sábado, 26 de enero de 2013

El gallego Martínez

Los porteños acostumbramos no sólo a poner motes a las personas, sino que incluso a las nacionalidades. Por eso un libanés es un turco, un checo es un ruso y así sucesivamente hasta los tanos y los gallegos que representan a italianos y españoles, las dos mayores colectividades de inmigrantes que poblaron la Argentina.
                                                                                        
El caso de este talentoso creador de tango es más notable porque sólo tiene de gallego el apellido y vaya uno a saber adónde nace la rama de los Martínez que portaba como apellido, porque él era más criollo que el pan criollo. Y bien morocho, por cierto.


José Martínez (1890/1939) pertenece a la fabulosa saga de los músicos intuitivos, de aquellos que llenaron el tango de páginas maravillosas, sin conocer la notación, cuando la música de Buenos Aires recién comenzaba a germinar y sus bases eran difusas.

En 1914 era capaz de componer un tema como Ivette, al que Pascual Contursi le puso letra. Según el Chula Clausi, Martínez se la regaló a Julio Roca, hijo del Presidente de la Nación, quien se la vendió a Berto. De vuelta al bulín es un tango que recrearon Alberto Morán con Pugliese y Raúl Berón con Troilo. El gallego  Martínez lo compuso también en 1914, y sobre esa música, Contursi se mandó la letra, como haría con otros temas que marcaron el rumbo de la poesía tanguera. Gardel lo grabaría en 1919.

Martínez se entreveró de joven en el ambiente del tango, tocando en academias o en dúos y tríos, después de haber aprendido de oreja el piano en casa de un amigo, cuando era empleado de una escribanía.  Y pese a no tener formación académica, Canaro lo pinta como el eje de su propio ascenso a la élite, cuando debuta con su orquesta en el cabaret Royal Pigall (luego Ta-Ba-Ris), en 1918. "Martínez al piano y Fresedo en bandoneón me dieron la consistencia necesaria a la orquesta para dar el gran salto adelante en mi carrera", confesaba Pirincho.

Orquesta de Canaro en 1920. De izq. a der. Julio Doutry, Minotto, Juan Canaro y Martínez. Parado: Francisco Canaro.
Cuando Fresedo deja la orquesta para formar la suya, Canaro lo reemplaza con Minotto, y fue todo un acierto. Al poco tiempo Martínez también emprende su propio destino para debutar con su conjunto en el cabaret L'Abbaye, de la calle Esmeralda. "Esa sí que fue una lamentable baja -confesaba Pirincho-. Lo suplanté con Luis Riccardi, pianista de estudios y buena técnica..., y me tuve que aguantar las justas quejas de la muchachada. Notaban el cambio y echaban de menos el típico compás de Martínez. ¡Me costó un triunfo ir convenciendo a la clientela del cabaret".

Afortunadamente el gallego Martínez dejó un legado formidable en forma de piezas tangueras. A mí me da vuelta su tema Olivero, que Pugliese eleva al cénit. Pero además piezas de tan bella factura como El pensamiento, El cencerro, La torcacita, Pablo (dedicado al actor Pablo Podestá) o Polvorín con letra de Manolo Romero, son de una estructura genial.

También compuso Pedacito de cielo, un tango que grabó Agesilao Ferrazano con su orquesta y mereció mejor destino. Y La gauchita, La pampita, Pura uva ( Su primer tema en 1912, que se lo escribió Canaro), Yerba mala, Lepanto, Carbonada,  Canaro (dedicado en 1915 a Pirincho que se lo llevó al papel), El acomodo, El palenque, Punto y coma, El matrero, Calma chicha, Tengan paciencia, Expresión campera (de 1915, se lo escribió Arolas), Cofrecito, Madrecita de Pompeya, La correntada, Tristeza criolla (milonga), El estudiante, Marianita, etc.
                                                                                                                      Enorme creador, difuminado entre tantos grandes del tango, Martínez fue uno de sus pilares iniciales y como la música de Arolas (con quien compartió palco) y Bardi, sus temas tienen muchas reminiscencias melódicas pampeanas. A ellos dos y al violinista Palito Abate les dedicó su tango-milonga Yerba mala, de 1915.

Este Blog nacido al bardo, ha llegado a las 30.000 visitas de tangueros de todo el mundo, y creo que era necesario traer al mismo a uno de los pilares del tango, de cuando este género estaba en pañales. Para mí es un placer enorme sentirme acompañado en esta aventura que es escribir y escuchar música, mientras recordamos tantas cosas perdidas en el polvo de la historia.
Y como regalito final va la anécdota que Martínez le contó a los Bates: "Recuerdo que estámos tocando en la "Olla popular" con Fresedo y Bardi. Una noche se armó un lío fenomenal... se apagaron las luces y todas las mujeres fueron a parar al palco de la orquesta, atropellando de tal forma que a mí me mandaron debajo del piano... No sé cuantas cayeron desmayadas encima mío. Llegó la policía, e hizo como si pusiera las cosas en orden...; se apaciguaron los ánimos y cada cual volvió a su sitio. Pero en eso me doy cuenta que mi reloj y mi cartera habían desaparecido..., los instrumentos, bandoneón y violín, se habían hecho humo. No me explico cómo no se llevaron también el piano.... Total, que fuimos todos presos, pasando la noche en la comisaría. De allí me tuve que ir caminando 40 cuadritas a casa porque no me habían dejado ni para el tranvía..."

Vamos a recordar a este fenómeno que abandonó el tango para trabajar en una oficina, en tres de sus grandes creaciones. Luego de pensar mucho porque me gustan casi todas, me decido por éstas: Punto y coma, grabado por la orquesta de Osvaldo Pugliese el 13 de setiembre de 1948. La torcacita por Carlos Di Sarli del 21 de junio de 1941, en su primera versión. Y El pensamiento registrado por Juan D'Arienzo el 26 de julio de 1945. ¡Qué panzada!


OP- Punto y coma

07- La torcacita

130- El pensamiento

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