jueves, 24 de enero de 2013

Julián Plaza

Un músico que mereció páginas importantes en el catastro tanguero, pero que fue oscurecido por no haber encabezado en su mejor momento una orquesta, en la cual mostrara sus grandes condiciones de ejecutante, director, compositor y arreglador.

Nacido y criado en el pueblo General Campos, de la provincia de La Pampa, siguió los pasos de su padre, bandoneonista aficionado que había aprendido a tocarlo por correspondencia. A los 11 años, radicada su familia en la Capital, completó estudios con Félix Lipesker, que había realizado con Carlos Marcucci un método de aprendizaje del bandoneón, cuando aun no había datos sobre ello.

El talento de Julián en el manejo del instrumento y unas sólidas raíces musicales que  sostuvieron sus afanes, le permitieron ingresar en la orquesta de Edgardo Donato con tan sólo 15 años de edad. Retraído, algo tímido, de perfil bajo, como él mismo se definía, ello no obstó para que ascendiese sucesivamente peldaños importantes en su carrera de tanguista.

Tenía esa forma de ser del pampeano, poco dado a las efusividades, tan distinto al porteño, con una introversión propicia al estudio y a los afanes. Pero estaba lleno de inquietudes, de ansias por aprender, y en este sentido no perdió tiempo. Pasó por la orquesta de Antonio Rodio en su período de rodaje, viajó a Europa y Medio Oriente en el regreso de Eduardo Bianco a los lugares donde había triunfado años antes. En 1949 estriba en la orquesta de Miguel Caló y va progresando en el manejo del piano.

Su paso por la orquesta de Carlos Di Sarli le permite ver otro ángulo del tango, otra forma de interpretación y se sumerge en la comprensión e interpretación de esos estilos tan distintos de ejecución, ya que con Di Sarli, el bandoneón estaba en segundo plano, detrás de las cuerdas. Asimila todo ello y el siguiente paso es por la orquesta de Osvaldo Pugliese en 1959, con la que viajará por Rusia y China.
                                   
Acá ya muestra lo que serían otras de sus señas de identidad musicales: la composición y los arreglos.
De hecho, su trabajo con La mariposa pone al Buenos Aires tanguero a sus pies. Consigue un color, una atmósfera que le permiten ganarse el respeto de sus pares y la ovación de los hinchas de Don Osvaldo. Integrante de esa generación de músicos de los cincuenta y sesenta, alejadas del suburbio corralero, conocedor de los modos naturales del tango, sus primeras creaciones llevan un sello que lo distinguirá para siempre: Sensiblero, Danzarín, Nostálgico, Melancólico, lo colocan en la cima de los compositores de su época.

Ya es arreglador de sus temas para Troilo, también lo hace para otras orquestas, Florindo Sassone, Atilio Stampone, Osvaldo Piro y comienza a destacar en lo que lo acerca a un entusiasmadoTroilo -que le grabó ocho temas-: la creación de esas milongas con un regusto especial que contienen  algo de un Piana moderno: Payadora, Nocturna, Morena.

La orquesta de Pugliese con Alberto Cosentino y Romay en la una cantina. Plaza está entre Maciel y Cacho Herrero
Cuando se aleja con cinco compañeros de la orquesta de Pugliese y forman el Sexteto Tango, ya es pianista del mismo y sus arreglos cobran más actualidad, aunque siga semiescondido en un segundo plano. Paralelamente hace música para varias películas, que interpreta con su orquesta.

Estuve en el Hotel con él cuando vino dirigiendo una orquesta a Madrid y actuó con mucho éxito en el Teatro. Allí tocó ejecutando estilos de orquestas conocidas como Di Sarli, Troilo o Pugliese, y también con su sello particular. Era muy sencillo, no se daba tanta importancia como realmente la tenía y me contó que le gustaban mucho los arreglos de Piazzolla, de Pansera y Stamponi, por no hablar de sus compañeros. "Seguramente me influyeron cuando comencé a arreglar", afirmaba. "Uno es como es, seguramente me falta carisma, pero no sirvo para hacer el caradura. Estar con tipos como Pugliese o Pichuco te cura rápido el mal de altura...", graficaba.

Sexteto Tango: Plaza, Lavallén, Balcarce, Ruggiero, Maciel y Rossi
Los invito a escuchar la versión que Aníbal Troilo realiza de Danzarín, esa maravillosa página que Pichuco grabara el 15 de diciembre de 1958 y nuevamente el 25 de abril de 1963, ambas con arreglo de Plaza. Pero mejor lo vemos, como lo vi y aplaudí esa noche inolvidable de 1972 en el Teatro Colón. ¡Mamita, cómo latía el cuore!

 

 Y a continuación vemos al Sexteto Mayor interpretando la milonga Payadora. Otra exquisitez.




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