lunes, 28 de enero de 2013

Mario Demarco

Su nombre está injustamente difuminado entre tantos grandes bandoneonistas que fueron germinando  a lo largo de la fecunda década del cuarenta. Pero debería, por sus méritos, haber tenido mucha mayor repercusión, quizás, si hubiera sido más constante como Director de orquesta.

Quizás el hecho  de haber conducido los conjuntos que acompañaron a cantores de relevancia como Edmundo Rivero, Argentino Ledesma o Jorge Sobral, en pleno apogeo de tales vocalistas, haya influido negativamente y menoscabándolo en la consideración que debió merecer ante el público, como ejecutante, compositor y arreglador. También acompañaría a Miguel Montero, y Roberto Rufino.

Bastaría escuchar tres temas suyos de enorme poder emotivo: Entrador, Pata ancha y Sensitivo para poder valorar su capacidad de creador y su polenta bandoneonística. En ellos resalta tanto su sensibilidad, como la fibra milonguera que vibra en esos tangos hermosos, marca registrada de un compositor de primerísima línea.

Orquesta Alfredo Gobbi. Demarco es 2º por izq. junto a Garralda.
 Como arreglador podría citar tres trabajos de enorme belleza que consagran a un músico: Suipacha, Emancipación, o Quejumbroso, realizados todos ellos en su etapa como bandoneonista de Osvaldo Pugliese, en el que reemplazaría con gran categoría a Jorge Caldara. Esa enorme versión de Suipacha por Pugliese me sigue maravillando hasta el día de hoy. Y si Arolas, su autor, hubiese podido escucharla, seguramente se sentiría muy feliz.

En la orquesta de Pugliese. Es el primero, abajo junto a Gilardi, Ruggiero y Spitalnik
Muy bien formado, estudió música desde niño con el maestro Joaquín Clemente, director de la Banda Municipal. Y se perfeccionaría en armonía, contrapunto e instrumentación con Julián Bautista. Por ello pudo resaltar en todas esas tareas en la fila de bandoneones de Alfredo Gobbi y Osvaldo Pugliese dejando su sello de marca mayor. Porque aún cuando el público no haya podido valorarlo debidamente, sí lo hicieron estos directores.

"Tiene duende, tiene alma..", me decía Alfredito Gobbi rozándose las puntas de los dedos de su mano derecha, como buscando ese término difícil de explicar. Y Gobbi arrancaba la segunda parte de sus presentaciones en los bailes, precisamente con Entrador -que grabaría el 16 de julio de 1956-, "para crear una atmósfera".

                                                    
Como fueye, pasó por las orquestas de Antonio Rodio, Juan Canaro y en la última formación de Julio De Caro, donde compartió el banquete bandoneonístico con otros cinco nenes de agallas mayúsculas: Marcos Madrigal, Carlos Marcucci, Alberto Garralda, Alfredo Marcucci y Arturo Penón. Con Alfredo Gobbi estuvo en dos oportunidades, y bien que se nota su presencia como instrumentista y arreglador en esa inolvidable orquesta.

Se llamaba Mario Domingo Lapunzina, murió joven (1917/1970), y fue muy querido en el ambiente por su sencillez, su buen humor y su don de gentes. Porteñazo a carta cabal, hoy lo recuerdo con su tema Entrador, grabado el 8 de octubre de 1951 por su propia orquesta y La versión de Pata ancha, -otro tema de cosecha propia- registrado por Pugliese el 13 de mayo de 1957. Casualmente ese día no pudo estar Don Osvaldo en el estudio y fue reemplazado por Osvaldo Manzi.

03 - Entrador - Mario Demarco y orq.

OP - Pata ancha




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