miércoles, 3 de julio de 2013

Merceditas

Los versos de tango muchas veces relatan historias extraídas de la realidad y lo mismo sucede con otros temas del cancionero popular. La larga novela de amor que vivieron José María Contursi y Grisel queda dibujada en unos treinta tangos y valsecitos que son realmente maravillosos. Historias de vida, flecos de amores y desamores, de vidas marcadas que se reflejan en esas páginas.

Ramón Sixto Ríos
El folklore argentino tuvo un auge impresionante en los años 50 y 60 y se codeó con el tango en todos los frentes.Y también una historia real recorrió todos los rincones del país a lomos de un chamamé escrito y cantado por su autor y titulado: Merceditas.

Ramón Sixto Sánchez, guitarrista y cantor, nacido en el pueblo de Entre Ríos llamado Federación, escribió y grabó esta canción, en tiempo de chamamé en 1940. Pero fue recién en 1967 cuando lo registraron en disco y lo cantaron en diversos escenarios Ramona Galarza  en 1967 y Los chalchaleros en 1973, cuando alcanzó una impresionante repercusión popular. Desde entonces, Merceditas ha sido traducido a 14 idiomas y grabado por cerca de cien artistas de todo el mundo.

¡Qué dulce encanto tiene / en mi recuerdo, Merceditas, / aromada florecita, amor mío de una vez!...

En el año 1939 llegó a Humboldt, pueblo agrícola de Santa Fe, un conjunto teatral en el que iba Ramón. Actuando en el Club Sarmiento de Humboldt, se conocieron y fue un auténtico flechazo para ambos. Él elegante, buen mozo de pelo engominado, 26 años,  y ella descendiente de suizos alemanes, 23 años, ojos celestes, cabello enrulado y terriblemente cautivadora. Ramón la invitó a bailar un tango (Destellos) en un descanso y ella asintió. Allí nació el amor que se prolongaría a través de años y de las canciones que él le iba dedicando.

                                   
La conocí en el campo, / allí muy lejos una tarde, / donde nacen los trigales, / provincia de Santa Fe...

Ella se se llamaba Mercedes Strickler Kahlov, se había criado con sus padres y como tantos inmigrantes suizos que  colonizaron la región, atendía las labores de la granja y tanto ordeñaba las vacas como cuidaba los cultivos, o preparaba la leche y quesos que fabricaban en su casa. Pronto perdería a su padre y su hermana, y su madre volvería a casarse. Mercedes era una chica que deslumbraba porque andaba a caballo, corría carreras con ellos, se iba sola de vacaciones a Córdoba, conducía una moto para andar por el pueblo, usaba botas, pantalones de leopardo y ropa llamativa.

Así nació nuestro querer, / con ilusión, con mucha fe. / Pero no sé porque la flor / se marchitó y muriendo fue... 

Durante dos años mantuvieron contacto epistolar. Ramón se había instalado en Buenos Aires donde actuaba, y allí le dedicó un par de canciones que no alcanzaron gran repercusión. Por fin, después de esos dos años él se presentó en Humboldt con dos alianzas y le propuso casamiento. Ella lo rechazó, "porque me había desenamorado", confesaría. Se despidieron en la terminal de ómnibus de Esperanza con un largo beso, y continuaron la relación epistolar hasta 1945, en que ella dejó de hacerlo. Ramón, resignado, se casó en Buenos Aires con otra mujer, pero su esposa murió dos años más tarde y quedaría viudo. El recuerdo de Merceditas lo torturaba.

Y amándola con loco amor, / así llegué a comprender, / lo que es sufrir, lo que es querer, / porque le dí mi corazón... 

Las cartas dejaron de ser contestadas, el tiempo pasó y cuarenta años más tarde, una revista de Buenos Aires descubre a la Merceditas real de la canción en Humboldt, la entrevista y ella confiesa ser la culpable de esos versos. Ramón se entera por medio de un amigo y le escribe invitándola a viajar a la Capital. El reencuentro tiene ese poso amargo de lo que pudo ser y no fue. Ella, que estaba arrepentida de su decisión anterior, tenía problemas económicos y él le regaló los derechos de autor de Merceditas para ayudarla a sobrevivir, con sus gatos, loros y perros.

Como una queja errante / en la campiña va flotando / el eco vago de mi canto / recordando aquel amor.. 

En su última carta, Ramón le dice: "Llegas hasta mí como una rosa muy blanca para dejarse deshojar entre tus manos y morirse así, muy dulcemente, casi con placer. No puede ser de otro modo, pues solamente las montañas no se encuentran, pero las personas sí, y si puede ser que alguna vez nos encontremos, ya sea en esta vida o en la otra, siempre será grato tener un recuerdo amable de todo"

Ramón fallecería en 1991, en Buenos Aires y Mercedes diez años más tarde, en su Humboldt natal.

Pero, a pesar del tiempo / transcurrido, es Merceditas / la leyenda que palpita, / en mi nostálgica canción... 

En su pueblo natal, Ramón Sixto Ríos tiene dedicada una calle con su nombre,  y curiosamente, Merceditas, a su vez,  una estatua con su figura y la inmortal canción.

                                       
Junto a Zamba de mi esperanza, forman el dúo de canciones del folklore argentino más vendidas y grabadas por tantos intérpretes en diferentes lenguas. La registraron artistas como Gal Costa, Sandro, Ariel Ramírez, Horacio Guarany, Piero, Julio Jaramillo y muchos otros.

Acá podemos escucharlo como valseado por el Cuarteto Los porteñitos (Santos Lipesker, Ubaldo De Lío, Roberto Guisado y Héctor Davis).

Merceditas - Los porteñitos


Y a continuación, la inmortal versión que hicieron Los chalchaleros salteños de esta canción.







 




















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