrotango es un grupo que fermenta un tango de muy buen nivel. Tienen a veces un raro toque de lirismo, además de un especie de constante aliento. Los músicos que integran el cuarteto y que acompañan a estas parejas son: Gabriel Clenar en el piano, Gerardo Scaglione en contrabajo, Marcelo Rebuffi a cargo del violín  y Hugo Satorre en el bandoneón.

Como cantor participa el cordobés Javier Di Ciriaco, el mismo que dirigiera la formación del exitoso Sexteto milonguero.

El editor del filme es Oliver Neubert, de la Popfilm de Zurich, Suiza.

Gocemos con esta rotunda y sensual demostración de bailarines y músicos en Verano porteño de Ástor Piazzolla.

         

Y después de este aperitivo, nada mejor que La cumparsita para cerrar la lujosa exhibición coreográfica-musical.

                                        

Entre tanto, yo sigo recorriendo milongas porteñas para poner el cuore al día.

miércoles, 6 de marzo de 2013

La cachila

Esta belleza que vemos a continuación pertenece a un documental filmado en Buenos Aires en el año 2005 por el Director Arne Birkenstock, nacido en 1967 en Siegen, Nordrhein-Westfalen, Alemania.

Se llama 12 Tangos- Pasaje de regreso a Buenos Aires. Se trata de un interesante documental que dura 86 minutos y gira sobre el universo Tango Argentino desde muchos puntos de vista: la música, la historia, los artistas, la danza, y también la gente y sus acontecimientos recientes, sus dificultades y sus pasiones. Tuvo  éxito especialmente en Alemania y Japón.


El documento fílmico cuenta un momento de la crisis que se vivió en Argentina en aquellos años de comienzos de este siglo, y los jóvenes queriendo emigrar, como sucede hoy en España. Contó entre otros, además del equipo técnico, con la colaboración de Luis Borda, Julio Pane y Lidia Borda.

Guillermina Quiroga coordinó el trabajo  y las coreografías de las parejas de bailarines y destacan como ejecutantes Pepe Libertella, Julio Pane, Pablo Mainetti, Mauricio Marcelli, Diego Schissi, Oscar Giunta y otros.

En la faz vocal aparece figuras como María De la Fuente, Jorge Sobral, Lidia Borda y varios artistas.

He seleccionado este detallazo del filme. Un enorme arreglo de Pepe Libertella, tocando La cachila, junto a Marcelli, Giunta, Schissi y Borda en La catedral. Una verdadera maravilla.



martes, 5 de marzo de 2013

Cacareando

Los hermanos Sureda llenaron toda una época con sus creaciones, sobre todo esos valsecitos que eran el plato fuerte de los guitarreros, fueyes y cantores de barrio.

Antonio Sureda
 Eran de la popular barriada de Boedo, de donde saldrían tantas estrellas del tango y el teatro, pero Antonio fue conocido por el público como El rey del vals. Bastaría con citar: A su memoria o Valsecito de antes , ambos con letra de Homero Manzi ("Valsecito que traes el perfume /de los bailes debajo del parral,/ y el recuerdo del gringo organista / que sonaba por el arrabal").


Jerónimo Sureda
Y Barreras de amor, Ensueño, Volvió la princesita, Ilusión Marina (Su gran éxito, con letra de su hermano Jerónimo), Amor y sacrificio (con letra de Celedonio Flores) o Ronda del querer.  Son valsecitos dulces, románticos al mango, que llenaron espacios de radio, boliches con guitarras y canto, bailes familiares, casamientos y glorietas de enamorados.

Antonio aprendió bandoneón con Julián Di Basto, formó tríos, tuvo orquesta, cantores como Santiago Devin o Alberto Tagle, actuó en bailes y confiterías de la época, pero su fuerte era la radio. Las recorrió todas y consiguió una audiencia fiel, porque en esa época la radio era la compañera infaltable en los hogares, uno más de la familia.

Compuso tangos perdurables como Dos amores, Adiós juventud, Amor de payaso, o la milonga Venga de donde venga, del cual extrajeron el famoso jingle de Geniol. Es de la parte que dice: "Venga del aire o del sol, / del vino o de la cerveza,/ cualquier dolor de cabeza, Don Juan,/ lo quita con un Geniol".

Antonio Sureda y su conjunto. El Pianista Carlos Figari es el primero por izq.
 Hoy, desde mi barrio porteño de Parque Patricios lo recuerdo en esta hermosa milonga que tanto disfruto en la pista: Cacareando de los hermanos Antonio y Jerónimo Sureda.

La primera versión la grabó Carlos Lafuente con la orquesta Típica Víctor el 14 de julio de 1933. Sobre la marcha y, a pedido de Charlo, le agregaron la respuesta  de la gallina,  y se estableció una linda payada sobre el tema, entre Charlo y Mercedes Simone, con la misma música de fondo. La grabaron con acompañamiento de guitarras y bandoneón el 11 de agosto de 1933.

Vale la pena escuchar las dos versiones, para que vean que no me olvido de mis amigos del blog. Esta es la letra original  de Jerónimo, que también hizo la de la segunda versión.



 CACAREANDO
(milonga)

Dejate de andar paveando
Con polvos y pinturitas,
Queriendo pasar ¡Ahijuna!
Por moza, si sos viejita.

Que al cuete es hacerse polla
Teniendo la cresta caída,
Que al dejar de poner huevos
Es al ñudo cacarear... (¡co - có!)

Gallina vieja... ¡co – có!
Lista pa´ l caldo... ¡co – có!,
Que andás buscando
Que un gallo nuevo
Te ande rondando.
En tus recuerdos... ¡co – có!
Formá tu nido... ¡co – có!,
Que de tu vida quedó
Sólo el cacarear...

Letra : Jerónimo Sureda
Música : Antonio Sureda

Y estas son las dos versiones:

Cacareando- Típica Víctor

Cacareando-Charlo-M.Simone



domingo, 3 de marzo de 2013

Un cacho de Buenos Aires

A todos los amigos de Tangos al bardo, a los que reciben el Blog, a los que lo buscan en distintos países y continentes, los quiero acercar a estos días finales del verano porteño, envueltos en tango.

Para que vean que no los olvido y aunque me falta el tiempo, porque recorrer las milongas es un trabajo arduo pero sumamente reconstituyente de las células nerviosas y el buen funcionamiento del cuore, en cuanto puedo me inserto en el blog.

Gaspar y Gisela
 Un amigo tano refraneó aquello de "La notte é lunga", y el hombre se había instalado con su pinta y su alma tanguera en Buenos Aires. Yo lo entendí perfectamente y compartí su fundamento.

Saquen un pasaje virtual a La Reina del Plata y orejeen un poquito las maravillas de esta ciudad. Aunque sea un paisaje fugaz, pero entrañable.

Acá encontrarán los motivos para instalar su cuore en estas entrañables calles y sitios inolvidables.

Nos acompaña el tango y también Gisela Celatti en yunta con Gaspar Godoy y la pareja Melody Celatti-José Fernández.   ¿Viajamos?

                              

                                                       








viernes, 1 de marzo de 2013

El Negro Ledesma

Este jilguero santiagueño, morocho y futbolero, que salió de su bucólica provincia para intentar ser militar en la vecina Tucumán, ni en sus sueños más locos podría imaginar que el daltonismo que le cerró las puertas del Colegio Militar, le permitiría un día ser gran figura del tango en Buenos Aires.
                                                                                     
Y lo conseguiría nada menos que en una etapa de bajo calado de la música ciudadana en en el pueblo, cuando las radios y las compañias grabadoras dedicaban sus espacios a otros géneros que invadieron el mercado, lo que representa un doble mérito para este cantor que se había establecido en Tucumán con mucho éxito, en emisoras y bailables.

Se llamaba Argentino Corazón Ledesma y  su primer nombre constituía una constante  en la familia. Eran ocho hermanos y lo único que cambiaba era la  "a" de Argentina, cuando se trataba de una niña. Ledesma hizo de todo en su adolescencia. Estudiaba, tabajaba de botones en un hotel, jugaba de insai izquierdo en el Club Mitre de Santiago y le gustaban los números.

                                          
En el viaje a Tucumán, después del rechazo del Colegio militar por sus problemas de daltonismo, se hizo de amigos que le facilitaron la entrada en una emisora, dándole cuerda a su pasión tanguera, heredada de su tío. Y sus habilidades con la pelota le sirvieron para entrar en el primer equipo del histórico Atlético Tucumán. Tenía la agenda completa entre la radio, los festivales, los sábados bailables en los clubes, entrenamientos con su equipo y el partido de los domingos.

Le entrevieron su calidad vocal, músicos llegados de Buenos Aires y le recomendaron que bajase a la Capital, porque, con sus condiciones tendría un filón seguro. Pero lo que lo obligó a viajar, fue un motivo totalmente distinto.
El gran dúo: Argentino Ledesma y Rodolfo Lesica con Héctor Varela detrás.
Había regresado a Santiago, trabajando en la Dirección de Rentas de la Provincia y volviendo a cantar. Fue cuando la Dirección de Cultura de Santiago del Estero llamó a concurso por una vacante de tenedor de libros para la Casa Rassetti, que tenía su asiento en la esquina de Sarmiento y Maipú, de la Capital Federal. Ledesma ganó el concurso entre 123 postulantes y viajó a Buenos Aires, el 10 de junio de 1952.

El resto es más o menos conocido. Lo vincularon con Julio De Caro que buscaba un cantor, y mereció los beneplácitos del legendario director, en una prueba. Debía esperar a que terminase el contrato de Roberto Medina (el autor de Pucherito de gallina). Pero en el ínterin, otra vez el destino le hizo un guiño. Lo habían llevado a Radio Belgrano, donde lo contrataron por un año, y el locutor , el Negro Brizuela Méndez, quedó impresionado y se lo recomendó a Héctor Varela que buscaba un cantor para reemplazar a Armando Laborde. Era una fija. El mejor negocio que hizo Varela.

Y el Negro Ledesma se convirtió en ídolo a toda velocidad. Vivía en una especie de constante euforia y sus discos se vendían como masitas. Estaba presentizado en radio, televisión y bailes. El ritmo anfetamínico de Varela no conseguía menguar su calidad canora. Con Rodolfo Lesica ligaron una dupla ideal. En la vitalidad rítmica trepidante de la orquesta, su voz sonaba con una estremecedora naturalidad.

La inolvidable Estela Raval junto al cantor santiagueño
Sucederían su ida con Di sarli, el regreso a la orquesta de Varela con mucho dinero por medio y por fin su camino de solista acompañado por Jorge Dragone, Mario Demarco o guitarras. Viajaría por países remotos, su sonrisa se mantendría incólume y como buen santiagueño haría un culto de la amistad. Fue un gran cantor en horas difíciles para el tango, al que nunca lo cambiaron las mieles del éxito, y hoy lo recuerdo en dos temas.

Qué tarde que has venido, de Héctor Varela y Carlos Waiss, grabado con Varela el 24 de julio de 1956 y Fueye, ese tangazo de Charlo y Homero Manzi, que grabó con la orquesta dirigida por el maestro Carlos García, en 1968.

Qué tarde que has venido - Varela-Ledesma

Fueye -A. Ledesma con C.García