jueves, 31 de enero de 2013

José Canet

Fue un notable guitarrista, que acompañó a infinidad de cantores al frente de su conjunto de guitarras y muchas veces agregándole otras cuerdas como violín, cello y contrabajo.

Como decía el tangólogo Luis Adolfo Sierra: "La guitarra es el instrumento que se incorporó al tango para ocupar ventajosamente el lugar del arpa como base rítmica de mayores posiblidades en los conjuntos de entonces. Esta nueva estructura del tango, formada ahora por violín, flauta y guitarra, habría de perdurar casi inalterable hasta el advenimiento del germánico bandoneón".

Acompañando al cantor Alberto Gómez
Canet, porteño del barrio de La Paternal, se enamoró de los acompañantes de Ignacio Corsini: Pagés, Pesoa y Maciel y se crió escuchando a Gardel, Magaldi y los cantores de entonces que lo hacían secundados por esta clase de instrumentistas. Seguramente por ello se aficionó y se le prendió en el cuore todo eso que vivió en su sólida formación musical. Básicamente su carrera se orientó hacia el acompañamiento  de cantores y cantantes como Nelly Omar.

Pero si quedó agigantado en el recuerdo, es fundamentalmente por su faceta de compositor y poeta, en las que descolló, convirtiendo muchos de sus temas en clásicos, esto es: los que se cantaron ayer, se cantan hoy y se cantarán mañana. Y se instalan para siempre en los atriles de las orquestas. Porque todos los grandes conjuntos de finales de los treinta en adelante , incluyeron alguna página suya en el repertorio.

De muy joven se entregó al tango con pasión y acompañó al cantor Alberto Gómez por toda América durante cerca de treinta años. Y precisamente, dos de sus tangos más logrados, los compuso en el exterior. Él mismo lo contaba así: "Las dos composiciones que más me acercan al espíritu de Buenos Aires, de sus habitantes, las escribí en el extranjero: La abandoné y no sabía, en Chile durante el año 1943, y Tarde, en Caracas en 1947. Claro que no es difícil comprender que estando lejos de la patria es cuando nos envuelven con más fuerzas, como si nos quedáramos en carne viva, las cosas vinculadas con nuestra gente, nuestras calles, los episodios comunes de un país poblado por soñadores".

Estas palabras delatan la hondura de su emotividad, como corroboraba Nelly Omar a la muerte de Canet: , "Pocas veces me sentí tan bien acompañada profesionalmente como con José, porque él no se quedaba en la fachada del tango, sino que calaba hondo en los sentimientos".

Me lo crucé muchas veces en aquellas noches de bohemia, cuando caminaba con su guitarra rumbo al trabajo diario. Alguna vez que yo estaba con Hugo Díaz en la puerta del  Bar Suárez, se paraba un par de minutos a saludar con esa cordialidad que se agradecía mucho en el ambiente.
                                                                                                            
Otro de sus grandes méritos esta en el hecho de que realizara la música y letra de sus temas, salvo algún caso incomún, como en Los cosos de al lao, que compartió con el violinista Marcos Larrosa. Entre sus grandes contribuciones a los destellos del tango, están su hermoso Tarde. El vals que grabó su gran amigo de chiquilín en el barrio, Hugo del Carril: Me besó y se fue. O un tango que registraron las grandes orquestas de 40: Y dicen que no te quiero. Francini-Pontier con Raúl Berón lograron una versión notable del mismo, en 1947. Hoy al recordarla es de una belleza total, que el 31 de julio de 1945, llevó al disco Carlos Di Sarli con Jorge Durán luciéndose en el canto. Si habré escuchado y bailado: La abandoné y no sabía, otro hermoso tango. O De seis a siete,  de 1944, muy logrado por Tanturi-Campos.

