martes, 30 de abril de 2013

El tano Marino

Alfredito Gobbi le endosó su marca registrada: "La voz de oro del tango", y parafreaseando el tema de Abel Aznar, prodríamos decir: "Y no le erró". Fue en su momento una de las voces que brillaron con luz propia en las marquesinas del cuarenta y en una orquesta de multitudes como fue la de Aníbal Troilo, que encontró en esa dupla con Floreal Ruiz, al as de espadas y al as de bastos del tango.

                                               

 Le sobraba gola tenoriana a Marino y Pichuco supo atemperarla y rebajarla a barítono, para que se amoldara mejor al estilo de la orquesta. La influencia del gallego Alberto Rodríguez Lesende y su admiración por Gardel le fueron señalando el camino que luego alumbraría con su propia personalidad, moldeada por Troilo, que de cantores sabía una barbaridad.

Curioso trayecto el de este cantor de raza, que nació en la ciudad italiana de Verona. Sus padres eran cantantes líricos y obedeciendo al llamado del abuelo paterno que había emigrado a la Argentina y explotaba minas de carbón en la provincia del Salta, se embarcaron hacia el río de la Plata con sus seis hijos entre los cuales estaba Alberto que contaba 6 años en ese momento y se llamaba Vicente Alberto Marinaro.
                                       
Pichuco con Ruiz y Marino

Don Ángel y Ángela no se adaptaban bien a la vida tranquila y provinciana del norte argentino y dos años más tarde de su llegada, deciden radicarse en Buenos Aires, cerca del Teatro Colón y del Marconi, para reencontrase con la lírica y sus paisanos. Viviendo en el barrio de Palermo, el pequeño Alberto se adaptó pronto al estilo de vida porteña, y el tango comenzó a merodear sus neuronas. Y su madre tuvo la feliz idea de mandarlo a estudiar con el maestro Eduardo Bonessi que cuidaba y educaba las cuerdas vocales de todos los grandes cantores de tango, de Gardel en adelante. El joven ya tenía 18 años y buceaba en los estilos de Lesende y Charlo.

Las ofertas le llegaron pronto pues su caudal de voz y personalidad no podían pasar desapercibidas. A los 15 años comenzó a cantar en público. Pasó por varias orquestas con el seudónimo de Alberto De Mari y Troilo que quería tener dos cantores, lo escuchó, lo probó y decidió incorporarlo a su orquesta, haciendo dupla con Fiorentino. Debutaría el 5 de abril de 1942 en el Tibidabo y entró a lo grande, ovacionado, ganándose el corazón de los hinchas de Pichuco y de sus músicos. Fue la gran época, sobre todo cuando ingresó Floreal Ruiz a fines del 44, y dejaron páginas maravillosas para el recuerdo.

                                       

 Después Marino buscaría su propio camino como solista y lo acompañarían diferentes músicos. Mantuvo su éxito durante varios años, grabó numerosos discos y al final su garganta exigida por tanto esfuerzo, con un repertorio que le obligaba a elevar los tonos, en el anterior registro de tenor, y notorios vibratos, le pasó factura. Pero Alberto Marino está en la lista de los grandes intérpretes vocales del tango y hoy lo traigo al Blog en dos temas. La calle del adiós, de Roberto Lambertucci y Fernando López, registrado  con la orquesta que dirige Emilio Balcarce, grabado el 20 de enero de 1948. Y Nací en Pompeya, de Natty Norton y José Rótulo, acompañado por el conjunto dirigido por el bandoneonista Juan Miguel Toto Rodríguez, realizado el 24 de mayo de 1949.

11- La calle del adiós - Alberto Marino

15- Nací en Pompeya - Alberto Marino






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