miércoles, 16 de enero de 2013

Enrique Rodríguez

Un caso notable es el de este bandoneonista y director de orquesta, que ha conseguido revivir en el gusto de los milongueros de todas partes, después de que en su época no mereciera el mismo aprecio.

Aconsejado por directivos de la productora donde grababa, se acopló a su apellido, el santo y seña:"y su orquesta de todos los ritmos". Con éso no sólo se desvinculaba de los tangueros puristas, sino que quedaba lapidado ante aquellos que lo consideraban un atentado al género, un orsay imbancable. Es cierto que dicho apellido publicitario se lo adosaron a partir de 1966, pero es el que prevaleció en la mente de los milongueros                                                       
Recuerdo haberlo visto en Radio Belgrano un sábado a la tarde, cuando yo era adolescente, y me llevó un chico amigo que tenía entradas para los Sábados bailables vespertinos. Todavía no tenía ajustados los gustos y me impresionó su ejecución dinámica, contagiante que me resultada bastante similar a la orquesta de Edgardo Donato.

Y me parecía que tenía mucha polenta la orquesta, aunque mechaba tangos, valses y milongas con foxtrots, pasodobles y músicas ajenas a la idiosincrasia que el tango había formateado en los barrios.


Se llamaba Aquilino Enrique Rodríguez Ruiz y si bien era común verlo dirigiendo a la orquesta desde el bandoneón, también supo alternarlo con el violín y el piano. Estaba casado con la cancionista María Luisa Notar, a quien había acompañado anteriormente y su gran pegada fue la llegada del Muñeco Armando Moreno a la orquesta. Moreno fue un cantor de muy buena técnica y afinación y que vendía muy bien la mercancía que ofrecía la orquesta. En un estilo parecido al de Charlo, logró numerosas creaciones cuando reemplazó al Chato Flores en la formación.

Enrique Rodríguez encontró su filón en el interior del país, adonde animó infinidad de veladas sin intervención de las orquestas de jazz o características -dado que cumplía ambas funciones-, y en el resto de América. En Colombia fue todo un ídolo.

A mediados de los años 90, con la resurrección del tango, algunos discjockeys rescataron temas suyos exclusivamente de tango, y provocaron inmediatamente, conmociones en la pista. El ritmo contagioso, milonguero, de ritmo picante, mereció el plácet de los bailarines.

Y los extranjeros que acudían a milonguear a las pistas porteñas, se llevaban sus discos en la maleta, al regreso a sus países. Al poco tiempo se podía bailar  Enrique Rodríguez, tanto en Los Ángeles como en Berlín, Roma, Londres, Madrid o Tokio.

Recuerdo hace unos años, cuando fui invitado a pinchar en un festival en Alés, Francia. Había unas 350 personas, y cuando puse la tanda de Enrique Rodríguez, la gente salió a bailar disparada y algunos se me acercaron para preguntarme qué orquesta era.

 Para muestra basta un botón y yo traigo dos. Nyanzas y malevos, de Celedonio Flores y Pintín Castellanos, grabado el 20 de marzo de 1941, cantando el Muñeco Armando Moreno. D'Arienzo lo grabó con otro nombre: Barrio de guapos y la voz de Jorge Valdez. Lo de Nyanzas y malevos, se refiere a dos grupos de negros que festejaban junto a otros, las fiestas de candombes y otros jubileos, en Montevideo. Y de yapa ese hermoso valsecito del propio Enrique Rodríguez y Enrique Cadícamo: Lagrimitas de mi corazón, con la voz de Fernando Reyes, registrado el 6 de diciembre de 1947.

05 - Nyanzas y malevos

113 - Lagrimitas de mi corazón






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