martes, 2 de julio de 2013

Paseo de Julio

Este tango del violinista y poeta Emilio Fresedo, evoca una época de la ciudad de Buenos Aires, en que empezaba a florecer su construcción. Esas alamedas que constituían los Paseos de la época virreinal en América, fueron durante mucho tiempo, el único espacio que se podía dedicar como uso público.

Por pedido del Gobernador Cevallos, se le encargó al Cabildo en 1757, la realización de un paseo arbolado en el bajo de la ciudad, desde el Fuerte hacia el Norte. Para ello se hicieron traer mil quinientas plantas de sauce destinados a la Alameda, que se haría en la orilla del Río de la Plata.

                                       
El ingeniero militar Juan Howel fue convocado para proyectar un camino al Riachuelo y la Alameda. El gobernador Francisco De Paula Bucarelli y Ursúa prosiguió con las mejoras, diez años más tarde.
Se mejoraron los accesos y se ajustaron las pendientes de la barranca que solía verse afectada por las crecientes del Río.

El próximo Gobernador, Juan José de Vértiz y Salcedo continuó con las obras encargando el trabajo al Ingeniero Diego Cardoso. El mismo Vértiz, en su período como Virrey del Río de la Plata le dará un mayor impulso al Paseo en 1778.
                                                           

Es cierto que en esta época no se podía hablar de la Alameda como un Paseo consolidado, sino de un saucedal, al que luego se le agregarían ombúes e incluso se planteó la posibilidad de incluir naranjos.
Se buscaba crear un "clima acogedor para quienes pasean a pie, a caballo o en carruajes", y desde el primer momento se constituyó en el paseo democrático al que todos concurrían o podían hacerlo. Especialmente por su situación privilegiada a la orilla del río, al borde de la barranca y por su cercanía con el puerto, que lo convertirían en la imagen respetable a ofrecerse a los viajeros que arribaban a una ciudad que ambicionaba posicionarse, tal como otras de mayor rango entonces.

En 1846 sobrevendría una nueva etapa de recontrucción y se coloca la piedra fundamental para la ampliación del Paseo, siendo la madrina Manuelita Rosas, durante la gobernación de su padre, Don Juan Manuel de Rosas. Las obras, muy ambiciosas por cierto, buscaban contener las aguas del Río de la Plata en sus fuertes crecientes, que hacía llegar el agua muchas veces hasta la actual calle Balcarce.

Emilio Fresedo es el segundo por izq. detrás de su hermano Osvaldo
Por decreto del mismo Juan Manuel de Rosas, del 30 de octubre de 1848, el Paseo pasa a llamarse Paseo de Julio. Paralelamente se dicta una ordenanza que dispone la construcción de recovas en los edificios cuyos frentes dan al paseo e indica los detalles constructivos de dichas recovas.

Son las hermosas recovas que hemos transitado durante tantos años en el Bajo, ahora con el nombre de Avenida Leandro Nicéforo Alem. Porque cuando se terminaron todas esas obras, el Paseo de Julio se transformó en las actuales Paseo Colón, Leandro N. Alem, y Libertador (a partir de la calle San Martín y hasta la Avenida Alvear).

Y con este tango recordamos todas esas transformaciones que condujeron a Buenos Aires a ser llamada La París de América, por muchos admiradores de su faz edilicia, como se le denomina en Argentina y Uruguay.

Carlos Gardel grabó este tango del hermano de Osvaldo Fresedo, en 1928, y lo haría con seis obras más de Emilio Fresedo. Ese mismo año lo registró el bandoneonista José Servidio Balija, con su orquesta. Un año más tarde, en forma instrumental lo graba la orquesta de Francisco Lomuto. A éste último todavía no le alcanzaron las reformas.

Traigo aquí, las versiones de Paseo de Julio por Carlos Gardel (con sus guitarristas, Ricardo, Barbieri y Aguilar), y la de Francisco Lomuto, para cerrar la historia de una Avenida que es imposible no recordar para quienes la hemos caminado durante tantos años y seguimos paseándola cada tanto.

Carlos Gardel - Paseo de Julio

Paseo de Julio - Francisco Lomuto



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