martes, 8 de enero de 2013

Oscar Alemán

La vida de este grande de la música, es digna de una novela de insólitas aventuras. Nació en Machagai, en el Chaco argentino, hijo de una india toba pianista y de un uruguayo negro, Jorge Alemán Moreira, que  tocaba la guitarra y formó un conjunto con cuatro de sus hijos, incluidos Oscar y su esposa. Y lo bautizó con su segundo apellido: Los Moreira.

En un viaje que realizan a San Pablo y Santos, la madre se había quedado en la casa, el padre tiene un bajón emocional pues quedan varados y sin dinero, y se suicida.

El pequeño Oscar, un intuitivo total, se separa de sus hermanos a los que no volverá a ver en su vida y vive en la calle, en Santos. Allí lustra zapatos, abre las puertas de los coches en la vereda de un cabaret para conseguir alguna propina y se alimenta casi siempre con un plátano y una barrita de pan.

Ello le permite ahorrar algún dinero para comprarse un cavaquinho con el cual despunta sus condiciones naturales, porque jamás tuvo escuela alguna. Baila malambo desde los 6 años,  toca el pandeiro, las maracas, y se lucirá con guitarra hawaiana, el contrabajo y la batería, todo con un arte increíble, en el que relucen sus genes afros.

Su madre había fallecido y el pequeño Oscar, en su errancia, conoce al guitarrista Gastón Bueno Lobo, cuando tenía 15 años. Forman un dúo que llaman Los lobos, y tocan en diferentes ciudades de Brasil. En 1926, llegan a Buenos Aires. Oscar contaba 16 años cuando a instancias del humorista Pablo Palitos, de origen español, formarán el "Trío Víctor" con Elvino Vardaro. Graban algunos temas en la RCA Víctor, componen tres tangos y acompaña con guitarra hawaiana a algunos cantores y cantantes femeninas.
     
La bella negra Josephine Baker

Eterno viajero, pone proa a Madrid con Gastón Bueno. Allí Lobo, que poco después se suicidaría, decide abandonar y Oscar se instala en París donde se ensamora artísticamente de él Josephine Baker, La Venus negra, y lo incorpora a su espectáculo. Pronto recibe los galones de la gente del jazz parisino  ingresando en el Hot Club de París. El gran crítico  y promotor francés Charles Delaunay, lo escuchó en este conjunto y con la Baker, y comparó su estilo con el célebre Django Reinhardt, que sería gran amigo de Alemán, y lo acogería en el carromato que compartía con su esposa. No dejaba entrar a nadie allí, pero Oscar dormía en el mismo, porque era su negro amigo. La esposa del gitano Django tiraba las cartas en el mismo carromato.

Delaunay escribió que Alemán tenía un toque más seco y metálico que Reinhardt (que tocaba con púa) y que su sonoridad se acercaba a un banjo con todos los recursos de la guitarra.

Alemán entre Duke Ellington y el embajador yanqui
Lo admiraron músicos como Duke Ellington y Louis Amstrong. Onassis y Rita Hayworth lo ovacionaron en la boite Gong, de la calle Córdoba. Vivió en más de veinte ciudades europeas. Y en la década del cuarenta y cincuenta aompañó con su orquesta a las típicas en las milongas porteñas. Yo lo disfruté muchas veces y gozaba cuando se echaba la guitarra a la espalda y seguía tocando maravillosamente. El año pasado en Buenos Aires, rememorábamos con un amigo la travesura que hicimos en unos carnavales en el Club Huracán. Oscar estaba tocando y cantando música brasileña con su orquesta, subimos al escenario y nos pusimos a bailar y a cantar con él. Nos miró de reojo y al ver que no había peligro, siguió tocando y nosotros fuimos bajando al ritmo de su conjunto.

Está en los grandes libros de jazz y se han editado un libro y un documental sobre su vida.

 Fue gran amigo de todos los tangueros y hoy lo vamos a escuchar en un tango suyo y de Gastón Bueno: Guitarra que llora, al que le puso letra Enrique Cadícamo. Lo grabó Agustín Magaldi el 25 de agosto de 1928 y lo acompaña el propio Oscar Alemán con una guitarra hawaiana.

 

El 25 de agosto de 1942, lo graba Ángel D'Agostino con la voz de Angelito Vargas, que 12 años más tarde lo registraría nuevamente, acompañado esta vez por el conjunto que dirigía Armando Lacava. Por su parte, Alemán y Lobo lo registraron en forma instrumental.

Vamos a escuchar las versiones de Magaldi y la de D'Agostino-Vargas.

040 - Guitarra que llora - Magaldi

015 - Guitarra que llora - D'Agostino-Vargas



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