miércoles, 9 de enero de 2013

Bahía Blanca

Esta obra del maestro Carlos Di Sarli (nacido en 1903 como Cayetano Di Sarli Rusomanno) es la culminación a una trayectoria maravillosa que está para siempre insertada con letras de oro en la historia del tango.

No fue fácil la lucha de este músico que fue formado para clásico y devino en popular, porque al fin   de cuentas la música es sólo una, la que entra por los oídos y llega al corazón. Como dijo el propio Di Sarli en un homenaje que le tributaron sus músicos en el Alvear Palace Hotel, regalándole además una medalla de oro, "¿Quien podría hablar mal de la música, sin ofender el más puro sentimiento del hombre". Y agregaría: "He querido, compañeros,  unir al homenaje que hoy recibo, la belleza de la música y entre la música, la garra y la profundidad de nuestro tango. La garra que se clava en nuestro corazón cuando lo oímos. La profundidad porque conmueve el alma: tango que vivimos tantas veces  persiguiendo un ideal de belleza y de argentinismo...".
                                                                                       
Este hombre que pasó por tantos rigores en su viaje a la Meca del tango, que era Buenos Aires,también los acusó en su carrera. Al terminar su contrato con la RCA Víctor lo despidieron con alivio porque no vendía, en 1930. Y en un homenaje que le realiza la revista Cantando en el Teatro Apolo por haber encabezado el ránking de las orquestas más populares de 1957, recibió también esa noche fantástica, el homenaje de la RCA Víctor. Por haber vendido dos millones de discos con su versión de Organito de la tarde, los directivos del sello le obsequiaron con un disco de oro, un reloj pulsera también de oro y un gran cuadro con su efigie.

El tango, ejecutado por Carlos Di Sarli es como una declaración de amor. Esa maravillosa mano izquierda, tan milonguera, creando desde el piano una manera muy especial de decir,  de acentuar y bordonear y llevando a sus músicos en el aire, fueron como un elixir mágico para los bailarines y una dulzura espiritual para los oyentes tangueros. Una música que se oye, se bebe y se aspira, como decía García Jiménez.


Había llegado a Buenos Aires con 20 años después de experiencias adolescentes en La Pampa y en su ciudad natal. Tenía familiares de su madre vinculados con la música que lo acogieron, pero junto con su comprovinciano Juan Carlos Cobián, pasaron muchas noches sufriendo por falta de trabajo y de recursos. Ambos habían venido con composiciones propias para mostrarse y Di Sarli traía su tango Meditación, escrito en 1919. El violinista José Pécora fue su ángel guardián. Siempre creyó en la capacidad de Di Sarli y le consiguió ubicaciones en orquestas de Fresedo y otras alternativas. Y lo empujó para que formara una orquesta tras otra, alinéandose con él, hasta que se retiró. El maestro se lo agradeció públicamente desde el escenario en una actuación que congregó toda una multitud.

El señor del tango al frente de su orquesta en 1942.
Bahía Blanca se sitúa sobre el límite final de la región pampeana, cuando ya se comienzan a ver las ondulaciones de médanos y desniveles que preanuncian el norte patagónico La proximidad del mar le confiere características propias, a través de sus costas francas que enfrentan el viento, su proverbial visitante. El clima varía al alejarse de la costa, ya saliendo para la zona patagónica, tornándose de templado moderado a seco y más ventoso.
                                                                                              
Está a casi 700 kilómetros de la Capital Federal y Di Sarli iba cada tanto a recorrer los lugares de su infancia, a depositar ramos de flores en la tumba de sus padres y a ver amigos. En 1936 comenzó a pergeñar su obra magna. Mientras tanto fue componiendo temas inolvidables. Milonguero viejo (primero se llamó Fresedo y lo dedicó a su mentor), Verdemar, Otra vez carnaval, De qué podemos hablar,  Porteño y bailarín, Nido gaucho, La capilla blanca, En un beso la vida, Así era mi novia, Juan Porteño, Corazón, Bien Frappé, Tangueando te quiero y muchas más.

 Dos años y medio antes de su muerte graba el tema que lo empina para siempre en el vademécum tanguero. A mediados de 1957, más de veinte años después de empezar a delinearlo lo lanzó al mercado y llegó como un relámpago de luz a los corazones tangueros. Bahía Blanca de Di Sarli,  es La yumba de Pugliese, Sur de Troilo, El amanecer de Firpo, Adiós Nonino de Piazzolla, Tierra querida de De Caro, La cachila de Arolas o el arreglo de D'Arienzo de La cumparsita que desde su creación, cierra para siempre el yiro de los milongueros en la pista.

¡Qué maravilla!

163 - Bahía Blanca












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