sábado, 6 de abril de 2013

Un placer

Esta pieza está en en el rinconcito más querido de los valsecitos porteños,  de los que se colaron por las ventanas de las partituras y las orquestas tangueras, e hicieron florecer instrumentos y alegrar patios, cafetines de barrio, clubes y los pies y el alma de los bailarines.

¡Cuántas parejas de novios lo habrán bailado en su noche de bodas! ¡Cuántos guitarreros y fueyes anónimos le sacaron punta a estas estrofas llenas de sentimiento, con su poder dionisiaco para embriagar! Ese poder narcótico y ensoñador que está emparentado con el amor loco como sostenía Platón.

Lenin iba más lejos y dicen que no podía escuchar música con frecuencia: "Afecta a mis nervios". Y confesaba, "Me dan ganas de decir tonterías y de acariciar la cabeza de los hombres, que, viviendo en un sórdido infierno, han sido capaces de crear tanta belleza".

El autor de este valsecito que marcó rumbos estéticos, Vicente Romeo, fue un eximio bandoneonista, discípulo nada menos que de Arturo Bernstein. Lo apodaban Melena y el Chula Clausi lo recordaba viviendo en un corralón de la Calle Independencia y Mármol, en Boedo, en un bulín que tenía allí y "con una compañera morocha que daba las doce antes de hora".

El Chula lo trató bastante, incluso cuando se mudó a la calle Guayaquil, donde lo visitaba y ensayaban juntos y afirmaba que "tocaba suave, con un sonido muy bueno y estilo muy parecido al de Pedro Maffia. Hasta en el carácter circunspecto y poco hablador, se parecía".

Vale la pena acotar que fue maestro del Toto Rodríguez, lo que merece como mínimo una mención especial. Tocó en las orquestas de Francisco Lomuto, Vicente Geroni Flores y Roberto Firpo, que fue el primero en grabarle su legendario valsecito. Y con el Gordo Bazán estuvo en la temporada veraniega de 1923. Además de formar su propia orquesta.

Hoy acudo con ganas a ese pasado color sepia, para rebobinar la historia de Un placer, según la cuenta el indispensable Oscar Zucchi en su libro "El tango, el bandoneón y sus intérpretes". Vale la pena recrearla.

-Su más celebrada composición: Un placer, fue precedida de un disgusto. En efecto, en años en que no existía una entidad defensora de los derechos autorales, los compositores y poetas editaban sus obras por sus casi siempre exiguos medios y luego con las partituras editadas, iban recorriendo las casas de música tratando de interesarlas.  Romeo, que en ese momento era bandonenista de Firpo (1921), salió a caminar las calles de la Boca, tratando de colocar infructuosamente su  reciente obra. Decepcionado, disgustado y extenuado por el esfuerzo y la alta temperatura reinante, en un arranque de ira, lanzó por los aires las partituras de "Un placer", que se dispersaron como los sueños puestos en ella. Grande sería la sorpresa , cuando cerca de un año más tarde, durante una gira a Rosario que hiciera  la orquesta de Firpo, con Romeo como bandoneonista, al concurrir a un bodegón de la zona céntrica, comprobaron que el conjunto que allí tocaba, lograba notable éxito con aquel vals que su autor había esparcido por las calles de la Boca... Al regresar a la Capital, Roberto Firpo grabó en forma inmediata la obra, convirtiéndose en el ponderable suceso que todos conocemos.

Vicente Romeo, al centro, con su propia orquesta
Inmarcesible desde entonces, a este valsecito sentimental -como lo definió su autor-, lo han tocado orquestas, cuartetos, guitarras, tríos, lo han cantado diversos intérpretes, sólos o en dúo, con la letra que le adosó el platense Juan Andrés Caruso. Lo hemos bailado los milongueros,  y ahí sigue incólume alegrando pistas, patios de conventillos y a parejas de enamorados.

Les propongo retornar a la vieja época para encontrarle aquel sabor que tenía la existencia, en el valor documental y nostalgioso del propio disco, con la interpretación de Enrique Mora y su cuarteto. Y a continuación Los provincianos, que dirigía Ciriaco Ortiz, con la voz de Carlos Lafuente, nos confirma  el aserto.

Un placer - Cuarteto Enrique Mora

18 - Un placer - Los provincianos




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