Este corazón, que compuso en 1951, es un dechado de imaginación:"¡Este corazón me tiene loco!... /
¡Dan ganas de arrancarlo o qué se yo!.../ Dejarlo abandonado y si eso es poco / partirlo en cien pedazos... sin compasión
". Y el romántico valsecito Antes que lució Alberto Gómez por tantos lugares.O la milonga Me llamo Julián Centeya que estuvo tan de moda en las milongas porteñas de los años noventa por Di Sarli-Podestá. La letra es de Julián Centeya (Amleto Vergiatti), que firmaba con el sudónimo de Enrique Alvarado. Julián lo había titulado Julián Pardales y ocurría en el barrio de Corrales (actual Parque Patricios). Canet le sugirió cambiarlo por Julián Centeya y, a efectos de la rima, debió cambiar también Corrales por Pompeya. En una parte dice: "
En la cortada de arena,/ con tangos de Juan de Dios, / yo he sabido echar mi buena, / cuando en la noche serena, / en la cortada de arena / bailé ganando un amor". La calle (cortada) Arena estaba ubicada en Corrales, y Julián habla de que allí bailó ganando un amor. Se trataba de uno de los famosos formativos de antaño. Al cambiar Corrales por Pompeya debieron poner Arena con minúscula para no tergiversar la geografía.
                                                                          
También compondría otros temas como: A José Neira, Amar y callar (letra de Nelly Omar), Poroto de la villa, para Jorge Vidal. Sigo queriéndote igual, Me está hablando el corazón, Trapitos, etc. .

Este blog recuerda a José Canet en dos bellos temas de su cosecha. Y me cuesta mucho elegir, lo confieso. Y un poco al bardo, les ofrezco Hoy al recordarla, porque Julio Martel me mete nostalgia en vena a lo bestia. Lo registró con Alfredo De Angelis el 1 de marzo de 1946. Y a Enrique Campos cantando con Ricardo Tanturi el valsecito Me besó y se fue que Canet compuso en 1936. La grabación es del 19 de febrero de 1945. Y me abrumo de recuerdos.


07- Hoy al recordarla

14 - Me besó y se fue

miércoles, 30 de enero de 2013

La última grela

Es uno de mis frecuentes viajes a Montevideo, allá por 1967, concurrí como lo hacía habitualmente a una Librería donde compraba libros de tango y otros rubros,  que en Buenos Aires no encontraba.

Y me topé con uno de poemas de un tal Horacio Arturo Ferrer, titulado: Romancero canyengue. Me impresionaron los versos por el estilo, el lenguaje audaz y bien canyengue, y para colmo venía certificada su categoría con un precioso prólogo de Cátulo Castillo, escrito en 1965, y de inmediato lo acoplé a la bolsa de libros que había adquirido.

                               
Había descubierto a un poeta nuevo que años más tarde, revolucionaría el ambiente al crear con Ástor Piazzolla piezas que dieron la vuelta al mundo. Incluso fuimos compañeros con Ferrer en la Editorial Atlántida, cuando ya se había instalado en Buenos Aires.

Ferrer con Pichuco
Aníbal Troilo lo conoció en Montevideo, como integrante del grupo Tango Nuevo, y en la capital argentina,  donde Pichuco actuaba con su orquesta , en un momento dado le dijo: "Horacio, suba y diga algunas de esas cosas lindas que usted dice", abriéndole las puertas de la noche tanguera porteña.
        
Y fue el mismo Troilo quien le dijo que escribiera algunos tangos y ese empujón le sirvió para que Ferrer le acercase este poema de aquel libro: La última grela, a Ástor Piazzolla, para con ello iniciar la ristra de éxitos de una dupla imparable. La última grela no era fácil de musicalizar por su extensión y la uniformidad de los versos, pero para Ástor no había imposibles.

   
Vamos a recordarlo en la voz de Raúl Lavié, acompañado por el bandoneonista Walter Ríos y su orquesta.

La última Grela

                                     

martes, 29 de enero de 2013

El Chula Clausi

Le faltaron 18 meses para llegar a centenario, porque había nacido en 1911, el año en que Vicente Greco grababa por primera vez dos tangos bajo la denominación de Orquesta típica. Falleció en febrero de 2010 y en la despedida hubo gente de varias generaciones que lo respetaban y lo querían.

A Gabriel Clausi, cuando nació, su padre dijo al verlo: "Parece un chulita", y le quedó el apodo de arranque, porque aparentemente con el pelo que había venido al mundo, a su progenitor -que falleció cuando él tenía 6 años-,  le recordaba a unos monos típicos de algunas zonas de Brasil, los chulas.
                                              
Arrancó a los 10 años con el bandoneón siguiendo el ejemplo de dos hermanos mayores, Pascual y Luciano. Éstos advirtieron el potencial de Gabriel y lo mandaron a estudiar. Para tener una idea de su permanencia en las filas tangueras, basta con recordar que tocó con el famoso Pacho y con Pracánico y Geroni Flores. Y llegó a tener a un jovencito Piazzolla en la fila de bandoneones de su propia orquesta, cuando ya el marplatense olfateaba un futuro mucho más importante.

