jueves, 10 de enero de 2013

Silbando

El porteño siempre fue un tipo silbador. Una costumbre que gambeteaba la mufa, la tristeza y representaba metafísicamente su acento barrial, su índole.

En mi barrio había uno que tenía arte y polenta musical para el silbo y era común verlo pasar con ropa de fajina rumbo a la fábrica, con el sánguche o bocadillo envuelto en papel, en su mano, y silbando como si estuviera en una milonga, con la orquesta invitándolo al baile.

Era una linda manera de demostrar la inmediata popularidad de los temas nuevos que saltaban al mercado y que había que memorizar para siempre.

En la película Martín hache, Federico Luppi -Martín-  interpreta el papel de padre de Juan Diego Botto -Martín hache o hijo-. El primero, argentino,  vive en España desde hace bastantes años y su hijo es producto de un matrimonio anterior en su país natal, al que hace mucho que no ve. La madre, vuelta a emparejar, no tiene mucho interés en agregarlo a su nueva familia, el chico encima se droga y entonces lo manda a España con su padre. Luppi borda el papel de un director de cine, solitario, retirado, amargado. El chico toca la guitarra eléctrica, está en otro mundo y los diálogos entre ellos parecen forzados. La incomunicación entre ambos es manifiesta.

 De repente, mientras cenan en un restaurante, como si se fuesen conociendo, Luppi - su personaje- se confidencia. No quiere saber nada de Buenos Aires, rehúye automáticamente la nostalgia, -"La patria es un invento...", le responde cuando el chico le pregunta si piensa volver. Pero en un momento determinado, medita: ". En España no vas a ver nunca a nadie silbando por la calle. Eso es lo que me jode..., lo que extraño de Buenos Aires.".

Más de un tango ha sido compuesto gracias al apunte del silbo inicial. Gardel y Discépolo fueron especialistas en ello.

Cátulo con su padre, en España
Y Silbando es una obra maestra, urdida por Sebastián Piana, Cátulo Castillo y el padre de éste José González Castillo, el patriarca, en 1925. Piana, a sus 19 años,  ya había ganado un premio con Don José con el tango Sobre el pucho y los 500 pesos de premio de la firma de cigarrillos anunciante, se los había regalado el maestro a Piana. Con ese dinero y la venta de su viejo piano, se compró el Rashall que lo acompañaría toda la vida.

Cátulo lo va a ver a Piana y le dice: "Fijate si te gusta este tango. Yo hice la primera parte, si te gusta hacele la segunda...". Al día siguiente la tenía concretada. Don José, el padre de Cátulo se volvió loco con la primera parte de su hijo. Según Piana, esa parte  "tenía muchos agudos y como trastocado el sentido rítmico de la melodía", según le contó a Horacio Ferrer.
                                                                                                             

"He tenido que hacer como veinte tentativas de versos para la primera parte", le explicaba González Castillo, que terminaba con aquella frase de:"..y más dulzón el canto del barco italiano".

El tango lo estrenó, según la costumbre imperante, Azucena Maizani en el teatro San Martín, en la Revista Póker de ases. Lo grabaría incluso Azucena. Y también lo registraron Ignacio Corsini y Carlos Gardel. Lo maravilloso de Gardel -que lo registró con sus guitarristas ese año y nuevamente en 1930-, es que no pudo con su genio y se inventó el silbido que era el leit motiv del tango. Y lo patentó para siempre, como casi todo lo que hizo.

Para mi gusto, es una verdadera hermosura, tanto en el poema como en la música. Y recrea de forma maestra esa zona que limita a Barracas al Sud (Avellaneda) y su homónimo de este lado del Riachuelo, en una época que multitud de barcos cargaban y descargaban sus mercancías en el puerto boquense.

Por eso los invito a escucharlo en el registro de Carlos Gardel, con sus escobas y en la interpretación instrumental y temperamental (¡Ayyyyy!..) de Aníbal Troilo y Roberto Grela.  Y así nos instalamos en una noche en Barracas al sud, / una noche de verano, / cuando el cielo es más azul /y más dulzón el canto del barco italiano....

De paso cañazo, me cebo un mate amargo y le doy cuerda a los recuerdos lontanos.

Silbando - Carlos Gardel

17 - Silbando - Troilo-Grela

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada