miércoles, 4 de diciembre de 2013

El viejo vino "Carlón"

Cuántas veces lo habremos tomado en las antiguas cantinas y fondines. Pero la historia de este vino  se remonta muy lejos, a la época de la colonia y aseguran que incluso san Martín al llegar a Chile, tras cruzar la cordillera, en la gran gesta libertadora, brindó con sus soldados con viejo vino Carlón.

Se trataba de un vino procedente de Benicarló, localidad valenciana de Castellón de la Plana. Se fabricaba con uva garnacha que se daba muy bien en la región y hay varias canciones populares que lo mencionan en dicha localidad. Salían los barcos del puerto castellonense cargado de barricas de dicho licor acohólico, con acentuada graduación de 15º, bastante abocado y de fácil entrada.

Antigua etiqueta de Vino Carlón
                                                         
Era denso y algunos comerciantes que lo recibían de la importación, lo estiraban con agua para recuperar parte del dinero que costaba dicho producto. Fue muy popular durante años, hasta que en las provincias cuyanas de Mendoza y San Juan, algunos inmigrantes, sobre todo italianos y algunos españoles llevaron cepas europeas y comenzaron a producir el vino local, que costaría un tiempo  en llegar a alcanzar una cierta y pareja calidad, desplazando a los importados.

Incluso unos inmigrantes de Benicarló llegaron a aproducirlo en la provincia de Buenos Aires, después de haber traído las cepas de vino granacha de su tierra, una uva dulce pequeña, de muy buen gusto. Estos vinos procedentes de España existieron en América hasta los años veinte. En 1930, la filoxera barrió con infinidad de viñedos de toda Europa y el Carlón despareció prácticamente hasta este último año, en que las autoridades de la localidad valenciana están intentando volver a producirlo con los agricultores y lanzarlo al  mercado en su resurrección.

                                       
En Benicarló respetan la tradición del vino Carlón

El Carlón argentino se fue entreverando con el importado y poco a poco la producción creció y llegó especialmente a restaurantes y cantinas en forma de vino de barril. Compartían espacio con los espesos Barbera, los jamones y salmines colgados de los techos, ajos, cebollas y demás elementos que alimentaban la vista. Los camareros aflojaban la pipeta de la barrica y llenaban las jarras del líquido espeso y de fuerte color que alegraba las mesas de los porteños noctámbulos, en jarras de vidrio o de barro. Algunos parroquianos lo rebajaban con soda de sifón, como en muchos hogares.

                                                       

El poeta, periodista, autor teatral y escritor Nicolás Olivari  (su nombre real era Diego Arzeno) dejó algunos tangos escritos, de los cuales el más famosos es La violeta, que lleva música de Cátulo Castillo y lo grabó Gardel con sus guitarras el 19 de setiembre de 1930. Una parte de su verso, que dibuja al inmigrante y su dura vida,  cita al mentado vino Carlón.

Con el codo en la mesa mugrienta
y la vista clavada en el suelo,
piensa el tano Domingo Polenta
en el drama de su inmigración.
Y en la sucia cantina que canta
la nostalgia del viejo paese
desafina su ronca garganta
ya curtida de vino carlón.


Es fácil pensar que entonces conoció a Gardel pero Olivari, que incluso fue actor, contó al respecto: "A pesar de mi intensa vida de periodista, nunca tuve la suerte de conocer personalmente a Carlos Gardel. La letra de "La violeta" la escribí en un mesón antiguo de este Buenos Aires, comiendo con Cátulo Castillo, por una apuesta y nació al hilo, entre los spaghettis y el vino. Primeramente lo grabó Maida y luego Gardel; para mí es un motivo de orgullo personal esta distinción sin igual. Fue Cátulo quien se encargó de hacerlo grabar, además de ponerle música".

                         
   
El cantor de Lanús, Roberto Medina, que naciera en 1923, se largó para el centro a buscar su sitio entre los colegas, paseando su vida bohemia entre actuaciones y nocheadas lungas. Cantó con Elvino Vardaro y en algunas orquestas de paso fugaz. También lo hizo con guitarrras. Y en su tango Pucherito de gallina, refleja con muy buena onda su experiencia en aquellas tenidas nocheras. Incluso perfila el ambiente de cafiolos y coperas.

Cabaret..."Tropezón"...,era la eterna rutina.
"Pucherito de gallina",
con viejo vino "Carlón"

Edmundo Rivero lo popularizaría más tarde, grabándolo con guitarras el 8 de septiembre de 1958.
.

Cabaret...metejón...,
un amor en cada esquina;
unos esperan la mina
pa'tomar el chocolate;
otros facturas con mate
o el raje para el convoy.

Si habremos  visto a los fiolos esperando a sus minas en La Giralda de la Avenida Corrientes, con su caralisa, a las 4 de la matina, el café, el faso, o un chocolate como narra Medina. Y puedo dar fe de lo que eran aquellas puchereadas en El Tropezón. Íbamos infinidad de veces con mis colegas periodistas: Julio Ricardo, Héctor Drazer, Julio César Calvo y algún otro, a la noche bien tarde y aquello era inenarrable. La cubertería era de lujo y el manjar único e interminable.

Es un poco la vida noctámbula y bohemia de aquellas Buenos Aires del cincuenta, inclusive. Y la historia del vino Carlón que duró largo tiempo en las mesas porteñas. Historias vividas que dificilmente podemos olvidar y que encierran tantos recuerdos.

Esuchamos a Jorge Casal con Aníbal Troilo, cantando La violeta, grabado en 1951. Y a Edmundo Rivero acompañado de guyitarras en su gran éxito: Pucherito de gallina.

099- La violeta- Jorge Casal- Aníbal Troilo

05- Pucherito de gallina - Edmundo Rivero

3 comentarios:

  1. GRACIAS POR MANTENER LA MEMORIA VIVA.

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  2. Maestro Otero, cuando habla del periodista JULIO RICARDO, se refiere a JULIO RICARDO LOPEZ BATISTA. Si es así le cuento que con Julio Ricardo, parábamos en la Confitería Plaza ( Rivadavia y Doblas) frente al parque Rivadavia. Que iba al Colegio Rawson y era un personaje de aquellos, que dejó mas de una marca en su vida. Luego lo perdí de vista y después de mucho tiempo lo encontré en el famoso café Tabac de Coronel Díaz y Las Heras.Estaba en una mesa con los siguientes próceres: Basile, el "Panadero" Diaz, Nimo, "Mostaza"Merlo y alguno que se perdió en la memoria.Ese boliche también era frecuentado por el "Negro "Olmedo. ¡¡¡ QUE TIEMPOS AQUELLOS!! inolvidables.

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  3. Efectivamente, Julio Ricardo es un gran amigo de muchos años de correrías como periodistas, y solíamos ir a Tabac. Incluso una noche que estábamos sentados en la vereda, cuando llamé al mozo para pagar, ya había pagado Ringo Bonavena que estaba adentro. Ringo, otro personaje, era de mi barrio y fui a cubrir casi todos sus combates en Estados Unidos. Julio conoció a su esposa en Bogotá, donde habíamos ido a cubrir un partido y ella, argentina, trabajaba en Aerolíneas.

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