Militó en orquestas importantes que delinearon su trayectoria. Con Pedro Maffia, a quien reverenciaba como bandoneonista y compositor, y a quien siempre quiso parecerse. Estableció con Maffia una amistad sólida que perduró hasta la muerte de éste. Tocó con Julio De Caro, ("El cerebro de la orquesta era su hermano Francisco" -decía- ), con Minotto, con Firpo, a veces compaginando los horarios para actuar con dos orquestas.

Admiraba el estilo de Pedro Laurenz, distinto al de Maffia ("que era muy suave para tocar, como expresivo fué único, fue como Gardel"- decía) ), pero igualmente maravilloso en su su fuego, sus fiorituras y como compositor". Y a la orquesta de Fresedo como modelo de finura y elegancia..

Orq. Julio De Caro. Abajo: R. Marcucci, Clausi, De Lorenzo, Otero y Lipesker
 Se fue de gira con Juan Canaro por Centro América, y el director en un momento dado pegó la vuelta. El Chula se hizo cargo de la orquesta y fueron bajando hasta Chile donde fue muy aplaudido y admirado, hasta tal punto que se quedó diez  años en dicho país.
                                                                                      

En una charla con él podía recordar cosas hermosas, como cuando tocaba en los famosos formativos, en casas prestadas por las vecinas. Las mujeres no pagaban, sólo lo hacían los milongueros y se compraban bebidas con la recaudación. Colocaban unas tablas de maderas para poder bailar mejor. Y después tenían que limpiar todo. También anduvo rondando en serenatas con sus hermanos, cosa muy propia de aquella época romántica.

En la orquesta de Pedro Maffia que está en el centro a su izq.
Fue amigo de Pichuco, le puso letra a temas de la Guardia Vieja, tocó con Arturo De Bassi, con Minotto, con Edgardo Donato, con Bonavena. Acompañó a Rufino, a Jorge Falcón (cuando cantaba con su nombre verdadero: Luis Iglesias) También militó en el Trío Pacho que dirigía éste, pero los que tocaban eran el Chula, Federico Scorticatti y Ernesto Di Cicco.

Gabriel Clausi era la historia viva del tango cuando dió las hurras finales. En Chile dejó grabadas unas 190 placas. Los invito a escuchar dos temas con su orquesta: Castillo azul, de Clausi y Antonio Quintanilla, grabado en Chile en 1948, y su tango A mi fuelle.

A mi fuelle

05 - Castillo azul

También le puso letras a muchos temas de la guardia vieja que no la tenían. Como por ejemplo, a Derecho viejo, de su querido Eduardo Arolas.

Qué dulzura hay en tu voz,
che, bandoneón, con tu chamuyo reo.
Tango lindo y querendón, nobleza de arrabal,
amores de otros tiempos...
Sigue, sigue tu canción
para alegrar esta velada linda,
suena, suena bandoneón, que siempre tu canción
está en el corazón.


Lo vemos en 2008, en solo de bandoneón, tocando el hermoso De Puro guapo, de Pedrito Laurenz.



lunes, 28 de enero de 2013

Mario Demarco

Su nombre está injustamente difuminado entre tantos grandes bandoneonistas que fueron germinando  a lo largo de la fecunda década del cuarenta. Pero debería, por sus méritos, haber tenido mucha mayor repercusión, quizás, si hubiera sido más constante como Director de orquesta.

Quizás el hecho  de haber conducido los conjuntos que acompañaron a cantores de relevancia como Edmundo Rivero, Argentino Ledesma o Jorge Sobral, en pleno apogeo de tales vocalistas, haya influido negativamente y menoscabándolo en la consideración que debió merecer ante el público, como ejecutante, compositor y arreglador. También acompañaría a Miguel Montero, y Roberto Rufino.

Bastaría escuchar tres temas suyos de enorme poder emotivo: Entrador, Pata ancha y Sensitivo para poder valorar su capacidad de creador y su polenta bandoneonística. En ellos resalta tanto su sensibilidad, como la fibra milonguera que vibra en esos tangos hermosos, marca registrada de un compositor de primerísima línea.

