miércoles, 24 de julio de 2013

Carlos Lázzari

Este excelente bandoneonista que cubrió nada menos que 26 años sentado en la fila de bandoneones de la orquesta de Juan D'Arienzo, falleció sin ruido mediático, hace cuatro años. Realmente merecía un mayor reconocimiento después de su gran historial en las filas tangueras  como bandoneonista, arreglador, compositor y director.

Con D'Arienzo, primer bandoneón y arreglador
No tuvo grandes estudios musicales y apenas aprendió las primeras nociones del bandoneón, que le compró su padre, con Alejandro Junnissi (autor de El recodo y El ingeniero), ya estaba pidiendo cancha. Compartió lugar con otros elementos juveniles en orquestas formadas espontáneamente y sin mayor proyección y a los 14 años enganchó un sitio entre los fueyes de la orquesta de Pedro Maffia.

Ya estaba vacunado de otras apetencias y supo que lo suyo era el tango y ese instrumento al que le arrancaría acordes que lo llevarían a formar en la orquesta de Miguel Caló, donde compartió la fila de fueyes con Domingo Federico, Armando Pontier, Juan Cambareri, Eduardo Rovira o Felipe Ricciardi.  Allí completó su escuela tanguera y atisbó que le esperaban alturas mayores.
                                         
Al frente de Los solistas de D'Arienzo

Se apiló en la orquesta de Francisco Canaro al lado del gran Minotto, lo suficiente como para adquirir esas dotes de bandoneón cadenero, que en el tango impulsaron a las grandes orquestas. Su tuviéramos que definirlo, podríamos decir que Carlitos Lázzari estaba influído por otros fueyeros insignes que venían del tronco de Laurenz, de los Ruggiero o Héctor Varela.

Por eso, luego de pasar brevemente por las filas de Juan Canaro y Domingo Federico, le llegó su oprtunidad en 1950. Tenía 25 años entonces y llegaba fogueado a los grandes entreveros cuando Héctor Varela se va de la orquesta de D'Arienzo llevándose incluso a su segundo fueye Alberto San Miguel. El mismo Francisco Canaro habla con D'Arienzo y le recomienda a Lázzari.  Y éste no sólo entra en la fábrica de éxitos y enorme arrastre milonguero, sino que recomienda a Enrique Alessio que se convierte en el primer bandoneón. Y los dos engominados bandoneones levantan otra vez ese compás incomparable e imparable de la orquesta. Completan la fila, antiguos amigos suyos como Aldo Junnissi, Felipe Ricciardi y Eladio Blanco. Fulvio Salamanca desde el piano marca los compases y ellos le dan cuerda a la hora stacatto de los fueyes.
             
Al frente de La Juan D'Arienzo
Por decantación, al irse Alessio y Salamanca, Lázzari se ocupará a partir de allí de ser el cadenero de la orquesta y su arreglador, lo que deriva en interpretaciones que arrancan ovaciones del público. Ese público que siguió afiebradamente a D'Arienzo a través de los años, llenando clubes, cabarés y lugares donde se presentara. El mismo Lázzari lo recordaba:
- Hemos llegado a hacer treinta bailes por mes entre matinée y vermouth: terminábamos a la una de la mañana y el representante ya tenía los tiempos calculados para que llegáramos al cabaret con una vuelta menos.

-El cabaret nos daba franco los sábados porque ese día los bailes en los clubes eran veladas, es decir, que terminaban a las tres de la mañana. Todos los clubes tenían espacio, si no llovía hacían baile al aire libre. Pero la gente también ha llegado a bailar bajo la lluvia, descalza y con paraguas, y han puesto un toldo donde tocaba la orquesta. ¿Quién se movía de ahí? Era un éxito despampanante, espantoso. En todos lados había hinchas, de frac o en zapatillas. Subía ese hombre al palco y era una cosa de locos, la de gritos y aplausos, a tal punto que a veces empezaba a tocar la orquesta y no nos oíamos entre nosotros.



Esto sirve para recordar la realidad de lo que vivimos los milongueros de entonces, pese a los críticos e historiadores que no sabían bailar e ignoraban entonces lo que suponía milonguear con esa orquesta, de la cual Lázzari fue abanderado. Tanto que al retirarse D'Arienzo, tras la muerte de su esposa, les sugirió a sus músicos que formasen una agrupación bajo el paraguas del nombre familiar: Los solistas de D'Arienzo, dirigidos por Lázzari. También armaría el propio Carlos: La Juan D'Arienzo y viajaban constantemente a Japón donde eran idolatrados.

Además, fue el descubridor de Jorge Valdez y quien lo llevó a la orquesta de D'arienzo. Y también se dedicó a la enseñanza y entre sus pupilos, hoy brillan jóvenes como Cristian Zárate.

Como compositor Carlos Lázzari dejó obras valiosas entre las que menciono a Julie (gran interpretación de Osvaldo Pugliese) con Enrique Alessio; el vals De vuelta con Carlos Bahr (Di Sarli lo grabó dos veces), Este es el rey (Con Juan Polito), Calla bandoneón (Con Oscar Rubens), Castigo y pasión (Ernesto Rodríguez y Juan Polito), Don Alfredo (Ramón Montoya), Engañadora (Enrique Alessio), Glorioso Chantecler (Juan Polito y Ángel Gatti), Hoy te quiero mucho más (Horacio Sanguinetti), Mechongue (Juan Polito y Donato Racciatti) o Nuestro último vals con Normando Lázara, entre más de doscientas composiciones.

                                                       

En su homenaje y como recordación, podemos escucharlo en un clásico: el valsecito Desde el alma (Rosita Melo) del cual hizo un hermoso arreglo y que escuchamos por La Juan D'Arienzo, bajo su dirección.

02- Desde el alma - Carlos Lázzari y La D'Arienzo


Y para verlo en acción, nada mejor que en este tema que grabó y dirigió para El café de los maestros, tocando  el himno de los tangos: La cumparsita en el estilo bien darienzazo. Ése que nos provocaba calambres en las piernas si no salíamos a bailarlo a tiempo.










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