jueves, 28 de noviembre de 2013

Qué noche

 Esta madrugada cayó la primera nevadita madrileña y aunque durante la mañana, el sol consiguió desdibujarla, desde mi ventana alcanzo a ver la sierra de Madrid que está rebosante de nieve. Como este fenómeno meteorológico no es muy común  en el centro de la Capital de España, siempre llama la atención, por más que a pocos kilómetros, y siempre dentro de Madrid, haya centros de esquí en Navacerrada, por ejemplo.

Al principio, me llamaba la atención, como le pasó a Agustín Bardi, cuando fue testigo de la histórica nevada que aterrizó en Buenos Aires en el año 1918. Más concretamente, el 22 de junio. Lo cierto es que una nevada en Buenos Aires resulta casi imposible de creer, pero sucedió. Ese día el Chino Bardi había ido con dos amigos al Hipódromo de La Plata, en un coche Ford a bigotes, que eran los que se usaban por entonces. A la salida del hipódromo, decidieron parar a cenar en una Parrilla que ya por entonces estaban instaladas en la entrada a la Capital de la Provincia de Buenos Aires.

Agustín Bardi

Se les fue haciendo tarde con la comida y la charla, y en el regreso, el coche se les paró a la altura del Parque Pereyra Iraola. Intentaron una y otra vez, con aquellas manivelas de antaño, pero no hubo caso. Y salieron a buscar auxilio en alguna parte. Entre tanto a Bardi, dentro del coche,  le rondaban unas notas por la cabeza, y mientras veía caer la nieve, asombrado por las circunstancias y la novedad, tarareaba esas notas que le daban vueltas en la cabeza.

A la semana siguiente le hizo escuchar a su vecino y amigo del barrio de Barracas, Eduardo Arolas, el tema que había ya germinado. Estaban en un Café de la zona y lo tocó al piano. El diagnóstico del Tigre del fueye fue instántaneo: "¡Es buenazo, ché...!".


Y cuando hablaron del título del tango, el Chino Bardi, le dijo que aún no lo tenía decidido. Ya Arolas había escuchado la narración de la anécdota y de cómo le surgieron esos compases durante la aquella de la aventura en la nieve, entonces espontáneamente le soltó: "Ponele Qué noche..., así de paso recordás la nevada...". Y al vuelo agarró la sugerencia Agustín y tituló con dicho nombre, ese tango que es uno de los tantos que inmortalizaron a este hombre bajito, de grandes bigotazos, y creador de una obra maravillosa en forma de tango.
                                               
                                               


Lo han grabado numerosas orquestas y hoy lo traigo al blog en dos versiones, la de Roberto Firpo con su orquesta, registrada en 1930, con el increíble agregado de unas guitarras que irrumpen en medio del tema musical. Ya lo había registrado el año de la creación del tango, en 1918. Y la primera grabación que realizara del mismo, Juan D´'Arienzo, el 5 de marzo de 1937.

Qué noche - Roberto Firpo

084- Qué Noche - Juan D'Arienzo


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