Orquesta Alfredo Gobbi. Demarco es 2º por izq. junto a Garralda.
 Como arreglador podría citar tres trabajos de enorme belleza que consagran a un músico: Suipacha, Emancipación, o Quejumbroso, realizados todos ellos en su etapa como bandoneonista de Osvaldo Pugliese, en el que reemplazaría con gran categoría a Jorge Caldara. Esa enorme versión de Suipacha por Pugliese me sigue maravillando hasta el día de hoy. Y si Arolas, su autor, hubiese podido escucharla, seguramente se sentiría muy feliz.

En la orquesta de Pugliese. Es el primero, abajo junto a Gilardi, Ruggiero y Spitalnik
Muy bien formado, estudió música desde niño con el maestro Joaquín Clemente, director de la Banda Municipal. Y se perfeccionaría en armonía, contrapunto e instrumentación con Julián Bautista. Por ello pudo resaltar en todas esas tareas en la fila de bandoneones de Alfredo Gobbi y Osvaldo Pugliese dejando su sello de marca mayor. Porque aún cuando el público no haya podido valorarlo debidamente, sí lo hicieron estos directores.

"Tiene duende, tiene alma..", me decía Alfredito Gobbi rozándose las puntas de los dedos de su mano derecha, como buscando ese término difícil de explicar. Y Gobbi arrancaba la segunda parte de sus presentaciones en los bailes, precisamente con Entrador -que grabaría el 16 de julio de 1956-, "para crear una atmósfera".

                                                    
Como fueye, pasó por las orquestas de Antonio Rodio, Juan Canaro y en la última formación de Julio De Caro, donde compartió el banquete bandoneonístico con otros cinco nenes de agallas mayúsculas: Marcos Madrigal, Carlos Marcucci, Alberto Garralda, Alfredo Marcucci y Arturo Penón. Con Alfredo Gobbi estuvo en dos oportunidades, y bien que se nota su presencia como instrumentista y arreglador en esa inolvidable orquesta.

Se llamaba Mario Domingo Lapunzina, murió joven (1917/1970), y fue muy querido en el ambiente por su sencillez, su buen humor y su don de gentes. Porteñazo a carta cabal, hoy lo recuerdo con su tema Entrador, grabado el 8 de octubre de 1951 por su propia orquesta y La versión de Pata ancha, -otro tema de cosecha propia- registrado por Pugliese el 13 de mayo de 1957. Casualmente ese día no pudo estar Don Osvaldo en el estudio y fue reemplazado por Osvaldo Manzi.

03 - Entrador - Mario Demarco y orq.

OP - Pata ancha




domingo, 27 de enero de 2013

La Ideal

Esta joya arquitectónica ubicado en la calle Suipacha 380, casi esquina Corrientes, a 100 metros del Obelisco, ha sido visitada por prácticamente  todos los porteños milongueros de los últimos veinte años, y por la mayor parte de los extranjeros que concurren a las pistas de Buenos Aires para lucir su arsenal de figuras y porte señalado por los cánones.
                                                      


Nació en 1912, dos años más tarde de los festejos por el Centenario de la Independencia, y su fundador y propietario fue un inmigrante español, oriundo de Galicia, llamado Manuel Rosendo Fernández. El empresario no reparó en gastos para su edificación, que revela la grandeur de la época en la ciudad que miraba a París, y se construyó en ese opulento estilo art decó, nacido entreguerras.
                                                                                                    
Los vitraux, las lámparas, las columnas y escaleras de mármol, las maderas de las paredes, así como el ascensor que lleva a la primera planta, revelan la magnificiencia del emprendimiento que buscaba la aceptación de la alta burguesía como nuevo lugar de encuentro,  y rivalizaría con la estupenda Confitería del Molino, inaugurada cuatro años más tarde. Para ello se importaron arañas francesas, sillones checoeslovacos, vitrales italianos, boisserie de roble de Eslavonia tallada artesanalmente, mármoles para las escaleras, cristal biselado para las vitrinas, bronces, hierro negro y demás.

Presidentes de la Nación, ministros, gente de la aristocracia, se citaban allí para tomar el té de la tarde con suculentos productos de pastelería y un palco desde el cual se ejecutaba música, destacando la actuación de una Orquesta de señoritas.

