viernes, 26 de abril de 2013

Los bandoneones de Di Sarli

Toda la familia del tango se asombró siempre de las maravillas que logró Carlos Di Sarli con su orquesta, pese a no tener grandes orquestaciones ni arreglos muy trabajados. El estilo disarliano, con su fuego sagrado, como lo definía el bandoneonista de su orquesta Félix Verdi, que estuvo 22 años tocando en la orquesta del gran maestro de Bahía Blanca, sigue asombrando hoy día.

Esa manera de comenzar livianito, llegar al fuerte y quedarse en un acorde, mientras arrancan los violines; la fuerza que le imprimía en los crescendos, el staccato fuerte con la derecha; constituyen la marca de fábrica de este genial músico bahiense, tan admirado por sus propios colegas.

                               

Además de un repertorio sabiamente escogido, donde tienen prioridad en sus comienzos los temas de la guardia vieja remozados en su interpretación, y esos capolavoros que fermenta con Roberto Rufino en aquellos años inolvidables, del Pibe del Abasto.

La manera que tuvo Di Sarli de acentuar, de decir, de modular, rellenar y bordonear con su exquisita mano izquierda, le confirieron un aire especial y distinto a su orquesta y a la ejecución de los temas. Él llevaba al conjunto con rienda corta, sin permitir extralimitaciones en las prestaciones de sus músicos, que estaban plenamente compenetrados con ese estilo inconfundible que siempre lo distinguió. Una marcación sencilla como premisa. Pero, ¡qué sencillez magistral!
                               


Es cierto que al principio y debido a su admiración por Osvaldo Fresedo, algo se le pegó del maestro de La Paternal, sobre todo en su modalidad cuerdística y la exclusión de todo tipo de solos y variaciones de los bandoneones . Por algo le diría una noche de 1932 a Aníbal Troilo, que llegó a admirarlo profundamente, "Yo te llevaría a mi orquesta pero hacés demasiados firuletes..."

Emilio Brameri, pianista, violinista y acordeonista del barrio de Barracas, fue el hombre elegido por el maestro Di Sarli para que hiciera las escrituras orquestales durante largos años.

En toda la discografía del maestro de Bahía Blanca, hay un solo tema en el cual introduce la variación de bandoneones. Las variaciones son el pasajes de notas armonizadas contrapuntísticamente a la melodía natural de un tango. Generalmente están destinadas a la fila de bandoneones y un buen milonguero sabe sacarle el jugo a ese bocatto di cardinali, pero Di Sarli siempre prefirió encargárselas a los violines, pese a contar en sus filas con algunos fueyes de lujo como Julián Plaza, Libertella o Leopoldo Federico, que no se adaptó al estilo de la orquesta y se marchó rápido.

Este recurso clásico en la versión instrumental del tango, se lo confió el maestro a sus fueyes en el tango de Villoldo El choclo, que grabará en 1953 y repetirá al año siguiente.

                                                   

Las variaciones citadas, que son hermosas, las escribió el por entonces primer bandoneón de su orquesta, Federico Scorticati, que estuvo junto al maestro desde 1943 a 1956. Conocido naturalmente por Freddy, estudió el bandoneón con Arturo Bernstein y desarrolló una prolífica carrera desde sus talentosos 15 años en las orquestas de Roberto Firpo, Cayetano Puglisi, en varias formaciones y en toda la trayectoria de la Típica Víctor que dirigió varios años. Tuvo incluso su propia orquesta.Ha sido uno de los grandes fueyes con que ha contado el tango a lo largo de su historia.

La ocurrencia de Freddy Scorticati convenció al maestro y el resultado no pudo ser mejor, como podemos comprobarlo una vez más, escuchando la citada grabación.

11- El choclo- Carlos Di Sarli


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