martes, 15 de enero de 2013

Perón y el tango

La mayoría de los presidentes argentinos de los siglos XIX y XX, le dieron olímpicamente la espalda al tango. Procedentes la mayoría de ellos de la burguesía nacional, opuesta a todo lo que oliese a popular, su incomprensión, derivó en la orfandad de apoyo mediático y gubernamental para el tango.

 Ese tango al cual acudieron jóvenes de la clase alta en sus principios, y que parecía reflejar un acuerdo cultural entre el patriciado y la gente de los suburbios, fue abandonado por los primeros, al romper todo acuerdo con la plebe, en la revolución militar de 1930.
Perón en Canarias con Carlitos Acuña y un político canario.
 Fueron los músicos, cada vez mejor preparados, los émulos de Gardel, los poetas y la gente de la clase media y baja, los que lograron sostener el creciente ascenso del tango, aunque viviesen despreciados por los gobernantes que jamás verían atisbo alguno de cultura en esa música y esos versos de malevos y rufianes, según el estereotipo que ellos mismos le endilgaron.
Perón cuando era un militar joven

Sólo Osvaldo Fresedo, con su estilo sobrio, apoyado preferentemente en la riqueza melódica del tango, sin demasiadas acentuaciones y sus finos estribillistas, mereció la atención de la clase alta que lo acogió en los salones de las grandes mansiones.

Juan Domingo Perón fue la excepción, quizás porque a diferencia de la corriente imperante entre los militares, procedía de una familia de clase media. Ingresó a los 13 años en el Colegio Militar y egresó con el grado de subteniente. A lo largo de 1984 y 1985, Tomás Eloy Martínez, publicó en el semanarioEl Periodista, una larga serie de conversaciones con el fundador del peronismo, y según el autor, Perón le contó lo siguiente:

Perón con Libertad Lamarque y José Gobello
-Hasta Carlos Gardel, que fue un gran hombre, sufrió la confusión de aquellos años. Se hizo amigo de un tal Ruggiero, guardaespaldas de Barceló (caudillo de Avellaneda), y los domingos por la tarde, a la salida del hipódromo, aceptaba cantar en las milongas de Avellaneda. Tanta era la intimidad, que Don Alberto le consiguió a Gardel un pasaporte falso que usó toda la vida. Por gratitud, al retirarse de las veladas, Gardel se despedía con el vals favorito de Barceló: "Ay Aurora me has echado al abandono / Yo que tanto y tanto te quería..."  A esas milongas solían caer oficiales de alta jerarquía, y si a uno lo invitaban, no había excusa posible. Yo debí acudir unas cuantas veces y hasta tuve ocasión de conversar con Gardel. Era un hombre muy simple, buenazo, con más sensibilidad que inteligencia. Un día quiso saber cual era mi pieza preferida para incluirla en su repertorio. Se lo dije: "Dónde hay un mango, viejo Gómez, / los han limpiao con piedra pómez". Esos versos lo alarmaron. Gardel, como todo artista, era un animal de cautela. Temeroso de que alguien hubiera oído, me llevó a un rincón vichando para todos lados. "Dése cuenta, capitán", me dijo. -Yo era mayor entonces-. "Aquí no puedo cantar semejante cosa... sería faltar a la hospitalidad".                                                  

Cuando ocurrió la revolución de 1943, en la cual Perón participó activamente, fue designado Secretario de Trabajo y Previsión. El gobierno militar resolvió eliminar el lunfardo de la radio, cines y teatros, por la presión de Monseñor Gustavo Franceschi. La gente del tango vió mermadas sus fuentes de trabajo y solicitaron una cita con el Secretario de Trabajo. Perón se las concedió de inmediato.                               

 Acudieron los pesos pesados de SADAIC: Cadícamo, Discépolo, Alberto Vacarezza, Rodolfo Scianmarella, Manzi, Troilo, Canaro. Apenas los recibe, Perón le suelta a Vacarezza: "Don Alberto, me enteré que el otro día lo afanaron en el bondi" (le robaron en el tranvía, era cierto). Todos se sorprendieron y rieron, y ahí mismo comprendieron que quedaba resuelto el tema.

La última cita es de Edmundo Rivero. Perón se encontraba exiliado en Madrid  en 1959, y Rivero estuvo 7 meses consecutivos, cantando allí con mucho éxito. Perón iba a verlo y se emocionaba sobre todo con el tango: Cuando me entrés a fallar, de Celedonio Flores y José María Aguilar. "En una ocasión - recordaba Rivero- fue algo más que emoción y se le cayeron unas lágrimas. Se notaba que al hombre, por algún motivo,  la letra le tocaba muy adentro"...

Y recordando aquellos momentos, lo escuchamos en la versión de José Basso con la voz del sanjuanino Jorge Durán. Grabado el 11 de diciembre de 1952.

14- Cuando me entrés a fallar - Basso_Durán

1 comentario:

  1. Un par de anecdotas que los definen a Peron en una linea de pensamiento y conducta sin dobleces, Siempre en favor del movimiento nacional.

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