Por allí pasarían artistas invitados famosos: Maurice Chevalier, María Félix, Gina Lollobrígida, Dolores del Río, Mona Maris, Vittorio Gassman, Aldo Fabrizi, Robert Duvall y otros. En sus instalaciones se filmaron escenas de películas como Tango, de Saura, Evita de Alan Parker, con Madonna, o Lección de tango, de Sally Potter y también videos y documentales. Oko Ono visitó la Confitería, ya muy venida a menos por lo costoso de su mantenimiento y los cambios bruscos del país y se tomó la cabeza: "Háganse justicia a sí mismos -dijo-, y no destruyan su historia y su cultura".

Vale la pena observar la presencia de la Flor de lis, símbolo de los Borbones, en la decoración de cielorrasos, paredes y vitrinas. En el primer piso, donde hay milongas todos los días desde primera hora de la tarde, brilla con su presencia la pérgola que se mantiene con donaire pese a la vejez.

 Entre los apuntes de los camareros que fueron trasmitiendo sus anécdotas, cabe citar algunas.


* Se comenta que el Presidente de la Nación, Don Hipólito Yrigoyen, mandaba buscar a diario, las clásicas "Palmeritas de la Ideal" y que el Gral. Don Juan Domingo Perón, durante su mandato, también se hacía llevar el servicio de lunch hasta Casa de Gobierno.
* La pastelería del lugar, también era famosa, recuerdan que llegaron a trabajar en ella 48 personas en tres turnos, durante 24 horas, tal era la demanda de sus exquisiteces.
Entre ellas se destacaban los bombones decorados, obra del artista Maggione, especialmente contratado para esa tarea, las masas y las "bombas" de chocolate y crema.

* En 1933, la confitería contaba con una revista que ella misma editaba, donde publicaba los acontecimientos sociales que celebraba en sus salones.

* Dicen que aquí nacieron los "sandwichs de miga".
Un grupo de ingenieros ingleses reunidos, solicitaron al panadero que les horneara un pan similar al que recordaban saborear en su tierra natal; así se originó el llamado "pan inglés" tan característico de estos sandwichs.


Y en este domingo madrileño agrisado, recuerdo haber pasado por allí alguna tarde, hace años, a tomar café con factura, y la orquesta de Virginio Gobbi, hermano de Alfredo, amenizaba la avant soirée.
                                               
¿Porque traigo La Ideal hoy al Blog? Porque es una milonga a la cual no se debe dejar de ir cada tanto? De paso, pisamos un pedazo de historia por todos los personajes que pasaron por allí. 
Hará 3 o 4 años fui un sábado a la noche a bailar y tocaban en vivo Los reyes del Tango y Color Tango. Estaba a reventar ese primer piso. Hoy día es un reducto que ha ganado el Tango y es un hecho digno de festejar. 

Y embarcados entre recuerdos nada mejor que ver al querido y malogrado Osvaldo Zotto bailando con Lorena Ermocida en el año 2005, en las baldosas de La Ideal. Y lo hacen bien pugliese, con el tango de Osvaldo Ruggiero: Para dos.










































sábado, 26 de enero de 2013

El gallego Martínez

Los porteños acostumbramos no sólo a poner motes a las personas, sino que incluso a las nacionalidades. Por eso un libanés es un turco, un checo es un ruso y así sucesivamente hasta los tanos y los gallegos que representan a italianos y españoles, las dos mayores colectividades de inmigrantes que poblaron la Argentina.
                                                                                        
El caso de este talentoso creador de tango es más notable porque sólo tiene de gallego el apellido y vaya uno a saber adónde nace la rama de los Martínez que portaba como apellido, porque él era más criollo que el pan criollo. Y bien morocho, por cierto.


José Martínez (1890/1939) pertenece a la fabulosa saga de los músicos intuitivos, de aquellos que llenaron el tango de páginas maravillosas, sin conocer la notación, cuando la música de Buenos Aires recién comenzaba a germinar y sus bases eran difusas.

En 1914 era capaz de componer un tema como Ivette, al que Pascual Contursi le puso letra. Según el Chula Clausi, Martínez se la regaló a Julio Roca, hijo del Presidente de la Nación, quien se la vendió a Berto. De vuelta al bulín es un tango que recrearon Alberto Morán con Pugliese y Raúl Berón con Troilo. El gallego  Martínez lo compuso también en 1914, y sobre esa música, Contursi se mandó la letra, como haría con otros temas que marcaron el rumbo de la poesía tanguera. Gardel lo grabaría en 1919.

Martínez se entreveró de joven en el ambiente del tango, tocando en academias o en dúos y tríos, después de haber aprendido de oreja el piano en casa de un amigo, cuando era empleado de una escribanía.  Y pese a no tener formación académica, Canaro lo pinta como el eje de su propio ascenso a la élite, cuando debuta con su orquesta en el cabaret Royal Pigall (luego Ta-Ba-Ris), en 1918. "Martínez al piano y Fresedo en bandoneón me dieron la consistencia necesaria a la orquesta para dar el gran salto adelante en mi carrera", confesaba Pirincho.

Orquesta de Canaro en 1920. De izq. a der. Julio Doutry, Minotto, Juan Canaro y Martínez. Parado: Francisco Canaro.
Cuando Fresedo deja la orquesta para formar la suya, Canaro lo reemplaza con Minotto, y fue todo un acierto. Al poco tiempo Martínez también emprende su propio destino para debutar con su conjunto en el cabaret L'Abbaye, de la calle Esmeralda. "Esa sí que fue una lamentable baja -confesaba Pirincho-. Lo suplanté con Luis Riccardi, pianista de estudios y buena técnica..., y me tuve que aguantar las justas quejas de la muchachada. Notaban el cambio y echaban de menos el típico compás de Martínez. ¡Me costó un triunfo ir convenciendo a la clientela del cabaret".

Afortunadamente el gallego Martínez dejó un legado formidable en forma de piezas tangueras. A mí me da vuelta su tema Olivero, que Pugliese eleva al cénit. Pero además piezas de tan bella factura como El pensamiento, El cencerro, La torcacita, Pablo (dedicado al actor Pablo Podestá) o Polvorín con letra de Manolo Romero, son de una estructura genial.

También compuso Pedacito de cielo, un tango que grabó Agesilao Ferrazano con su orquesta y mereció mejor destino. Y La gauchita, La pampita, Pura uva ( Su primer tema en 1912, que se lo escribió Canaro), Yerba mala, Lepanto, Carbonada,  Canaro (dedicado en 1915 a Pirincho que se lo llevó al papel), El acomodo, El palenque, Punto y coma, El matrero, Calma chicha, Tengan paciencia, Expresión campera (de 1915, se lo escribió Arolas), Cofrecito, Madrecita de Pompeya, La correntada, Tristeza criolla (milonga), El estudiante, Marianita, etc.
                                                                                                                      Enorme creador, difuminado entre tantos grandes del tango, Martínez fue uno de sus pilares iniciales y como la música de Arolas (con quien compartió palco) y Bardi, sus temas tienen muchas reminiscencias melódicas pampeanas. A ellos dos y al violinista Palito Abate les dedicó su tango-milonga Yerba mala, de 1915.

Este Blog nacido al bardo, ha llegado a las 30.000 visitas de tangueros de todo el mundo, y creo que era necesario traer al mismo a uno de los pilares del tango, de cuando este género estaba en pañales. Para mí es un placer enorme sentirme acompañado en esta aventura que es escribir y escuchar música, mientras recordamos tantas cosas perdidas en el polvo de la historia.
Y como regalito final va la anécdota que Martínez le contó a los Bates: "Recuerdo que estámos tocando en la "Olla popular" con Fresedo y Bardi. Una noche se armó un lío fenomenal... se apagaron las luces y todas las mujeres fueron a parar al palco de la orquesta, atropellando de tal forma que a mí me mandaron debajo del piano... No sé cuantas cayeron desmayadas encima mío. Llegó la policía, e hizo como si pusiera las cosas en orden...; se apaciguaron los ánimos y cada cual volvió a su sitio. Pero en eso me doy cuenta que mi reloj y mi cartera habían desaparecido..., los instrumentos, bandoneón y violín, se habían hecho humo. No me explico cómo no se llevaron también el piano.... Total, que fuimos todos presos, pasando la noche en la comisaría. De allí me tuve que ir caminando 40 cuadritas a casa porque no me habían dejado ni para el tranvía..."

Vamos a recordar a este fenómeno que abandonó el tango para trabajar en una oficina, en tres de sus grandes creaciones. Luego de pensar mucho porque me gustan casi todas, me decido por éstas: Punto y coma, grabado por la orquesta de Osvaldo Pugliese el 13 de setiembre de 1948. La torcacita por Carlos Di Sarli del 21 de junio de 1941, en su primera versión. Y El pensamiento registrado por Juan D'Arienzo el 26 de julio de 1945. ¡Qué panzada!


OP- Punto y coma

07- La torcacita

130- El pensamiento