viernes, 2 de agosto de 2013

Marino con Caló

Alfredo Gobbi le endosó el eslogan "La voz de oro del tango", y efectivamente, cuando se alista en la triunfadora orquesta de Aníbal Troilo en los años cuarenta, mereció largamente el concepto que le quedó impregnado a su nombre. Alberto Marino fue uno de los grandes vocalistas que ha tenido el tango en su historia. Sabio intérprete de las letras que le proponían, oreja precisa para captar la sugerencia musical y gola, mucha gola para expresarse.

Formó con Fiorentino una dupla encantadora por la diferencia de ambos registros pero con afinada musicalidad, que encajaron perfectamente en el estilo Pichuco de esa época. Marino era un tenorino, como batían los tangueros, rebajado a barítono para modular la voz y adaptarse a la orquesta. Admirador de Gardel, de Charlo, y especialmente del gallego Antonio Rodríguez Lesende, como él mismo confesara; su escuela canora desvela ese estilo que tantos aplausos le devino.

La gran época. Troilo con Fiore y Marino
Nació en Verona, Italia, se llamaba Vicente Alberto Marinaro y sus padres Ángel Marinaro y Ángela Musso eran cantantes líricos. Tenía 6 años el futuro cantor cuando arribó con sus cinco hermanos y sus progenitores a la ciudad de Salta, donde el abuelo explotaba una mina de carbón. Dos años más  tarde anclaron en el porteño barrio de Palermo, debido a las dificultdes de adaptación de la familia a un pueblo pequeño y sin mayores atracciones para los pequeños.

El tango le llegó rápido porque sonaba en todas partes, incluso en el café de la esquina donde siempre había guitarreros y cantores, y la raíz familiar hizo su parte. Estudió con el maestro Eduardo Bonessi cuando cumplió los 18 años para acomodar esa potente voz joven y un año más tarde cantaba en una emisora. Allí se topó con Emilio Balcarce que lo llevó a su recién formada orquesta con el nombre de Alberto De Mari. Le agarró el gustito y así fue pasando por otros conjuntos hasta que Troilo busca un cantor para acompañar a Fiorentino.

                                 
Así terminaría Pichuco de consolidar la dupla de vocalistas que había insinuado Francisco Canaro y Marino encuentra el ámbito ideal para lanzarse a la admiración de los tangueros. Había cumplido los 22 años y debutrará en el Tibidabo, cantando Tango y copas, un tango de Héctor Artola y Carlos Bahr. Con Pichuco dejará un total de 52 registros y luego de cuatro años de consolidar su imagen en la orquesta,  se lanzará como solista, bajó la dirección de varias batutas, la primera de las cuales vuelve a ser Emilio Balcarce. Con grandes éxitos al principio y forrzando demasiado la voz más tarde, dejando al descubierto sus vibratos, que lo desmerecían..

Pasamos de largo por las siguientes experiencias y sus viajes por el extranjero, incluido Hollywood, y hoy lo traigo en dos grabaciones que realizara con la orquesta de Miguel Caló, 25 años más tarde de su debut en la orquesta de Aníbal Troilo.

                             

Se trata de Cuando caigan las hojas, tango de Emilio Balcarce e Ítalo Curio, grabado el 20 de mayo de 1967, y Mi tango triste, de Aníbal Troilo y José María Contursi, registrado el el 29 de mayo de ese mismo año.

Orq. Miguel Caló-A.Marino- Cuando caigan las hojas

Orq. Miguel Caló-A.Marino - Mi tango triste




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