sábado, 13 de julio de 2013

José García

Quizás no lo haya ayudado mucho su nombre y apellidos tan comunes, que muchos almaceneros galaicos portaban en sus documentos. O tal vez su falta de ambición con la orquesta, vaya uno a saber a tantos años de su paso por el tango. Pero lo cierto es que montó una orquesta de  muy buena línea, tanto para escuchar como para bailar.

Sabido es que le agregó a sus señas, aquel estandarte de su orquesta: Los zorros grises, que también se confundían con los guardias manicipales de tránsito porque vestían con una prenda de ese color. No creo que tampoco haya sido afortunada la ocurrencia de algún representante, debido al traje gris que compraron los integrantes de la orquesta para el debut, y que estaban en oferta en una tienda céntrica. A raíz de ello utilizarían el nombre artístico de José García y sus Zorros grises, y se presentaban siempre a los compases del tango Zorro gris, de Tuegols.

José García, su violín y su orquesta Los Zorros grises
Hoy que pululan tantos imitaciones de las antiguas orquestas, incluso tocando las partituras de sus antecesores, donde hay arreglos, orquestaciones y un trabajo exhaustivo para obtener los mejores resultados, en un medio súper competitivo, me aferro a la originalidad de estos músicos que aunque nunca alcanzaron los primeros planos de la popularidad , y por ende, de los buenos contratos, pero tuvieron siempre una línea muy personal y, en este caso, muy milonguera.

Porque la orquesta de José García, no sólo suena grata al oído y es musicalmente rítmica y apetecible  de escuchar, sino que está muy bien marcada por la decisiva intervención de sus pianistas (Juan Carlos Barbará y Carlos Figari luego), con su sonido romántico y apagado que empuja a los milongueros en la pista. Y su cantor Alfredo Rojas (Asdrúbal Sterla Webster) fue la voz perfecta para esa orquesta, por su estilo y su voz exquisitamente manejada, sin desbordes y acoplado a los compases del conjunto.

                                 
Jose García nació y se crió en el porteño y tanguero barrrio de Barracas y su afición musical que le venía de la madre, lo llevó al Conservatorio Nacional de donde emergió con matrícula en violín. Fue también ejecutante de piano y bandoneón, pero su ilusión estaba radicada en la música clásica. Al trasladarse la familia a la localidad bonaerense de Lanús y para ingresar algún dinero a la casa, montó un Conservatorio. Y como un juego, con el ánimo de fomentar el estudio de sus alumnos, formó una orquesta juvenil, embrión de la que años más tarde serían Los Zorros grises.

En 1936 armó lo que sería su orquesta definitiva por la que pasarían los pianistas ya citados, y entre otros el violinista Mario Lalli, el bandoneónista Carlos Cubría (tantos años primer fueye en la orquesta de De Angelis), los cantores Osvaldo Cordó (luego con Fresedo), Augusto Gauthier (que estuvo con Osvaldo Pugliese al comienzo). En sus primeras actuaciones, José García ejecutaba el violín, pero luego se encargaría de dirigir a la orquesta, exclusivamente.

                             

Como compositor realizó unos 20 temas, destacándose Esta noche de luna en yunta con Graciano Gómez y letra de Héctor Marcó. Con éste realizó también el tango Si escucharas mis amores. Con Julio Jorge Nelson: Nocturno de tango. Con Mario Battistella: No pudo ser. Con Julián Centeya: Nieve de amor. En total unos 30 temas que incluían otros ritmos. Julio Jorge Nelson me contó que la letra de Nocturno de tango la escribió sobre la música previa de García y que rompió muchos papeles antes de encontrarle la vuelta definitiva a este hermoso tema.

La orquesta fue muy popular en otros países de Sudamérica, donde también registraría varias placas, En Colombia todavía es muy apreciado y su música se difunde con asiduidad. En 1950, José Francisco García decidió disolver el conjunto y aprovechando una oferta se radicó en Córdoba (donde había actuado con su orquesta) y pasó a regentar un hotel. Y de paso dedicarse a su otra pasión: La pintura. También despuntó en algunos ratos su vieja afición musical.



En el sello Odeón, lamentablemente dejó apenas 40 temas grabados. Alfredo Rojas puso su voz a 33 de esos temas, Nilda Wilson a uno y dos a dúo entre ambos. El resto fueron instrumentales.

Los invito a escuchar dos de sus grabaciones:  No estamos solos, del pianista Hipólito Basilio con versos de Carlos Bahr, grabado el 9 de agosto de 1944. Y Nocturno  de tango, de García y Nelson, grabado el 19 de febrero de 1943. Ambos cantados por Alfredo Rojas. Julio Jorge Nelson, que fue presentador de la orquesta, me contó que rompió muchos papeles antes de encontrar los versos definitivos de este tango.


No estamos solos - José García-A. Rojas

José García - Nocturno de tango- A. Rojas





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