miércoles, 20 de noviembre de 2013

El Vasco Aín

Forma parte del grupo de bailarines legendarios que aportaron al tango figuras, posturas y anécdotas suficientes como para instalarse en el altar de los elegidos. Y recordados. Lo mismo que sucede con aquellos músicos fundacionales que pautaron esta música que supo conquistar el mundo.

De acuerdo a todos los datos recogidos, Casimiro Aín, cuyas tres letras del apellido constituyen un sufijo muy frecuente entre los vascos, fue apodado inicialmente El Lecherito, por herencia paterna. En aquellos lejanos días, los inmigrantes españoles en general se orientaban laboralmente en distintas ramas. Los vascos fueron pioneros en tambos y como repartidores de leche.

                                                   


A través de mi amigo Gabriel Laurino, pude contactar con la nieta del Vasco  -Mercedes-, quien me contaba que ella y su padre (el hijo del bailarín), trabajaron de magos animando fiestas infantiles, en las que ella hacía de ayudante, en los barrios de Parque Patricios y Pompeya. También el mentado Casimiro Aín supo moverse en el ambiente circense de Frank Brown moviéndose al compás de los ritmos en boga, en su época: la maxixa, el one-stop, mazurka y demás músicas. Era cuando alternaba su afición, con el trabajo de repartir leche, porque el baile del tango no estaba aún establecido como profesión.

Aín y su compañera Edith Peggy
La anécdota, o el hecho que lo instaló en la historia, fue su presunta exhibición ante el Papa. Abel Posse, escritor y diplomático, que fue cónsul general en Venecia, Director del Centro Cultural Argentino en París, y embajador en distintos países, narra el encuentro de Aín con el Papa, en forma un tanto novelada pero, con aires de ficción y ciertos atisbos de realidad, como puede leerse.

                                   
-Los archivos de la Cancillería argentina y de la Secretaría de Estado vaticana conservan los detalles de aquellos curiosos hechos o pericias. Reconstruyámoslos. A las 9 de la mañana del 1º de febrero de 1924, Casimiro Aín (el Vasco o el lecherito), pálido y seguramente un poco aterido (invierno), sale del hotelito de la via Torino que le reservó la Embajada y sube a un taxi. Lleva una modesta valija con los elementos esenciales: botines abotonados, pantalón de fantasía con trencilla, chaqueta negra con vivos, pañuelo al cuello, o lengue de seda japonesa y un puñal de madera que le parecerá conveniente no agregar al atuendo. Lleva puesto el invariable chambergo borsalino, el gacho gris arrabalero, de cinta ancha y ribete negro en el ala. Símbolo del malevaje rioplatense.

-El representante argentino ante la Santa Sede, embajador García Mansilla, había obtenido una audiencia especial del Papa Pío XI para una exhibición de tango bailado, entonces reprobado por la Iglesia y por muchos sectores, no sólo católicos...
(...)Aín era un profesional mentado (había sido contratado por el Jockey Club de Buenos Aires  para los festejos del Centenario de la Independencia). En el curriculum vitae presentado a la secretaría vaticana, obviamente se omitió su actuación artística en las casas de Madame Blanche y en la de la Negra María de Nueva Pompeya. El Lecherito fue recibido por un capitán de la Guardia Suiza y conducido por dos monseñores hacia la biblioteca. Seguramente sintió en ese momento todo el horror en que lo habían metido. No es difícil imaginar que al vestirse de malevo, a esa hora de la mañana y para presentarse ante el Santo padre, de acuerdo con su esquema de referencias, le debe haber parecido tan duro como comparecer ante el comisario de la 1ª con los bolsillos atiborrados de anotaciones de quiniela....

                                 
El vasco llegó a dominar toda clase de danzas
(...) Del vestuario pasó a la Sala donde el santo Padre estaba rodeado de dignatarios de uniforme y jaquette. No se había invitado señoras, por las dudas.... Después del avasallador éxito del tango en París, entre 1911 y 1913, el negocio de los discos, grabados en Dusseldorf y Francia y por la RCA Victor, era un hecho económico importante, el puritanismo bregaba por su excomunión. Dicen que Pío XI desde su trono, con su voz baja pero dulcemente autoritaria, sólo murmuró: Avanti, figliolo. Procedi....
(...)Con sabiduría diplomática se había decidido que el vasco no bailaría con la alemana Peggy, que era su compañera profesional en sus actuaciones en el cabaret El Garrón de Montmartre. Hubiera sido una garrafal imprudencia diplomática que García Mansilla no cometió. Su compañera, estirada y despreciativa ante aquel malevo exótico, era la señorita Scotto,  que se desempeñaba como traductora en las oficinas de la Embajada....

También exhibió su arte en el cine. Acá en el filme Destinos de la Universal

Y finaliza Posse con la exhibición y el regalo del Papa al vasco, de una medallita de plata con la imagen de Nuestra Señora de Loreto. Y la tolerancia del Papa con el tango bailado, muestra una distinta apreciación a la de los intelectuales argentinos Lugones y Martínez Estrada que lo consideraban pura pornografía.

                                           
La polca tangueada que le dedicó Juan Carlos Bazán.

Lo cierto es que Aín, se embarcó en abril de 1913, en una aventura aparentemente alocada, con tres músicos, viajando en barco a Francia, El pianista Celestino Ferrer, el fueye Vicente Loduca y el violinista Eduardo Monelos, bancados por Alberto López Buchardo, celebrado músico argentino. Con total desparpajo se presentaron en París. en lo que sería luego El Garrón, cabaret que fue reducto de Manuel Pizarro. Y también es real que más allá de la presunta exageración del vasco Aín en sus hazañas, ganó mucho dinero, bailó en varios países europeos, en Estados Unidos ( estuvo tres años) y tuvo éxito tanto en los bailetines riesgosos de aquella época como entre la alta sociedad. Y no menos destacable es el hecho de que en 1920 gana en París un concurso de baile en el que participaron más de 100 parejas. Se desarrolló en el Teatro Marigny  y con su compañera Jazmin obtuvieron el primer puesto en todas las categorías de danza: Boston, one step, pasodoble, chotís, maxixa, foxtrot y por supuesto tango. Y como postre y a pedido del enfervorizado público una polka criolla zapateada.

                                       
Y el tango que le dedicó Spátola a Aín y su esposa.

 Casimiro Aín, nació en el porteño y céntrico barrio de La Piedad en 1882 y murió en 1940 después de haber  sufrido la amputación de una pierna y una infección que acabó con su vida, pero quedando instalado en la leyenda.

Lo recuerdo con este tango de Alberico Spátola  que les dedicara a él y su esposa,  y están en el círculo de la partitura.

21- El 16 - Los Tubatango




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