miércoles, 14 de agosto de 2013

Mano a mano

Forma parte de la decena de tangos cantados, que son conocidos desde años en el mundo entero y que han sido modelo de muchos otros, por su envergadura, su polenta y la magistral creación de esos versos lunfas que hizo Celedonio, abriendo juego con el octosílabo inmortal: Rechiflao en mi tristeza.

Celedonio Esteban Flores, uno de los fundadores de la sociedad entre el tango y la lunfardía que inauguró con tanto éxito Pascual Contursi, concibió sus dos primeras letras, que consagrara Carlos Gardel, como poemas. El ojo avizor y la certeza de descifrar que en esas quintetas bravas había material para el tango, lo llevaron al gran cantor a incorporarlas a su repertorio, poniéndoles música.
                                     

Primero fue Margot, que en los versos alejandrinos del Negro Cele se titulaba Por la pinta. Con él granó Cele un premio de 5 pesos nacionales que otorgaba el diario vespertino Última hora. Tanto a Gardel como a Razzano les gustó el tema y el guitarrista José Ricardo le puso música, pasando a llamarse Margot. Un tango que bastantes años más tarde Edmundo Rivero volvería a traer a la palestra, como otros temas de Celedonio.

Nadie sabía quien era Cele, el que firmaba con esas cuatro escuetas letras los versos, pero cuando se disponían a grabarlo, la empresa grabadora logró ubicar al muchacho , que entonces tenía 25 años, pero parecía menor. Gardel sospechaba que el autor era alguien mayor que lo mandaba al muchacho y le soltó en su estilo:
-Vos sos el sobrino del autor del verso, ¿no?
-De quién - respondió el morochito.
-De tu tío... bueno, del que escribió esos versos rantes de Margot...
-Soy yo el que escribió esos versos rantes. Y aquí les traigo estos otros versos rantes a ver si le gustan.
- Y ahí estaba Mano a mano.

Gardel comenzó a leerlo en alta voz y con Razzano se cruzaban gestos de admiración. Y lo felicitó al muchacho que por aquel entonces practicaba boxeo y había llegado a una final amateur de pesos pluma. Los versos  a los que Gardel y Razzano le pondrían música  con unos punteos de guitarras entre estrofa y estrofa, se convertirían a partir de ese año 1923, en que lo grabó, en un tango inmortal.

Celedonio en su época de boxeador
Gardel terminaría grabándole nada menos que 21 temas al morochito aquél que se convertiría en gran amigo suyo y de Rosita Quiroga que durante unos años lo contrató como letrista en exclusividad.

La letra de Mano a mano, refleja la historia que le contara a Cele, el cantor Fernando Nunziatta en el famoso bulín de la calle Ayacucho 1443 y la terminaron en un café cercano. Nunziatta cantaba en un dúo con Cicarelli y tenía una enfermedad pulmonar grave. Le mostró la foto de la mujer que lo había abandonado y sobre esa historia escribió el Negro Cele el tango célebre, que se empinó en la voz de Gardel mientras el flaco Nunziatta moría en Córdoba.

                             
 También moriría Celedonio, joven,  a los 51 años, cargado de problemas y deudas por la timba y la noche larga. Pero su legado artístico devengaría enormes y justos beneficios, y ausente la mano pródiga y derrochadora,  su viuda le hizo construir un mausoleo en Chacarita gracias a aquellos tangos geniales, y sus colegas instalaron sus restos en dicho sitio.

                                 
Recordamos Mano a mano, en estas dos versiones: Por Carlos Gardel con la guitarra de los negros José Ricardo y Guillermo Barbieri. Y por la orquesta de Francisco Canaro con la voz de Roberto Maida, grabado en 1938.

Carlos Gardel - Mano a mano

Roberto Maida con Francisco Canaro - Mano a mano


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