domingo, 3 de noviembre de 2013

De la familia del vals

En mi libro, publicado en España por Editorial Renacimiento, titulado "La llamada del tango- Una danza mágica", entre muchos otros ítems, le dedico un capítulo al valsecito porteño. En un tiempo se le denominó "Vals criollo", pero casi todo los tipos de valses que han ido proliferando en América y que parten de la raíz austríaca, y se remonta al siglo XVIII, se  denominan vals criollo y son bastante distintos para bailarlos.

Aunque todos ellos siguen la línea fundadora de los salones vieneses, donde se los consideró indecororos, tienen diferentes matices y ello se traduce en la danza correspondiente. El vocablo waltzen, significa: "Dar vueltas mientras se baila". Y así se bailaba originalmente el vals que tocaban las orquestas típicas, hasta que a comienzos de los años cincuenta, algunos milongueros que metían los pasos de tango en foxtrots, o en cualquier otro ritmo, comenzaron a hacerlo con los valses y lograron que el ejemplo fecundara en las distintas pistas, naciendo así el llamado vals cruzado, porque incluía la salida y otras figuras del tango, amén de los consabidos giros, ahora más espaciados.
                                 


Si nos detenemos a escuchar los primeros valses que tocaban las orquestas típicas, tenían un tono bastante parecido al vals vienés. Recién cuando Roberto Firpo le dio la estructura definitiva al vals porteño, al realizar el arreglo del tema de Rosita Melo: Desde el alma, que era un vals Boston y acercarlo a la familia del tango, fue cuando proliferaron los valsecitos que tienen ese sabor tan particular y alegran las pistas de baile, los casamientos, cumpleaños y cualquier reunión familiar.

Porque el Vals Boston fue una modificación que le hicieron en Estados Unidos al vals vienés, , como también supieron hacerlo los franceses con un ritmo más rápido y en cada país de América fue tomando características locales. Incluso en Argentina los valses litoraleños, los pampeanos, los cordobeses, siendo fieles a la raíz festiva del mismo, le transmitieron un color local. De ahí lo de vals porteño, que fue lo que derivó del invento de Firpo.

                           


Hubo un momento en que algunas orquestas, especialmente Canaro, introdujeron en su repertorio el vals peruano, muchos de los cuales tienen autores argentinos como el caso de Plegaria, Amarraditos, Que nadie sepa mi sufrir, del guitarrista Ángel Cabral (Ángel Amato), que con este último tema logró un enorme suceso en 1953. Lo escuchó Edit Piaf en Buenos Aires, se lo llevó a París donde le hizo modificar la letra y lo titularon "La foule" (La multitud). Fue un exitazo enorme que pasaría al repertorio de orquestas internacionales.

                               


                                   
Otros valses peruanos o mexicanos,  que se integraron en el repertorio de las Típicas fueron Alma, corazón y vida (estupenda versión de Salgán con Goyeneche y el Paya Díaz), El plebeyo, Estrellita del sur, Nube gris, La flor de la canela, Cuando tú llegaste y demás.

El problema para los milongueros es que esos valses son distintos del vals porteño, en cuanto a la faz bailable. Aunque provengan de la misma raíz, tienen otro tempo y sólo los musicalizadores que no dominan los secretos de la danza, pueden introducirlos en alguna tanda de valsecitos, como sucede en algunos lugares de Europa, especialmente en España. Lo que no significa restarles un ápice de belleza.
                                                 


Y como hoy se me dio por los valsecitos porteños, voy a demostrar mi aserto, escuchando dos valsecitos de ambas ramas, al voleo. O Valses al bardo. Ambos grabados por Orquestas típicas. Los milongueros de ambos sexos pueden probar de bailarlos uno y otro, mientras los escuchamos. Yo lo hago solo, con la escoba. Y ya me contarán.

En primer término escuchamos el vals mexicano-peruano Anoche estuve llorando, de Cuco Sánchez, grabado por Alfredo De Ángelis con la voz de Lalo Martel, el 6 de abril de 1959. Y a continuación de entre un florido ramillete de valsecitos porteños, extraigo el perfume dominical de esa hermosura: Ensueño, de Antonio Sureda (gran especialista en la materia) y Homero Manzi. Lo grabó en este caso el Quinteto Pîrincho, dirigido por el fueye Oscar Bassil.  ¡Olha que coisa mais linda!

Anoche estuve llorando - A.De Angelis-Lalo Martel

Ensueño- Quinteto Pirincho (O.Bassil)




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